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Frank Iero & The Future Violents: No era una fase

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Desde el momento en que irrumpió el anuncio de que Frank Iero visitaría Chile por primera vez, todas las expectativas se fueron por lo alto para tener finalmente al ex My Chemical Romance en nuestro país. El guitarrista se ausentó del único show de la banda en Santiago en 2008, por lo que sus fans esperaban deseosos por ver a quien fue héroe y referente de toda una generación junto a Gerard Way, aunque eso implicara olvidarse de la obvia nostalgia. Amparado bajo su nuevo proyecto, The Future Violents, el músico llegaba para hacer un repaso de lo más importante de su prolífera carrera solista, además de adelantar algunos tracks de “Barriers” (2019), álbum que prontamente lanzará bajo esta nueva faceta, por lo que el mensaje era claro a quienes venían a buscar la nostalgia: esta no estaría garantizada bajo ningún término.

La banda nacional Dizclaimers fue la encargada de partir con la velada a las 20:00 hrs. puntual, repasando sus dos trabajos de estudio en un set de poco más de 20 minutos, incluyendo canciones de su trabajo homónimo de 2016, además del estrenado recientemente “Pandattack!” de 2018, con un estilo que se movió plenamente dentro del punk rock, con muchos tintes de hardcore y la actitud necesaria para captar la atención de los presentes, quienes respetuosamente disfrutaron el pequeño set del conjunto. Sin duda, una instancia clave para conocer a una de las bandas más interesantes que ha pasado por los escenarios en calidad de telonero durante el último tiempo, generando desde ya la expectativa para seguir sus pasos hacia el brillante futuro que les espera. Pero lo más esperado aún estaba por venir, y luego de una pausa de unos treinta minutos, llegaba finalmente el momento por el que un repleto Club Chocolate esperó más de 10 años.

Seguramente la gran mayoría de los asistentes abrazó los sonidos del emo durante los años de gloria del extinto ex conjunto de Iero, afrontando también las críticas de ningunear lo que terminaría siendo un estilo de vida. “Es pasajero”, “No es más que una moda”, “Es una fase de la adolescencia, ya pasará”, y cuantos otros comentarios eran cosa de cada día para los seguidores no sólo de esta banda, sino que de un movimiento que pasó por el infortunio de captar la atención de los medios masivos, sobrexplotándose hasta el cansancio para luego quedar en el olvido, o al menos eso creían.

Desde el momento en que Frank Iero y su banda tomaron el escenario, quedó demostrado que sus fans eran de verdad, coreando cada palabra que el guitarrista interpretaba con una fuerza que se sentía en todos los rincones del lugar, pasando por potentes composiciones como “Veins! Veins!! Veins!!!”, “I’m A Mess” o la recientemente estrenada “Young And Doomed”, dominadas a la perfección por los asistentes.

Cuando una banda se queda en la vida de alguien, eso trasciende sin importar el estado en que esta se encuentre, por lo que la frase (muy meme, a veces) de “No es una fase, mamá” cobra sentido al ver algo completamente diferente a lo esperado. Primero es Frank quien demuestra que hay vida después de una separación, dejando en evidencia que su presente artístico puede ser igual o incluso más interesante que su etapa en MCR, sobre todo cuando llega el momento de interpretar canciones del álbum “Parachutes” (2016), probablemente uno de los trabajos mejor logrados por el guitarrista en toda su carrera. “Dear Percocet, I Don’t Think We Should See Each Other Anymore”, seguida de “I’ll Let You Down”, reflejan a dicho LP como una obra esencial para el catálogo de Iero, siendo también de las canciones recibidas con mayor entusiasmo por la fanaticada, que con el paso del show se convirtió en un integrante más de la banda. Segundo, la fanaticada, que corrobora un fanatismo que es mucho más que una fase pasajera, manejando a la perfección el catálogo del artista y abrazando incondicionalmente una etapa que resulta mucho más de nicho, en contraste con la música de estadios que en algún momento desarrollaron los intérpretes de “Helena”, guardados en el baúl de los recuerdos con mucho respeto por Frank y sus fanáticos, quienes no necesitaron apelar al pasado para llevar una buena noche.

Luego de interpretar en conjunto “Weighted” y “Joyriding”, llegaba el momento para despedirse, por lo que, entre medio de gritos, Iero abandonó el escenario junto a sus músicos. El bis era cosa segura, y estuvo a cargo de un adelanto de su próximo LP, para luego cerrar con “All I Want Is Nothing” y toda la energía y potencia de “Oceans”, dejando a su fanaticada con una enorme sonrisa luego de un show que fue muy intenso, pero que pasó con una rapidez apabullante.

Podrán pasar los años, podrá ser todo diferente, pero no hay duda de que la música une generaciones y Frank Iero logró convocar a dos segmentos específicos de ella: aquellos que ya dejaron de tener 15 años hace mucho tiempo, así como también lo que recién los cumplen descubriendo una banda que, por muy extraño que parezca, ya no está con nosotros. Finalmente, lo que importa es el legado y de cómo es necesario evolucionar para dejar el pasado atrás y seguir abordando nuevas posibilidades. Para todos los presentes no fue sólo una fase, pero principalmente para Frank Iero, quedó comprobado que no importa cuán exitoso hayas sido, ya que, mientras exista el talento, siempre habrá vida después de la muerte.

Setlist

  1. World Destroyer
  2. Veins! Veins!! Veins!!!
  3. I’m A Mess
  4. Young And Doomed
  5. Viva Indifference
  6. Neverenders
  7. This Song Is a Curse
  8. Best Friends Forever (But Not Now)
  9. Smoke Rings
  10. No Fun Club
  11. Dear Percocet, I Don’t Think We Should See Each Other Anymore
  12. I’ll Let You Down
  13. Tragician
  14. Weighted
  15. Joyriding
  16. Basement Eyes
  17. All I Want Is Nothing
  18. Oceans

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Motorama: La consagración del otoño

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Motorama

La cantidad de sensaciones que producen las canciones son gigantes. La empatía que se puede obtener ante múltiples hablantes líricos es enorme. Ese nexo puede cruzar fronteras, e incluso configurar entendimientos de situaciones casi imposibles. Por ejemplo, que un público santiaguino esté conmovido genuinamente por postales más acordes al invierno ruso, tal como ocurre con las canciones de Motorama, banda que ha construido un nexo emotivo con la audiencia chilena a tal nivel, que ya no es ninguna sorpresa encontrar un Club Blondie repleto para su segunda vez en nuestro país, tras un exitoso debut en el mismo recinto hace tres años.

La jornada no partió con los de Rostov-on-Don, sino que casi a las 21:00 hrs. con los chilenos Playa Gótica. No es la primera vez que expresamos en un review lo potente del sonido y lo única de la propuesta del conjunto, ni tampoco lo arrollador del carisma de Fanny Leona como, tal vez, la mejor frontwoman en Chile hoy, o cómo cada músico, en su estilo muy particular, aporta al todo. Pero sí debemos recalcar cómo es que, detrás de una carcasa de baile y diversión, se agazapan temas como el acoso (“Pigman”) o la presión social (“Reptil No Gentil”) en canciones de alto impacto.

Pese a problemas de sonido y ciertos acoples, la banda seguía adelante –porque ese es el trote que tienen a estas alturas– y con varias canciones nuevas ya sonando en el setlist, como “Anilina” o “Fuerte”, mezcladas con hits como “Extraños Visitantes” o “Fuego”. Aunque el final con “La Noche” se sintió abrupto (considerando que en el setlist estaba escrita “Vacaciones”, usual cierre), todos esos contratiempos no derribaron la idea de que Playa Gótica va a seguir adelante pase lo que pase, incluso con una fecha solista en este mismo escenario próximamente.

La incertidumbre llenaba las mentes tan rápido como algunos pasaban para adelantarse en la cancha para quedar más cerca del trío ruso, buscando calor y también comunión, esa que se convertía en erupción de energía cuando el grupo se subió al escenario. Pero, pese a que la intro (una grabación de “La Consagración de la Primavera” de Igor Stravinsky) daba la impresión de que el show comenzaría, esta fue puesta en loop varias veces para que los músicos ajustaran detalles y, así, seis minutos después, a las 22:07, sí irrumpieran los primeros sonidos de “You & The Others”, una de las nueve canciones que sonaría de “Many Nights” (2018), disco que la banda venía a presentar en este show, en el marco del ciclo aniversario 26º de Club Blondie.

Luego, inmediatamente vino una de las más esperadas, “Heavy Wave”, cuyos punteos eran seguidos con el coreo del público para luego también hacer lo mismo con la letra. Es intrigante cómo canciones que hablan de frialdad y de desesperanza calen tan hondo en la gente. Es otoño, una noche fría de otoño, y eso ayuda a adentrarse en ese espíritu (aunque la Blondie tiene una temperatura precisa, templada pero no hirviendo, como ocurre con tantos recintos en Santiago). Quizás es la sensación de aislamiento y de desastre inminente en la gente, la desconfianza imperante que canciones de dolor y angustia como “Wind In Her Hair” logran retratar, al mismo tiempo de tener un ritmo que se puede bailar. Si Pina Bausch operaba dándole un matiz sin par a la obra de Stravinsky, Motorama consigue que el público genere su propia coreografía de la frialdad y el escapismo, siendo una suerte de consagración del otoño.

También por ello, quizás, es que el disco más vitoreado a lo largo de la jornada sea “Alps” (2010), que es el álbum que muestra estas vibras en su mayor esplendor opaco. En medio, canciones como “Kissing The Ground” o “I See You” también van construyendo en esta dinámica que, entre pasos de bailes, precisos ritmos de la batería eléctrica de Mikhail Nikulin y la intensidad con aroma a hielo de Vladislav Parshin y su profunda voz anhelante, van desentrañando emociones y también letras, historias, paisajes. Muchos paisajes y fotografías.

Sólo con iluminación, sin pantallas usadas o visuales de ningún tipo, todo lo que había era Vladislav y la capacidad de llegar a la gente, lo que, en canciones como “Empty Bed” o en “She Is There”, iba dejando al cantante como nexo claro con la audiencia, mientras Mikhail y Maxim Polivanov mantenían una consistencia digna del Bolshoi. Sólo hubo pequeñas escaramuzas sonoras, como cuando en “He Will Disappear” las programaciones quedaron desconfiguradas y la mitad de la canción sonó extraña, pero fuera de ello y de temas limitados con el retorno, el show fue todo lo que tenía que ser en lo técnico.

To The South” quizás muestra la mayor idea de qué transmite Motorama. “Mira afuera. Ve cómo el invierno está dejando nuestra ciudad (…) Estábamos pasando el tiempo en nuestra casa de campo disfrutando de la nieve”. Esta estrofa, en tono movido y celebratorio, también habla de dejar atrás y de un paisaje completamente ajeno al chileno, sin embargo, logra conectar con la gente. Es algo que se repite con “Rose In The Vale” o “Ghost”, canción que cierra el main set para luego de dos breves minutos tener de vuelta al trío que hace “Ship” y “Tell Me” para cerrar todo, en hora y cuarto de añoranza y frío cálido, de ese que abraza al alejarse para tomar sonidos únicos y seguir teniendo esa frescura incomparable.

Acá nos falta mucho conocer qué pasa con los sonidos soviéticos que tanto gusta de mencionar Vladislav en entrevistas y textos, pero al menos por un rato hubo, en este ballet improvisado, con pogos, crowdsurfing y más manifestaciones de la gente, una cuota del norte del mundo y una bocanada de nieve fresca, en la pista de la Blondie para hacer que gocemos y sintamos en el fondo de los huesos, como bien lo sabe hacer Motorama.

Setlist

  1. You & The Others
  2. Heavy Wave
  3. Homewards
  4. Wind In Her Hair
  5. Voice From The Choir
  6. Kissing The Ground
  7. I See You
  8. This Night
  9. Empty Bed
  10. He Will Disappear
  11. Hard Times
  12. No More Time
  13. Rose In The Vase
  14. She Is There
  15. To The South
  16. Alps
  17. Second Part
  18. Devoid Of Color
  19. Ghost
  20. Ship
  21. Tell Me

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