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Dropkick Murphys: Los principios en acción

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Aunque pareciera que existe un afán de diversión y despreocupación en la música de Dropkick Murphys, el trabajo que hacen detrás del velo es amplio y significativo, por los sindicatos y los trabajadores, por la justicia y la equidad. Entonces, cuando la banda está en frente, en un evento, algo de eso subyace y se presenta con fuerza. No sólo se trata de música, sino que de una comunión que va más allá, con una coordinación en los movimientos y en la fuerza, como la que se ve en una marcha. Aunque las consignas no son ondeadas con banderas o de forma demasiado directa, cuando se ve a una banda unida de la forma en la que trabajan los de Quincy, Massachussets, está claro que hay principios en acción.

Pasadas las 21:00 horas se subieron al escenario los exponentes de un punk céltico que, a ratos, llega a trasladar a un bar irlandés con buena onda y cánticos dignos de barra brava. Luego de la instrumental “The Lonesome Boatman”, el coro con “The Boys Are Back” o “Rebels With A Cause” no se hacía esperar, y la banda, casi sin pausas, despachaba un tema tras otro, teniendo la capacidad de hacer que un banjo, una flauta o una gaita sonaran como lo más punk del mundo, mientras tanto las voces de Ken Casey y Al Barr hilaban líricas sobre lucha, resistencia, camaradería y amistad.

Aunque a veces la claridad de las voces se extrañaba porque quedaba una masa sonora, las capas instrumentales de la banda funcionaban muy bien, algo que se notó en canciones como “The Warrior’s Code” o “Blood”, y más aún en clásicos como “Prisoner’s Song” o en la sorpresiva (porque no había sido incluida en el periplo sudamericano) “Fields Of Athenry”, demostrando cómo Dropkick Murphys, pese a mantener un pulso que no varía en demasía en la fórmula, sí consigue evitar el tedio y así demostrar varias facetas, que van desde la comunión a paso firme en “You’ll Never Walk Alone” hasta el frenesí de “I Had A Hat”.

Incluso los covers fueron bien elegidos, reluciendo las particularidades del conjunto, con “If The Kids Are United” de Sham 69 como potente espacio para el pogo, al igual que “I Wanna Be Sedated” de Ramones, que vino justo antes de un medley de canciones de los inicios del conjunto, que también sirve para comparar las raíces con lo más nuevo y darse cuenta de que el camino ha complejizado algo que pareciera ser dado por sentado como algo fiestero: toda banda tiene nuevas historias que contar mientras más experiencia tiene, y Dropkick Murphys ha encontrado en las facetas de la sensibilidad un caldo de cultivo fructífero para imprimirle más intensidad a su ya potente propuesta.

11 Short Stories Of Pain & Glory” es el disco lanzado este año que sirvió de excusa para su retorno, y sin duda que sirve de brújula para saber cómo operan los Dropkicks de hoy, reflexivos, pero sin parecer tibios, más sabios sin restregar los años por los rostros, y más acogedores para que todos se sumen a su sonido. No es casual que en medio de este disco y del concierto pareciera que se viaja a una grada en un estadio inglés cuando suena “You’ll Never Walk Alone”, canción con más de medio siglo de historia y que es usada también como cántico por el Liverpool. Un tema que aplica como recordatorio de que nadie está solo, que si se vive de forma correcta y con los ideales claros y en orden de la comunidad, sin duda que ninguna persona caminará sola. Y esa es la sensación en un show de Dropkick Murphys, de unión, comunión, convergencia, incluso de amistad y fiesta, mucha fiesta.

Es interesante también la reacción ante los sones más célticos, como en la explosión al final del set principal con “I’m Shipping Up To Boston”, conocida por musicalizar “The Departed” de Martin Scorsese, y que termina siendo el momento de mayor catarsis de un show que ya había liberado muchísima energía, algo que se replicaría con la triada final con “The State Of Massachussets”, cuando subieron al escenario a una cuarto de la gente que había en el Cariola para bailar y saltar con ellos, y luego con “Until The Next Time” y “Halloween”, que son clásicos de cierre en sus shows. Dropkick Murphys, una banda que, desde uno de los puntos de encuentro más grandes de la gente, la fiesta, consigue no sólo que el público se entretenga, sino que comparta valores tan perdidos de la vida moderna como el compañerismo y el espíritu de la amistad, y con eso la poco más de hora y media de intenso show consigue aún más significado del que ya puede poseer la dicha de ver música en vivo tan convocante y empática como la de los de Quincy, que de seguro volverán, caminando nunca solos, siempre con todas y todos.

Setlist

  1. The Lonesome Boatman
  2. The Boys Are Back
  3. I Had A Hat
  4. Rebels With A Cause
  5. Sunshine Highway
  6. The Warrior’s Code
  7. Johnny, I Hardly Knew Ya
  8. Blood
  9. Prisoner’s Song
  10. Fields Of Athenry
  11. Famous For Nothing
  12. Paying My Way
  13. If The Kids Are United (original de Sham 69)
  14. First Class Loser
  15. Citizen C.I.A.
  16. God Willing
  17. I Wanna Be Sedated (original de The Ramones)
  18. Barroom Hero / Do Or Die / Never Alone / Boys On The Docks
  19. You’ll Never Walk Alone (original de Rodgers & Hammerstein)
  20. Out Of Our Heads
  21. Rose Tattoo
  22. I Fought The Law (original de The Crickets)
  23. Going Out In Style
  24. I’m Shipping Up To Boston
  25. The State Of Massachusetts
  26. Until The Next Time
  27. Halloween

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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