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Enrique Bunbury: Licenciado de Ídolo

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A casi tres años desde su última visita, el cantante y compositor aragonés regresa a nuestro país para presentar en extenso su séptima placa de estudio, “Licenciado Cantinas” (2011), un disco de versiones del catálogo hispano-latinoamericana, que según palabras del propio Bunbury, corresponden a canciones que aprendió en sus aventuras de cantinas, lugares en los cuales también se castigó mucho. El Teatro Oriente fue el lugar escogido para albergar la presentación del español, un ambiente mucho más íntimo que en su anterior show en el Teatro Caupolicán (gira de promoción del álbum “Hellville De Luxe”), y que asegura una asistencia bastante identificada con el artista, prueba de aquello, es que las entradas para la ubicación VIP se agotaron hace más de un mes.

A medida que se acerca la hora del concierto, los fanáticos comienzan a repletar el recinto. Un público mixto, sin ningún rango de edad claramente definido y que a simple vista pareciese no tener mucho en común. Siendo pasadas las 21:00 hrs. se apaga la luz del teatro y salen a escena los cinco músicos que conforman la nueva banda que acompaña a Bunbury: “Los Santos Inocentes”, y de inmediato los sonidos del acordeón, el contrabajo, la guitarra y la mandolina se apoderan del lugar, para dar paso a la interpretación de “El Mar, El Cielo Y Tú”. El público enloquece cuando hace su ingreso el español, vestido en un impecable traje rojo, con detalles en amarillo, además de brillos en la solapa y una gran calavera en la espalda. Para continuar con una apertura cargada a su último álbum, interpreta los temas “Llévame” y “El Solitario (Diario De Un Borracho)”, los cuales son coreados íntegramente por los fanáticos. A modo de introducción a “De Mayor”, el carismático vocalista dedica sus primeras palabras al público, indicando que para él es un verdadero placer estar de vuelta, lo que tiene como respuesta una lluvia de aplausos de parte de la audiencia.

Por primera vez en la noche, Bunbury se cuelga la guitarra para tocar “La Señorita Hermafrodita”, la cual es recibida por los gritos de los asistentes, que parecen disfrutar cada minuto del concierto. El acordeón de Jorge Rebenaque asume el protagonismo en “El Extranjero”, y el público acompaña la melodía con las palmas. Llega el turno de otra de las versiones de su nuevo disco: “Ódiame”, la cual es coreada al unísono por todos los fanáticos, y en donde recibe de regalo una bandera chilena, la cual ubica estratégicamente en la base de la batería. “Una Canción Triste” es presentado como un tema que no es tocado regularmente en vivo, causando la aprobación generalizada de todo el teatro. Para la interpretación de “No Me Llames Cariño”, Bunbury se pone un sombrero vaquero de color rojo con una calavera en frente, y se mueve en el escenario, simulando movimientos propios del boxeo. Sonidos más rápidos y en ritmo de ranchera con “Ánimas, Que No Amanezca” se apoderan del recinto, y las palmas del público acompañan cada uno de los acordes. La pulcritud del show continúa con “Los Habitantes” y “Sácame De Aquí”, en donde además empiezan a aparecen ciertos movimientos de Bunbury que hacen recordar a uno de sus grandes amigos: Raphael.

Bunbury, constantemente hace partícipe al público, instándolos a cantar, y los fanáticos asumen el desafío, como en “Que Tengas Suertecita”, donde se hacen cargo íntegramente de los coros de la canción. La pegajosa melodía de “El Día De Mi Suerte” aumenta la intensidad y la energía, lo que contrasta con el tema “De Todo El Mundo”, que de la mano de sonidos más delicados baja rápidamente las revoluciones. La entrega del público alcanza uno de sus puntos más altos durante la interpretación de “Sí”, en donde los fanáticos no paran de cantar cada una de las líneas. Bunbury indica que tocarán la última canción de la noche, pero primero se da el trabajo de presentar a cada uno de los músicos que componen su banda. Comienzan con el clásico “El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás”, y es justamente durante esta canción que se produce quizás el único punto negro de la jornada, ya que, a la mitad del tema, tuvo que ser detenido debido a una trifulca que se produjo en la zona Vip lateral, por razones que aún se desconocen. Apelando a toda su experiencia, Bunbury esperó a que los guardias sacaran del recinto a las personas que se vieron involucradas en la pelea y retomó el desarrollo del tema. Los músicos abandonan el escenario y se retiran hacía backstage.

El público no se conforma con la presentación hasta ahí, y durante varios minutos piden que Bunbury y su banda vuelvan al escenario. Acatando el clamor popular, los músicos vuelven a escena para interpretar “Porque Las Cosas Cambian” y “San Cosme y San Damián”, en donde además el vocalista dedica unas sentidas palabras a sus fanáticos: “siento mucho no haber estado más veces en Santiago estos últimos años. Esto ha sido en contra de mi voluntad”. El show continúa con “Infinito” y, a esta altura, el público ya se encuentra totalmente entregado a la música del artista español. Bunbury vuelve a abandonar el  escenario y sus músicos lo siguen. Una audiencia incombustible sigue exigiendo el retorno de los artistas, quienes vuelven para ofrecer las últimas tres joyas que coronarían una velada transcendental. “Bujías Para El Dolor” es la encargada de abrir el tramo final del show, para seguir con “Las Consecuencias”, una canción mucho más sensible, y así lo reconoce el público manteniéndose en un respetuoso silencio. Suenan los primeros acordes de teclado que marcan el inicio de “…Y Al Final” y el teatro enloquece, entregándose por completo a la presentación, y generando un cierre a la altura de las circunstancias. Bunbury agradece el apoyo del público y se retira del escenario entre aplausos; sus músicos siguen tocando y no se mueve un alma del recinto hasta que suena la última nota.

Un show sólido de principio a fin, en donde Enrique Bunbury entregó seis piezas de su último larga duración, además de recorrer los grandes éxitos de los discos más relevantes de su carrera en solitario: “Pequeño” (1999), “Flamingos” (2002), “El Viaje A Ninguna Parte” (2004), “Hellville De Luxe” (2008) y “Las Consecuencias” (2010). El carisma del español es indiscutible, con una facilidad para convertirse en el foco de atención que hasta los mejores frontman envidiarían, y si a eso le sumamos que su voz, lejos de desgastarse con el paso del tiempo, parece estar mejorando, tenemos como resultado una presentación que raya en la perfección y que debe haber dejado satisfechos a todos los fanáticos que llegaron hasta el Teatro Oriente.

Mención aparte merecen Los Santos Inocentes que brillaron con luces propias en cada una de las canciones, haciendo que “El Huracán Ambulante” (la anterior banda que acompañase a Bunbury en sus giras) quedara como una principiante. Las características del recinto conspiraron para que el sonido fuese nítido y con una potencia en su justa medida, consolidando todos estos factores en una presentación memorable, que permite soñar con la posibilidad de tener a Bunbury visitando más seguido nuestras tierras.

Setlist

  1. El Mar, El Cielo Y Tú (Instrumental)
  2. Llévame
  3. El Solitario (Diario De Un Borracho)
  4. De Mayor
  5. La Señorita Hermafrodita
  6. El Extranjero
  7. Ódiame
  8. Una Canción Triste
  9. No Me Llames Cariño
  10. Ánimas, Que No Amanezca
  11. Los Habitantes
  12. Sácame De Aquí
  13. Que Tengas Suertecita
  14. El Día De Mi Suerte
  15. De Todo El Mundo
  16. El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás
  17. Porque Las Cosas Cambian
  18. San Cosme y San Damián
  19. Infinito
  20. Bujías Para El Dolor
  21. Las Consecuencias
  22. …Y Al Final

Por Gustavo Inzunza

Fotos por Sebastián Rojas

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2 Comentarios

2 Comments

  1. elviajero

    23-Jun-2012 en 9:25 pm

    que falta de respeto con “el huracan ambulante”…. excelente concierto!!!!

  2. ALDAHIR

    26-Dic-2013 en 6:17 am

    SE EXTRAÑA AL HURACAN….

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Septicflesh + Fleshgod Apocalypse: Colosales

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Septicflesh

En todas las ocasiones en que la sangre ha reemplazado a la tinta y ha teñido las páginas de HumoNegro con el propósito de hablar acerca del death metal, ha sido un deber el reconocimiento de la trascendencia del género en la historia de la música extrema y de cómo su proliferación ha sido capaz de revitalizar de forma constante a gran parte del espectro. Tal vorágine se ha gestado durante más de tres décadas, período donde ha experimentado la manera en que, desde sus entrañas, la esencia indómita y vehemente que caracteriza al estilo ha mutado a través del tiempo, incorporando elementos y sobre todo nuevas perspectivas creativas, asesinas del letargo. En ese sentido, Septicflesh y Fleshgod Apocalypse, protagonistas de la velada en Club Blondie y debutantes en Chile, ostentan un prestigio que los ubica en la vanguardia del contexto, gracias propuestas cuyo hilo conductor no sólo se basa en perpetuar la escuela del “metal muerte”, sino también en la complejidad de la música clásica y sus arreglos.

En este lado del mundo ambas agrupaciones gozan de bastante de popularidad, y así quedó demostrado ayer con el contingente que desde temprano llenó las dependencias del recinto de calle Alameda, incluso al momento de Homicide, el acto soporte nacional, quienes en esta oportunidad, acorde al tenor de la jornada, exhibieron con mucho ímpetu y rigor parte de su último trabajo, “The Sosh Guar”, del año pasado, en treinta minutos que a grandes rasgos no tuvieron inconvenientes en la ecualización, y donde fueron bien recibidos por la concurrencia.

Puntuales a las 20:00 horas, los italianos de Fleshgod Apocalypse dieron inicio a sesenta minutos de actuación que rozaron la perfección, evidenciando desde “In Aeternum” –el primer tema como tal tras la introducción instrumental– la razones que los han llevado en apenas diez años de carrera a ser considerados un acto imprescindible en la escena actual, y uno de los más extremos y técnicos en los anales del death metal. La puesta en escena de la concepción híbrida del arte que practica la banda cautivó a la audiencia de inmediato, varios mostrándose atónitos e incrédulos ante la ejecución casi “robótica” (en el buen sentido de la palabra) de “Healing Through War” o “Cold As Perfection”, que, junto a la anterior, forman parte de su último disco, “King” (2016), dueño de la venia de la crítica y del público, y que compone mayoritariamente el repertorio del grupo en esta gira.

The Violation” sonó insana; el corte promocional de “Agony” (2011) es una de sus canciones más conocidas, y así lo demostró la gente que vibró con la velocidad sobrehumana que predomina no solo en esta composición, sino en el alma de Fleshgod Apocalypse. Durante todo el concierto fue posible oír con claridad los arreglos orquestales y también el acompañamiento de la soprano, como ocurrió en “Epilogue”, única pista extraída de “Labyrinth” (2013), donde se muestran sobresalientes, mientras que “Gravity” se acerca más a lo convencional propio del estilo, aunque sus detalles mantienen el entramado y su sofisticación.

Para cerrar su estreno en territorio nacional, “The Fool”, single de “King”, desplegó todas sus armas para convencer a los seguidores de su poder y para confirmar las alabanzas que el disco ha cosechado en el planeta. “The Egoism” y luego “Syphilis”, también de “King”, bajaron el telón ante una ovación que conmovió a los europeos, quienes prometieron volver al país y así impresionar una vez más a los seguidores, hasta el punto de dejarlos atónitos, tal como aconteció ayer.

Con la portada de su flamante “Codex Omega” (2017) de fondo, más algo de parafernalia alrededor del mismo álbum, Septicflesh ocupó sus posiciones y, tras saludar efusivamente a los presentes, se despacharon “War In Heaven”, canción que abre la genialidad del registro  “Titan” del año 2014 y que, junto a “Communion” (2008), “The Great Mass” y su disco más reciente, forman parte del renacer del conjunto griego que en el año 2003 se separó por casi un lustro, hasta que con aires renovados y maestría retomaron una carrera que, desde entonces, sólo ha conocido de halagos.

Se entiende, entonces, que el primer tercio de su presentación incluyera una pieza de cada ciclo de esta nueva etapa; “Communion” es una demostración de la máxima ferocidad que han alcanzado, mientras que “Pyramid God” y “Martyr” cuentan con una mayor cantidad de matices y texturas, sobre todo del metal más contemporáneo, que en la sumatoria han refrescado el espíritu de la banda, además de acercarlos a un público más joven.

Cabe recordar que Christos Antoniou, guitarrista y compositor de Septicflesh, tiene un postgrado en música clásica obtenido en la Escuela de Música de Londres, hecho que le ha permitido incorporar en la grabación de los discos tanto a la Orquesta Filarmónica de Praga como a su coro de niños, ampliando de forma exponencial el impacto de los arreglos orquestales compuestos por él en la música de los helénicos, algo que es sin dudas su principal fortaleza, de la mano con la ejecución meticulosa por parte de todos los integrantes, destacando a su baterista Kerim “Krimh” Lechner (ex Decapitated), quien se ubica con facilidad en el círculo de los mejores en su puesto, porque sus habilidades y su presencia en la mezcla en vivo son superlativas. Es así como el equilibrio entre la belleza de la música docta y la naturaleza violenta de la agrupación dan origen a un ser único en su especie, que en “Prototype” y “The Vampire From Nazareth” hizo gala de tales características y cautivó a los presentes, quienes desde Fleshgod Apocalypse ya se encontraban en trance, totalmente conectados con los artistas.

La canción más antigua tocada por Septicflesh anoche fue “Unbeliever”, proveniente de “Sumerian Demons” (2003) y fue la antesala a un remate a cargo de “Persepolis” y, la más coreada de la noche, “Anubis”, ambas del aclamado “Communion”, por lo tanto, es posible aseverar que aquel momento la gente se mostró aún más efusiva, provocando uno de los mosh pit más grande la tarde.

La historia griega de la deidad benefactora y creadora de la humanidad es aludida en “Prometheus”, corte que concluyó la presentación con los ánimos muy encendidos y con mucha euforia por parte todos los asistentes, satisfechos y conformes tras ser testigos de una jornada atípica, dadas las personalidades exóticas y, sobre todo, técnicas tanto de Septicflesh como de Fleshgod Apocalypse. Ambos prometieron volver al país y es de esperar que así sea, porque lo presenciado anoche fue sublime y ratificó la vigencia del metal extremo en estos días, en su vertiente más innovadora.

Setlist Fleshgod Apocalypse

  1. Marche Royale
  2. In Aeternum
  3. Healing Through War
  4. Cold As Perfection
  5. The Violation
  6. Prologue
  7. Epilogue
  8. Gravity
  9. The Fool
  10. The Egoism
  11. Syphilis

Setlist Septicflesh

  1. Dogma Of Prometheus Orchestral
  2. War In Heaven
  3. Communion
  4. Pyramid God
  5. Martyr
  6. Prototype
  7. The Vampire From Nazareth
  8. Portrait Of A Headless Man
  9. Unbeliever
  10. Persepolis
  11. Anubis
  12. Prometheus

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