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G3: Un monstruo de tres cabezas

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Pocas veces se tiene la oportunidad de ver en un mismo escenario a tres prodigiosos referentes de las seis cuerdas, como lo son Joe Satriani (ex Deep Purple), John Petrucci (Dream Theater) y Steve Morse (Deep Purple, Dixie Dregs), privilegio reservado sólo para el puñado de fanáticos que llegaron al Movistar Arena a presenciar una nueva fecha del G3, evento que aterriza por tercera vez en nuestro país, tras sus exitosas versiones de 2004 y 2006. Este show se enmarca en su gira sudamericana que ya los tuvo en Brasil y Argentina, y que próximamente los llevará a Venezuela, y posteriormente a México, en donde el lugar de Morse será ocupado por Steve Lukather (Toto).

Cuando se reúne a tres guitarristas icónicos bajo el alero de un mismo evento, las expectativas no pueden ser bajas, y así se refleja en cada uno de los asistentes que desde temprano comenzaron a arribar al recinto del Parque O’Higgins, un público mixto, donde no se marca ninguna tendencia respecto al tramo generacional. Como ya es costumbre, algunos se entretienen consultando los valores del merchandising que se vende en los puestos autorizados, mientras que los más osados piden precios en el stand de guitarras. En una semana particularmente ajetreada en materia de conciertos, este show se alza como uno de los más potentes del planeta rock.

Para esta ocasión, el recinto fue habilitado al 50% de su capacidad, haciendo de este un show más íntimo, y facilitando la visión del escenario desde todas las ubicaciones, prueba de esto es que no fue necesario habilitar pantallas gigantes. El encargado de dar inicio a la fiesta es Steve Morse, quien sale a escena con una puntualidad que se agradece, bien acompañado por dos músicos de apoyo, responsables de la batería y el bajo. Sin mediar introducción, comienza a sonar “Name Dropping”, en donde el guitarrista de inmediato despliega sus credenciales en base a potentes licks y sólidas secuencias, las que se complementan de buena manera con el sonido del bajo. Las revoluciones bajan de la mano de “Highland Wedding”, cuya hermosa melodía se gana de inmediato los aplausos de los fanáticos. “On The Pipe” trae de vuelta toda la potencia de Morse, quien hace gala de lo depurada de su técnica, dejando más que claro las razones por las cuales se le considera como uno de los mejores exponentes del shred.

“Vista Grande” vuelve a llenar el ambiente de sonidos más delicados y melódicos, en contraposición con “John Deere Letter”, que destaca por su dinamismo, velocidad y una entretenida melodía country, que de forma espontánea logra que el público acompañe con las palmas. Morse dedica sus primeras palabras a los asistentes, dándoles la bienvenida y expresándoles lo genial que es compartir escenario cada noche con tipos tan talentosos. El músico cambia de guitarra para interpretar junto al bajista “Baroque ‘n Dreams”, una extraña canción con tintes medievales, que si bien no destaca por su energía, sí lo hace por lo atractivo de sus sonidos. Steve Morse vuelve a colgarse la guitarra con la que empezó el show, con la cual interpreta “Rising Power” de forma brillante y perfeccionista, no escatimando en potencia e intensidad. La rápida “StressFest” es presentada como la historia de su vida, y en cada uno de sus acordes se denota lo compenetrado que está el guitarrista con su música. La encargada de cerrar la presentación es “Cruise Control”, cover de Dixie Dregs, que tiene su punto más álgido en una pseudo competencia/juego entre el bajo y la guitarra.

Tras 15 minutos de receso, necesarios para montar otros instrumentos en el escenario, llega el turno de John Petrucci, miembro fundador de Dream Theater y un reconocido fanático de Steve Morse, quien hace su entrada con una introducción llena de dramatismo y oscuridad. En el papel, el setlist de Petrucci se evidencia más acotado que el de su predecesor, sin embargo, es sabido que sus canciones son mucho más extensas. La potencia y la fuerza no se hacen esperar, arrollando con el sonido demoledor de “Damage Control”, que tiene como condimento adicional el sentimiento que imprime el guitarrista en cada uno de sus acordes. Llega el turno de “Cloud Ten”, la primera de tres canciones nuevas que recién se comenzaron a mostrar en esta gira, la que destaca por su melodía lúdica y dinámica. El músico ofrece sus primeras palabras, recordando su paso por Chile el pasado mes de agosto con Dream Theater. Durante la ejecución de “Jaws Of Life” se puede apreciar fácilmente lo depurada de su técnica y el perfecto dominio del instrumento, convirtiendo la palanca de vibrato en el mejor de sus aliados.

La presentación continúa con las otras dos canciones nuevas que Petrucci está mostrando en el tour, primero la no tan potente “Zero Tolerance” y, posteriormente, los sonidos duros y toscos de “Glassy-Eyed Zombies”, en donde el protagonismo recae en la exquisita técnica del guitarrista, adornada con perfectos glissandi y certeros licks. El cierre de esta parte del show corre por cuenta de “Glasgow Kiss”, uno de los temas emblemáticos del álbum con que Petrucci debutó como solista: “Suspended Animation” (2005). Antes de retirarse, el músico presenta a su banda, cayendo una ovación de forma espontánea cuando llega el turno de nombrar a Mike Mangini en la batería.

Tuvieron que pasar 20 minutos para que apareciera el anfitrión de la fiesta, el siempre carismático Joe Satriani, que desde el comienzo se muestra muy animoso y activo. A diferencia de sus compañeros, el guitarrista incorpora un músico adicional en escena, un tecladista, quien hacia el final del show tendrá un rol bastante importante. “Ice9” comienza con mucha potencia y energía, despertando al público del letargo causado por el receso, Satriani pide que acompañen con las palmas y los asistentes obedecen de inmediato. Llega el turno de “Satch Boogie”, donde queda más que claro lo bien que lo está pasando el icónico guitarrista, con un deslumbraste despliegue de talento y perfecto dominio de la palanca. Se produce un cambio de guitarra para llevar a cabo la interpretación de “Flying In A Blue Dream”, canción de corte más sensible y relajado, que permite apreciar una faceta menos rockera de Satriani, pero no por eso menos prodigiosa. En la primera parte de “Crystal Planet” el teclado se convierte en protagonista excluyente, ganándose los aplausos de todo el recinto, inclusive del resto de los músicos. Posteriormente, llegaría una avalancha de potencia e intensidad, una hermosa pieza que el guitarrista lleva a cabo prácticamente sin esforzarse.

Para “God Is Crying” Satriani vuelve a solicitar el apoyo del público y la ayuda no se hace esperar, miles de fanáticos funcionando en perfecta sincronía. Se produce un atractivo duelo entre el guitarrista y el tecladista, que ni siquiera se resuelve cuando el músico comienza a rasgar las cuerdas con los dientes, acción que es emulada de forma precisa y eficiente por el encargado de las teclas. El recinto se llena de emotividad y sensibilidad con el tema “Always With Me, Always With You”, una canción preciosa y delicada, suerte de balada rock que deja en evidencia  la prolijidad de la ejecución, no escapándose ni una sola nota. Con “Crowd Chant” el público se hace más presente, cargándose de toda la energía de la pieza, coreando cada una de las secuencias y cambios de ritmo. El cierre no podía ser con otra cosa que no fuese uno de los clásicos de Satriani, y “Surfing With The Alien” encaja perfectamente en este prototipo, que ofrece las últimas pinceladas de potencia y desenfreno.

Joe Satriani se dirige a la audiencia para incentivarlos a que llamen al resto de los integrantes del G3, y al cabo de un par de segundos de gritos y aplausos, hacen su ingreso al escenario Steve Morse y John Petrucci, conformando al talentoso monstruo de tres cabezas, que es recibido con una cerrada ovación que baja desde todos los sectores del Arena. La primera canción interpretada por la bestia es “You Really Got Me”, cover de The Kinks, en donde las voces corren por cuenta del tecladista, y cuyo coro es realizado al unísono por todas las almas del recinto. Una exquisita demostración de talento, donde los guitarristas se turnan para desplegar lo mejor de su repertorio. Llega el turno de “White Room”, cover de Cream, en donde Morse se ve un poco más apagado que sus compañeros que transitan sin sobresaltos por una secuencia de solos perfectamente ejecutados. El último tema de la noche es “Rockin’ In The Free World”, cover de Neil Young, que cuenta con la particularidad de que la voz recae en Joe Satriani. Para cuando llega el turno del coro, todas las voces aportan con lo suyo, mientras unos tímidos puños se alzan hacía el cielo, en una hermosa postal que marca el cierre de un show carente de imperfecciones.

Fueron 26 canciones resumidas en más de tres horas de rock, donde fuimos testigos del talento y perfección de algunos de los guitarristas más destacados del mundo. Una exquisita e invaluable demostración de dedicación, desde la perspectiva de un grupo de músicos que han sido capaces de transformar la guitarra en una extensión más de su cuerpo. Tres estilos diferentes, unificados en un único instrumento. Simplemente G3.

Setlist

Steve Morse

  1. Name Dropping
  2. Highland Wedding
  3. On The Pipe
  4. Vista Grande
  5. John Deere Letter
  6. Baroque ‘n Dreams
  7. Rising Power
  8. StressFest
  9. Cruise Control (cover de Dixie Dregs)

John Petrucci

  1. Damage Control
  2. Cloud Ten
  3. Jaws Of Life
  4. Zero Tolerance
  5. Classy-Eyed Zombies
  6. Glasgow Kiss

Joe Satriani

  1. Ice 9
  2. Satch Boogie
  3. Flying In A Blue Dream
  4. Crystal Planet
  5. God Is Crying
  6. Always With Me, Always With You
  7. Crowd Chant
  8. Surfing With The Alien

Morse + Petrucci + Satriani

  1. You Really Got Me (cover de The Kinks)
  2. White Room (cover de Cream)
  3. Rockin’ In The Free World (cover de Neil Young)

Por Gustavo Inzunza

Fotos por Julio Ortúzar

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Arcade Fire: Firmando el legado

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Arcade Fire

La crítica musical puede ser muy traicionera si es que no es tomada con la responsabilidad que merece; en ciertos contextos, es capaz de trazar el camino que llevará una banda gracias a su tremenda influencia sobre la sociedad. El romance de los canadienses Arcade Fire con la crítica en general ha tenido altos y bajos, pasando de verdaderas declaraciones de amor en álbumes como “Funeral” (2004) o “Reflektor” (2013), hasta el desencantamiento propio de cualquier matrimonio complicado con “Everything Now” (2017), quinto álbum de la agrupación y que sirvió como motivo de promoción en esta segunda visita a nuestro país.

Luego de su debut como parte de Lollapalooza Chile 2014, Arcade Fire volvió con la difícil tarea de defender un disco que para muchos no logra cuajar del todo, dejando poco del sonido que tan bien desarrollaron en álbumes anteriores. Más allá de todo eso, el hecho de que los canadienses sean constantemente señalados como uno de los más grandes shows en vivo a nivel mundial es algo que se debe comprobar de manera personal, presenciando en carne propia todo el despliegue escénico que entregan, uno que se aleja de los clichés típicos, como juegos de luces, fuegos artificiales o distractores elementos visuales para suplir la falta de calidad musical. Aquí tenemos un espectáculo completo, puesto que toda la atención se centra en un colectivo de muy buenos músicos dándolo todo en el escenario.

Una intro al más puro estilo de las peleas de box precedió la entrada de la banda al escenario, preparados para lo que sería un evento estelar de proporción mundial. Así, y por entre el público del Movistar Arena, fueron ingresando Win Butler, Régine Chassagne, Will Butler, Jeremy Gara, Tim Kingsbury, Richard Reed Parry y Sara Neufeld, acompañados también de las más recientes adiciones: Stuart Bogie y Tiwill Duprate, listos para entregar hasta la última gota en una noche tan esperada por los miles de fanáticos que repletaron el recinto. Como era de esperar, “Everything Now” fue el primer golpe lanzado por los canadienses, que luego se adentraron en una verdadera batería de éxitos, cantados a todo pulmón por sus seguidores. Para muchos, el hecho de tener nueve músicos en escena parece un exceso al borde de lo pretencioso, pero aquí eso se omite gracias a que cada uno tiene una identidad propia, funcionando de manera cronometrada como partes de una enorme maquinaria sonora.

Con una muy variada selección de todos sus álbumes, Arcade Fire tuvo tiempo para los fans más nostálgicos, así como los más recientes, despachando canciones como “Rebellion (Lies)“, “Haïti“, “Peter Pan“, “Electric Blue” o “Put Your Money On Me“, manteniendo en todo momento la tónica bailable, conducto principal de esta fiesta. Es muy importante darle una segunda vuelta a lo comentado anteriormente: el show venía por precedentes muy negativos de parte de la crítica estadounidense, acusando de que el interés se había perdido, que la banda ya no era lo mismo de antes, o que se estaban presentando en arenas con menos de la mitad de su capacidad vendida. La desmitificación de todos esos puntos negativos no hace más que echar por tierra esa construcción manipulable de realidades a través de la prensa, las que últimamente se han encargado de desprestigiar a la banda en sus titulares.

Y es que el show de Arcade Fire da para todo, desde el baile hasta la emotividad, todos los sentimientos conjugados en un solo repertorio de canciones. Más de algún recuerdo surgió con “My Body Is A Cage” e “Intervention“, pegadas de manera desgarradora, además de lágrimas cuando Win Butler dedicó “The Suburbs” a la memoria de David Bowie, para luego pasar a un montón de caras alegres bailando al ritmo de “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)“, “Reflektor” y “Afterlife“, dejando los ánimos por los cielos. “Creature Comfort” y “Neighborhood #3 (Power Out)” fueron los ataques que finalizaron el primer round de la noche, con la banda retirándose por unos momentos del escenario, para luego interpretar “We Don’t Deserve Love” y el gran cierre con “Wake Up“, coreada por todos los asistentes mientras la banda descendía del escenario para marchar entre la gente, generando un especial momento, de esos que quedan marcados entre los sucesos destacados para la posteridad. Arcade Fire había dado el último golpe, derrotándonos con un contundente nocaut.

Alrededor de 15 años de historia avala a Arcade Fire desde su concepción, por ende, la banda ya atraviesa una etapa donde necesitan encontrar su sitial dentro de la historia, ese período donde comienza a construirse un legado que debe perdurar por la eternidad. Basta de ningunear la escena actual, basta de vivir del pasado y negarse a aceptar que la música continuó su curso en el siglo XXI, tenemos ejemplos constantes de que los nuevos referentes ya están naciendo. En este caso en particular, quedó demostrado gracias a una impecable interpretación en el escenario, sin notas fuera de lugar o arreglos que destruyan la composición original. En vez de eso, Arcade Fire quiso exponer que ya cuentan con una carrera suficiente para situarse como un referente, y no sólo por discografía, sino que también por su sentido del espectáculo. No muchas bandas pueden tocar por más de dos horas un repertorio que todos canten, mucho menos con la soltura y elegancia que los canadienses desplegaron en su show. Esta nueva etapa del conjunto ya encontró su norte y la tarea de construir un legado fue totalmente superada.

Setlist

  1. Everything Now
  2. Rebellion (Lies)
  3. Here Comes the Night Time
  4. Haïti
  5. Peter Pan
  6. No Cars Go
  7. Electric Blue
  8. Put Your Money On Me
  9. Neon Bible
  10. My Body Is A Cage
  11. Intervention
  12. Neighborhood #1 (Tunnels)
  13. The Suburbs
  14. The Suburbs (Continued)
  15. Ready To Start
  16. Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)
  17. Reflektor
  18. Afterlife
  19. We Exist
  20. Creature Comfort
  21. Neighborhood #3 (Power Out)
  22. We Don’t Deserve Love
  23. Everything Now (Continued)
  24. Wake Up

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