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Europe: Transformando la nostalgia

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Tras su contundente paso por la Quinta Vergara, cerrando la tercera noche del Festival de Viña 2018 a altas horas de la madrugada, Europe pisó la tarima del Gran Arena Monticello en horario prime para reencontrarse cara a cara con sus acérrimos seguidores nacionales. Un público que osciló entre los fanáticos cautivados en los años ochenta, amantes del rock clásico de todas las edades y devotos del metal estilo Helloween o Rhapsody, que vinieron a buscar atmósferas cargadas de dramatismo y parajes épicos, aspecto que la banda ha sabido desarrollar con gracia desde su regreso en 2003. Es que hace rato que los pelos escarmenados, la laca y el spandex son cosa del pasado para Joey Tempest y los suyos, ya que giraron drásticamente la tuerca de su estilo y se acercaron más a actos como Rainbow, Deep Purple y Led Zeppelin, como se puede apreciar en trabajos más recientes como “War Of Kings” (2015) o “Walk The Earth” (2017), precisamente la excusa para tenerlos de vuelta en nuestro país en un concierto que, de no haber sido por los infames problemas de sonido que vivió, hubiese sido redondo.

Y es que, con la contundencia del disco que trajeron bajo el brazo, se esperaba que los suecos brindaran un concierto lleno de potencia, concepto que hace carne cuando las luces del recinto de Mostazal se apagaron para dar paso a la zeppelianaWalk The Earth”, cuya introducción en tono grandilocuente ya había establecido el clima para que asaltaran el escenario con una soltura impresionante. Los ojos de los presentes se posaron inmediatamente en Tempest, quién abarcó todo con su impronta, mientras el riff atronador de “The Siege” se dejó caer sin dar previo aviso, lo que incitó al headbanging urgente en los más cercanos a la música de guitarras.

En ese sentido, la banda salió jugando para convencer también al público que vino a escuchar su repertorio de hits, por lo que la decisión de arremeter con “Rock The Night” fue totalmente acertada para desatar la euforia del respetable en todos los sectores del arena, alzando las manos para corear a viva voz el pegajoso éxito de la banda y participar en todas las instancias que esta permitó. Con el público totalmente en el bolsillo, la banda despachó la dramática “Look At The Eden”, cuyo misticismo se vio realzado en lo instrumental, lo que da cuenta del buen momento que viven actualmente, viéndose cómodos en escenarios compactos que resaltan su poder como músicos.

La banda se mostró amigable con sus fanáticos, siendo obviamente Tempest quién ofició de maestro de ceremonias en total conocimiento del culto que hay en Chile hacia ellos y destacando que sus leales seguidores los hayan acompañado en la noche que llamó “el viaje a Monticello”. Las luces en tonos azules confabuladas con la intrigante carátula del disco “Walk The Earth”, en la que se ve a un personaje adentrándose en lo desconocido con un gran triángulo enmarcándolo todo, sirvió como telón de fondo para “GTO”, que envolvió con su aura a Deep Purple.

Justo en medio de esta interpretación se evidenciaron los primeros problemas de sonido, que fueron la tónica del show desde ese momento en adelante, el audio se fue completamente, lo que desató la furia de los presentes, quienes hicieron todas las señales posibles para alertar lo que estaba pasando. Los inconvenientes técnicos no impidieron que el teclado de Mic Michaeli irrumpiera con la sólida “Turn To Dust” para luego dar paso a la incombustible “Superstitious”, cuya descomunal versión encantó desde el primer momento, y donde John Norum se lució con las seis cuerdas. Todo un batatazo que, sumado a “Carrie”, construyó el punto más alto de la presentación, desatando el karaoke colectivo.

Y es aquí cuando la banda se distancia de ser un número meramente nostálgico, puesto que la constante actividad y creatividad que plasman en sus nuevas creaciones no hacen otra cosa que revitalizar el catálogo que los catapultó al estrellato y que, gracias a la poderosa base rítmica constituida por Michelli, Leven desde el bajo e Ian Haugland desde la batería –quién se adueñó del escenario con un espectacular solo–, lograron ejecutar musculosas versiones de “Scream Of Anger”  y “Sign Of Times”, cuyo sonido se amoldó perfectamente al presente de los suecos representado en el instrumental “Vasastan”, donde Norum resaltó como absoluto protagonista,  y en la oscura “War Of Kings”.

Tristemente, la espectacular “Hole In My Pocket” volvió a sufrir la extinción del audio, problema que la banda sorteó con profesionalismo y que empañó también el momento clave en el que Tempest se colgó la guitarra acústica en “Open Your Heart”, dejando con un amargo sabor de boca justamente al tramo final del concierto, en el que el clásico de 1984 se sumaba al tridente constituido por “Ready Or Not”, “Cherokee” y “The Final Countdown”, y donde finalmente la banda continuó la fiesta de la mejor manera. Afortunadamente las tres catedrales sónicas resultaron ilesas en versiones pesadas debido a la afinación más baja que ocupa la agrupación, dotándolas de elegancia incluso en los momentos de mayor júbilo en los que Tempest tomó el micrófono para hacer cantar al público.

Ciertamente, nadie podría acusar a Europe de dormir en los laureles de la nostalgia tras el cierre de su presentación a 28 años de debutar por primera vez en el país en su paso por la Quinta Vergara en 1990. Eran otros tiempos y ellos también eran una banda distinta, y hoy en día exhiben la honestidad como su credencial más loable. Cuando las luces se prenden y abandonan agradecidos el escenario, queda la sensación de un grupo que lo dejó todo en los momentos buenos y malos, sorteando las dificultades con total profesionalismo en medio de fallas que empañaron una jornada que en lo general se desarrolló con un nivel de espectacularidad superlativo. Armados con una actitud refrescante y echando por tierra el odioso rótulo de banda nostálgica, Europe camina por la tierra como un campeón abriendo el corazón de cada uno de sus fanáticos.

Setlist

  1. Walk The Earth
  2. The Siege
  3. Rock The Night
  4. Look At The Eden
  5. GTO
  6. Turn To Dust
  7. Superstitious
  8. Carrie
  9. Solo de batería
  10. Scream Of Anger
  11. Sign Of The Times
  12. Vasastan
  13. War Of Kings
  14. Hole In My Poket
  15. Open Your Heart
  16. Ready Or Not
  17. Cherokee
  18. The Final Countdown

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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