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Greta Van Fleet: ¿Qué es Greta Van Fleet?

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Teatro Caupolicán repleto. El público vitoreando y saltando sobre la cancha del recinto. Cuatro jóvenes músicos que, vistiendo unos atuendos que más parecen disfraces de una desaparecida banda de rock de los años setenta, lo dan todo en la interpretación de “Highway Tune”, una de las canciones más famosas de Greta Van Fleet y que dio la partida a su esperado debut en la capital, previo a su presentación en Lollapaloza Chile 2019. Su actuación parece la de un tributo, pero con canciones originales. Viéndolos desenvolverse sobre el escenario como verdaderos rockstars sacados de otra época, no sólo surgen sentimientos encontrados, sino que también varias interrogantes, siendo la más prevalente de todas: “¿Qué es Greta Van Fleet?”. Y para esa pregunta brotan numerosas respuestas.

La primera –y la más obvia– es que Greta Van Fleet es un grupo de hard rock norteamericano formado por tres jóvenes hermanos, que encontraron en el sonido de Led Zeppelin la inspiración que marcaría la concepción de su propio proyecto. La aseveración anterior puede leerse de manera reduccionista, pero si por algo se ha hecho famoso el cuarteto de Michigan, es justamente porque su música evoca demasiado a la de Robert Plant y compañía. Esta condición les ha conferido un buen número de detractores, quienes no han escatimado en catalogarlos como una burda copia de los autores de “Black Dog“, pero, al mismo tiempo, de una gran fanaticada que, atraída justamente por el factor plagio, se encuentra ávida por recibir una potente dosis de “rock del bueno”, llevándonos a la siguiente respuesta.

“Greta Van Fleet son los salvadores del rock & roll”, o eso es lo que por lo menos sostienen sus devotos, quienes, apestados de lo que se escucha en las radios hoy en día, han encontrado a una banda que suena como lo que ellos consideran “buena música”, esa que escuchaban en sus años mozos y que, pasadas las décadas, les ayuda a rememorar los momentos de su vida donde tenían más pelo y menos guata. Greta Van Fleet también es una salvación para aquellos que heredaron los gustos musicales de sus padres, quienes siempre les dijeron que “esa era la buena música, no como lo que escuchan los jóvenes hoy en día”, y se lo creyeron, renegando de todo lo que se hace en la actualidad, tildándolo de comercial, artificial y superfluo. Greta Van Fleet es la evocación de aquellos años salvajes donde el rock era el fenómeno mundial y la piedra angular de todo lo que vendría en las próximas tres décadas, hasta que su hegemonía cesó, dando espacio a que el rap y el pop se transformaran en los géneros imperantes, relegando a las guitarras a un segundo plano, algo que, por supuesto, aquellos que hoy adoran a Greta Van Fleet resintieron durante mucho tiempo. Greta Van Fleet es la banda de aquellos que sostienen que las micros amarillas son el mejor sistema de transporte que ha tenido Santiago, y que Antonio Vodanovic jamás podrá ser superado como animador del Festival de Viña del Mar.

Greta Van Fleet también es un exitosísimo invento de la industria para llegar a los viudos del “buen rock”. No por nada sus integrantes parecen unos adolescentes vestidos como los ídolos de sus padres, tocando y moviéndose sobre el escenario emulando cada uno de los ritos del rock de la época, en lo que fácilmente podría pasar como una actuación para la kermesse del colegio en el marco de la semana de alianzas, donde los integrantes de Greta Van Fleet claramente pertenecerían a la alianza de “los años setenta”.

El montaje, tal como pudimos apreciarlo anoche, está ideado para complacer a los padres, quienes, con el pecho inflado, celebran que sus retoños van por el “buen camino”. Greta Van Fleet perfectamente puede ser considerada una “boy band para viejos”, y por “viejos” no sólo nos referimos a la edad biológica, sino que también a la mental. Su éxito ha sido tal, que han sido capaces de cautivar a los desesperanzados para iluminarles el camino, siguiendo el esquema al pie de la letra, sin innovar ni interferir en la fórmula, tan sólo repicando al pie de la letra lo que se hacía hace casi cincuenta años, entregándoles en poco más de una hora de show una fantasía rockera que ha resultado de lo más lucrativa.

Greta Van Fleet es además un conjunto de músicos con muy buenos dotes para su oficio. Así pudimos comprobarlo en sendas versiones de canciones como “Edge Of Darkness”, “When The Curtain Falls” y “Lover, Leaver (Taker, Believer)”, donde el grupo se lució sacando lo mejor de sí, creando un balance perfecto en los momentos de intensidad y oscuridad que muchas de sus composiciones poseen. Pese a su juventud y “poco carrete”, son capaces de emular a la perfección la atmósfera de sus principales influencias, lo que nos lleva a preguntarnos ¿qué sería de Greta Van Fleet si decidieran dar el salto y construir una identidad propia que no vaya ligada intrínsecamente con el pasado que los valida y que al mismo tiempo los condena?

Terminado el espectáculo, Greta Van Fleet es una banda que se retira con los brazos en alto sabiendo que cumplió con creces su cometido, dejando a todo el mundo contento y con la esperanza intacta de que las cosas pueden mejorar. Greta Van Fleet también es un grupo que fue cuestionado hace unas semanas por el músico inglés Steven Wilson, quien, en una serie de descargos contra los estadounidenses, sentenció: “No creo ni por un minuto que alguien los recuerde en 10 años más”. Y la anterior es una interrogante que se plantea con fuerza luego de haber presenciado el celebrado debut de Greta Van Fleet en Santiago.

Setlist

  1. Highway Tune
  2. Edge Of Darkness
  3. Flower Power
  4. Watching Over
  5. You’re The One
  6. When The Curtain Falls
  7. Lover, Leaver (Taker, Believer)
  8. Black Smoke Rising
  9. Safari Song

Fotos por Carlos Müller para Lotus Producciones

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Robinson

    29-Mar-2019 en 8:53 am

    “Greta Van Fleet es la banda de aquellos que sostienen que las micros amarillas son el mejor sistema de transporte que ha tenido Santiago, y que Antonio Vodanovic jamás podrá ser superado como animador del Festival de Viña del Mar.” – Demasiado básico el análisis, con qué argumento puedes comparar dos ideas totalmente distintas y disímiles entre sí.

  2. Claudia

    29-Mar-2019 en 11:57 pm

    “Weón Z”, te hicieron bullying en el colegio porque no te gustaba la “buena música”? Porque sinceramente habría sido más interesante leer del show que de tus traumas.

    • Alejandro

      30-Mar-2019 en 12:24 am

      Malisimo articulo, pareciera que lo hizo uno de los detractores de los que habla, reducir gvf a led zeppelin es no cachar donde estay parao. Humo negro, con gusto les escribo algo como la gente.

  3. Mauro

    02-Abr-2019 en 1:24 pm

    Que mal review del show. Pesimo articulo. del show nada, solo criticas gratuitas de alguien que se cree de lo mas cool que hay. Un bodrio.

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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