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Fauna Primavera 2017

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A veces, cuando un festival alterna a los artistas entre los dos escenarios principales, existe un principio casi meramente comercial, desde lo menos conocido a lo más connotado, como si fuera algo que escalara poco a poco, acumulando gente de la misma forma. Pero en Fauna Primavera 2017 no sólo podía advertirse ese fenómeno, sino que también la vocación por, dentro de lo posible, entender que los escenarios debían poseer su identidad propia, con ciertos conceptos que podían verse a lo largo de la jornada. Mientras House Of Vans era el proscenio más alternativo, enfocado en propuestas que podrían crecer en popularidad y que tenían cara de apuesta, incluso con trayectorias enormes, en el Ballantine’s la regla era tener sonidos absolutamente frescos, con novedades que no sobrepasaran la línea de 2016, y también con la potencia entendida de formas diferentes, pero convergentes.

House Of Vans Stage

Con el pasar de los años, el Festival Fauna Primavera se transformó en una de las citas musicales imperdibles para el público chileno, en parte gracias a sus Line Up que mezclan diversos estilos de música en una agradable jornada al aire libre. Luego de una versión 2016 dividida en dos lugares (Espacio Centenario y Espacio Riesco), y las críticas por parte del público frente a este formato, la organización optó por volver a su casa de todos los años, el siempre requerido Espacio Broadway, que por sexta vez en su historia se encargaría de recibir al festival. Con un Line Up encabezado por nombres como Phoenix, Yo La Tengo o Iggy Azalea, fueron más de doce horas de música, donde hubo espacio para todos los estilos.

El escenario House Of Vans se alzó como uno cargado a las guitarras, desde el frenesí sonoro de The Black Angels o Yo La Tengo, hasta los acordes más puros de artistas como Whitney o Seu Jorge. Todos se dieron cita en un proscenio que se declaraba secundario, pero que entregó muchos de los puntos más altos de esta edición. Con un retraso de unos 20 minutos, la banda nacional Planeta No fue quien dio inicio a la jornada, con un show que animó a quienes iban ingresando al recinto. La agrupación se lució en escena interpretando lo más destacado de su repertorio, con tracks como “Señorita”, “Ya No Veo Mis Zapatos” y “Maricón Zara”, que hicieron cantar y bailar bajo el sol a los más entusiastas. El trío ha desarrollado una exitosa carrera desde que gestaron el proyecto en su natal Concepción, presentándose en los más destacados festivales a nivel nacional. Planeta No trae consigo una puesta en escena colorida e ideal para pasar un momento agradable. Como no era de extrañar, la energía del siempre animado García permitió encender al público en lo que fue la primera ronda de toda la música que se vendría durante el día, sirviendo como la partida precisa para el festival. Finalmente, “Sol A Sol” y “El Campo” remataron la excelente presentación de Planeta No, quienes demostraron con creces la constante evolución que los tiene alzándose año a año como uno de los números más destacados de la escena nacional.

El músico Peter Sagar, conocido por muchos como el ex guitarrista de Mac DeMarco, trajo a nuestro país su proyecto Homeshake, el que se presentó bajo el implacable sol a eso de las dos de la tarde y fracción. Con un estilo entre neo-soul y soft-rock, elementos propios del lo-fi, Sagar se acompañó de sus músicos en una presentación que no le hizo mucha justicia a su música en vivo, probablemente por el contexto menos íntimo en que se desarrolló el set. Con “Hello Welcome” inició su repertorio frente a un considerable número de fanáticos, quienes aguantaron todo lo que duró la presentación de Miss Garrison en el otro escenario para poder estar más cerca de su ídolo. Con un enfoque en “Fresh Air” (2017), Sagar entregó canciones como “Every Single Thing” que, aunque no se sintió tan acogedora como la versión de estudio, igualmente animó a sus fanáticos, quienes celebraron cada movimiento. Independiente de que se haya visto como una presentación floja y un tanto monótona, queda el beneficio de la duda para verlos en una instancia solitaria, quizás en ese contexto puedan hacerle más justicia a la notable ejecución instrumental de la mayoría de sus composiciones.

Contrario a lo sucedido con Homeshake, Whitney fue implacable y pulcro en vivo, al punto de que las composiciones sonaron mucho mejor que en “Light Upon The Lake” (2016), única placa de estudio de los oriundos de Chicago. Con “Dave’s Song”, comenzó una presentación donde destacó notablemente el papel de Julien Ehrlich, encargado de la batería y voz, que se dispuso al centro y frente de su banda durante el show, contrario a la posición normal de la batería. Asimismo, covers de artistas como Neil Young (“On The Way Home”), Bob Dylan (“Tonight I’ll Be Staying With You”) o NRBQ (“Magnet”), dieron cuenta de la influencia a la hora de tocar que posee la agrupación, en especial la del guitarrista Max Kakacek, que con sus punteos en las seis cuerdas le entregó toda la vibra old school al show. Finalmente, con la tremenda “No Woman” Whitney cerró su show, bordeando cincuenta minutos como una de las presentaciones más cortas de ese escenario.

Una silla, una pequeña mesa, una guitarra, un timón y un salvavidas. Todo eso estaba dispuesto en el escenario cuando ingresó un presentador para contarle al público que estaríamos junto a dos artistas: Seu Jorge en carne y hueso, y el recordado David Bowie en espíritu. El aplauso fue inmediato, mientras Seu Jorge ingresó a escena vestido de la misma manera que su personaje Pelé Dos Santos de “The Life Aquatic With Steve Zissou” (Wes Anderson, 2004), para tomar su guitarra y despachar una desgarradora versión de “Ziggy Stardust“, ante la ovación de una considerable cantidad de asistentes con gorros rojos, tal como los personajes de dicha cinta. El show del brasileño consistió en un homenaje al Duque Blanco, impulsado principalmente por la banda sonora del mencionado filme, donde el músico reversionó las canciones de Bowie en portugués, sumándole además una esencia acústica propia de la música brasileña.

Sin duda, el escepticismo frente a este show quedó opacado desde el comienzo, ya que la manera en que sonaron clásicos de Bowie como “Changes“, “Rebel Rebel” o “Suffragette City” emocionaron a todos los asistentes, sin importar las modificaciones obvias de la letra debido al idioma. Entre algunos intermedios, Jorge aprovechó de relatar algunas anécdotas, generando risas y haciendo de este un momento de intimidad, como si se tratara de una reunión de amigos. La capacidad del brasileño para entregarle una identidad propia a canciones tan importantes de la música moderna ayudó bastante en la forma en que el público disfrutó de himnos como “Rock ‘N’ Roll Suicide“, “Quicksand” o “Space Oddity“, además de una emocionante versión de “Starman“, rebautizada como “O Astronauta De Mármore” en la versión de Nenhum De Nós, agrupación brasileña que popularizó este cover a fines de los ochenta. Así, mientras sonaba “Let’s Dance” de fondo, la imagen de Bowie en las pantallas despidió a los asistentes, con Seu Jorge diciendo adiós y mostrándose muy agradecido por el cariño de los fans ante su presentación. Un momento de conexión única, donde quedó demostrado que el legado de nuestro querido Starman vivirá eternamente en este mundo.

Jugando a ganador. Así entró The Black Angels a una nueva presentación en nuestro país. Los oriundos de Texas iniciaron su show con toda la potencia de “Currency“, directamente de “Death Song” (2017), desatando la locura en todos los que se apostaron en el escenario House Of Vans, donde la banda generó una verdadera tormenta de distorsión luego de la calma previa que entregó Daughter en el proscenio contiguo. Los comandados por Alex Maas reflejan una prestancia que se desborda, con una actitud que no busca impresionar ni demostrar algo al respecto de su música. The Black Angels se paró como si se encontrara en un escenario propio, y la manera en que la banda interpretó canciones como “Bad Vibrations” o “The Prodigal Sun” lo corroboró.

Con una carrera que ya supera los diez años de actividad, los Angels poseen un sonido que es perfectamente adaptable a cualquier formato. No importa si es un teatro o un festival, la potencia estará presente de igual manera. Con una serie de gráficas psicodélicas, The Black Angels se presentó casi en penumbras, concentrados detrás de sus instrumentos y el muro sonoro que idearon gracias a los estridentes riffs de Christian Bland y los furiosos golpes de Stephanie Bailey en la batería, componentes claves del sonido de garage que tiene la agrupación. Entre la calma y el caos, “Medicine“, “Black Grease” o “Half Believing” demostraron por qué sus discos siempre destacan entre lo mejor del año, pasando desde un estado a otro, con una naturalidad que ya la quisiera cualquiera.

No existe duda de que “Comanche Moon” fue uno de los puntos más altos de su set, orquestado por toda la psicodelia de los teclados, que generaron las atmósferas perfectas detrás de todo el ruido proveniente de las seis cuerdas. De igual manera, “I’d Kill For Her” enseñó cómo The Black Angels puede ser amo y señor del escenario que se les dé la gana, entregando en poco más de una hora una presentación digna de un headliner de cualquier festival internacional.

Cuando Iggy Azalea apenas se estaba bajando del Ballantine’s Stage, Yo La Tengo de inmediato tomó posiciones en el House Of Vans. La versatilidad del trío se notó desde el comienzo, ya que sus integrantes rotan entre los instrumentos constantemente, dejando para el inicio una configuración que vio a Ira Kaplan en guitarra, la baterista Georgia Hubley en el bajo y el bajista James McNew en la batería. Con esa formación partieron el show con “Cherry Chapstick“, dando paso a un pensamiento general, porque la única manera de describir lo que realizó Yo La Tengo en el escenario es: una verdadera locura. Considerando el amplio número de álbumes que la banda posee en su catálogo, no hay espacio para setlist estructurados, por lo que fue una verdadera sorpresa escuchar canciones como “Before We Run“, “One PM Again” o la tremenda “Stockholm Syndrome“, increíblemente uno de los pocos momentos de karaoke masivo dentro de toda la jornada en el festival.

“Muchas gracias a todos por estar aquí y por hacer que volviéramos; hemos recibido muchos correos pidiéndonos canciones para el set de hoy. Por supuesto, no tomaremos en cuenta ninguna de esas peticiones”, bromeó entre risas Ira Kaplan sentado al teclado antes de interpretar “Beanbag Chair“, otra de las sorpresas de la noche, proveniente del álbum “I Am Not Afraid And I Will Beat Your Ass” (2006). La frase que da título a ese trabajo perfectamente podría representar la manera en que Yo La Tengo ha continuado con su carrera a través de los años, siguiendo adelante sin demostrar miedo alguno, parándose en un festival independiente del horario en que les corresponda tocar y, por supuesto, pateando por paliza a cualquier banda que intente ponerse por delante. La continua rotación de instrumentos, el continuo cambio de estilos y la armonía que lograban entre las tres diferentes voces del grupo, hizo de esta presentación un verdadero ensayo sobre la experiencia y la atención hacia la atingencia, demostrando una forma de composición que se mantiene atenta a los nuevos sonidos de hoy en día.

Ataviado en una polera de Run The Jewels, el bajista James McNew se sentó en una segunda batería al lado de Georgia para entregar una coordinada versión de “Autumn Sweater“, orquestada por el teclado de Kaplan generando el cimiento de la canción. Luego de interpretar “From A Motel 6” y “Ohm“, la banda completa se sumergió en un viaje sonoro gracias a “Pass the Hatchet, I Think I’m Goodkind“, que se extendió por varios minutos de estruendosos riffs, acoples en los amplificadores y una rabia desatada por Ira Kaplan contra su guitarra, a la cual golpeó, botó al suelo, la hizo chocar contra los micrófonos, incluso bajando al público para hacerla sonar entre ellos. Luego del momento de rabia generado por la canción, Yo La Tengo pareció salir del trance para dar las gracias y abandonar el escenario rápidamente. La tarea ya estaba cumplida.

Por Manuel Cabrales


Ballantine’s Stage

Lo anterior se pudo ver desde temprano con Miss Garrison, conjunto nacional que, con poco más de diez minutos de retraso, se ponía a disposición del sol imperante y de las ganas del par de cientos de personas frente al trío, que el año pasado sacó uno de los álbumes destacados en Chile, “Al Sol de Noche”, y fue eje del show breve pero profundo que entregó Fran Straube, Rodrigo de la Rivera y Tomás Rivera, porque lo suyo no es sólo canciones sofisticadas, sino que existe mucho de alma y desgarro en ellas. No sólo la voz de Straube se encarga de disponer la catarsis como opción permanente, sino que la impecable elección de los sonidos hace que la elegancia se plante con significado. Cuando en “Navegante” Rodrigo se despacha un solo de guitarra en medio de un tema donde los sintetizadores son predominantes, no sólo suena bien, sino que implica una fuerza emotiva que quiebra con cualquier asomo de rutina. Es esa capacidad y madurez la que se nota en un escenario como el de Fauna Primavera, con Miss Garrison siendo tan sobrio como explosivo, algo que pocos pueden conseguir, como en “Mamba”, fluyendo con una naturalidad que los instala de lleno entre lo más sólido que haya pasado como artista nacional en este festival.

Otro caso de control a disposición de lo que se quiere está con Alan Palomo y su proyecto Neon Indian. Aunque Palomo se encarga de bailar y disponer su carisma por todo el escenario, nada se le escapa de las manos, algo que también puede explicarse en cuánto reposa en la comodidad de tener un disco tan consistente como “Vega Intl. Night School” (2015) para echar mano. “Dear Skorpio Magazine” parte como siempre sus shows, siguiendo con la latina “Annie”, un caballo ganador a estas alturas, y es en este momento que se forma la primera gran multitud de la jornada, conectada a un show que funciona mejor con luces apagadas, pero que de día no escatima en energías dispuestas a la entretención y, por supuesto, la conexión con la gente. Mucho ayuda que Alan hable en español (es mexicano, regiomontano, aunque cante en inglés) y trate de llamar al público con candidez. Esto también se logra en canciones implacables como “Slumlord” o el cover de QueenCool Cats”, todo con un filtro funky cuya raíz quedaría más de manifiesto hacia el final. Mientras, el outro Slumlord Re-Lease” extendía la excelencia y compacta predilección por el seguimiento del ritmo de la banda, lo que operaba también en la vitoreada “Deadbeat Summer” o en la conocida “Polish Girl”, aunque el grado final de excelencia vino con “Pop Life”, el otro cover de la jornada, de Prince, que parece la explicación sonora necesaria para la gran primera visita (y segundo show, tras el debut el jueves pasado) de Neon Indian en Chile.

Mientras los anteriores proyectos se basan en una banda bien aceitada en su funcionamiento, AlunaGeorge logra hacer lo contrario, incluso prescindiendo de George Reid y sólo teniendo a Aluna Francis en el escenario, encargándose de cantar y además de ser precisa en las pistas y secuencias pregrabadas. Todo eso se complementaba con visuales muy adecuadas, y también con un par de bailarinas que operó como relevo en la energía para Aluna. El show se basó principalmente en “I Remember” (2016), segundo disco del conjunto que no pudo igualar el impacto de “Body Music” (2013), y quizás por ello no tuvo un horario mejor o un hype más desarrollado. Las expectativas no eran altas, aunque sí tuvieron buena conexión con su gente que coreó mucho la versión más tribal de “White Noise” (el hit con Disclosure) o “I’m In Control”. Aluna era capaz de sostener el show con precisión y una voz tremenda, pero cerca del final apareció un recurso innecesario: poner la más antigua “American Boy” de Estelle con Kanye West. Por lo menos la extrañeza se fue cerca del final con “You Know You Like It”, que cerró un muy buen debut en Chile del conjunto que en Fauna Primavera fue uno.

Daughter entregó la cuota de emoción necesaria para un festival que a ratos era más ligero de lo que necesitan los acontecimientos para ser recordados y pasar a la historia. El conjunto inglés había dejado huella en Cúpula Multiespacio el jueves pasado, y en el festival tenía una tarea un poco más complicada, pensando en el contexto de un show de día, más breve y en medio de la fiesta. Mucho ayudó que Seu Jorge fuera el acto anterior porque las revoluciones se habían calmado un poco y, por lo tanto, la potencia de Daughter era mejor recibida porque fue más impactante. Aun así, es claro que un sonido como el de la banda encabezada por la sonriente Elena Tonra funciona mejor en lugares cerrados o nocturnos, y tal vez los espacios vacíos que se advertían en el público y la sensación de amplitud, hacía que algo de magia se perdiera. La intimidad de “Doing The Right Thing”, canción donde Elena se pone en el lugar de su madre y su abuela, no alcanza a capturar las emociones que puede detonar, en tanto que el frenesí abrasivo de “Don’t Care” no podía penetrar las mentes. Esto no era culpa de una banda que entregaba con transparencia y misterio lo suyo, con capacidad y sencillos que podían sostener la labor, e incluso sonaba mejor que en Cúpula, sin embargo, esto sólo permeó de forma satisfactoria a la gente de las primeras filas, que vivió el show de forma intensa, y cuyos aplausos y gritos de apoyo lograban distraer a Elena, quien se reía y se ponía tímida mientras más atrás el movimiento de gente era más distractor aún.

A diferencia de otros años en que el show de rock más contemplativo de los Fauna (Explosions In The Sky, Mogwai, This Will Destroy You, entre otros) era algo esperado por muchos, lo de Daughter queda como un recuerdo lindo, pero con demasiados elementos anexos como para volverlo inolvidable. Finalmente, luego de una rendición impactante de “Fossa”, la agrupación salió del escenario tras sólo 55 minutos de show, aunque con grupos así da igual que el público no sea masivo, que la hora señalada se retrase y más, porque la honestidad y fuerza pueden dar vuelta la situación, y viendo cómo reaccionó la gente convencida, la parroquia de Daughter puede acumular nuevos fieles en el devenir.

Quien no necesita convencer gente para que se dejen llevar, y sí contó con espacios llenos y una energía de la cual se podía servir, es Iggy Azalea. La australiana no es brillante en sus fraseos ni en su carisma, pero la actitud y personaje que configura en el escenario, sumado a las formas en las que interactúa con el público, sus bailarinas y el DJ que mezcla las pistas sobre las que rapea, todo eso conforma un mensaje poco ambicioso revestido de una mística más acorde a las figuras que se admiran, llenas de poder y confianza en sí mismas.

Iggy ponía a bailar a la gente con “Work”, un tema dedicado al amor propio como “Sexy”, y otra canción contra la noción de amor romántico como ideal (“Fuck Love”) y quedaba claro que, aunque todavía no saque un nuevo disco, su astucia le permite levantar un show con tracks propios y ajenos, como “Problem” –hecha con Ariana Grande– o “Pretty Girls” –con Britney Spears– sin despeinarse. Parte de su personaje es mandar en el escenario y coquetear, robando páginas del libro de los íconos del r&b y el rap, como Missy Elliot o Nina Simone incluso, sin la gracia de ellas, pero sí con una simpatía que no se adivinaba hace un par de años, cuando Azalea hacía más polémicas que discos y parecía que desaprovechaba la chance de ser el prospecto de artista pop de esta década. En Chile, tanto el viernes como en Fauna Primavera, Iggy mostró que lo suyo no es sólo una anatomía de la que muchos hablan, sino que existe la intención de transmitir vibras, ritmos y líricas, y ahí puede haber mejoras, ojalá sin olvidar la fluidez que existió en 60 minutos en un escenario del Espacio Broadway.

Y lo mejor tenía que venir al final. El número más esperado del festival también fue el que cerró los escenarios principales (luego sólo habría un escenario electrónico en un espacio cerrado). Phoenix inmediatamente se veía como un headliner fuerte, que podía convocar gente, y “Ti Amo”, el disco que editaron este año, podía ser mejor carta de presentación que “Bankrupt!” (2013).

Tras la excelencia rock de Yo La Tengo, de inmediato las pantallas y efectos sonoros dejaban de manifiesto que los franceses no pondrían resistencia a sus afanes de verse grandilocuentes. Esto pasa desde las ideas multiculturales que inundan las letras de Phoenix hasta cómo las pantallas se convierten en un instrumento más, mientras Thomas Mars y su clásico micrófono de cable rojo hacía de las suyas en “J-Boy”, acompañado de colores en la pantalla y una iluminación que jugaba entre las siluetas y la exposición de los intérpretes.

El público chileno tiene una cercanía con Phoenix que no se ve en otros parajes del mundo, y eso es real. En general, la música de los franceses se ve como algo más liviano de lo que es, se le mira de costado, de reojo, sin mayor crédito, pero en vivo esto se cae con mayor facilidad. Thomas Hedlund es el mejor recurso de la banda, siendo no sólo un baterista potente, sino que generando capas de sonido para las percusiones que hacen galopar a toda velocidad, incluso a canciones que no necesitan de esa ayuda, como “Tuttifrutti”. En Stereogum hace un par de semanas explicaban que en vivo pareciera que Phoenix será la banda con el mejor “Grandes Éxitos” de esta generación, y cuando enganchan “Lasso”, “Entertainment” y “Lisztomania” pegadas, no cabe mucha duda de eso.

La reacción efervescente de la gente sube como espuma cada vez que viene la banda, y era divertido observar cómo el bajista Deck D’Arcy jugaba con sus expresiones al ver al público saltando, o a Laurent Brancowitz sonriendo complacido. La conexión entre las imágenes, iluminación y sonido denotaban un show con muchísimo ensayo y consideración, apuntando a lo nuevo, pero con una referencia inesperada al pasado cuando “If I Ever Feel Better” –primer éxito extraído de “United” de 2000– se mezcló con “Funky Squaredance”, uno de los tracks más desafiantes del conjunto. Punto aparte para la sorpresiva aparición de “Telefono”, el que se está convirtiendo en el track de culto de “Ti Amo”. El corte que cierra el último disco de Phoenix sólo está reservado para shows extensos, no festivales, donde la banda opera bajo un set de 17 temas, pero “por la chica que la pidió como 100 veces” los franceses hicieron una excepción, otorgando un carácter más único a un espectáculo que se inscribe como una consolidación de Phoenix con su público. El cierre con “1901” y luego con Thomas nadando por sobre la gente largos minutos en el reprise conocido como “Ti Amo Di Piu”, eran postales de un show altamente visual, con canciones que tienen pinta de hit, y donde los franceses se lucen. Quizás el papel picado del final era un exceso, algo burdo, pero innegablemente fue el componente de exagerada diversión que se requería para cerrar el festival.

Fauna Primavera puede tener un marco que lo haga blanco de críticas, entre el público y el predominio aparente de las marcas, pero en lo musical presenta consistentemente uno de los carteles más cuidadosos en su curatoría en el país, e incluso en este año hubo esa consideración en los escenarios principales. Propuestas con algo que aportar en el presente y futuro próximo pasaron por el escenario ubicado al poniente, y es ahí donde se dieron las postales más relevantes del festival (además de la impactante presentación de Matías Aguayo & Las Desdemonas en el Red Bull Music Academy Stage), por masividad, conexión e impacto. Desde la elegancia de Miss Garrison a la sencillez de AlunaGeorge, desde el desgarro emocional de Daughter hasta la superficialidad divertida de Iggy Azalea, desde el carisma de Neon Indian hasta la pulcritud de Phoenix, lo que pasó en ese escenario tuvo estándares altos que tal vez necesitaban de mayor compromiso del público, probablemente abatido por el calor a media tarde. Se cierra un Fauna Primavera, pero se abre la ventana para ver cómo sorprende en 2018 porque hay una cosa clara: pase lo que pase, la calidad de su armado prevalece enalteciendo a un evento consolidado en la cartelera musical nacional.

Por Manuel Toledo-Campos

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Lollapalooza Chile 2022

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Review Lollapalooza Chile 2022

Casi tres años sin un Lollapalooza Chile era demasiado tiempo. La evolución de las tendencias, la del propio festival, y la de los músicos invitados, convertían todo en intriga. También, inevitablemente este iba a ser un símbolo de las posibilidades que se abren cuando la pandemia parece (aunque no lo esté en la práctica) controlada. En este 2022 muchas cosas se asemejaban en el ambiente al debut en 2011, en especial en el sentido de novedad del espacio porque, tras divergencias entre la producción y la Municipalidad de Santiago, el evento tuvo que cambiar desde el acostumbrado Parque O’Higgins a un territorio por conquistar, como el Parque Bicentenario de Cerrillos. Las críticas al cartel, cuyos nombres aparentemente no pesaban tanto como lo anunciado para 2020, tenían chance de revertirse con buenos shows y con esa conexión que corroe lógicas, como es la existente entre artistas y público, y eso es lo que pudimos ver en la primera de tres jornadas de este Lollapalooza Chile 2022.

The Wombats

Aunque Bocho acortó su show para paliar el retraso de The Alive –cuyos 15 minutos corridos serían la constante de los escenarios principales durante todo el día–, igualmente los fans que esperaban el debut en Chile de The Wombats tuvieron que aguantar un silencio largo, que se quebró a las 15:03 hrs. con “Moving To New York”, instalando una mezcla entre nostalgia prematura y energía cruda.

Esto ocurrió porque la banda tocó en un formato trío, su forma más primitiva, pero también la que inició todo en 2003; casi 20 años de trayectoria que, en vez de mostrar falencias en una configuración así, pudo sacar la potencia que hoy separa a los de Liverpool de sus contemporáneos. Sin temor a mezclar tracks nuevos, como “This Car Drives All By Itself”, con canciones más escondidas del catálogo de la banda como “Techno Fan”, el show avanzó ágil y contagioso, mientras favoritas como “Kill The Director”, “Turn” o el hit “Let’s Dance To Joy Division” se sucedían.

El público coreó de todo, sorprendiendo incluso al vibrante Matthew Murphy, mientras Dan Haggis desde la batería fue quien más se comunicó con la gente, apelando a muchas frases en español, con prestancia y simpatía. El bajista Tord Øverland Knudsen disfrutaba a concho haciendo bailar al público, mientras el espectáculo, tan rápido como se sintió, tan rápido acabó, con el mejor track de su último disco, “If You Ever Leave Me, I’m Coming With You” y la viral “Greek Tragedy” en una hora exacta que, entre sonido directo y simpatía al natural, coronó una gran primera impresión de The Wombats en suelo chileno.

Marky Ramone

El importante retraso propiciado por el show contiguo de los ingleses de The Wombats en el VTR Stage, sirvió para que la antesala de Marky Ramone tuviera un buen marco de ansioso público. Nostálgicos de todas las edades, familias y fans acérrimos, esperaban el retrasado show bajo el calor de la tarde de Cerrillos.

Ya sobre el escenario, alrededor de las 16:00 horas, el ex baterista de los míticos Ramones disparó un compilado de éxitos de los de Queens. Uno tras otro fueron desfilando los hits en la voz de Iñaki Urbizu, quien lo dio todo: “Sheena Is A Punk Rocker”, “Teenage Lobotomy”, “I Believe In Miracles”, “Rock ‘N’ Roll High School” y, por supuesto, “Blitzkrieg Bop” al cierre, fueron algunos de los puntos altos del nutrido set clásico de la banda.

Como buen show de profunda esencia punk, el cuarteto no dio respiro y, casi como reloj, lograron cuadrar el retraso con una serie de canciones en menos de 10 minutos. Sin intermedios, ni siquiera para agradecer o despedirse, y con una agilidad que ya quisieran bandas más jóvenes, marcharon canción tras canción como si de un trámite se tratara. Eso sí, con oficio y gran calidad, porque el objetivo era claro: una avalancha de buenas canciones que no requieren presentación ni más contexto que contar con un ex Ramones sobre el escenario.

IDLES

El sol pegaba fuerte e implacable sobre las cabezas de los asistentes en el Parque Bicentenario de Cerrillos, cuando llegaba el momento que los cientos de entusiastas en el VTR Stage habían esperado por mucho tiempo: IDLES finalmente debutaría en Chile. No hace falta reflexionar de modo introductorio lo que esta banda genera con su música, especialmente en nuestro sitio, donde le hemos dado cabida desde sus primeros álbumes, por lo que el fervor que se sentía cuando la banda subía al escenario era algo palpable y esperable, produciendo una anticipación desde el primer minuto con la devastadora “Colossus”. De ahí en adelante, el conjunto se paseó por todos sus discos, tratando de dar el mayor espacio posible a esas canciones que el público quería oír de una manera tan furiosa como caótica, algo que pocas veces se ha apreciado en el festival.

Desde ese punto de vista, no deja de resultar especial la química que los integrantes generan sobre el escenario, partiendo por la actitud que su frontman, Joe Talbot, impregna en cada una de las canciones adornadas con una precisión quirúrgica por los riffs de Mark Bowen, la inestabilidad de la guitarra de Lee Kiernan o el pulso implacable que llevan Jon Beavis en la batería y Adam Devonshire en el bajo. Todos juntos hacen que el combo de IDLES resuene aún más efectivo en verdaderos estandartes de su discografía, como “Mother”, “Never Fight A Man With A Perm” o “Danny Nedelko”, permitiendo también que otras composiciones como “Mr. Motivator” y “War”, de “Ultra Mono” (2020) ganen mucho más en vivo al compenetrarse con el resto del repertorio, el que también dio cabida a su reciente álbum, “CRAWLER”, con “Car Crash” y “The Beachland Ballroom”, dos de las composiciones más sólidas en su cuarto LP.

Punto destacable del show también fue la flameante bandera de los Mugiwara (Piratas de Sombrero de Paja) del animé “One Piece” que se vio entre el público, calzando perfectamente con el mantra de “Joy As An Act Of Resistance.” (2018), de llevar la alegría y transformarla como una herramienta de lucha contra la opresión de la autoridad, algo que aplica no sólo para los protagonistas de dicha serie animada, sino que también para el segundo larga duración de los de Bristol. Vaya también un reconocimiento al guardia que repartió aguas para las personas que estábamos en las primeras filas e hidrató (literalmente con una botella a la cual le hizo un hoyito para transformarla en regadera) a todos los que pudo en innumerables ocasiones.

En tan solo una hora, IDLES demostró de lo que está hecho, en un set que los vio presentarse extensamente en sociedad frente al público chileno, llevándose seguramente más de un fan entre los curiosos que se acercaron a esas horas de la tarde. Pese a algunos detalles de sonido, el quinteto rugió fuerte durante su breve paso por Chile, donde la catártica “Rottweiler” fue la encargada de poner punto final a este debut de IDLES en nuestro país, el que seguramente derivará en su regreso a estas tierras más temprano que tarde.

Alexisonfire

Siguiendo una jornada llena de momentos para la posteridad, en el Axe Stage se vivió uno de los más emocionantes del día, con el esperado debut de Alexisonfire en nuestro país, el que fue recibido por un público mayoritariamente bajo los 30 años, que cantó a todo pulmón como en sus mejores años de adolescencia. El conjunto canadiense llegaba hasta nuestro país en un punto crucial de su carrera, por lo que este encuentro con su fanaticada local sirvió como el puntapié inicial para esta nueva etapa de sus vidas. Si, evidentemente, el fervor sería desatado de inmediato con el combo de “Accidents”, “Boiled Frogs” y “Old Crows”, las palabras del frontman George Pettit encenderían aún más el fervor de las miles de personas presenciando un momento histórico. “Estuvimos en la prisión del Covid por dos años, este es nuestro primer show desde antes de la pandemia, ¡y qué mejor lugar que en Chile, con todos ustedes!”, diría el vocalista para recibir una ola de aplausos y seguir con una presentación que no daría respiros.

El karaoke masivo fue regla con la interpretación de canciones como “Pulmonary Archery”, “Drunks, Lovers, Sinners And Saints” o el golpe enérgico que fue “Familiar Drugs”, todas coreadas palabra por palabra por la fanaticada del conjunto. Indudablemente, la fórmula de Alexisonfire es precisa para estos contextos, sobre todo por la armonía que generan las voces de Pettit y el guitarrista Dallas Green, donde se turnan los guturales y las secciones más melódicas con una naturalidad impecable. También pasa con el entusiasta bajista Chris Steele, que es un show por sí solo, o el guitarrista Wade MacNeil, que se encarga de darle más forma a los juegos sonoros que desarrolla la banda bajo la atenta mirada del baterista Jordan Hastings y su trabajo como sostenedor de toda la intensidad instrumental de la agrupación. Otro momento memorable fue la interpretación (por primera vez en vivo) de “Sweet Dreams Of Otherness”, el primer single de su próximo LP “Otherness” (2022) y que fue cantada por los asistentes, pese a tener sólo una semana de existencia al momento del show.

Ese fervor por Alexisonfire en Chile viene desde el sentimiento con que interpretan sus canciones, lo que genera una energía que se traspasa a la audiencia, la que gritaría cada coro de algunos puntos cruciales del cancionero de los canadienses, como “This Could Be Anywhere In The World” o el cierre en lo alto con “Young Cardinals”, uno de los pocos momentos de ese sonido más hardcore que la banda ha desarrollado en algunos de sus discos. Bajo la oscura mirada de la noche y un escenario principal que se iluminaba con los beats de Martin Garrix a lo lejos, Alexisonfire concretaba su esperada primera vez en Chile con un show que, con intensas 11 canciones, terminaría por transformarse en uno de esos contados momentos en la historia de Lollapalooza Chile donde las guitarras se tomaron ese oculto escenario alejado de la muchedumbre de las tarimas principales por tan solo unos minutos, en donde músicos y seguidores se transformaron en uno solo.

Camila Moreno

Tras haber estrenado “Rey”, Camila Moreno demostró la intensidad del álbum en vivo sobre el Lotus Stage pasadas las 20:30 hrs. y, a la par con los beats finales y la pirotecnia que se colaban desde el set de Martin Garrix, logró cautivar al público que pacientemente esperó por su aparición.

Todo el concepto en torno al disco y la presentación en vivo de Camila Moreno transita entre un relato de corte post apocalíptico y futurista. A tono con los tiempos, las visuales que acompañaron la intro del show narraban cómo la humanidad corría hacia la extinción. Allí, la figura del personaje de Camila emerge con los primeros acordes de “Rey”, para avanzar de manera sólida entre canciones nuevas y clásicas, como “Tu Mamá Te Mató” (que contó con la participación de Francisco Victoria en la voz), “Sin Mí”, “Incendié” y “Te Quise”, entre otras, todas en clave electro y con detalles y arreglos para este nuevo formato de la artista.

Secundada por bajo, guitarra, además de percusiones y arreglos acústicos, la artista entregó un completo show desde lo musical, visual y también lo lírico. Por su parte, el momento “Quememos El Reino” seguido de “Corderito” y “Comer Llorando” al cierre, logró condensar esa intensidad en clave balada. Camila Moreno demuestra una vez más que su propuesta, en cada mutación, es sólida y muy interesante.

Foo Fighters

Si los 15 minutos que en general corrieron los horarios de los escenarios principales ya dejaron despistados a algunos, los minutos extra que se tomó Martin Garrix fueron una molestia para un fandom rockero, que con impaciencia apuraba cánticos, aplausos y movimientos. Pero nada de eso tendría sentido sino hasta las 21:23 hrs., cuando, tras el fin del show del artista electrónico holandés, Foo Fighters saldría a escena y ahí todo enojo quedaría en el olvido. Es que Dave Grohl tiene una energía contagiosa, que puede cambiar el semblante hacia la felicidad o el optimismo con un inicio como “Times Like These” o puede llevar al desenfreno con el coro de “The Pretender”. Eso sí, como en cada show de los Foo, también las salidas de libreto de Grohl, tan simpáticas como puedan ser, se revelan como cansinas con el correr del concierto, al repetir ciertos recursos que extienden la duración del espectáculo más de lo necesario. Sin embargo, el público no chista frente a ello, incluso cuando la mencionada “The Pretender” se extiende por solos y coros repetidos por más de diez minutos.

Es que la banda hace lo suyo de forma abrumadora y, a la vez, natural, incluso en la escala festivalera o de estadios a la que están acostumbrados. Por ello las explosiones con “Learn To Fly” o “Breakdown” pueden convivir con la destreza y evolución compositiva del conjunto en tracks más nuevos, como “The Sky Is A Neighborhood” o “Shame Shame”, que destacan precisamente por evitar tropos repetitivos, y así lucir elementos novedosos y brillantes, como las coristas Samantha Sidley, Barbara Gruska y Laura Mace.

Con Foo Fighters se sabe a lo que se va y, aun así, es genuino cómo sorprenden, ya sea con la prestancia impactante de la voz de Taylor Hawkins al hacer un cover de “Somebody To Love” de Queen o, cuando al tocar de forma tierna y suave “Wheels”, Dave Grohl descubre que la gente se sabe esa canción y baja las revoluciones para sonreír ante la voz que escucha desde el público.

La mayor sorpresa vino casi al final, cuando Grohl explicó cómo estar en un Lollapalooza es parte de la vida de él como artista, e invitó al padre del festival, Perry Farrell, a tocar con ellos. Jane’s Addiction no pudo estar en Lollapalooza Chile 2022, pero al menos sí sonó “Been Caught Stealing”, clásico de su banda, y con un soporte de lujo. Especialmente la guitarra rítmica de Pat Smear destacaba en esta versión, junto con la voz perenne de Perry. Esto contrastó más el estado de la voz de Dave Grohl, quien no llega a tantos registros y casi en todo el show apela a gritar, pero, para su fortuna, las canciones funcionan con ese timbre y las armonías que puedan faltar de lo vocal, vienen desde las guitarras y el teclado de Rami Jaffee, cuya atmósfera dota al rock & roll de los Foo de un telar ligero, pero preciso para que todos se luzcan, tal como pasa en “Run” o en “Best Of You”.

El show sólo pesa por el reloj inclemente, con los 23 minutos de retraso al inicio, y el cierre del Metro, que dejó a tantos sin transporte después, dado que el show de Foo Fighters, de originales dos horas de duración llegó a las 2 horas y 14 minutos, terminando a las 23:37 hrs., afectando a miles, pero no sin antes haber entregado su mejor concierto en Chile, sin poner peso excesivo en canciones nuevas o en covers, sino que equilibrando lo que ofrecen, consiguiendo ejercer el peso de su trayectoria con la energía del presente. Foo Fighters cerró espléndidamente en lo musical la primera jornada de un festival como Lollapalooza Chile, que, en un nuevo espacio, aún debe asegurar ciertas necesidades de un público numeroso, como más puntos de hidratación, o resguardar los horarios, pero que al menos en el lado de la música continúa entregando instantes dignos de recordar.


Turnstile

Otra de las grandes sorpresas que hizo su arribo hasta Lollapalooza Chile 2022 fue Turnstile, quienes utilizaron exactamente el mismo escenario y horario destinado a IDLES el día anterior para encontrarse con su sorprendentemente amplia fanaticada en el VTR Stage. El quinteto llegaba en un momento crucial, gracias al éxito de “GLOW ON” (2021), el mejor disco de su catálogo y que fue ferozmente defendido en vivo con batacazos como “MYSTERY”, “BLACKOUT” o “DON’T PLAY”, desatando el moshpit y la locura entre los asistentes que, sin importar los constantes empujones y uno que otro encontrón con quienes esperaban desde temprano por el show de Miley Cyrus, disfrutaron cada canción que Brendan Yates y compañía trajeron hasta nuestro país.

Y es que el repertorio escogido por la banda para su presentación les permitió no solamente destacar su reciente placa, sino que también dar un cariño a sus fans más acérrimos con la incorporación de tracks como “Real Thing”, “Big Smile”, “Come Back For More” o “Canned Heat”, extraídos desde su etapa más hardcore, pero siempre combinándolos a la perfección con recientes joyas como “UNDERWATER BOI”, “FLY AGAIN” o “ALIEN LOVE CALL”. Sin duda que el bajista “Freaky” Franz Lyons se llevó las miradas de gran parte de los asistentes, gracias a su polera de Colo-Colo con un “TURNSTILE 91” en la espalda, mientras que el guitarrista Greg Cerwonka (integrante de Take Offense, que estuvo en reemplazo de Brady Ebert) también hizo lo suyo con su incansable paseo por todo el escenario.

Si la energía desatada no bastaba, el cierre con el combo de “HOLIDAY” y “T.L.C. (TURNSTILE LOVE CONNECTION)” generó incansables saltos entre los asistentes, quienes indudablemente quedaron con gusto a poco. Esto, porque la banda acortó en 15 minutos su presentación, una decisión poco entendible pensando en que comenzaron a la hora prevista. Pese a todo lo anterior, el debut de estadounidenses dejó más que feliz a un fiel público, que pudo vivir esa conexión de amor a través de la música.

A Day To Remember

Sin retrasos a la vista, y tras el golpe al mentón de Turnstile en el VTR Stage, era el turno de los californianos de A Day To Remember, quienes descargaron una batería de hits para el buen marco de público que se agolpó en el Banco de Chile Stage. Más allá de su minimalista propuesta sobre el escenario, que consideró solamente batería y una visual estática durante todo el set, la banda liderada por Jeremy McKinnon hizo gala de su prestancia dentro de la escena pop punk y metalcore, donde se han ganado una base importante de fanáticos y elogios.

Sin mediar sobresaltos, azotaron con “The Downfall Of Us”, “Paranoia”, “Have Faith In Me” (dedicada a las chicas del público) e “If It Means A Lot To You”, entre otras, coreadas a todo pulmón por los asistentes junto a los momentos duros y guturales. Igual a lo que sucedió minutos antes en Turnstile, A Day To Remember no dudó en mantener la vibra del público, que pasó de escenario en escenario en búsqueda de moshpit, el cual rápidamente se armó para el goce de quienes deseaban participar, directa o indirectamente.

Y es que, si se trata de este tipo de shows de bruta intensidad, lo importante es entregarse y disfrutar. Tal como anunció su vocalista: “El stage diving es peligroso, pero ustedes pagaron mucho dinero por estar acá, ¡así que diviértanse!”. A Day To Remember descargó más que potencia, también demostraron por qué su fanaticada es tan fiel y transversal, gracias a su carisma y hits que los mantienen vigentes.

MARINA

Es casi inevitable que los topes de horario puedan producirse durante un festival, lo que genera un retraso en las presentaciones y termina por perjudicar a todos los artistas restantes. Por ello, para muchos fue una sorpresa cuando a las 19:30 horas en punto MARINA hizo su arribo al Axe Stage, pese a que Pedropiedra seguía con su presentación en el Lotus Stage a sólo metros de separación. La artista inició elegante e imponente con “Ancient Dreams In A Modern Land”, track que abre su más reciente LP del mismo nombre, y que sería el motivo de su presentación por segunda vez en Lollapalooza Chile, luego de su recordado show en la edición 2016 cuando todavía era conocida como Marina And The Diamonds.

El show siguió realizándose con normalidad, a pesar del tope durante cuatro canciones, ya que fue recién en “Oh No!”, quinto track del setlist, cuando la artista finalmente pudo hacer su show sin la música que venía desde el otro escenario, y que molestó sobre todo a quienes estaban presenciando el espectáculo desde un poco más atrás. De igual manera, a Marina Diamandis pareció no importarle esos contratiempos, ya que se mostró empoderada y dominante de la situación durante todo lo que duró su show, maravillando a las primeras filas con hits de su catálogo, como “Purge The Poison”, “Man’s World” o “How To Be A Heartbreaker”.

Con sólo escuchar cómo el público coreaba cada letra de las canciones se notaba el impecable manejo del pop que la artista ha realizado con sus cinco álbumes, aportándole una consistencia con sus letras a un sonido que, pese a repetir fórmulas ya conocidas, encuentra una originalidad gracias a su voz. Ya con “Bubblegum Bitch” y “Primadonna”, MARINA se despedía en este reencuentro con sus seguidores chilenos y, si bien este debió ocurrir en las mismas circunstancias festivaleras que su debut, dejó demostrado que su amplio arrastre le permitirá dar el salto a un futuro show en solitario.

A$AP Rocky

Lo que ocurre con A$AP Rocky es extraño: pese a ser una figura trascendente en el rap norteamericano y tener a su haber álbumes que han marcado la diferencia, en su espectáculo en vivo usualmente no denota esta individualidad, privilegiando sus colaboraciones. Con un breve retraso, a las 19:55 hrs. el artista salió a escena lleno de energía para su debut en Chile, con un freestyle y con “A$AP Forever”, llenando de fuego el escenario, en las pantallas y también con la pirotecnia a disposición.

Praise The Lord (Da Shine)” y “Fuckin’ Problems” continuaron moviendo a la gente, que con brazos en alto ensalzaba la figura de Rocky, más allá de las canciones, aunque sí se puede decir que este breve show en Chile escapó de reposar demasiado en tracks ajenos, algo que sí ocurrió en Argentina 24 horas antes. En vez de eso, en Cerrillos hizo “Pick It Up” de Famous Dex, “Yamborghini High” y “Telephone Calls” de A$AP Mob, “Work” de su partner A$AP Ferg, y “MAZZA” de Slowthai. Durante “Sundress”, Rocky paró el show para ayudar a que sacaran personas desmayadas y en malas condiciones desde el público, incluso con la petición de que dieran pasos hacia atrás por lo mucho que apretaron a la gente en reja, algo que también ocurrió toda la jornada en el otro escenario principal con quienes esperaban a Miley Cyrus. Rocky no retomó “Sundress”, pero entregó la vitoreada “L$D”.

Más adelante, las llamas volverían con el medley entre “Slob On My Knob”, “Plain Jane” y “No Limit”, en tanto que la aún no lanzada “Doja” generaba alta reacción, sin embargo, la explosión completa quedaría en el cierre con “Lord Pretty Flacko Jodye 2” y “Everyday”, momentos donde realmente se lució, y donde su voz no sonó tan atormentada entre las pistas y el cansancio por saltar y bailar todo el rato. Lo que ocurre con A$AP Rocky sí es extraño, medio escondido, medio piola, medio respetado y conocido, pero nunca por completo, y es esa es la sensación, incluso con lo feliz que dejó al público en breves 48 minutos de espectáculo, siendo una carta de presentación satisfactoria, pero que dejó con ganas de más y, especialmente, más de A$AP Rocky, ese rapero cuyos discos realmente tienen material para lucirse mucho más.

Miley Cyrus

A la hora de pensar en nombres de headliners en un festival como Lollapalooza, el de Miley Cyrus sería uno de los últimos imaginables, debido a su estatus de estrella mundial del pop con una convocatoria que no necesita ser parte de un evento de estas características para tener vitrina. Es por eso que su presencia como el show de cierre de la segunda jornada de Lollapalooza Chile 2022 se vio más como un beneficio al festival que viceversa, donde en una presentación estelar deleitó a las miles de personas en el VTR Stage, con un repertorio que se paseó por todos los puntos clave de su discografía posterior a su interpretación del personaje de Hannah Montana.

Con una impecable banda de apoyo, Cyrus dominó el escenario ataviada en un ceñido traje azul, desplegando no sólo cortes de sus trabajos de estudio, como “Plastic Hearts”, “Dooo It!” o “7 Things”, sino que también guiños a artistas como Pixies con “Where Is My Mind?”, un cover de “Heart Of Glass” de Blondie o la potente “Jolene”, original de la gran Dolly Parton. Y es que, a pesar de que la sola presencia de Miley basta para llenar cada espacio, es su talentosa interpretación la que termina por completar la robustez y atractivo de su show, haciendo que canciones como “Fly On The Wall” o “Nothing Breaks Like A Heart” sorprendan tanto a sus seguidores como a los curiosos que aprovecharon de quedarse hasta el final de la jornada.

Cualquier duda de su calidad como cabecera de un festival internacional, queda derribada gracias a la manera en que la artista se compenetra con su banda para entregar una presentación que, inteligentemente, no descansó sólo en sus principales hits, sino que supo ahondar en los trabajos que definen su presente musical, como las canciones de “Plastic Hearts” (2020) y “Bangerz” (2013), discos en los que se apoyaría la selección de canciones interpretadas por Miley en su nuevo paso por Chile. De igual forma, esos temazos que la gente siempre quiere oír no podían quedar ausentes, por lo que sus dos grandes éxitos fueron escogidos como broche de oro: “Wrecking Ball” y “Party In The U.S.A.”, el cierre perfecto para una visita ilustre dentro de la variada oferta de artistas que ha tenido el festival en sus diez ediciones.


Kramer

Cuando se reveló el line up de Lollapalooza Chile 2022, muchos se preguntaban quién era el Kramer que aparecía ahí. ¿Algún DJ o un artista nuevo? No, era Stefan Kramer, reconocido humorista nacional. Aunque existen festivales como Bonnaroo que adoptaron el humor hace rato, lo disponen en espacios dedicados y no en un escenario principal, como se pudo ver en la jornada de domingo de este Lollapalooza Chile.

El desafío no era menor para el artista, quien además tuvo que iniciar su show mientras aún Mariel Mariel extendía el suyo más allá de la duración estipulada en el otro escenario principal. Quizás por eso, a las 14:53 hrs., Kramer irrumpió más nervioso de lo usual, no cuajando por completo su imitación de Jorge González, tras dedicar “Pa Pa Pa” de Los Prisioneros a quienes reclamaban contra el pase de movilidad. Pero su carisma y la cuenta de ahorro que tiene con el cariño del público, le permitieron tomar buen rumbo tras imitar a futbolistas como Gary Medel, Lionel Messi o Arturo Vidal. El arco de la historia que contó Kramer era cómo él siempre quiso ser cantante, pero nadie le daba bola, y menos aún cuando alcanzó el éxito como imitador, cerrándole puertas en lo musical.

El artista a veces caía en el humor heteronormado y de tintes no muy progresistas, pero su manera de narrar ayudaba a superar esos filtros, junto a imitaciones novedosas, como las de Eddie Vedder, Jon Bon Jovi o la de Steven Tyler. A eso de las 15:30 hrs. se empezó a colar el sonido desde el lejano escenario Axe con Bitman, pero eso no mermó el mejor tramo del show de Kramer. Con un medley que, con agilidad, llegó al clímax del cuento transversal, con Stefan llegando a mostrar su talento musical que (spoiler alert) es precisamente converger muchos estilos, y con un final emulando el video de “Sign Of The Times” de Harry Styles, colgando sobre el escenario con una cuerda sosteniéndolo, Kramer culminó 55 minutos de un espectáculo que no instala por completo al humor en Lollapalooza, pero que sí muestra cómo la unión de humor con música no se ve tan extraña.

LP

La devoción que genera LP no es algo sorpresivo, tras el furor por los tickets para su debut en nuestro país en 2019, pero quedaba ver cómo se podía traducir esta relación en un contexto festivalero. Bajo aquel contexto, el show de LP fue aún mejor de lo que las expectativas dictaban, dada la evolución de la banda que acompaña a la artista, que en los tiempos de pandemia trabajó de manera concienzuda hacia un sonido expansivo. De hecho, hicieron conciertos en un estudio para ser transmitidos por streaming con ese tipo de vibra, que luego sería demostrada en conciertos para gente estacionada en sus autos, en predios enormes, así que el trabajo detrás de la conexión con el público tuvo muchos pasos, y en la segunda visita de LP a Chile, todo eso se nota, fluye y brilla con intención, seguridad y sacándole provecho a cada composición y su voz privilegiada.

Desde el inicio puntual a las 16:45 hrs. con “Goodbye”, cada canción logró permear las emociones de la numerosa audiencia, con arreglos bombásticos y listos para llegar hasta el otro lado del parque si fuera necesario. Aunque el setlist estuvo cargado al último álbum, “Churches”, la familiaridad con la que público cantó todo haría parecer que cada tema era parte de un Grandes Éxitos, como “The One That You Love” que brilla en vivo, con aún más peso en la batería y con LP luciendo su voz y haciendo gimnasia vocal cada vez que puede. Al comienzo, la gran cantidad de viento molestó a la cantante, pero rápidamente pudo acomodarse a la circunstancia y se paseó con prestancia entre momentos inesperados, como el cover de “Dazed And Confused” de Led Zeppelin y una versión aún más furiosa de “No Witness”, o la ya clásica “Strange”. Pero el tramo final tuvo aún más potencia, entre lo mucho que gana en vivo “Conversation”, hasta la participación del público en “One Last Time”, siguiendo al pie de la letra las complejas instrucciones melódicas de LP.

Sin tener problemas de sonido, más allá del desvío producido por el viento para quienes se ubicaron más lejos, el show llegó a su punto final con la canción que lanzó a la fama a LP y que la volvió viral, mainstream y todo a la vez: “Lost On You”. Entre gentiles rasgueos de guitarra al inicio y chiflidos, la canción fue creciendo hasta su coro inequívoco y omnipresente, perforando resistencias y entregando un gran espectáculo, que en una hora exacta demostró que LP y su banda no sólo cuentan con grandes composiciones, sino que con una labor encomiable que ahora tiene en escenarios gigantes su entorno más natural.

Machine Gun Kelly

La figura de Machine Gun Kelly es polémica por sí sola, pero de que su arrastre le permite ser parte de cualquier festival internacional, es un hecho, independiente de que sea mucho más odiado que amado en líneas generales. Bajo esa afirmación, con algo de prejuicio de por medio, fueron muchos los escépticos que dudaban de lo que podía hacer el tejano en su paso por Lollapalooza Chile, y lo cierto es que, por mucho que el entusiasmo de sus fanáticos que colmaron las primeras filas lo transformaría en un show redondo, en estricto rigor dejó mucho que desear musicalmente hablando.

El principal problema del show es que, el otrora rapero estadounidense, busca abarcar distintos espacios a la vez sin concretar ninguno, intentando que su presentación salte del pop punk a un plástico hip hop con resultados un tanto deplorables. Entre los guiños a esa escena a la que Machine Gun Kelly hubiese deseado pertenecer con “title track”, “kiss kiss”, “concert for aliens”, “WWIII” o “drunk face” (todas del álbum “Tickets To My Downfall” de 2020), hasta los momentos de un hip hop carente de calidad musical y lírica con “El Diablo” o “I Think I’m OKAY”, el concierto del escuálido artista fue un sinfín de incomprensibles y monótonos vaivenes entre un estilo y otro.

Todo lo anterior fue rematado no sólo con el uso de “Welcome To The Black Parade” de My Chemical Romance como intro, sino que también con un cover a “Misery Business”, una de las canciones más controversiales de Paramore y de la cual la propia banda ha renegado, la que en este caso el artista trata de hacer suya en una versión tan plana y falsa, como todos sus intentos de emular el efectivo sonido entre emo y pop punk de esta y otras agrupaciones. Los cambios de dirección musicales siempre serán bien recibidos cuando se hacen con honestidad y calidad, pero cuando se quiere profitar de una escena que está teniendo un abultado revival comercial, es mejor echar pie atrás y concentrarse en lo suyo, aunque ni en eso se pueda destacar.

Lucybell

Tras una tarde con probablemente el mayor marco de público de las tres jornadas de Lollapalooza Chile, la expectación por Lucybell era de esperar. Instalados en el Lotus Stage, los fanáticos y curiosos aguardaron por la salida de Valenzuela y compañía, quienes no decepcionaron. Sin mucho preámbulo, la banda aprovechó los escasos 45 minutos que tenían para hacer un intenso repaso por sus canciones más clásicas.

El inicio fue demoledor para fans y nostálgicos, cuando los acordes de “Flotar Es Caer”, seguido de “Caballos De Histeria”, retumbaron en el escenario. Ahí ya parecía que el show simplemente no podía parar de mejorar: ¿un repaso completo a su disco homónimo (el Rojo) o una delicada introducción como guiño a su historia? Para sorpresa de todos, el set continuó con “Luces No Bélicas”, “Fe” y “Mataz”, que terminaron de encantar y gustar al público. El punto final vendría desde la batería de Foncea para dar inicio a “Cuando Respiro En Tu Boca”, finalizando en una especie de encore con “Viajar”.

Lucybell, con su oficio y trayectoria, se vio sólido sobre el escenario, entregados al público y conectados con los himnos que entregaban uno tras otro. Sin embargo, toda aquella prestancia se merece un reconocimiento mayor, y sobre todo mucho más que 45 minutos de show, ojalá en un escenario capaz de albergar a la gran cantidad de público que esta vez convocaron.

The Strokes

Luego de tres días llenos de música, llegó el gran cierre del festival con The Strokes, quienes subieron al VTR Stage 23 minutos más tarde de la hora pactada originalmente. El quinteto llegó hasta nuestro país por tercera vez con un repertorio que, en el papel, debía enfocarse en su excelente último LP, “The New Abnormal” (2020) y, aunque este disco se llevó la mayoría del setlist, eso no fue impedimento para que Julian Casablancas y compañía se pasearan por distintos puntos de su discografía, haciéndole un gesto de cariño a su fanaticada con algunas canciones poco habituales para un show de estas características.

Con su indiferencia y relajo de siempre, la banda arremetió con una breve presentación de 15 tracks, donde “Bad Decisions”, de su reciente álbum, dio la partida a una velada que pasaría por otros estandartes de su historia, como “You Only Live Once”, “Juicebox” o “Reptilia”, además de otras gemas para sus fans como “Under Control”, “Trying Your Luck” o “Razorblade”. La buena onda entre el frontman y el público se sentía, permitiendo que su actitud despreocupada de siempre no fuera algo que opacara a la seriedad en el control que el guitarrista Albert Hammond Jr. aporta desde su rincón. Obviamente, la alineación no puede estar completa sin Nick Valensi, Nikolai Fraiture y Fabrizio Moretti, quienes, preocupados estrictamente de la música, se transforman en el bastión instrumental de la banda.

Cuando la calidad de su reciente disco no está puesta en duda, es increíble ver cuánto ganan en vivo canciones de dicha placa, como “Brooklyn Bridge To Chorus” u “Ode To The Mets”, interpretadas con un sentimiento y vibra muy ad-hoc con la propuesta del conjunto en vivo. Evidentemente, los hits no se hacen esperar, por lo que canciones como “Hard To Explain”, “Heart In A Cage” y “Take It Or Leave It” desataron la euforia de la audiencia en la última porción del show. Lamentablemente, el bis se limitó solamente a la interpretación de “Someday” por la improvisada interpretación musical del clásico “Olé Olé Olé” y los evidentes problemas de tiempo (dejando fuera “Killing Lies” y “New York City Cops” según el setlist impreso de la banda). Independiente del cierre abrupto y que dejó con gusto a poco a los asistentes, The Strokes ratificó con su presentación los argumentos necesarios para demostrar por qué fueron, son y serán una de las bandas más importantes en el rock post 2000.

Un festival postergado por dos años, y que tuvo un accidentado regreso con el cambio de recinto y las modificaciones del cartel hasta su última semana, tenía todo para ser una experiencia muy alejada de lo que el evento ha sido durante sus años en Chile, pero lo cierto es que Lollapalooza 2022 funcionó bien como la primera versión en modalidad de pandemia, sintiéndose como una transición hacia la apertura de la cartelera local a los eventos con controles de pase de movilidad y uso de mascarilla, a pesar de que esto último no fuera cumplido a cabalidad por los asistentes. La clave de su éxito estuvo en la conexión de los artistas con sus fanáticos (con algunos de ellos incluso haciendo su primera presentación desde antes de la pandemia), además del entusiasmo propio de querer volver a presenciar la música en vivo, con un Parque Bicentenario de Cerrillos que pasó la prueba en cuanto a espacios, escenarios y la movilidad para llegar al festival, teniendo solamente que mejorar la planificación del transporte, que nuevamente complicó la salida de los asistentes en la última jornada. Lollapalooza Chile pudo regresar finalmente, aunque sea para decir presente, por lo que ahora queda la tarea pendiente de que el festival recupere su sitial en una eventual edición 2023, donde estará la difícil misión de reencantar a un público que se distanció de esta modesta y apresurada versión.

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