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Green Day: La gloria del rock

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El trío norteamericano regresó a la capital para realizar su tercer show por estas tierras, en el marco de la promoción de su duodécimo álbum de estudio, “Revolution Radio” (2016). Volviendo a hacer uso de las dependencias del Estadio Bicentenario de La Florida, la banda dirigida por Billie Joe Armstrong se mandó un show de proporciones épicas, sólo como Green Day sabe hacerlo, en uno de los eventos rockeros más impresionantes del año en nuestro país.

La música comenzó temprano en el estadio de Audax Italiano con el arribo al escenario de The Interrupters. La joven banda estadounidense, que ya tiene bajo el brazo dos placas discográficas, siendo “Say It Out Loud” (2016) la más reciente y foco de este tour, puso a bailar a todo el mundo con su ska punk. De la mano de canciones como “A Friend Like Me”, “This is The New Sound” y “Family”, The Interrupters logró conquistar a la audiencia, quienes tuvieron la oportunidad de disfrutar de un grupo con mucha actitud, siendo Aimee Interrupter la dueña del show con su tremendo vozarrón y presencia escénica.

Con el sol aún iluminando a La Florida y “Also Sprach Zarathustra” de Richard Strauss sonando por los altoparlantes, el aviso ya estaba hecho: se venía Green Day para despacharse dos horas y media de puro punk rock, en un espectáculo que siempre se mantuvo en la nota alta. Y es que durante las tres primeras canciones presentadas anoche, “Know Your Enemy”, “Bang Bang” y “Revolution Radio”, hubo máquinas que lanzaron racimos de largas cintas de papel, lanzallamas, un fanático cantando junto a la banda sobre el escenario, cánticos de estadio y mucho caos en la cancha. Parecía que el grupo había tirado toda la carne a la parrilla, pero el show apenas comenzaba. “Holiday” fue el primer gran clásico de la jornada, a los que más tarde se sumarían “Letterbomb” y “Boulevard Of Broken Dreams”, siendo esta última uno de los momentos más entrañables de la velada, con todo el público cantando al unísono el sencillo de “American Idiot” (2004).

La verdad es que todo el concierto fue un karaoke colectivo, siendo los fans, la gran masa de gente que llegó al estadio floridano, el factor definitivo que hizo del show de Green Day la tremenda experiencia que fue. Desde el proscenio, el trío y sus músicos de apoyo entregan todos los estímulos necesarios para animar a la audiencia: mangueras con agua para hidratar a los fans de las primeras filas, una especie de bazuca que lanza poleras a la muchedumbre, numerosas solicitudes a los asistentes para tomar el micrófono y cantar junto a ellos, incluso regalando una guitarra a un afortunado seguidor durante la interpretación del cover de Operation Ivy, “Knowledge”, hasta el uso de ridículos disfraces para hacer aún más hilarante la fiesta cuando tocó presentar “King For A Day” y el posterior medley compuesto por antiguos clásicos del rock y el pop, tales como “Careless Whisper” de George Michael o “Hey Jude” de The Beatles. A pesar de toda la parafernalia e hiperventilación de Amstrong, quien es el gran maestro de ceremonias durante toda la jornada, el show de Green Day no puede estar completo sin el fervor del respetable, en una sinergia de fuerzas que da vida a un acontecimiento único.

Claro que lo anterior no podría ser posible sin la música, y ahí no se dieron tregua sendas versiones de canciones como “Basket Case”, “Minority”, “Longview” y “2000 Light Years Away”. También se sumaron al set de Santiago cortes que no tocaban desde hace mucho tiempo, tales como “Stuck With Me” y “Geek Stink Breath”, transformándose en hitos dentro de un set completísimo, tanto para fanáticos de la antigua y la nueva escuela.

Para el final se guardaron los temas más épicos, siendo el primero “Forever Now”, marcando el primer encore de la noche, el que fue rematado con “American Idiot” y la maratónica “Jesus Of Suburbia”. Dejando la parafernalia de lado, Armstrong regresó a solas al escenario con su guitarra acústica para dar por terminado el espectáculo con “21 Guns” y “Good Riddance (Time Of Your Life)” en sus versiones desenchufadas, transformando al Bicentenario en un íntimo club donde su instrumento fue la base para que su voz, junto a la de miles de fanáticos chilenos, dieran el cierre a un show inigualable.

Green Day sabe cómo hacerla. En dos horas y media de show se las arreglan para entregar un verdadero espectáculo de rock para las masas: parafernalia, buenas canciones, gran presencia escénica e interacción con la fanaticada, son los elementos claves de su propuesta. En una época donde sólo los “dinosaurios” del rock son capaces de llenar grandes estadios y la figura del “rockstar” estás más que extinta, Green Day se erige como uno de los últimos bastiones de este movimiento, configurando un show fresco y lleno de energía. La satisfacción es completa para quienes disfrutamos de este tipo de espectáculos, porque Green Day nos entregó por unas horas el rock en su máxima gloria.

Setlist

  1. Know Your Enemy
  2. Bang Bang
  3. Revolution Radio
  4. Holiday
  5. Letterbomb
  6. Boulevard Of Broken Dreams
  7. Longview
  8. Youngblood
  9. 2000 Light Years Away
  10. Stuck With Me
  11. Geek Stink Breath
  12. Nice Guys Finish Last
  13. Hitchin’ A Ride
  14. Waiting
  15. When I Come Around
  16. She
  17. Minority
  18. Are We The Waiting
  19. St. Jimmy
  20. Knowledge (original de Operation Ivy)
  21. Basket Case
  22. King For A Day
  23. Careless Whisper / Shout / Always Look on the Bright Side Of Life / (I Can’t Get No) Satisfaction / Hey Jude
  24. Still Breathing
  25. Forever Now
  26. American Idiot
  27. Jesus Of Suburbia
  28. 21 Guns
  29. Good Riddance (Time Of Your Life)

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Paul Gilbert: Seis cuerdas, mil historias

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Paul Gilbert

Podía parecer que la visita del norteamericano Paul Gilbert a Chile, en una templada tarde de sábado al Club Chocolate, sería para rememorar los éxitos de Mr. Big o Racer X, dos bandas donde él fue fundador, pero que no vería germinar tanto como para quedar determinado por ellas. Sin embargo, Gilbert eligió prescindir de ese legado para este reencuentro con el público chileno, en una instancia que funcionó más como una clase magistral que como un concierto propiamente tal.

Casi puntual en la hora señalada de inicio, siendo las 20:05 horas, Paul subió al escenario con dos músicos nacionales, Felipe Cortés en batería y Diego Contreras en el bajo, en una configuración de banda, pero luego del primer tema el esquema cambió y, con la ayuda de un traductor, fue explicando detalladamente el uso de la muñeca para los solos y su forma de tocar, basada en un trémolo manual, en la actualidad, dejando en claro que esto sería una clínica de guitarra. Luego de eso explicó levemente cómo, desde una anécdota tras perder un ticket de avión y, por consiguiente, un vuelo, una chica le dice “señor, debe calmarse”, y con ello surge un tema de su nuevo disco “Behold Electric Guitar” (2018), “Sir, You Need To Calm Down”, que procede a tocar, tras lo cual explica la importancia de las palabras en cómo tocar la guitarra.

En un evento que pareciera estar cargado hacia ver cuán importante es la guitarra y su sonido, resulta refrescante y simpática la postura de un avezado que indica que las palabras importan mucho, incluso en canciones instrumentales. Es que ahí existe una inspiración que permite nuevas prácticas, y relevar el papel de uno de los instrumentos más únicos, que es la voz, para llevar a la guitarra a otros límites. Gilbert explicaba cómo las palabras cantadas podrían convertirse en escalas, tocando extractos de “Rock The Clock” o “Blackbird” para comprender eso con ejemplos, antes de lanzarse a tocar completa “Black Dog” de Led Zeppelin, donde este principio quedaba completamente en práctica.

Luego de tocar esta canción, Paul dijo que muchas veces caía en el acto de tocar todo en una nota, “porque soy del rock, entonces eso pasa”, pero artistas muy queridos para él, como Jimi Hendrix, lo llevaron a intentar un enfoque distinto, más parecido al del jazz, con cambios en los acordes y tratando de simplificar las escalas, eligiendo cuatro notas fundamentales, como son la tónica, la segunda, tercera y quinta, lo cual mostró con un tema del propio Hendrix antes de volver a la carga del habla, para ahondar en el uso de los trastes y las escalas, y antes de pasar a otro punto: el ritmo. Ahí salió del jazz o el rock para meterse en el querido blues. Incluso mostró el ritmo con el que despierta a su hijo, sacando risas en un Club Chocolate casi repleto, muy atento y complacido, antes de escuchar otro tema del disco nuevo de Gilbert, uno escrito para enseñar a un estudiante a tocar, “Blues For Rabbitt”.

La cercanía y calidez de Gilbert, un verdadero emblema de las seis cuerdas, vino cuando subió al escenario primero a un invitado que, pese a estar en una silla de ruedas, hacía unos solos con mucha alma y espíritu, para un jam sobre la base rítmica de “Back In Black” de AC/DC, pero que en realidad era un diálogo a través de la guitarra, muy respetuoso y realmente mostrando a un Paul Gilbert lejos de caer en el mal del típico guitarrista virtuoso, donde el ego gana por sobre las canciones y la buena onda. Aquí, Gilbert logra entregar el cetro, así como también ocurre en un segundo jam, esta vez con el conocido blusero Sebastián Arriagada, quien en ocasiones le peleó mucho el spotlight a Paul, pero que precisamente por ello es que derivó en una dinámica de enfrentamiento complementario, muy interesante y entretenido.

Luego vino la sesión de preguntas del público, donde se sucedieron temas como el tono de la guitarra, los pedales, las inspiraciones, el ritmo; le pidieron consejos, e incluso improvisó sobre la frase “it’s really nice to be in Santiago” (“es realmente muy bueno estar en Santiago”) para mostrar la simpleza de la que puede venir una composición. Luego de ello empalmó con las últimas dos canciones de una jornada de casi dos horas y muchas risas e historias: “Mercedes Benz”, original de Janis Joplin, y “Purple Haze” de Jimi Hendrix. No fue el reencuentro con las canciones de Racer X o Mr. Big, sin embargo, quizás fue la instancia donde más se ha mostrado la inmensidad de los mundos que conviven en las seis cuerdas de Paul Gilbert, en una instancia quizás irrepetible y con un ambiente que permitió que la jornada no fuera más ni menos que un éxito rotundo para la guitarra eléctrica.

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