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Festival Fauna Primavera 2018

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Octavo año consecutivo en que se realizaría el festival Fauna Primavera, haciéndolo con el line up más ambicioso de su historia, mezclando créditos seguros como MGMT o At The Drive-In, el regreso en gloria y majestad de Lorde presentando su gran álbum “Melodrama” (2017), o el esperado debut en tierras locales de Death Cab For Cutie para entregar un festival de primera categoría y con un cartel de artistas que se complementó muy bien entre los diversos estilos que dominaron el día.

Desde muy temprano la gente comenzó a llegar para disfrutar de la jornada bajo un intenso sol, por lo que el Espacio Broadway ya contaba con varios miles de personas cuando recién tocaban las primeras bandas del día. Y eso fue una tónica que se mantendría, ya que cada artista contó con un mayor marco de público que el anterior, permitiendo que el gran ambiente del festival comenzara a vivirse sin mayores interrupciones. Como punto aparte, sorprendió ver la gran cantidad de gente apostada en las primeras filas de ambos escenarios, en el Ballantine’s Stage esperando todo el día por Death Cab For Cutie y Lorde, mientras que en el Vans Stage los fans de At The Drive-In y MGMT hacían lo suyo. Todos querían estar lo más cerca posible de sus ídolos.

BARBAGALLO

El primero en apoderarse de los escenarios principales fue Barbagallo, proyecto del francés Julien Barbagallo, baterista de Tame Impala, quien vino a presentar las canciones de su disco “Danse Dans Les Ailleurs” (2018), con un sonido muy ameno y perfecto para comenzar la tarde, entregando hermosas melodías bajo el sol al ritmo de canciones frescas y con una tonalidad multicolor sin caer en la saturación. “La Soif”, “Pas Grande Monde” o “La Vérité” fueron ejemplos de aquello, funcionando correctamente dentro de un set que valió absolutamente la pena, siendo algo mucho más que un simple inicio del festival.

PLAYA GÓTICA

Tras la bajada de Deerhunter, hubo movimientos en los horarios que permitieron que la única banda chilena en los escenarios principales pudiera tocar a un mejor horario, y con 15 minutos más para meter a la gente en su propuesta, una colorida y variada, entre el pop y el rock. Fanny Leona es una de las mejores frontwoman del país, pero Playa Gótica es más que eso, con un equilibrio entre la batería frenética y bailable de Pipa, la guitarra precisa y clara de Charlie, y el bajo complejo y ruidoso de Loader. Canciones como “Pigman (Aburrida En La Tienda)” o “Bailando” se nutren de estos cuatro pilares, como pocas bandas los tienen en Chile.

Aunque el feedback del público era leve, alcanzaba para que Fanny tuviera ese contrapunto que ella requiere para explotar en “Fuego” o en “Boy George”, parte de los tracks complementados con bronces en vivo, un movimiento que daba una sensación de mayor amplitud sonora, algo que Playa Gótica tiene de sobra. Pasar de tracks frenéticos a la calma de la improvisada versión de “Isla Negra”, balada oscura que Fanny cantó en versión minimalista, mientras Loader arreglaba un tema con el bajo, es parte de ese carrete que ya tiene la agrupación, con capacidad de maniobrar en la dificultad sin que el show se resienta. El final con “Extraños Visitantes” y “Vacaciones” en clave mega shoegaze dejaron claro que los mundos que viven en Playa Gótica son amplios, llenos de energía, y también de emociones. Ese carácter es la mayor fortaleza de una banda que recién tiene un disco, y que tiene los horizontes muy abiertos, porque es claro que hay mucho más por venir, notando los intereses de cada miembro y también con la tremenda capacidad de adaptabilidad existente entre canción y canción. Cuarenta y cinco minutos precisos y concretos, que permitieron batallar contra el momento más soleado de la jornada, con la playa más oscura.

CONNAN MOCKASIN

El intenso sol seguía implacable cuando Connan Mockasin tomó el Vans Stage para entregar su música bajo los parámetros del lo fi, muy similar a lo que hicieron en años anteriores artistas como Homeshake o Mac DeMarco, aunque con un resultado mucho más estructurado que en las mencionadas ocasiones, ejerciendo un sonido pulcro y concentrado en una instrumentalización concreta a sus principios.

It’s Choade My Dear” fue un ejemplo de eso, pero mucho mejor sonó la tremenda “Charlotte’s Thong”, contada sobre la línea de bajo que domina los redobles que sostienen la canción, música que perfectamente pone color a una tarde de sol y viento, como debe ser la primavera.

WARPAINT 

Otras que supieron cómo amenizar la tarde fueron las gigantes Warpaint, quienes, bajo un set de catorce canciones, hicieron moverse a la gran cantidad de asistentes que tuvo su show. Emily, Jenny, Theresa y Stella repasaron sus tres trabajos de estudio con gran soltura, sonando siempre implacables y potentes, a pesar de algunas complicaciones aisladas de sonido que se vivieron en ciertos puntos, principalmente culpa del fuerte viento que se llevaba parte de este en algunas canciones. No obstante, “Elephants”, “The Stall” y “Love Is To Die” demostraron la gran frescura que el sonido del cuarteto le aporta a una estructura ya conocida, pero que bajo sus manos encuentra un buen puerto.

Y es que la mezcla de estilos diferentes bajo la mirada de una sola estructura es algo que siempre ha caracterizado a la banda, y eso lo hacen sentir con las guitarras en clave reggae de “Keep It Healthy”, el tempo bailable de “New Song” o las atrevidas baterías de “Disco//Very”, canción que finiquitó el show de las californianas con el mismo carisma y buena onda que demostraron durante toda su estadía en el escenario, acarreando consigo de paso a una gran cantidad de nuevos fanáticos en esta, su cuarta vez en tierras chilenas.

BUILT TO SPILL

Es difícil determinar cuánto seguía pesando la baja de Deerhunter entre los asistentes, ya que no hubo show que no contara con una buena cantidad de fanáticos acérrimos presenciando el espectáculo, y eso también fue el caso para el buen Doug Martsch y su proyecto Built To Spill, quien debutaba en nuestro país tomándose el Vans Stage durante la tarde.

Con la arremetida principal en forma de “In The Morning”, BTS entregó todo su “indie rock de guitarras” –como es conocida la fórmula que exploraron diversas bandas durante la década del 90– bajo sonidos joviales y llenos de distorsión. Con apenas la segunda canción, “The Plan”, de su gran álbum “Keep It Like A Secret” (1999), el público desató el canto al unísono, algo que se iría repitiendo posteriormente gracias al énfasis que el conjunto puso en ese trabajo, además de su segundo disco “There’s Nothing Wrong With Love” (1994), que se anotaría varios repasos dentro del setlist con tracks como “Big Dipper”, “Car” o “Reasons”. Finalmente, “Carry The Zero” fue la última canción interpretada por Martsch y compañía, finalizando un show que, a pesar de su gran desarrollo, por supuesto dejó con gusto a poco a los presentes.

JAVIERA MENA

Es impactante la diferencia que puede haber entre un disco y otro. Javiera Mena sacó este año su quinto disco, “Espejo”, que tiene una vibra diferente a sus placas anteriores, sin abandonar la electrónica, pero con un sentido alejado de la explosión, más cercano al trance. Nadie puede decir que sea algo que baje la calidad del trabajo de Mena, ni nada de eso, pero la energía y la manera de presentarse al mundo de las canciones es diferente. Eso se notó mucho en los casi sesenta minutos de show que hizo en Fauna Primavera, donde su figura generó más efervescencia que los mismos temas. Y es que es extraño que en el marco de un festival más de la mitad de las canciones sean de un disco lanzado hace meses; habla de la confianza y comodidad de Mena con su material, pero también pone la dificultad en el público más casual, ese que no sabe qué lado de Javiera abrazar.

 

Dentro De Ti” es una canción equilibrada, muy bien construida, que muestra todas las cartas en la mano de Mena, que luce feliz y confiada con la banda que ha construido. Es un largo camino desde las figuras de baile que caracterizaron su anterior muestra en vivo, ahora más en formato cantante, y su voz ha mejorado consistentemente para sorpresa de quienes no la veían hace mucho, pero no para quienes la siguen. Cuando otros se quedan contentos con lo que hay al tener éxito, está esa capacidad de Mena para seguir trabajando, seguir mejorando, seguir avanzando. Quizás “Sincronía, Pegaso” o “Luz De Piedra De Luna” sean canciones más fiesteras, pero la propuesta 2018 de Javiera está más ligada a cómo sonó su versión de “Mujer Contra Mujer” (original de Mecano), más calma, más personal, más cercana. “Espada” pudo haber sido un caballo de batalla, pero Mena prefiere cerrar con “Espejo”, ese concepto donde necesita algo real, lejos de plásticos y simulaciones. Y ahí es donde –pese a la irregularidad en las energías– termina triunfando, más en la integridad del trabajo artístico que en lo conseguido, y pensando en la independencia de una cantautora como es Javiera, en el largo plazo eso es lo que dará más victorias a una de las figuras más importantes del pop chileno.

AT THE DRIVE-IN

Si lo del viernes con At The Drive-In fue una locura, su presentación en el festival sobrepasó cualquier antecedente que se tuviera de la banda: tal como la noche anterior, arrasaron con todo a su paso en una presentación fugaz y que no bajó su intensidad bajo ninguna circunstancia. Ya desde el inicio con “Arcarsenal” la tensión se hizo presente en Espacio Broadway, lugar que se transformó en un verdadero campo de batalla para los asistentes que no dudaron en armar mosh pits y gozar canciones como “Governed By Contagions” o la estridente “Hostage Stamps”, ambas del álbum “in•ter a•li•a” (2017), principal motivo de promoción en esta primera visita de Cedric Bixler-Zavala y compañía.

Mientras todo el caos se vivía en la cancha, Omar Rodríguez-López orquestaba desde un rincón los principales cimientos de las ruidosas guitarras de ATDI, guiando a la banda por la caótica interpretación que vivieron cada una de sus canciones, las que no dieron respiro alguno a los entusiasmados asistentes que, con ojos saltones, cantaban a todo pulmón himnos de la agrupación, como “Quarantined” o “Enfilade”.

No Wolf Like The Present”, igual que en su show solitario, llegó casi al cierre de la presentación, alzándose como una de las favoritas dentro del nuevo álbum. Por supuesto, “Relantionship Of Command” (2000) fue el álbum que más atención acaparó en el repertorio, demostrando el especial cariño que su público le tiene, quienes disfrutaron con la vida las interpretaciones de “Invalid Letter Dept.” o “Patter Against User”, las que sonaron fuertes y sin titubear bajo el tronante sonido del bajo de Paul Hinojos y la batería de Tony Hajjar, siempre aportando la cuota de agresividad que Omar y el guitarrista Keeley Davis generaban con las seis cuerdas: un verdadero trabajo de relojería.

El único “momento de calma” fue con la canción “Napoleon Solo”, ya que luego el cierre vino acompañado de una de las canciones más emblemáticas del quinteto: “One Armed Scissor”, cantada por los presentes hasta perder la voz, poniendo el punto final a uno de los sets más ruidosos, intensos y apabullantes que se ha visto en la historia del festival.

DEATH CAB FOR CUTIE

Sin duda que uno de los momentos más esperados de la noche era el debut de Death Cab For Cutie, largamente esperados por los fanáticos locales, y que venían en promoción de su álbum “Thank You For Today” (2018), el que por supuesto tuvo un lugar especial dentro de la presentación, partiendo con las primeras dos canciones “I Dreamt We Spoke Again” y “Summer Years”, ambas extraídas de dicho trabajo. Desde el primer minuto la banda fue demostrando su gran poderío en vivo, con un sonido hecho para los contextos masivos, conjugando muy bien las claves del indie con el sonido atractivo y accesible del pop radial, bajo el siempre concreto liderazgo de Ben Gibbard como el foco central de la agrupación, apoyado por el bajista Nick Harmer como otra pieza central, llevando la batuta en canciones como “Long Division” o “Title And Registration”, el primer extracto de “Transatlanticism” (2003), el que es probablemente el trabajo más querido por los seguidores de la agrupación. Otra placa bien revisitada fue “Plans” de 2005, generando los saltos y cánticos con la dupla conformada por “Crooked Teeth” y “What Sarah Said”; con apenas nueve canciones interpretadas, el grupo ya lo había hecho todo en el escenario.

Elementos como esos son los bonitos de un debut, con la audiencia siguiendo cada paso del conjunto y emocionándose con las canciones que más querían escuchar. “I Will Follow You Into The Dark” demostró lo anterior, mientras que “I Will Possess Your Heart” fue toda una declaración de principios del show de Gibbard y compañía, quienes no escatimaron en recursos ni emotividad para entregar una interpretación de corazón, comprendiendo perfectamente las circunstancias que rodeaban un debut de esta categoría.

El cierre llegó con “The New Year”, “Soul Meets Body” y finalmente “Transatlanticism”, la canción indicada para finiquitar una presentación que tuvo de todo y que gozó de un gran marco de público, a pesar de la gran cantidad que esperaba por MGMT en el escenario colindante. El único pero fue el hecho de que terminara un poco antes de lo pactado en el horario, pero eso se perdona gracias a que entregaron un concierto tan completo y lleno de esos momentos que hacen sentir lo lindo de la música en vivo. Una comunión en torno a la obra de un artista y quienes se sienten inspirados por ella.

MGMT

Antes de que Lorde cerrara definitivamente los shows estelares del festival, correspondía el turno para que MGMT, el dúo de Andrew VanWyngarden y Benjamin Goldwasser, quienes se valieron de psicodélicas y artísticas visuales para apoyar un show que comenzó de manera pareja con “Alien Days”, pero que fue sorteando algunos ripios en el camino para por fin encontrar su norte. “Time To Pretend” de su álbum “Oracular Spectacular” de 2007, terminaría siendo la verdadera partida a una presentación correcta, con muy buen sonido y lleno de los elementos sonoros que la banda ejerce en sus composiciones, apoyándose principalmente en el manejo de sintetizadores y secuencias que iban llenando cada espacio de la fría noche.

Luego del intenso sol de la tarde, no se tiene certeza si habrá sido lo helada de la noche o el cansancio de una jornada tan larga lo que produjo que el público general no lograra enganchar con la presentación de MGMT, con muchos incluso abandonando el escenario para irse a buscar un mejor lugar para el show de Lorde, y otros simplemente escuchando de manera inerte, sin tomar mucho en cuenta lo que pasaba sobre el Vans Stage. Aunque gran parte del set estuvo concentrado en las canciones de “Little Dark Age” (2018), su último trabajo, estas mantuvieron la tónica que relataba el show, aunque las visuales y la gran puesta en escena iban siendo más protagonistas en ciertos puntos que la música en cuestión, ya que no había un consenso general sobre el más reciente trabajo del conjunto, con una audiencia obviamente privilegiando canciones de sus trabajos más antiguos. “Siberian Breaks” fue una de ellas, además de la inmensamente popular “Electric Feel”, que fueron por supuesto muy coreadas por los asistentes, con la llegada de “Kids” como uno de los puntos altos, desatando una gran fiesta con el coro de uno de los grandes hits de VanWyngarden y Goldwasser.

TSLAMP” dio por finalizado el show del dúo, cerrando en doce canciones esta nueva presentación de los norteamericanos en nuestro país, una que durante varios minutos parecía no captar una idea concreta, pero que finalmente igual deslumbró gracias a los aspectos ya mencionados.

LORDE

Déjame robarte ahora este momento / Intercambiemos esta experiencia”. Hay mucho más simbolismo del que se hace evidente cuando suena “Running Up That Hill” de Kate Bush apenas culmina el show de MGMT. Antes del inicio del segundo show de Lorde en nuestro país suena completa esa canción, icónica para el art-pop, y también llena de referencias a lo celestial, que también desliza las visiones sobre lo que puede pasar en un escenario. Ir contra la corriente, ir por sobre lo esperado y superar montañas, obstáculos, ideas e ideales. Eso es lo que intenta hacer Lorde. La neozelandesa lo dice claramente en un punto del show que cerró los escenarios principales del Fauna Primavera 2018: “Ya no soy una estrella del pop”. Y es verdad, porque setenta minutos después quedaría claro que “popstar” es un concepto que le queda chico a la artista.

Las visuales, el sexteto de bailarinas y bailarines en escena, la banda concentrada en percusiones y sintetizadores, todo se centró en la figura de Lorde, quien era el gran nombre del festival entero y que llevó la mayor cantidad de gente, quizás lejos de esa explosión de popularidad de “Royals” y “Pure Heroine” (2013), pero con la llegada de “Melodrama” el año pasado, quedaba claro que la visión de Lorde ante el pop no tenía que ver con tendencias del momento, sino con sensaciones personales. Aunque el sonido de su primer álbum era cool y las letras representaban sentimientos adolescentes y postadolescentes, en “Melodrama” todo era tan personal como universal, con mejores metáforas y mejores ideas en lo musical. Tan conceptual se advierte la aproximación a la experiencia de ese trabajo en vivo, que hay que pensar en el complemento entre lo visual, las expresiones de Lorde y sus bailarines, y también la canción misma.

Sober” y “Homemade Dynamite” iniciaron un show rico en imágenes y en cariño, en ambos sentidos. Lorde había pasado mucho rato el día anterior abrazando y hablando con sus fans afuera del hotel, entonces no era extraño que ella sintiera que ese era su público y que esa especie de experiencia le sea tan propia, porque ella –como Kate Bush lo esbozara– sabe que algo clave para entender las relaciones humanas es poder transmutar y ver lo que ve el otro. Lorde quizás no encontró la forma de pedirle a un dios un pacto que le permita saber qué piensa o siente otro, pero tiene una capacidad de observación envidiable respecto a cómo son y qué sensaciones transmiten sus fans.

Aunque canciones como “Tennis Court” o “Buzzcut Season” hacían vibrar al público, lo cierto es que ningún tema del primer disco tuvo el impacto visual que sí tenían los tracks de “Melodrama”. Ni siquiera la iluminación o las visuales eran del mismo nivel, con espacios como “Magnets”, original colaboración con Disclosure, que tenían mejor consideración que canciones muy queridas por los fans, como “Ribs”. Pero el karaoke colectivo todo lo podía, quizás siendo ese marco extra necesario para armar la fiesta completa. Sí, Lorde no es una “popstar”, pero la efervescencia que genera sí que lo es, como se nota en tracks como “Supercut” o “Perfect Places”, aunque, si hay una escena que grafica lo que es Lorde en estos tiempos, esta vino en “The Louvre”, composición que debe ser el equilibro más grande en lo musical entre lo anterior y lo nuevo, además de tener una letra que juega con la grandilocuencia y la autoflagelación, con escapar pero también tener un lugar. Y ahí es cuando los bailarines –en el quiebre de guitarra más melancólico de “Melodrama”– elevan a Lorde por los aires, hacen olas con su cuerpo y van llevándola del cielo al infierno. El ampuloso vestido de la artista genera un aire etéreo, tal como el de la mayor influencia aparente que es Kate Bush, y le presenta un aire tan de diva como de alguien terrenal. Se deja llevar, en una muestra de confianza necesaria.

Luego de esa imagen definitoria, Lorde se sentó en un borde del escenario como compartiendo con amigos, y cantó “Writer In The Dark”, canción inesperada pensando en que no la tocó en toda la temporada festivalera del verano europeo más reciente. Quizás sacrificó “40 Lux” –que siempre aparece en los setlists–, pero con ello entregó una postal muy especial que, luego de un sentido y tierno discurso, completaría con “Liability”, balada dolorosa, pero también de reafirmación personal, algo que se enfrenta al amor romántico y sus terribles lecciones.

El final sería con la animada “Team” y la fiesta colectiva, papel picado incluido, de “Green Light”, cierre perfecto para una edición de Fauna Primavera donde la música fue el mejor punto, si es que analizamos todo. Muchos artistas con discos nuevos, con algo relevante que hacer, debuts muy esperados y también regresos necesarios, con una mayor paridad de género que en festivales de todo el año (algo que habíamos criticado de Fauna Otoño y que en Primavera se revirtió de muy buena forma). El viento afectó el sonido de todos los escenarios –excepto el de la disco–, pero tampoco al nivel de perder los detalles, ayudado por la escala muy humana y muy amigable que tiene todo en este evento.

Sin embargo, mientras lo que pasaba en el escenario estaba muy bien, la experiencia del público se arruinó en muchísimos casos por deficiencias en los servicios necesarios para superar la jornada. No es culpa de Fauna Primavera que los foodtrucks sean una moda y que ayuden a entregar comida de buena calidad, pero en un evento con la masividad de un festival es complejo que se generen esperas de más de una hora para comprar comida (considerando que no se podía ingresar nada al recinto) o con los bares quedando agotados muy temprano de cerveza o bebidas gaseosas. Pueden ser detalles, y puede ser que en muchos eventos eso ocurra, pero cuando estamos en la octava edición de un festival, que un tipo de problema se acreciente y no se aminore, es porque hay una negligencia en algún punto de la extensa y muy compleja labor de armar un evento de esta calidad y calibre. En lo musical Fauna Primavera 2018 fue una de las mejores ediciones de un festival que siempre funciona en su curatoría y carteles, pero fuera de la cancha y el escenario cada detalle puede arruinar la percepción de un público que cada vez puede ser más exigente, y que por un mal rato puede contaminar el recuerdo completo de un día que, en el papel y los sonidos, tuvo todo para ser un hito memorable.

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Cigarettes After Sex: Fragmentos de la intimidad

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Cigarettes After Sex

Era un 16 de diciembre de 2017 y Santiago recibía por primera vez a Cigarettes After Sex, proyecto de El Paso, Texas, liderado por el músico Greg Gonzalez, que llegaba a consagrar una popularidad que comenzó a gestarse desde 2012 con el aclamado EP “I”, y que fue creciendo año a año hasta presentar un debut homónimo en 2017. Ahora, lejos del contexto festivalero y en pleno 2019, el anuncio del primer concierto en solitario del conjunto desató una calurosa respuesta de su fanaticada, agotando la totalidad del recinto original para luego moverse a uno de mayor capacidad. Cúpula Multiespacio, también agotado, sería el lugar donde artista y público se encontrarían una vez más y, a pesar de no haber tenido mucho material nuevo desde la última ocasión hasta ahora, el fervor era igual de potente, o incluso más que en la primera instancia de encuentro.

Pese a un ligero retraso en el inicio del concierto, principalmente debido a complicaciones por un inadvertido proceso de reubicación que atrasó el ingreso de los asistentes, a eso de las 22:18 horas apareció la banda en escena, siendo el frontman Greg Gonzalez el último en tomar posición ante una ovación general de la fanaticada que repletó Cúpula Multiespacio para la segunda vez en nuestro país del conjunto texano. Y casi en un contraste perfecto, esta nueva visita significó un opuesto absoluto de la anterior, primero por ser un show en solitario y no en el contexto de un festival, y segundo, por capturar la esencia misma de la instancia en un espacio más íntimo, y no bajo el manto de la noche como aquella jornada de diciembre en Planetario Santiago.

Al momento de debatir sobre la propuesta de Cigarettes After Sex, es innegable no reconocer ciertos puntos presentes en su obra, como por el ejemplo la cinematográfica transición que se genera con su música, cuyas armonías van estructurando una secuencia que absorbe elementos en el camino y los vuelve a reutilizar en distintos puntos como parte de un relato cíclico, propio de la poesía.

Desde el mismo comienzo con “Opera House” y “Sesame Syrup”, Gonzalez y los suyos adoptan ese papel de narradores, que los conlleva a comprometerse de una manera más íntima y directa con su audiencia, permitiendo que el trance que viven los integrantes interpretando las canciones sea transmitido hacia un público que echa su imaginación a volar al ritmo de los sonidos, con canciones que los transportan hasta la intimidad de su habitación o hacia el recuerdo de algún atesorado momento con alguien importante para ellos. Para eso y mucho más, Cigarettes After Sex ha servido como la banda sonora de fragmentos propios de la intimidad, facilitando el afloro de sentimientos felices y tristes, de alegría y melancolía, las cosas buenas y no tan buenas de una vida que, de una u otra manera, a todos nos golpea en algún momento.

Es claro que uno de los atributos principales de esta propuesta es el minimalismo, sobre todo cuando se pone en la balanza el exceso de producción que existe en mucha música de hoy en día, donde pareciera que entre más capas posibles de sonidos pueda tener, es mucho mejor para la audiencia. En ese contexto, Gonzalez opta por un minimalismo en todo aspecto de la palabra, desde el mismo arte de los discos, hasta las visuales de un concierto, donde imágenes cinematográficas sirven para situar el escenario en algún punto específico de una historia que es muy subjetiva, pero que a la vez permite generar un consenso que obtiene similitudes entre quienes lo presencian.

Tal como lo hacen canciones como “John Wayne”, “Affection” o el gran cover de REO SpeedwagonKeep On Loving You”, una cálida atmosfera se apoderó del lugar durante la totalidad de la presentación, con la gente escuchando atentamente y en silencio cómo una banda conectada a más no poder ejecutó a la perfección cada movimiento dentro de esta obra, que, si bien se mantuvo calma, igualmente generó las más alocadas reacciones cuando tocaron algunas de sus composiciones más aclamadas, como “K.”, “Nothing’s Gonna Hurt You Baby” o “Apocalypse”, que cerró el set principal ante un clamor general pidiendo más. Se había esperado mucho por esta noche y nadie quería que terminara tan rápido. Como pocas veces en esta gira, un bis llegó de la mano de “Young & Dumb” y, ahora sí, tras poco más de una hora sobre el escenario, Gonzalez y los suyos dijeron adiós.

Así como un concierto puede ser el momento perfecto para entrar en catarsis y liberar energías, también puede convertirse en una instancia absolutamente opuesta, donde la música nos invite a la reflexión y a poner en pausa el caótico ritmo de vida que no deja dormir a la ciudad durante la cotidianeidad. Aunque fuese por un tiempo cercano a los ochenta minutos, Cigarettes After Sex demostró que un pequeño rincón de la capital puede albergar muchas más emociones que una ciudad entera viviendo a paso acelerado allá afuera. No hay nada como una buena obra con tintes cinematográficos, que respete una estructura de desarrollo para llevarnos en un relato con distintos capítulos, escenas y momentos que queden impregnados en la memoria del espectador. Es posible que muchos de los asistentes hayan salido con una idea fija en su cabeza o que este fugaz momento haya marcado un antes y un después en sus vidas, pero lo cierto es que desde ahí proviene el poder de la música; te puede mover, hacer sentir, marcar y definir tu personalidad en base a una obra que, aunque muchas veces de carácter personal, siempre tendrá la esencia de ser algo netamente subjetivo al oyente.

Setlist

  1. Opera House
  2. Sesame Syrup
  3. Crush
  4. John Wayne
  5. Affection
  6. Keep On Loving You (original de REO Speedwagon)
  7. K.
  8. Sweet
  9. Sunsetz
  10. Nothing’s Gonna Hurt You Baby
  11. Each Time You Fall In Love
  12. Apocalypse
  13. Young & Dumb
  14. Dreaming Of You

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