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Garbage: El ruido que nos mantiene despiertos

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Tuvieron que pasar 18 años para que Garbage al fin visitara nuestro país. Años que trajeron cinco discos, icónicos videos y un buen puñado de singles llenos de letras emotivas y duras. Y si bien fue una larga espera para miles, lo que recibimos a cambio rozó la perfección. La teatralidad de Shirley Manson y su impecable voz. Los riff tan característicos de Duke Erikson en la guitarra, esos que han hecho que la música de Garbage no envejezca. La consistencia del Steve Marker en sus alucinantes solos de guitarra o en los sintetizadores. Y el invaluable aporte de Butch Vig, uno de los grandes de la historia de la música moderna, el principal cerebro de la banda y también un eximio baterista.

Todo partiría pasadas las veinte horas con una sorpresa bastante agradable. Saiko, luego de un desgaste, del alejamiento de varios de sus integrantes originales y la reinvención plástica, volvió a la vida con fuerza, con dignidad y con la solidez que le entrega un tipo como Rodrigo Aboitiz, y el sello de Malebrán, que es innegable en una banda como Saiko. Un puñado de singles, un buen sonido y todos quedarían felices.

Y siendo veinte minutos pasadas las nueve de la noche, Garbage, más la ayuda en las cuatro cuerdas de Eric Avery,  apareció en escena precedida por secuencias electrónicas, para dar inicio al show con “Automatic Systematic Habit”, encargado de abrir la última producción de la banda “Not Your Kind Of People” (2012).

Desde un comienzo Garbage no sólo sorprendió con un prolijo sonido, del cual sólo se puede decir que en algunos momentos –más que nada al comienzo- hizo que la voz se perdiera levemente, sino que además, regalaron versiones remozadas de varios de sus éxitos. De “Not Your Kind Of People”, las elegidas además de la ya mencionada “Automatic Systematic Habit” serían “Blood For Poppies”, “Control”, “Battle In Me”,  “The One” y “I Hate Love”. Mayormente  con un sonido más cercano a la etapa de “Beautiful Garbage” (2001), y con el sonido característico de las guitarras de la banda a través de los años. Esos sonidos enfurecidos de los riff de Erikson y Marker, acompañado de secuencias electrónicas.

Saliendo de esa entrega necesaria del nuevo sonido, el resto del show fue una suma de emociones y melodías conocidas. Y Shirley Manson es la estrella que más fuerte brilló en la noche. Esa delgada y pálida figura delicada, que mezcla sensualidad con una tenue actitud varonil, lo que la hace más radiante aún.

En “Why Do You Love Me”, la sufrida Manson es acompañada de la perfecta rítmica de Vig, que le entrega la potencia necesaria a todo el sonido que envuelve a los asistentes. “I Think I’m Paranoid” demuestra que la fragilidad en sus letras pueden ser tergiversadas con la osadía de la instrumentalización. O en “Shut Your Mouth”, donde Erikson usa su guitarra casi como un sintetizador más, y va jugando con filtros para crear un sonido envolvente. En “Hammering In My Head”, el sonido cercano al drum ‘n’ bass se hace dueño del lugar, claridad distinguible en sus componentes. Y Shirley Manson presentaría a “Cherry Lips” como la canción Garbage por excelencia, o como diría la propia Manson: “the oficial Garbage song”.

La comunicación de la frontwoman con el público fue bastante cercana, quizás más de lo esperable de una personalidad que luce tan fría y delicada al cantar. A pesar de eso, se rió de buena forma con las decenas de mensajes que le llegaban desde el público, agradeció a Saiko por abrir su show, y contó cómo su discográfica alguna vez no los dejó venir a Sudamérica, y también de cómo aprendieron a que, desechando la importancia de los medios, los que toman las decisiones hoy en día son los músicos y nada más que ellos.

Los momentos de mayor clímax sin duda llegaron con los singles de aquel disco debut de 1995. “Stupid Girl” y “I’m Only Happy When It Rains”, donde ésta última hizo gala  de una versión especial; sumó cambios de intensidad al empezar realentada y silenciosa, para pasar al ruido y la voz de Manson pidiendo derramar la miseria en ella.

Garbage, no sólo se destaca por la rudeza del sonido de sus guitarras, la voz de Manson o el touch de Vig. Eternamente han sido una banda de letras femeninas, pero no por eso feministas. Declaran el orgullo y también el dolor. La venganza y también la rabia, como en canciones como “Special”, o “Why Do you Love Me”, donde Manson reclama la perdida de tiempo y la momentánea ceguera emocional.

El sonido más rudo también estaría en “Why Do You Love Me?”,  “Supervixen” y la espectacular “Push It”, la cual contó segundas voces programadas bastante atmosféricas. El contraste lo encontraríamos con “Cup Of Coffee” y quizás los momentos más sensuales y delicados de la noche con “Queer” y “Crush #1”, donde la teatralidad es protagonista en todo momento.

El final antes de la pausa –o encore– vendría dado con el primer single oficial de la banda, “Vow”. Que entre aplausos y gritos pasaría al momentáneo silencio, para retomar con la ya mencionada “Supervixen” y “I Hate You”, para dar paso al momento que quizás todos recordarán en el futuro. Shirley Manson anunciaba la última canción, pero ante la respuesta del público, decidieron tocar algunos de los singles que llevaban años sin ser interpretados. Entre el griterío y la barrera idiomática, Manson –en una elección digna de concurso- dio como elegida a “Milk”, canción que por primera vez es tocada en el tour de “Not Your Kind Of People”, y que fue coreada por cerca de las cuatro mil almas.

El momento de la despedida llegó con “You Look So Fine”, una perfecta mezcla entre lo más profundo de Manson y el lado más electrónico de Vig, que se fue mezclando con un planteamiento casi acústico de Marker y Erikson.

Garbage fue de las bandas más importantes entre la segunda mitad de los 90’s y los primeros años de este milenio. Se apagaron quizás debido a que sus componentes, cada uno por sí solo, es una entidad musical compleja. El sonido basura se apagó por años, pero ninguno de ellos se quedó quieto. Hoy Garbage volvió con un sonido explosivo que, sin esa mala costumbre de creer que a mayor volumen se puede ser mejor, lograron no sólo un sonido perfecto y claro por parte de sus técnicos, sino que además funcionando a la perfección como banda.

El sonido de esta agrupación va más allá de su currículum, más allá de tener al productor de “Nevermind” tocando la batería, y ciertamente más allá de Shirley Manson y su hipnótica voz. Como diría en “Push It”, este es el ruido que nos mantiene despiertos. Este es Garbage. Y es perfecto.

Setlist

  1. Automatic Systematic Habit
  2. I Think I’m Paranoid
  3. Shut Your Mouth
  4. Why Do You Love Me
  5. Queer
  6. Stupid Girl
  7. Hammering In My Head
  8. Control
  9. The One
  10. Crush #1
  11. Cherry Lips (Go Baby Go!)
  12. Blood For Poppies
  13. Special
  14. Cup of Coffee
  15. Push It
  16. Only Happy When It Rains
  17. Vow
  18. Supervixen
  19. I Hate Love
  20. Milk
  21. You Look So Fine

 

Por Pamela Cortés

Fotos por Sebastián Rojas

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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