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Hall & Oates: Hit tras hit

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La noche de este sábado 8 de junio se vivió en nuestro país el esperado debut del dúo norteamericano Hall & Oates. Una carrera de casi cinco décadas y una lista de sencillos que marcó a toda una generación por fin se hizo presente en un escenario nacional, repletando el Movistar Arena, y no decepcionó. Con una fina selección de lo más destacado de su discografía, Daryl Hall y John Oates dejaron satisfechos a los miles de asistentes que disfrutaron de un espectáculo completo y bien ejecutado.

La velada comenzó temprano con la gran actuación del chileno Pedropiedra, quien, mostrando canciones nuevas y otros clásicos de su catálogo, salió airoso en su misión de ser el número de apertura de la mano de una presentación que mantuvo atentos a las personas que a esa hora llegaban a la gran cúpula del Parque O’Higgins, quienes aplaudieron con respeto y ánimo cortes como “Inteligencia Dormida” o la balada “Sol Mayor”. Retirándose con los brazos en alto, el nacional y sus músicos abandonaron el escenario cuando el recinto comenzaba a llenarse, a la espera de lo que sería el gran plato principal de la noche.

21:00 hrs en punto y un video introductorio que repasaba los hits emblemáticos de la banda nos anunciaba el inicio del esperado debut de los estadounidenses en la capital. Y qué mejor manera para terminar con tantos años de espera que la ejecución de una de sus canciones más famosas. “Maneater” fue la gran carta de apertura de la función, y de ahí en adelante el set fue hit, tras hit, tras hit.

Out Of Touch”, “Method Of Modern Love”, “Say It Isn’t So” y “One On One” se dejaron caer implacables, provocando el coro colectivo del respetable en una noche de grandes éxitos. Lamentablemente, el ambiente de fiesta no era compartido por Daryl Hall, quien durante la primera media hora de concierto estuvo lidiando de manera bien ofuscada con los constantes problemas en su retorno, realizando duros gestos a su sonidista, al mismo tiempo que daba sonrisas y cantaba sus partes. La sensación era algo incómoda desde el público, pero el hombre jamás dejó de realizar bien su trabajo, pese a los constantes regaños a su equipo técnico.

Las cosas se arreglaron con el pasar de las canciones, aunque un molesto acople en el micrófono se dejaba escuchar de vez en cuando, sin lograr arruinar la interpretación de las canciones, pero funcionando como una molesta espinita. Dejando ese detalle de lado, el concierto siguió entregándonos grandes canciones, complementadas por las geniales intervenciones de una agrupación donde cada músico tuvo su oportunidad para brillar y dar su toque al espectáculo. Destacaron en este pasaje del show baladas como “Sara Smile” y la inmortal “I Can’t Go For That (No Can Do)”.

El bis se tiñó de fiesta absoluta con la triada final compuesta por “Kiss On My List”, “Private Eyes” y “You Make My Dreams Come True”, dando por finalizada una actuación que dejó a todo el mundo contento y nos mostró el gran momento y estado en el que se encuentra el dúo en la actualidad, donde el paso del tiempo se nota en sus rostros, pero no en sus capacidades musicales que se mantienen intactas. Un gran debut, y ojalá no tengamos que esperarlos tanto para una segunda oportunidad de revivir estos clásicos que ya son himnos inmortales de la música popular de nuestra época.

Setlist

  1. Maneater
  2. Family Man (original de Mike Oldfield)
  3. Out Of Touch
  4. Method Of Modern Love
  5. Say It Isn’t So
  6. One On One
  7. You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ (original de The Righteous Brothers)
  8. She’s Gone
  9. Sara Smile
  10. Is It a Star
  11. I Can’t Go For That (No Can Do)
  12. Rich Girl
  13. Kiss On My List
  14. Private Eyes
  15. You Make My Dreams Come True

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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