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Evanescence: Espectacular eficiencia

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Como un paquete estándar, compuesto de grandes éxitos, momentos apoteósicos y una conexión genérica pero efectiva, se desarrolló la segunda visita de Evanescence a Chile, concierto que se enmarca en la gira de promoción mundial de su tercer LP, el homónimo “Evanescence” (2011), álbum que ha traído desde las sombras a Amy Lee y su banda para iluminar por poco más de una hora y cuarto al Movistar Arena, con un show solvente pero del que se echó de menos algo de improvisación y licencias de un libreto demasiado calculado.

La popularidad del grupo ha decaído durante los últimos años, algo lógico si consideramos que ya ha pasado casi una década desde el período más prolífico de los norteamericanos, cuando singles como “Going Under” y “Bring Me To Life” hacían estragos en las radioemisoras del mundo, liderando rankings y elevando a “Fallen” (2003) como uno de los discos debut más vendidos de la época. Evanescence ha persistido y aunque ya no llenan estadios fueron, a lo menos fueron siete mil personas que llegaron devotamente hasta el Movistar Arena, en su mayoría adolescentes que deliraron con cada uno de los gestos de la cantante, pero también un gran contingente de “adultos jóvenes”, quienes ya no visten faldas oscuras o maquillaje gótico, pero conservan en su corazón la lealtad a una banda que marcó a una generación.

El recinto está expectante al comienzo del espectáculo, que se retrasa exactos quince minutos, hasta que las luces se apagan y, sin mayores presentaciones, los músicos se instalan en sus puestos para interpretar “What You Want”, sencillo del disco homónimo que no necesita de muchos esfuerzos para prender el ambiente, donde los gritos y llantos desesperados de las fanáticas más fervientes, llenaron el recinto ante la imagen de una enérgica Amy Lee, quien recorría el escenario en su tradicional vestido, incluso teniendo que sortear un problema con su micrófono que dejó de funcionar durante unos segundos, para dar el puntapié definitivo a un concierto que no conocería de pausas.

Troy McLawhorn avanza con su guitarra hasta el frente del escenario para dar los primeros riffs de “Going Under”, y el fervor se apodera del lugar con las miles de voces repitiendo cada una de las palabras, explotando en el coro de una de las canciones esenciales del catálogo del quinteto. Unas efusivas palabras de agradecimiento por parte de la frontwoman que, sin perder más tiempo, presenta “The Other Side”, cuyo preciso ritmo de batería y pesados riffs de guitarra, se vieron potenciados cortesía del genial juego de luces, que no sólo iluminaba el escenario, sino que también la parte trasera con un tubo de luz que se ubicaba detrás del telón, el que llevaba escrito el nombre de la banda y que se encendía al ritmo de los acordes que reproducía la cantante en su teclado.

La potencia de las guitarras se toma el escenario con “Weight Of The World” y “Made Of Stone”, y es cierto que Amy Lee es la reina de la función, pero no se puede dejar de elogiar el trabajo de los músicos que la acompañan, solidísimos sobre el escenario y con la presencia suficiente para no ser la simple sombra de la vocalista. Will Hunt golpea con destreza y precisión sus tarros, mientras que Troy McLawhorn y Terry Balsamo forman la gran muralla de concreto que edifican con cada uno de sus riffs, los cuales son dirigidos por el bajo de Tim McCord, cerrando el cuarteto a prueba de fallas, capaz de reproducir con fidelidad el sonido de estudio que, a fin de cuentas, es lo que necesita una banda con las características de Evanescence, concebida para triunfar entre las masas.

Era el turno de que la cantante se sentará frente a su piano para interpretar una de las tantas baladas de la banda. “Lithium” emocionó a la multitud que secundo cada una de las letras, agradeciendo a Lee exclamando a coro “¡Ídola, ídola!”, piropo que la vocalista no logró comprender, haciéndoselo saber a su fanaticada, y esperando que sus palabras significaran “Lost In Paradise”, corte de su última placa y que siguió en el set de la noche.

Los mejores pasajes del concierto se vivieron cuando toco interpretar “My Heart Is Broken” y “Whisper”, sobre todo en este último, donde Evanescence logra mostrar el monstruo musical que lleva adentro, estremeciendo con una interpretación apoteósica de uno de los temas más completos de su repertorio. Si a alguien le queda alguna duda sobre las capacidades de sus integrantes, o piensa que sólo son una banda de laboratorio, en “Whisper” tiene un testimonio más que contundente para que sus argumentos sean silenciados.

Las revoluciones bajan, no así la calidad del espectáculo, que sigue con todo con la interpretación de “The Change”, donde Amy Lee, quien se mantuvo impecable durante toda la noche, vivió sus momentos más complicados en el canto, desafinando y sin poder dar con todos los tonos de una de las canciones más exigentes del setlist. Aun así, y muy inteligentemente, pudo tornar las dificultades en complemento para su interpretación, jugando a la teatralidad e impregnado de sentimiento su actuación. Cabe agregar que este fue prácticamente el único “desliz” de Lee en toda la jornada, quien se mantuvo cantando de manera esplendida a lo largo del show y en muchas mejores condiciones que en su anterior visita al país el año 2007, recital que tuvo que enfrentar con un resfrío que perjudicó su performance.

El rock regresaba con “Never Go Back”, para adentrarnos a la oscuridad de “Your Star” y finalmente pasar al descanso de las emociones con “Swimming Home”, cuya base electrónica y guitarras acústicas servían de puente para la llegada de “Call Me When You’re Sober”, la canción que retrata el martirio que vivió la vocalista con su ex pareja (el guitarrista y vocalista de Seether, Shaun Morgan), y que se transformó en uno de los singles más añorados por la fanaticada, precisamente por su visceralidad que se transmite con todo desde el escenario.

Las dos últimas canciones antes del bis, fueron extraídas de “Fallen” (2003). La primera fue “Imaginary”, que sirvió de antesala para la inminente llegada de “Bring Me To Life”, momento en que el Movistar Arena se vino abajo y los versos de Paul McCoy, vocalista de12 Stonesque puso su voz en la versión en estudio de la canción, son reproducidos por la totalidad del recinto.

Para cerrar la noche llegaba “My Immortal”, donde Amy Lee sentada frente a su piano bajo la luz cenital, se transformó en la última postal de la segunda visita de Evanescence a Chile, sellando un show sobresaliente musical y escénicamente, donde las únicas criticas que se pueden hacer, son la mezquindad del repertorio y algo más de espontaneidad sobre escena, porque potencia y carisma sobran, pero faltó ese plus que nos hiciera sentir que este no era un show más dentro de la holgada agenda del grupo. Detalles que pasan a un segundo plano cuando los hits que todo el mundo quería escuchar estuvieron presentes, al igual que las piezas más sobresalientes del catálogo de los estadounidenses, por lo que sólo se pueden sacar cuentas alegres de un regreso que cumplió y encanto a cada uno de los devotos de Evanecense.

Setlist

  1. What You Want
  2. Going Under
  3. The Other Side
  4. Weight of the World
  5. Made of Stone
  6. Lithium
  7. Lost in Paradise
  8. My Heart Is Broken
  9. Whisper
  10. The Change
  11. Never Go Back
  12. Your Star
  13. Swimming Home
  14. Call Me When You’re Sober
  15. Imaginary
  16. Bring Me to Life
  17. My Immortal

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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Corrosion Of Conformity: Los astros alineados

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Corrosion Of Conformity

Fue hace cinco años, dentro del contexto de The Metal Fest, la última ocasión en que Corrosion Of Conformity se presentaba en Santiago. Para esa oportunidad las circunstancias eran diferentes: el conjunto se articulaba en formato de power trio, en el que anecdóticamente presentó un par de temas junto a uno de sus miembros más célebres; Pepper Keenan, incansable guitarrista de la escena metal de ritmo espeso y colaborador de otro importante proyecto afín, Down. Lo que en ese entonces sólo fue una pizca, ayer se presentó como un plato completo. Es por lo mismo que ver a la banda en su formación más sólida –en términos de trabajos de estudio– resultaba tan atractivo. Si bien, la gira se enmarca bajo la presentación de “No Cross No Crown” (2018), urgía la necesidad de sacarle provecho a la coyuntura, desempolvar lo mejor de su repertorio y entregar un show marcado por la consistencia arrolladora que ofrecen como cuarteto.

Como precalentamiento para la velada, el Club Blondie recibió a un número indiscutido de la escena stoner local. Yajaira subía al escenario de la mano del mítico “Comegato” Montenegro, entusiasmado por estar “nuevamente representando al rock pesado que se hace por estos lados”. Luego de un agradecimiento al público, la banda presentó durante un poco más de 45 minutos una potente carga de riffs y frecuencias bajas que hicieron vibrar cada rincón del subterráneo, despidiéndose con el respeto y cariño por tantos años de trabajo con un amplio aplauso.

Entre el ruido del murmullo, los anfitriones abrieron su show mediante un breve solo del bajista Mike Dean, el cual se anexó con gracia y apoyo del público al riff repetitivo de “Bottom Feeder (El Que Come Abajo)”, para esta ocasión a un ritmo ralentizado que acentuaba una atmósfera cargada al doom. Fue cosa que sonaran las primeras notas para que los fanáticos siguieran a coro la melodía instrumental. Ya introducidos en este imaginario denso y sicodélico, la muestra de lo más nuevo no se dejó esperar con “The Luddite”, que curiosamente fue lo único del repertorio reciente junto a “Wolf Named Crow”, quizás debido a una decisión a conciencia por aprovechar la ocasión y ponderar los clásicos por sobre lo nuevo. Y así fue con creces.

La dupleta “Broken Man” y “Señor Limpio” introdujo a lo que sería una seguidilla de clásicos de sus años dorados, repasando en reiteradas ocasiones el álbum “Deliverance” (1994). Luego de “Long Whip/Big America”, la banda recibió una ovación, y aprovechando el impulso, Pepper Keenan agradeció al público, confesando el agrado que significa realizar giras por Sudamérica. El júbilo se inmortalizó cuando Keenan no aguantó su ansiedad e hizo subir al escenario a un fotógrafo para registrar la emoción del momento.

Concentrados en retomar la marcha, el potente riff de “Seven Days” se encaminó nuevamente hacia un repertorio clásico. El ritmo espeso de la canción se conjugó con la enérgica abertura de “Paranoid Opioid”, retornando a las melodías hipnóticas en la porción final y ofreciendo un quiebre fresco. El altibajo de emociones concluyó de manera sublime con la exquisita aura sicodélica de “13 Angels”, en lo que fue uno de los pasajes más implacables de la jornada.

Demostrado ya el grueso calibre de Corrosion Of Conformity, no quedó más que rectificar su categoría con la pesada pieza “Vote With A Bullet” y la envolvente frecuencia de “Albatross”, todo con el cierre magistral de “Clean My Wounds” luego del encore, otra infaltable de la banda que se extendió en un colaborativo jamming, dándole un cierre redondo a una jornada ejecutada con precisión y consistencia.

Dos elementos estaban claros al evaluar la coyuntura de este show: podríamos escuchar parte del material de “No Cross No Crown”, como es lógico, junto con la nostalgia de revisitar composiciones de la formación que convocaba. Sorpresivamente, la banda se fue en contra de la obviedad, cargando la balanza casi en su totalidad hacia lo clásico, ofreciendo un show que no sólo dejó en claro el valor de su repertorio más conocido, sino también demostró la solidez que tiene la banda en vivo, entregando un catálogo que le concedió un cariño a los fanáticos. Una oportunidad diferente a la anterior, donde los astros que giran alrededor de esta banda volvieron a reunirse en un desplante arrollador que jugó a desempolvar clásicos.

Setlist

  1. Bottom Feeder (El Que Come Abajo)
  2. The Luddite
  3. Broken Man
  4. Señor Limpio
  5. Long Whip/Big America
  6. Wiseblood
  7. Who’s Got The Fire
  8. Seven Days
  9. Paranoid Opioid
  10. 13 Angels
  11. Vote With A Bullet
  12. Wolf Named Crow
  13. Albatross
  14. Clean My Wounds

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