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Esperanza Spalding: La voz de Emily y la de los otros

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Little Fly” llega en forma de voz y silencio, a capella, en medio de un teatro en silencio, de ojos flotantes, de atenciones secuestradas y de agradecimientos anticipables. Es el broche de oro de un lujo predieciochero que entregó un trozo de belleza en 72 minutos implacables en el Teatro Cariola. Esperanza Spalding había hecho de su segunda vez en nuestro país algo aún más impactante que su debut, de la mano de un alter-ego que en este instante, a las 22:18 del 16 de septiembre, se retraía en pos de darle un trozo de humanidad despojada de interpretaciones a un público que estuvo cautivo en todo momento.

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Esperanza Emily Spalding es una de las artistas más particulares del jazz contemporáneo, dada su capacidad de dotarse de múltiples capas interpretativas, desde la generación de un sonido cercano al pop, hasta el funk que acompaña la experimentación que lleva a cabo en “Emily’s D+Evolution”, el disco que sacó el año pasado y que la acercó más a Prince o Janelle Monae, pero que en lo que se pudo ver en el escenario incluso la pone en las lides escénicas de los musicales de Broadway. Todo lo anterior apoyado en un sólido diálogo constante con su banda y en especial con sus coristas. Las letras, que muchas veces se quedan en la nebulosa de la generalidad, se convierten en parlamentos convincentes con tal tratamiento.

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Desde el inicio queda claro que estamos en medio de un show muy bien pensado, con momentos al servicio de la narrativa, con Emily tomándose el escenario en vez de Esperanza, y así derivando en una obra musical que tiene un Prólogo, una Revolución, una Devolución y una Evolución. La narrativa cruza las rendiciones tan explosivas como pulcras de tracks como “Good Lava” o “Rest In Peace”, mientras líneas como “mira a esta chica linda fluir” o “vive tu vida” retumban en la cabeza con estos ideales tan grandes como cercanos en ese escenario.

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Emily canta a través de Esperanza. Habla de un mundo mejor, pero también se desorienta. Dice que no necesita nada más, pero ahí nos tiene, escuchándola. Canta de “Judas”, pero pareciera que no estuviera implicada en traiciones. Emily es una presencia, mientras que Esperanza toca el bajo de forma impresionante con la facilidad de lo innato, y el canto sale claro y directo, y la gente aplaude a rabiar cada cierre porque valora la calidad de lo presentado, pero también lo demandante que es. No es música para tener de fondo. No es música de centro comercial o de tienda bazar, es música para leer, para comprender y para aprehender, para incluso conversar después de ver el show completo. Es un deleite, pero también una responsabilidad. Spalding es implacable no sólo porque ofrece tracks al borde de la perfección, sino porque en medio de estos otorga deslices y pliegues a través de los cuales se ve sencillez y la posibilidad para que cada cual dote a esa música de significado. La voz de Emily es la compañía para la voz de los otros, que a veces logra ser la voz de nosotros.

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La música “negra” ha hecho muy bien el trabajo de ser un espacio de expresión, no sólo para sus artistas, sino que también para sus escuchas, y Esperanza Spalding le suma a esto la presencia de un alter-ego eficaz para incluso ella tener un poco de perspectiva. En el Cariola vimos esto y mucho más. Ella daba un paso al costado para concentrarse en el bajo y las coristas se tomaban el centro del escenario para simplemente evitar que Emily rondara el monólogo. El relato coral también se dio en lo expresivo cuando las coristas bajaron a recorrer los pasillos en pos de que la gente se levantara a bailar, algo que pasó en un chasquido de dedos.

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Cuando un disco es tan sólido como para no necesitar el paso del tiempo para ser presentado como un todo, el hacerse cargo de esto y presentar un show como el de Esperanza Spalding en Santiago en esta, su segunda vez en Chile, es sin duda un acto de calidad suprema que se coronó con el encore a capella de “Little Fly”. Sin excesos, pero sí con todos los recursos posibles a disposición, la norteamericana transportó a su público a un acto de crecimiento de un alter-ego que, tras 72 minutos, se convertiría en acompañante de cada uno de nosotros. Una voz que acerca a los otros y los hace formar parte de algo. Una voz al servicio de la unión en torno a música y letras, algo tan sencillo y tan bello. Un lujo.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Intro
  2. Good Lava
  3. Ebony And Ivy
  4. Judas
  5. Rest In Pleasure
  6. Noble Nobles
  7. Elevate Or Operate
  8. Funk The Fear
  9. Farewell Dolly
  10. The One
  11. Earth To Heaven
  12. Unconditional Love
  13. Little Fly

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VUUR y Delain: Reinventando la misma rueda

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VUUR

Es extraño que se hable siempre majaderamente de cómo el rock pierde terreno ante otros estilos, principalmente por dos motivos. El primero es que en los números no hay grandes pérdidas y público sigue existiendo. El segundo es que, en lo creativo, no hay grandes estancamientos en la visión más general, algo marcado por la existencia de cada vez más (y mejores) mujeres dentro de las posibilidades creativas, algo que hemos dicho muchas veces, por ejemplo, cuando Courtney Barnett vino el 1 de marzo pasado, sin ir más lejos. Por eso la velada del 19 de mayo en el Teatro Cariola no sólo tenía mucho de interesante por la calidad, sino también por las visiones sobre el rock que se ponían en escena, con Delain volviendo luego de apenas siete meses y VUUR luego de quince.

Pese a la prontitud de estos retornos, la gente llegó desde temprano, en una jornada que sería abierta por el crédito nacional Caterina Nix, quien con su banda entregó su ya acostumbrada solvencia y buena voz, junto a canciones bien tocadas que, sin embargo, dentro del contexto de la noche, quizás sería lo más clásico que veríamos en escena, no por ello siendo menos excelente.

El dueto de Caterina con Karin de Slaverty como invitada fue una muestra maestra de cómo se opera en el rock sinfónico. Igualmente fue una buena chance de ver cómo se vienen las novedades con la artista, que hace poco lanzó “Furyborn”, primer sencillo con su banda Chaos Magic, cuyos músicos la acompañaron en escena en media hora precisa para entregar calidad de entrada a los centenares que llegaron temprano.

Delain

Veinticinco minutos después de finalizado lo de Caterina Nix, vino el turno de Delain, que, a menos de dos años desde su debut en Chile, retornaba con material nuevo, el EP “Hunter’s Moon” lanzado hace tres meses. Pero el show que mostraron en el Cariola distaba de enfocarse en novedades y fue más cercano a ese show del Club Subterráneo en 2017, recorriendo la historia de la banda, algo inteligente considerando que a esas alturas, además del público de la banda holandesa, también iba llegando la fanaticada de Anneke Van Giersbergen que más adelante tocaría con VUUR.

Delain es una banda inteligente, de esas que entiende cómo se debe evolucionar, y es excelente la vuelta de tuerca que logra porque hace que un sonido, que pareciera estar estacionado en convencionalismos, logre llegar a un estado mucho más ligado a sonidos populares. Esto puede ser complejo para públicos más tradicionales, pero en una noche como esta calza perfecto, dados los cánones desafiados en la jornada.

Desde el comienzo con “Go Away” y la muy bien recibida por la gente, “Suckerpunch”, que se notó que el nivel de sonido del micrófono estaba muy bajo, algo extraño dada la profundidad de la voz de Charlotte Wessels. Mucho más adelante, ella se disculparía porque no podía dar el cien por ciento al estar muy resfriada, algo que tampoco se notó mucho porque la vocalista saltó y se movió como si estuviera mejor que nunca, y números exigentes con su voz, como “Get The Devil Out Of Me”, funcionaban bien, mientras el resto de la banda se lucía también.

Es interesante cómo es que Delain se mueve en materia estilística, con un look cercano al metal sinfónico, pero que en sus composiciones llevan más hacia el pop, e incluso con citas al famoso millennial woop y líneas más parecidas a lo que haría un Paramore que un Within Temptation o un Nightwish. He ahí también la mirada más interesante que provocan, porque no se trata de un rock sólo muy bien hecho, sino también de una evolución que puede llegar a más oídos, sin duda alguna. Por ejemplo, “Hunter’s Moon”, lo más nuevo de la banda, muestra el camino que pueden seguir, más ligado a la faceta pop que al rock, lo cual es interesante porque hoy no existe verdadero metal pop.

Entre jams de Timo Somers y Joey de Boer, e interludios programados, la banda iba marcando distintos momentos en el show, aunque sin propósitos narrativos o expresivos claros, lo que hacía lucir al concierto como algo más extenso de lo que fue. Ello no afectó mayormente el desarrollo de un espectáculo cuya mayor dificultad seguiría siendo el micrófono no en el nivel óptimo para destacar la voz de Charlotte, quedando sumergida en los instrumentos en canciones como “Mother Machine” o “We Are The Others”, y sería también algo que afectaría a la propia Anneke, por lo que no se ve como tema sólo de Delain, quienes, eficazmente en 70 minutos, configuraron un show a su medida, con un cierre de antología y muy adecuado con la canción “The Gathering”, buscando comunión y entregando otro camino para reinventar esta rueda que sigue girando como es la del rock.

VUUR

Una figura que sabe bien toda la extensión de ese concepto es Anneke Van Giersbergen, artista que se ha movido por todo el espectro, desde lo más sinfónico y suave a lo más crudo. Precisamente en esta última parte del abanico de posibilidades es con lo que volvía, en este caso a dar un show más extenso que su debut con VUUR en Chile en el Teatro Caupolicán abriendo para Epica, y en este caso cerrando la jornada. Aunque Anneke es conocida por lo melódico y lo sinfónico al servicio de sus canciones, ella sentía que tenía que mostrar su lado más heavy metal, y con VUUR lo hace de gran forma. Si Caterina Nix trabaja desde la excelencia y Delain desde la vuelta más pop, Anneke con VUUR busca el retorno a lo básico, y eso se agradece porque muestra que, aunque los riffs sean más duros, la voz de Anneke evoca la misma sensación épica y calidez adecuadas a las canciones, obviamente.

Tres minutos antes de las 22:00 hrs., tiempo convenido para el inicio del show, la banda salió al escenario y de inmediato con “Time – Rotterdam” quedó claro que, lejos de las aventuras melódicas en las que se había metido Anneke, lo de VUUR es orgánico y directo. Lograr canciones interesantes es el reto inicial, pero superado eso, lo que brilla es el complemento de su voz con instrumentos más rockeros que nunca en la carrera de una artista que hace lo que quiere y le sale bien.

A veces da la impresión de que las canciones que conforman el disco debut de VUUR, “In This Moment We Are Free – Cities” (2017), están sobre desarrolladas; de hecho, durando un poco más de lo que deberían, quitándole fuerza al material. Pero esa fuerza logra estar equilibrada en vivo, haciendo que canciones un poco lánguidas en estudio, como “Days Go By – London” o “The Martyr And The Saint – Beirut” logren tomar real vuelo. Parte del atractivo, claramente, radica en el lenguaje corporal de Anneke y los músicos, todos quienes están disfrutando mucho lo que hacen, y eso que parece un premio de consuelo para muchos, en realidad también se traspasa a la manera de interpretar las composiciones.

Igualmente, queda muy claro que a VUUR le queda camino cuando –fuera de excepciones como “Freedom – Rio” o la muy especial “Sail Away – Santiago”, que sólo apareció en el setlist del show en Chile en esta pasada por Sudamérica– los momentos más intensos fueron con canciones de The Gathering, como “On Most Surfaces (Inuït)” o la versión gigantesca de “The Storm” del proyecto The Gentle Storm. La gente hace sentir eso, aunque en verdad el show tiene un gran equilibrio y muestra cómo Anneke cree en lo que está haciendo, y eso le da un peso y una gravedad específicas al proyecto.

El cierre con “Strange Machines” de The Gathering, luego de bromear con que sólo quedaba una canción porque “tenemos que ir a ver la repetición del capítulo de “Game Of Thrones”, dejó en claro de que Anneke no olvida los puntos de partida, pero que no por ello va a mirar sólo hacia atrás. Es en la nueva vida que toman canciones antiguas donde se nota el valor real de VUUR, un proyecto que propone desde lo básico una manera más fresca de vivir cierto tipo de composiciones más rockeras, proponiendo un cierre preciso para una noche de intérpretes femeninas que muestran el camino, sin copiarse ni siquiera a ellas mismas.

Tras hora y cuarto de VUUR, los aplausos llenaban el Teatro Cariola y, así como llega, se va nuevamente la sonrisa de una Anneke que sabe bien lo que hace, y que logra convencer a todo el mundo de eso, con un goce único en el proceso.

Setlist Delain

  1. Go Away
  2. Suckerpunch
  3. The Glory And The Scum
  4. Get The Devil Out Of Me
  5. Hands Of Gold
  6. Sing To Me
  7. Timo & Joey Jam
  8. Pristine
  9. Mother Machine
  10. Don’t Let Go
  11. We Are The Others
  12. Hunter’s Moon
  13. The Gathering

Setlist VUUR

  1. Time – Rotterdam
  2. On Most Surfaces (Inuït) (original de The Gathering)
  3. My Champion – Berlin
  4. The Storm (original de The Gentle Storm)
  5. Days Go By – London
  6. The Martyr And The Saint – Beirut
  7. Freedom – Rio
  8. Fallout (original de Devin Townsend Project)
  9. Your Glorious Light Will Shine – Helsinki
  10. Reunite! – Paris
  11. Sail Away – Santiago
  12. Strange Machines (original de The Gathering)

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