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Gary Numan en Blondie: Viaje sin interrupciones

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No fue sino hasta el mismo día del misterioso aniversario número 25 de Club Blondie que comenzaron a sonar las alarmas de quién sería el encargado de animar la jornada, ya que la mítica discoteca santiaguina había prometido un show internacional sorpresa para culminar las celebraciones de este acontecimiento tan importante. Y así, sin más, cumpliendo con lo que muchos presagiaban, fue el gran Gary Numan quien se presentó en el escenario, sellando con eso uno de los debuts más esperados por el público local, el que se mantuvo en un punto alto desde la primera canción hasta el cierre de la presentación.

Ya eran casi las once de la noche cuando una mezcla de personas entre fanáticos del músico y gente que sólo canjeó su entrada por curiosidad (el evento era de carácter gratuito), comenzó a impacientarse para ver comenzar el show, hasta que el hielo seco inundó el ambiente y las luces se apagaron para recibir a los invitados. Vestido tal como en la portada de “Savage (Songs From A Broken World)” (2017), Numan entró en escena junto a su banda ante el aplauso estrepitoso de los asistentes, dando paso de inmediato a “Ghost Nation”, mismo track que abre el disco que permitió su debut en nuestro país.

El ambiente comenzó a tomar forma de inmediato, con los asistentes entregándose al show sin dudar, sabiendo que la fiesta recién empezaba, por lo que el estallido de “Metal” –una de las canciones más importantes de Numan– hizo saltar y bailar a los más entusiastas, mientras otros simplemente no podían creer el enorme despliegue de energía que estaban presenciando. Y es que, a sus 60 años, la energía del músico en el escenario es verdaderamente envidiable, moviéndose cual fantasma entre sus lúgubres y agitadas melodías, con una banda sonando de manera impecable en cada canción, demostrando así por qué es uno de los pioneros en mezclar elementos de electrónica y rock de una manera tan excepcional.

A pesar de que el setlist podía parecer una muestra de éxitos seleccionados, las canciones de su último disco asoman muy bien como para pasar desapercibidas, entregando sonidos mayoritariamente ligados al rock industrial, tal como se pudo apreciar en “Pray For The Pain You Serve” o “My Name Is Ruin”, canción en la que el músico invitó a su hija Persia al escenario para interpretarla en conjunto. Claramente, las cosas siguieron un hilo conductor que osciló entre las composiciones más contemporáneas de Numan, pero, independiente de dichos factores, no podían ausentarse los tracks que lo hicieron famoso, como la ultra coreada “Cars” o también “Me, I Disconnect From You”, extraída desde sus tiempos con la banda Tubeway Army, en donde el músico inglés compuso sus primeros grandes éxitos, los que pasarían a quedarse permanentemente en su repertorio.

La consistencia y el factor de impacto del show se basó netamente en las nulas interrupciones que tuvo, ya que Numan sólo se limitaba a sonreír y saludar entre canciones como modo de agradecimiento, dejando que la música hiciera todo el trabajo de comunicación entre el artista y su público, despachando canción tras canción en un ejercicio catártico graficado por los efusivos movimientos del frontman sobre el escenario, quien con “A Prayer For The Unborn” comenzó a despedir un show que superó toda expectativa posible.

El tradicional encore no se hizo esperar, siendo “Everything Comes Down To This” la canción que lo puso de regreso al escenario, sintiéndose como un presagio a lo que le seguiría, ya que “Are ‘Friends’ Electric?” fue la encargada de finalizar el show definitivamente, sintiéndose el momento cúlmine que todos esperaban. La gente cantó el coro, la banda hizo lo suyo y Numan se despidió feliz, concretando así un show que se necesitó de muchos años de espera para poder presenciarlo.

Ahora sólo queda su presentación en Gran Arena Monticello, a la que seguramente llevará una configuración un poco más grande a lo vivido en este intimo concierto. Pese a que el que debía ser su debut terminará no siéndolo, quedará la satisfacción en los fanáticos de haber podido presenciar al músico en dos de sus hábitats: el show de arenas con juegos de luces en una gran puesta en escena que se viene para este sábado, y el show más íntimo, de clubes, esos donde lo único que importa es la música y cómo esta puede transmitir sensaciones hacia los espectadores. Gary Numan hizo que el público viajara en el tiempo junto a él, llevando sus sonidos de ayer y hoy por un vórtice de penetrantes riffs y aplastantes sintetizadores, haciendo un viaje sin interrupciones por un túnel de caos y decadencia, desde un oscuro rincón de la capital hasta los confines más insospechados.

Setlist

  1. Ghost Nation
  2. Metal
  3. Halo
  4. Films
  5. Bed Of Thorns
  6. Down In The Park
  7. Pray For The Pain You Serve
  8. My Name Is Ruin (con Persia Numan)
  9. Cars
  10. Mercy
  11. Love Hurt Bleed
  12. Me, I Disconnect From You
  13. Here In The Black
  14. The World Comes Apart
  15. A Prayer For The Unborn
  16. Everything Comes Down To This
  17. Are ‘Friends’ Electric?

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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