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Gogol Bordello: intensidad y energía sin fronteras

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El viernes pasado llegó el immigrant crew de Gogol Bordello a nuestro país. Por la tarde de ese mismo día nos reunimos con Eugene Hütz, líder de la banda, quien nos recibió dentro de una ronda de prensa junto a otros medios digitales.

Comienza la entrevista y como diría un robot, ERROR. No le gustó para nada que uno de los medios le preguntara sobre si se sentía gitano.

Eugene: “¿Cómo se te ocurre preguntarme eso? ¿Es como si yo te preguntara si te sientes chileno? Ser gitano no es un estilo de vida, no es una marca, no es esa idea hollywoodense de un hombre que duerme en el sofá y se traslada de un lugar a otro… los gitanos son una etnia, un pueblo y es algo que la gente debería de entender de una vez por todas. Entonces, ¿que si me siento gitano? No, porque sólo mi madre es la de origen gitano-romaní y mi padre es ruso-ucraniano”, sentenció de un modo serio. Luego, notablemente molesto, agregó: “¿hay gente tan estúpida como tú en Chile? wow”. Al responder eso, confirmamos nuestra idea sobre la personalidad de Eugene: un tipo serio, inteligente y muy honesto.

Siguiente pregunta y nuevamente el robot arroja error. Escucha la palabra Madonna y nos mira diciendo “ya viene otra pregunta estúpida”. Le preguntaron sobre en qué modo le ha afectado el constante traslado por el mundo y compartir escenario con otros músicos como Manu Chao y Madonna, a lo que responde:

Eugene: “Estas parecen preguntas para una revista de Los Angeles, ¿por qué mejor no me preguntas sobre mi banda, sobre Gogol Bordello?”. Oook. Más que entendido. Ahora es nuestro turno:

HN: Hace 2 años que estás viviendo en Brasil, en Rio de Janeiro.
Eugene: Sí.

HN: Entonces você fala português, porque puedo hacerte las preguntas en portugués si quieres.
Eugene:Fala muito pouco. Casi no hablo portugués porque todos mis amigos allá hablan inglés y no me dejan aprender” (risas).

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HN: Está bien, sigamos ¿Por qué Brasil? ¿Qué te atrajo?
Eugene: “Varias razones. Primero, desde que era pequeño siempre quise ir a Brasil, no sé por qué, pero siempre fue algo que quise. Mira, yo pienso que el destino viene en forma de persona. Cuando era pequeño, vi a Sonic Youth en Kiev, en un concierto donde habían unas 150 personas y… quedé hipnotizado, me dije “yo debo ir a Estados Unidos” y así fue. Ahora cada vez que veo a los Sonic Youth entre giras, festivales, en los aeropuertos, les cuento siempre la misma historia y ellos me dicen lo hipnotizamos, jaja. Bueno, por esa razón primero fui a Nueva York, pero ya hice todo en ahí y ya no es lo mismo que antes, antes era mejor o quizás soy yo el que ahora no puede notar lo que es ahora, pero antes era realmente maravilloso, donde vivía yo era un barrio dominicano donde nadie habla inglés y recuerdo que hace 10 años, cuando estaba todo pasando en la escena musical, mis vecinos me mostraron el reggaeton y me dijeron que era reggae en español, aunque yo pensé “no suena como reggae”, pero bueno, veamos que tal;  aparte ahora todo es más controlado, apenas puedes pasarla bien por las noches y pasa lo mismo que en Barcelona, que si te pones a guitarrear fuerte por la noche llega la policía y dice que dejes de hacer ruido, como me pasó la última vez que fui y me querían quitar la guitarra… y ahí tú dices ¡oye! ¡pero si es Barcelona!. Yo soy una persona principalmente nocturna, me gusta hacer todo de noche, sobre todo compartir con mis amigos, da igual si es en la calle, y eso es algo que en Brasil puedo hacer sin que nadie controle demasiado; además, Nueva York ya superó las percepciones múltiples posibles como para inspirarme y necesitaba ir a otro lugar; muchos de mis amigos extranjeros allá eran brasileños, también tuve muchas novias brasileñas, me gustaba mucho su música y siempre estaba la idea rondando, hasta que en eso apareció Manu Chao, estuvimos en un concierto en Brasil y me dijo ESTE ES EL LUGAR, y fue entonces que vi el destino y decidí ir en la época del carnaval… ahí me enamoré completamente y me fui a Rio de Janeiro. Después recuerdo que leí que cuando el General Charles de Gaulle visitó Rio, dijo que no parecía ser un país serio… entonces más ganas de ir tuve, dije: ese es mi lugar. Me encanta su cultura, sus costumbres, su música y siento que necesito esas cosas día a día. He colaborado y compartido con varios músicos y cada día aprendo más.

HN: ¿Cuáles son tus fuentes de inspiración? Además de las bandas que te gustan y que ya sabemos.
Eugene: En realidad todo, los ruidos, los lugares donde estoy, la música que escucho, tomo de todo un poco, como diría Charles Bukowski. Esto es como una odisea, donde importa más el ir que el dónde ir.

HN: ¿Qué piensas de la democracia en la actualidad? ¿Es algo real?
Eugene: La democracia… cómo, dónde… ¿en Estados Unidos, en el mundo?

HN: Sí, en general, en el concepto de participación de las personas.
Eugene: Yo creo que de todas maneras la democracia es la vía que debemos seguir. Ahora, el problema es la actitud de las personas, que piensan que ahora que existe la democracia ya está todo hecho y no es así, es ahora cuando se supone que tienes que levantarte y saber rockandrollear, porque ahora puedes y tienes la oportunidad de decir lo que necesitas. Cuando las personas tienen clara su identidad, tienen claro lo que quieren y ahí no los para nadie. Por ejemplo, en Brasil, la gente de las favelas tiene claro quien es y saben lo que necesitan y se protegen… ahí tienes una especie de narcocracia organizada. Ahora bueno, los políticos son otro cuento aparte.

Luego le preguntaron si conocía bandas de Chile.

Eugene: Bueno, cuando vivía en Ucrania, en una época que yo considero bastante iluminada, tuve la oportunidad de ver parte de la obra de Víctor Jara, un documental sobre su vida, y de hecho vi la película “El cantor”, donde lo interpretó el actor estadounidense catalogado como el Elvis Rojo, Dean Reed. También el compositor y cantante ruso Alexander Gradsky, escribió una ópera rock llamada “Stadium”, de la cual me imagino ustedes saben de lo que trata. A veces he escuchado música, pero no sé si es de Chile, Argentina, Uruguay… bueno, ustedes me entienden.

Nos preguntó qué bandas chilenas le recomendábamos y de qué estilo, así que le dimos algunos datos. De todas maneras va a estar bien asesorado, ya que el ecuatoriano Pedro Erazo, el MC y percusionista de la banda, conoce mucho sobre música y cine chileno. Cerramos la entrevista, pero… ESO NO FUE TODO. Afortunadamente, pudimos compartir con el resto de la banda durante su corta estadía en Chile y averiguamos más cosas.

En la noche nos fuimos de carrete con ellos. Eugene nos contó que también conocía de Chile a Alejandro Jodorowsky y nos dijo que no le gustaban sus películas, que las ha visto muchas veces y por más que trata, no hay caso. Posiblemente trabajará en la próxima película del cineasta Emir Kusturica, “Pancho Villa”, en la cual de ser el elegido para protagonista debería aprender español. A ratos nos cantaba en portugués, diciendo que era una de sus nuevas canciones para el próximo disco: “si cuando compones una canción no suena bien con guitarra o piano, entonces estás jodido, es mala”.

Sergei Ryabtsev, el violinista, también nos dijo que conocía un poco de Chile, pues sabía lo del Golpe Militar y Salvador Allende. Lo mismo respecto a nuestro país con el acordeonista Yuri Lemeshev, quien es algo loco, pero divertido. Oren Kaplan, guitarrista, disfrutó bastante de la fiesta cumbianchera en la que estábamos, al igual que su compañera bailarina Elizabeth Sun. Conversamos también sobre el tema de cuán caros son los conciertos en Chile y Pamela Racine, la otra bailarina, quedó sorprendida. Inmediatamente nos preguntó “¿y nuestro show es muy caro?”, no, está dentro de lo razonable, a lo que sonrió aliviada. Oliver Charles, el baterista, estaba feliz con la calidad de los mariscos en Chile y habló de su gusto por Bad Brains, Minor Threat, Fugazi, The Aggrolites, entre otros. Thomas “Tommy T” Gobena, baterista, nos contaba que acaba de salir su disco en iTunes, titulado “The Prester John Sessions”.

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El show: y nos vestimos de violeta
Es sábado, 21:15 horas y comienza la banda chilena La Mano Ajena, quienes durante 45 minutos prendieron al público. Luego esperamos 30 minutos y tal como estaba previsto en el horario pegado en el backstage, Gogol Bordello apareció puntual a las 22:30 horas. Desataron la locura, incendiaron al público y apenas pararon una vez en un break de 3 o 4 minutos. El público cantando todos los temas, todos en trance, en catarsis, en libertad, feliz con toda la energía intensa que irradió Gogol Bordello sobre el escenario. El público quiso vestirse de violeta y lo hizo, y tal como Eugene nos explicó sobre el significado de por qué morado/violeta/púrpura y no otro color en “Start Wearing Purple”, la noche fue así: de un color violeta que nos hipnotizó a todos, que fue un momento y lugar especial, lleno de energía y donde celebramos como si fuera algún rito o tradición indígena donde el violeta es un color especial. Eugene derramó un poco de vino y nos embriagó a todos con su show, y tal como dice siempre en sus entrevistas, realmente es un show único en su tipo. El público gritaba “Mala Vida” y la banda se lució con el tema de Mano Negra, un cover a la altura. Después de casi 1 hora y media, terminaron y al bajar del escenario nos dijeron que fue una noche especial para ellos y estaban muy contentos con la respuesta y el cariño del público chileno. Lo único que destiñó, fue la lesión que sufrió una de sus bailarinas, Pamela Racine, razón por la cual no volvió al escenario en la segunda parte del show.

Fue una noche inolvidable tanto para el público, como para Gogol Bordello.

Ah y para quienes creyeron o esperaban que le preguntáramos sobre Madonna, ni hablar… Eugene nos comentó la pregunta que le hicieron en la entrevista y dijo “Madonna fue la última en llegar a la mesa y su participación en relación a nuestra fama es algo irrelevante. Ella no influyó en nada, cuando ella llegó, nosotros ya habíamos hecho todo y nuestros fans lo saben”.

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Primavera Sound Santiago 2022: Domingo

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Bjork Chile 2022

El dicho popular, reza: “Después de la tormenta, llega la calma”. Y así fue el último día de esta gran cruzada en torno a la música chilena y mundial llamada Primavera Sound Santiago. El buen clima y, por qué no decirlo, el calor agobiante por ratos, se tomaron el Parque Bicentenario Cerrillos y fueron el marco para recibir una jornada que traía nuevamente debuts y consagrados, música para relajarse, para mover los pies y para gritar a todo pulmón.

Familea Miranda

La quintaesencia de la mancomunión catalana-chilena fue la inclusión de Familea Miranda, el trío chileno radicado hace más de una década en Barcelona que prometía ser el puente tácito entre el festival recién llegado y la pujante escena nacional. Y qué mejor que el tándem de fundadores “Katafú Rozas y Milo Gomberoff junto al baterista Alex Farré como un power trio cargado de rock cada vez más intrincado y cavernoso, con este último otorgándole la potencia y sapiencia a la hora de adecuarse a los ritmos enrevesados que la experiencia les ha permitido crear a Rozas y Gomberoff.

Juntos, dieron rienda a un set que recorrió sus más de veinte años de carrera desde los tiempos de “3Nsayo 3Rror” (2006) abriendo con “The Legañon” y “El Bloqueo”, y pasando por “Caballo de Alquiler”, “Lorem” y “Brut Nature” de “Radiopharm” (2015), el disco que significó en su momento el debut de Farré en el trío por este lado del mundo. La entrega fue total para aquellos que en el escenario Primavera desafiaban los primeros y fuertes rayos de sol que tanto escasearon la jornada anterior.

Por supuesto, estuvo “Palomita”, el clásico del folklore latinoamericano reconvertido en rock ruidoso y primal, y el final estridente estuvo a cargo de “Servú (Ronda)” deviniendo en una cuasi jam desbocada de free jazz, añadiendo otra cara que mirar al prisma que es Familea Miranda, una banda que, a la distancia y a su manera, se las arregla para hundir más sus raíces en suelo chileno, viniendo cuando pueden y tocando donde quieren. Aunque digan que ya no son de ninguna parte, se nota que extrañan y qué mejor que plasmarlo en esta, la primera versión del festival Primavera Sound Santiago.

José González

Cuando el sol dominical se abría paso entre las ya escasas nubes del fin de semana, con un breve retraso comenzaba el show de José González. El sueco de ascendencia argentina hizo gala de un español más bien tímido y escueto porque lo suyo no iba de parafernalias, imaginarios o grandes discursos, su declaración de principios es y ha sido siempre la simpleza. “Killing For Love” y “Cycling Trivialties” fueron, entre otras, las elegidas para partir plasmando un delicado set sin prisas ni pausas.

A pesar de no ser un festival el mejor escenario para la propuesta de González por todo el barullo circundante, se las arregló para marcar presencia, incluso con la pulsión electrónica del escenario Bits varios metros más allá haciendo lo suyo y que se colaba cada tanto, a punta de rasgueos abiertos y profundos, preciosas melodías arpegiadas y uno que otro backing track con sutiles beats, como en “Swing”, aunque, si no estaban esos beats, marcando con el pie también se las arreglaba sin mayores problemas. Como respuesta, recibió la respetuosa atención que su música naturalmente exige.

Con destreza, se paseó por su relativamente breve catálogo, dándole espacio a fracciones de su más reciente “Local Valley” como también a sus viejos y queridos clásicos: su propia versión de “Teardrop” de Massive Attack y el famoso cover de “Heartbeats” de The Knife, dotándolo de nuevas intenciones subiéndolo algunos semitonos hasta casi llegar al original. La sesión de los menos de cuarenta minutos originalmente planeados fue acogida por la audiencia como si fuera ese amigo que viene de viaje y quiere contar todo lo que afuera vio. Cantó, gustó y encantó con poco, porque sin duda algunas veces menos es más.

Jessie Ware

Aunque el tiempo que le dieron en Chile fue menor a lo de los otros Primavera Sound en Latinoamérica, Jessie Ware convierte cada segundo de su show en un deleite disco, hecho para bailar, llorar, seducir y transformar un sonido que acompañó la pandemia en una realidad escénica que supera expectativas. Desde “Spotlight” ya se notaba que las canciones tendrían mixes y énfasis diferentes a sus versiones de estudio, más simples, con los beats y el lucimiento de la voz de Jessie como ejes de lo que se escucha, mientras sus coristas y bailarines configuraban imágenes de acción, pasión y complicidad como la que la artista británica también demandaba y obtenía de su público. Aunque mucha gente que esperaba a Björk se quedó impávida, igualmente en ciertos momentos se sumaban a la fiesta, que en 48 minutos conseguiría entregar lo esperado y más.

El show giró alrededor de “What’s Your Pleasure?” (2020), ese álbum que para mucha gente se convirtió en la luz al final del túnel en tiempos de pandemia, ese disco que había que ir a bailar y que permitía viajar a universos paralelos que, bajo el inclemente sol que no había aparecido todo el fin de semana, se hizo real. “Ooh La La”, “Soul Control” o “Hot N Heavy” fueron muy coreadas con todo el mundo bailando, mientras Ware dominaba con carisma y sensualidad la escena, sin excesos, con la elegancia de quien conoce su material y cómo hacerlo brillar. Por ello es llamativo cómo la exhibición vocal es incluso mayor que en el estudio, con más gimnasia tonal y más recursos, enriqueciendo con esas complejidades los mixes más directos.

Lo anterior brilló con especial fuerza en la sobrecogedora versión de “Remember Where You Are”, con emociones y belleza a raudales. También ocurrió con el himno en que se ha transformado el reciente single, “Free Yourself”, y con el icónico momento que es “What’s Your Pleasure?” en vivo, con Jessie tomando un micrófono con un stand en forma de látigo, agitándolo con dominación, en todos los sentidos. Del material anterior a 2020 sólo sonó la versión remix de “Running” como la rearmó Disclosure. El cierre con “Save A Kiss” terminó con una fiesta en el amplio sentido, desde las alegrías instantáneas a los recuerdos perennes, en un debut en Chile para recordar y seguir bailando en su honor.

Björk

Siempre es una apuesta arriesgada cuando un festival decide poner algún show temático dentro de su cartel, más aún cuando dicha presentación está a cargo de alguien tan masivamente popular como Björk, que trajo su espectáculo “björk orkestral”, consistente en una serie de canciones interpretadas en un formato acústico para ser parte de la jornada de domingo en Primavera Sound Santiago. Junto a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), compuesta por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, la islandesa se paseó por distintos tracks de su discografía para el deleite de los presentes, quienes, seguramente por la devoción que le tienen a la artista, no tuvieron problemas en conectar con un show que, debido a su configuración y ubicación en el horario a las 19:00 hrs, no lograba enganchar con el grueso del público. El inicio con “Stonemilker”, “Aurora” y “Come To Me” comenzaron poco a poco a generar un ambiente que terminó por apoderarse del lugar, donde se congregaron miles de personas, entre seguidores y asistentes, que comprendían muy bien que a una artista con este nivel de influencia había que verla sí o sí por lo menos una vez en la vida.

Concentrando principalmente sus esfuerzos en canciones de “Vulnicura” (2015), “Homogenic” (1997) y “Post” (1995), Björk presentó épicas y estruendosas reinterpretaciones de tracks como “You’ve Been Flirting Again”, “Isobel”, “Jóga” o “Quicksand”, con los jóvenes de la orquesta dando la talla en cada nota bajo la atenta dirección de Bjarni Frímann, quien se ha encargado de conducir las orquestas que se presentan junto a la islandesa durante esta gira. Ya para el cierre, y con el público en el bolsillo, la artista desplegó una intensa versión de “Hyperballad” para finiquitar su presentación, regresando posteriormente ante el aplauso de los presentes y despedirse definitivamente con “Overture” y “Pluto”.

A 10 años de su última presentación en nuestro país, la islandesa trajo sus composiciones en una configuración distinta, lo que se agradece un montón, pese a lo emocionante que sea escuchar sus clásicos en vivo bajo una interpretación más cercana a las originales. Siempre es bueno ver a Björk en vivo, y mucho mejor cuando se le agrega una novedad como la posibilidad de escuchar composiciones tan importantes para lo que fue su apogeo artístico desde la segunda mitad de los 90 hacia delante, mostrando no sólo su presente más maduro y robusto como artista, sino que además lo adaptables que son sus composiciones a distintas configuraciones. Pese al contexto más íntimo que evoca la presentación, su solemnidad logró que se transformara en algo especial, único y muy distinto de cualquier cosa que se pudiera presenciar durante el fin de semana. En simples palabras: un show de Björk como debe ser.

Mitski

Luego de que Björk invocara el atardecer sobre Cerrillos, era el turno de Mitski, que ya con la oscuridad de cómplice se preparaba para enfrentarse al sorpresivamente amplio público que la esperaba. Con la teatralidad que la caracteriza, y una presencia imponente y cálida, la artista recurrió a su último trabajo, “Laurel Hell”, desde donde escogió “Working For The Knife” como punto de partida. Sólo bastaron los primeros acordes para dar rienda suelta a la catarsis que significa escuchar, sentir y ver a Mitski sobre un escenario. Y es que la artista transmite intensidad y pasión en cada estrofa, como entregando un poco de sí misma a cada persona hasta ya no dar más.

Las nuevas tecnologías y los nuevos contextos digitales han ampliado el margen de los fenómenos virales, y así han logrado que una nueva y joven generación de fanáticas se acerque a su música. He ahí gran parte de la creciente popularidad –que ya iba en ascenso– de la cantante no sólo en Chile, sino también en el mundo. Con los hits “Washing Machine Heart” o “Nobody”, que han sonado fuerte en redes sociales, Mitski diseña un set que, pese a no mantener una línea definida, se pasea por todas las emociones y de esa manera también sorprender.

Mitski debutó en nuestro país en un momento clave para su carrera y popularidad, sintiéndose abrumada y agradecida por el calor del público local que no dejó de acompañarla y seguir cada movimiento que comunicaba con sus manos o su corporalidad. Tomándose el escenario, cumplió con las expectativas y se ganó a un país que pareciera meterse en sus más profundos sentimientos.

Father John Misty

En el último rincón del parque, el escenario Primavera vio llegar el show de Father John Misty pasadas las 21:00 hrs., con el músico presentándose frente a un público mucho menor al de cualquier show en los escenarios principales, pero que se destacó por una cosa en particular: la mayoría estaba familiarizada con su catálogo. Desde el comienzo con “I Love You, Honeybear”, los presentes acompañaron al músico y su banda en un desfile de composiciones de todas sus obras de estudio, pasando por tracks como “Total Entertainment Forever”, “Mr. Tillman” o “Nancy From Now On”, con una solidez instrumental impecable por parte de la banda compuesta por nueve músicos entre batería, guitarras, teclados e incluso una sección de vientos, que le aportaron una exquisitez sonora muy elegante.

Lamentablemente, problemas de sonido aparecieron sin previo aviso en “Goodbye Mr. Blue”, canción que fue interrumpida por un corte total del sonido en el escenario, con Tillman y compañía siguiendo su interpretación por un par de segundos antes de notar que el sistema de sonido del escenario no estaba funcionando. Probablemente esa mala pasada, y la reinterpretación del track, hizo que el músico debiera estrechar su set, aunque de todas maneras el público y artista se mostraron de muy buen ánimo continuando con tracks como “Please Don’t Die”, así como otros momentos de catarsis como “Pure Comedy” o el histriónico cierre con “The Ideal Husband”, canción que suele cerrar las presentaciones más catárticas del artista, quien en su segunda vez en Chile pudo consagrarse no sólo como el poseedor de un gran desplante escénico, sino que también como un músico que ha crecido mucho artísticamente con cada álbum de su corta carrera como solista.

Charli XCX

La presentación de Charli XCX parecía estar en duda. Tras enfermarse de la garganta en Argentina, la cantante inglesa debió permanecer en reposo y en silencio para cumplir con sus shows, incluyendo el de nuestro país. Ya casi recuperada, saltó a escena completamente sola, sin más apoyo que su actitud y desplante. Si bien, en ciertos pasajes de la introducción con “Lightning” o “Gone” la cantante forzaba su voz, esto no fue impedimento para que despachara un show lleno de color, carisma y sensualidad.

Charli XCX maneja las claves del pop en otra frecuencia, las tuerce, y en otras se las apropia. Sin bailarines, músicos en escena y con una modesta escenografía, la artista se adueñó del parque por unos minutos y comandó la fiesta de todos y con dedicatoria especial en “Boys” para acelerar hacia el final con la explosiva “Vroom Vroom” y “Good Ones”. Charli XCX, otro debut en suelo nacional, demostró por qué es la diva alternativa del pop, transversal y agresiva.

Caroline Polachek

El último show del festival estuvo al borde de la perfección, porque Caroline Polachek entregó un nivel de pop que, moviéndose entre la elegancia, la experimentación y la destreza técnica, consiguió la dificultosa hazaña de cerrar con broche de oro un evento con múltiples puntos altos. Es que la norteamericana es capaz de generar ganchos pop con mezclas futuristas en el estudio, y eso juntarlo con su voz que, en vivo, suena aún más potente que en lo grabado. Además, su carisma y simpatía le hacía congeniar con el público que, pese a no ser copioso en el alejado escenario Primavera, sí fue muy participativo, coreando con fuerza y dejando sorprendida a la artista a ratos.

Iniciando con “Pang”, track homónimo de su álbum debut de 2019, la perfección en los movimientos de Polachek, coreografiados con prestancia, se comenzó a notar. Mientras ella logra que su voz proyecte exactitud, los gestos, cada paso, cada giro de su cabeza tiene apariencia de ser parte de un continuum, y es que no es sólo un afán de moverse, sino que una coreografía cuidadosamente trabajada con C Prinz. Al mismo tiempo, cada canción es una cuidada producción, incluso en vivo, porque las versiones cuidan los elementos, a veces eligiendo que la batería se luzca, como en “Hey Big Eyes”, o en “Sunset” con la guitarra al estilo español siendo lo que brilla.

Pero lo más sorprendente es lo espontáneo que logra sonar todo, en un espectáculo que sorprendía incluso a quienes conocen cada recoveco del trabajo de Polachek, ya sea la dulzura de “Billions” y su coro hecho para multitudes, o el cover de “Breathless”, original de The Corrs, que consigue un halo de oscuridad inédito en sus manos. Más allá de la altura de deidad que aparenta la cantautora, hay mucho de humano en el trabajo necesario para equilibrar talentos de manera perfecta en escena, y ello es lo que, en poco menos de una hora, cerró los shows del fin de semana.

​Es indispensable pensar que este fue el debut no sólo de un festival, sino también de su productora, y el análisis debe ser justo con ese tipo de detalles. De hecho, hay múltiples paralelos con el debut del otro festival que se hace en este mismo parque en marzo, iniciando con ripios en la venta de entradas, teniendo que disponer de descuentos meses después de poner abonos en venta, y que le costó comunicar al público de un nuevo paradigma de evento. La amplitud de los espacios físicos para el público, tanto en servicios como en calles para transitar (sólo con la salida del segundo día como un punto preocupante) es algo destacable. Además, la curatoría del cartel entregó el mejor line up en muchos años en suelo nacional, más por el estrellato de los artistas que por sus momentos artísticos y creativos, con mucha gente habiendo lanzado su mejor trabajo y con shows de categoría tal, que cuesta mucho decir cuál no estuvo en un alto nivel. Otro punto a destacar fue cómo las mujeres artistas entregaron la mayoría de lo más comentado y lo más esperado, con multitudes sorpresivas en shows como Japanese Breakfast o Mitski, y otras anticipadas, pero no por ello menos notables, como Björk y Lorde. Un evento posible de mejorar, pero cuya primera impresión proyectó futuros en el presente y entregó esperanzas para posibles siguientes ediciones.

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