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Epica: Más que una cara bonita

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Existe una percepción generalizada de que los líderes de las bandas deben ser los vocalistas, en especial en las presentaciones en vivo, no obstante, nos encontramos con varios ejemplos de agrupaciones que rotan entre sus miembros, u otras donde el protagonismo rota en pos del espectáculo. En el caso de los holandeses Epica, que están celebrando sus diez años de vida en gira por el mundo con su disco “Requiem For The Indifferent”, es muy diferente. Pese a que Simone Simons sea una deidad en lo físico y algo sublime en su interpretación vocal, es su propia puesta en escena la que desbarata todo el plano, restándole puntos a una banda cuyo sonido y evolución compositiva ha sido de lo más interesante en ese género que algunos tildan de “metal sinfónico”.

El sexteto se había presentado en el Teatro Novedades en 2008 y muchos notaron a Simons muy distante y desconectada con el resto de la banda. La historia no cambiaría demasiado en este 26 de septiembre en un Teatro Caupolicán a medio llenar y, de todas formas, enfervorizado con los europeos.

La jornada había partido antes con el grupo nacional Six Magics, que tuvo una buena recepción de las mil personas que estaban puntuales a las 20 horas frente al escenario, donde los chilenos se lucieron con un gran sonido y un set sólido de media hora de duración. Llamativo fue el cover de “Rolling In The Deep” de Adele, bien logrado, pese a que el bajo se notó poco o nada. Aprovecharon de tocar temas de su nuevo disco “Falling Angels” y de difundir su próximo concierto de lanzamiento. Tras la partida de los nacionales, en puntual media hora —característica no menor— los técnicos le dejaron listo el escenario a Epica, con tres lienzos sencillos como fondo y una iluminación a todo lujo.

A las nueve de la noche en punto comenzó a sonar “Karma”, introducción de cada concierto de la banda, seguida por la potente “Monopoly On Truth” y la desarrollada “Sensorium”. Ya con sólo entrar, tuvieron en el bolsillo a las más de 2.500 personas que llegaron al Caupolicán. Desde el comienzo se nota ese choque entre dos mundos, la fortaleza del metal con instrumentistas de gran calidad, y los samplers y la voz de Simons que daban un toque de delicadeza aguda, cuya mezcla funcionaba, pese a no cuajar del todo.

“Unleashed” y “Cry For The Moon” son las canciones más sencillas que tiene Epica. Por eso no sorprende que hayan sido los temas más coreados, disfrutados y aplaudidos. Ambas son canciones con estructuras básicas y que fueron singles por lo mismo. Y su efectividad quedó probada. Pero eran los temas más extensos de la banda los que denotaban en mayor medida su virtuosismo. “Martyr Of The Free Word” o “Serenade Of Self-Destruction” fueron grandes momentos donde se destacaban las canciones y su desarrollo, que hace que cada track sea muchos temas en uno, con una construcción dramática que funciona muy bien en estudio, pero que la falta de carisma de Simons desaprovechaba a ratos.

No por casualidad los mejores momentos del concierto eran los que tenían a los otros cinco miembros solos en el escenario, dándolo todo, con buenos quiebres de compás y una aún mejor actitud, en especial en la tremenda versión de “The Obsessive Devotion”, donde estuvieron casi 5 minutos solos.

Mark Jansen y Isaac Delahaye al hacer solos con la guitarra, muchas veces parecía que se comieran el escenario, que se les hiciera chico de las puras ganas. Y lo mismo pasaba con los jamming de batería de Ariën Van Weesenbeek o el teclado de Coen Janssen, todos además disfrutando a concho lo que hacen —incluyendo el reciente miembro, el bajista Rob Van Der Loo—. Entonces, ¿por qué Simone Simons no estaba a la altura? Debe ser porque le cuesta conectar con la gente desde el escenario, concentrándose más en lo que mejor sabe hacer, que es cantar con ese tremendo registro mezzosoprano y una afinación que se la quisiera cualquiera. Entonces, su calidad en los discos es innegable, pero en vivo eso se nota de forma mayúscula. De todas formas, el concierto tuvo un sonido impecable, con grandes versiones de los clásicos de la banda, con mucha conexión entre Jansen y Delahaye con el público.

Una anécdota: un fan le escribió a Jansen, él dijo que subiera y Roberto —el fanático— le pidió matrimonio a Cintia, quien aceptó. La gracia: ambos se habían conocido en ese concierto de Epica en el Teatro Novedades en 2008. A ese nivel de complicidad con la gente.

El cierre de la primera parte con “The Phantom Agony” fue tremendo, invitando a todos a la pista de baile (no es broma), y el regreso para el bis con una versión semiacústica de “Delirium”, una intensa “Black Infinity” y una épica “Consign To Oblivion” que cerró la fiesta.

Epica tiene un gran trabajo, mucha creatividad, inteligencia y talento, pero en vivo ese talento y esa pulcritud extrema hacen que pareciera que falta un poco de sentimiento de parte de Simone Simons. Sin embargo, el resultado es absolutamente satisfactorio y el público asistente fue el más feliz con una banda que demostró ser muchísimo más que una cara bonita. Como para acallar los prejuicios con pura música.

Setlist

  1. Karma
  2. Monopoly On Truth
  3. Sensorium
  4. Unleashed
  5. Martyr Of The Free Word
  6. Serenade Of Self-destination
  7. Cry For The Moon
  8. Storm The Sorrow
  9. The Obsessive Devotion
  10. Sancta Terra
  11. Quietus
  12. The Phantom Agony
  13. Delirium
  14. Blank Infinity
  15. Consign To Oblivion

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Praxila Larenas

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4 Comentarios

4 Comentarios

  1. Pablo

    27-Sep-2012 en 9:26 am

    Pedazo de concierto!!!!!

  2. Cristobal

    27-Sep-2012 en 5:30 pm

    Nada mejor que verlos de nuevo en vivo

  3. Jordan Sandoval

    27-Sep-2012 en 7:55 pm

    Gran Concierto y Gracias a “Humo Negro” tuve la oportunidad de conocer al grupo ! GRACIAS !!

  4. best celebrity prom dresses

    04-Oct-2012 en 7:02 pm

    I heard somebody talking about this on the radio yesterday, but I can��t remember what station it was.

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Rod Stewart: Directo al ángulo

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Rod Stewart

Muchas veces se critica a los artistas que, teniendo una trayectoria grandiosa y extensa, no viven un presente que les permita preservar adecuadamente su legado. Salvo casos paradigmáticos como el de Chuck Berry en sus últimos años, en general esa crítica tiene que ver con una cosa muy chilena: ver en los artistas que alcanzan (o están cerca de) la tercera edad a seres inútiles cuyo tiempo ya pasó. Hay una situación estructural que sustenta la limitada visión de Chile hacia los mayores de 60 años, desde lo organizacional hasta el trato diario, entonces de antemano hay prejuicios ante una persona en cualquier ámbito. Más aún cuando se para en un escenario.

Por eso hace bien ver cuando alguien “viejo” –según el pasaporte– denota más frescura que muchos actos que se ven copiándose mutuamente en festivales y proscenios varios. Rod Stewart no es un niño, pero intenta (y muchas veces logra) moverse como tal. No es un dotado vocalmente, pero cuando necesita dejar en claro que tiene garganta y cuerdas, lo hace. Rod no es un gran creador, pero sí es un tremendo intérprete, y eso queda en claro cuando se revisa cómo estuvo su retorno a Chile, en una fresca noche de 18 de febrero en un Movistar Arena a un 90 por ciento de su capacidad, que pudo ver la puntualidad excesiva de este londinense, quien partió su show poco antes de la hora convenida.

A las 20:56 ingresó la banda, compuesta por una docena de intérpretes, a tocar “Soul Finger”, original de The Bar-Kays, para luego dar paso a Rod, la algarabía de la gente (en especial al frente) y una versión de ajuste vocal para Stewart de “Infatuation”. Luego de sortear ese escollo con éxito, la mesa estaba servida para la fiesta, y así prosiguió con clásicos de su repertorio como “Having a Party” y “Tonight’s The Night”, además de covers a hits como “Have You Ever See The Rain?” de Creedence Clearwater Revival. Las pantallas, los movimientos y cambios entre los músicos y las coristas, los propios movimientos de Stewart, todo era hecho para dar cuenta de un sentido de espectáculo, sin perder una sensación de urgencia juvenil que rara vez se ve en un concierto de temas que, en su gran mayoría, tienen más de un cuarto de siglo de vida. Los cambios de tempo son muy ligeros y los arreglos son prístinos, lo que se escapa del esquema de la nostalgia como mina de oro cuando las canciones se vuelven lentas y cansinas, perdiendo una chispa que Rod sí puede seguir prendiendo a su antojo.

Los movimientos de Rod siguen siendo los del muchacho que tocara con Jeff Beck o que formara Faces, entreteniéndose y, a la vez, generando reacciones de un público que, desde un respeto por el espectáculo, mostró fervor en varios pasajes del show. Stewart entiende que no por haber vendido centenares de millones de discos va a tener la tarea hecha con sólo pararse en el piso pintado como tablero de ajedrez en el proscenio, sino que debe hacer algo relevante para seguir ahí, con la adrenalina y la satisfacción de sentirse vivo en vivo. Por eso maneja a la gente, la hace cantar, aplaudir, sentarse, pararse, y también le entrega un show con momentos diferentes, como cuando tras un doblete lleno de sentimiento con una versión renovada entre el country y el alt rock de “Forever Young” y la belleza del cover de Tom Waits de “Downtown Train”, pidió atención, sentó a casi toda su banda, e incluso a su dinámico e inquieto cuerpo, en taburetes plásticos para una sesión acústica.

Lo futbolero no se le irá jamás a Rod, quien en “You’re In My Heart (The Final Acclaim)” no sólo mostró goles del Celtic a su archirrival Glasgow Rangers, sino que también instó a corear como en el estadio, mientras un sector de fans ataviados de camisetas albiverdes respondían entusiastas al llamado. Tampoco más adelante, cuando en “Hot Legs” patearía más de una decena de pelotas autografiadas al público. Además, incluyó temas tan clásicos como “The First Cut Is The Deepest” de Cat Stevens, o “Have I Told You Later” de Van Morrison, un “bastardo” según Rod, quien sonreía al presentar la canción.

La confianza que Stewart tiene en su banda es tal, que, más allá de trucos que usan algunos para cambiarse de ropa como hacer veinte solos y cuarenta juegos con el público, con toda tranquilidad fue tras bambalinas, sus coristas tomaron la voz e hicieron una vibrante versión de “Proud Mary”, que luego –como todo buen blanco criado con música negra en los 60– tendría un necesario homenaje a Muddy Waters con “Rollin’ And Tumblin’”. Con esta inyección de fuerza llegó la sección final del show, con “Hot Legs”, la omnipresente “Da Ya Think I’m Sexy?” sonando a estos tiempos, y “Baby Jane” cerrando la parte central del show.

Dos minutos después, Stewart volvía a comandar el karaoke masivo con “Sailing”, y con el coro convertido en una especie de mantra se cerró el telón tras 103 minutos de espectáculo pensado, ensayado y ejecutado con respeto al público y los artistas. El mayor gol de un show así es el entendimiento cabal de las limitaciones de Rod Stewart, y de esa forma poder aprovechar sus puntos fuertes, dejando en claro que se puede confiar en su capacidad en el escenario, esa área donde el olfato de un artista no se extingue.

Setlist

  1. Soul Finger (original de The Bar-Kays)
  2. Infatuation
  3. Having A Party (original de Sam Cooke)
  4. Have You Ever See The Rain? (original de Creedence Clearwater Revival)
  5. Rhythm Of My Heart (original de Marc Jordan y John Capek)
  6. Some Guys Have All The Luck (original de Jeff Fortgang)
  7. Tonight’s The Night (It’s Gonna Be Alright)
  8. Forever Young
  9. Downtown Train (original de Tom Waits)
  10. You’re In My Heart (The Final Acclaim)
  11. People Get Ready (original de The Impressions)
  12. The First Cut Is The Deepest (original de Cat Stevens)
  13. I Don’t Wanna Talk About It (original de Crazy Horse)
  14. Have I Told You Later (original de Van Morrison)
  15. Proud Mary (original de Creedence Clearwater Revival)
  16. Rollin’ And Tumblin’ (original de Hambone Willie Newbern)
  17. Hot Legs
  18. Da Ya Think I’m Sexy?
  19. Baby Jane
  20. Sailing (original de Sutherland Brothers)

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