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Descendents: Milo arrasó con todo

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Sin duda alguna, 2016 se alza como uno de los mejores años para la música en vivo en nuestro país. Entre la inmensa cantidad de shows presentes este año, vivimos los esperados regresos de The Rolling StonesGuns N’ RosesBlack Sabbath, entre otros, además de algunos debuts imperdibles como WilcoThe Libertines o Iggy Pop. En este último término, uno de los shows más esperados siempre fue el de Descendents, quienes en plena promoción de su álbum “Hypercaffium Spazzinate” (2016) llegaban por primera vez a nuestro país, en una cita que prometía hacer historia. Nadie quería perderse a una de las agrupaciones más relevantes del punk, y muchos consideraban esta como la gran oportunidad para presenciarlos en vivo.

Desde muy temprano Milo se dejó ver en las poleras de los cientos de fans que esperaban ansiosos por el debut de la banda, pero antes de eso, un par de invitados amenizarían el terreno para que el cuarteto desplegara su tremenda potencia en el escenario. El punk rock melódico de los nacionales Valium dio inicio a la jornada. Con un set de unos 20 minutos, aprovecharon de repasar algunas canciones de su último trabajo a la fecha, “Nuestro Lugar”, lanzado el año 2015, entregando su mezcla de sonidos melódicos y también algo de ska, en una presentación breve pero intensa, apoyada con buen entusiasmo por los presentes.

Los primeros invitados internacionales fueron los españoles de Berri Txarrak, conocidos por sus canciones en idioma euskera, quienes animaron al público con su sonido más ligado al rock que al punk propiamente tal. Gorka Urbizu, encargado de la guitarra y la voz, fue el principal conductor de un show que repasó canciones como “Ordaina”, “Denak Ez Du Balio” y “Bueltatzen”, entre otras. En esta, su segunda visita al país (según palabras de Gorka en el show), lograron motivar a un público que ya se ponía impaciente por el plato estelar. Pese a eso, la buena onda y mucho pogo permitieron a los españoles cerrar su presentación con los brazos en alto, desarmando rápidamente los equipos para darle el turno al siguiente acto.

Omar Acosta, voz de BBS Paranoicos, aseguraba antes de empezar su show que “se adelantó la Navidad”, con una agrupación que no ocultó en ningún momento lo felices que estaban de poder telonear a una de las bandas de su vida. Con “Otra Historia” dieron inicio a la presentación de unos redondos 30 minutos, desarrollando su set con un público que ya empezaba a generar hostilidades, ya que en momentos del show fue el mismo Carlos “Oso” Kretschmer quien pidió a todos pasarlo bien en vez de enfrascarse en peleas. Canciones como “Cosa de Gusanos”, “La Rabia” o “Lo Peor de Mí” demostraron el arrastre que tiene el cuarteto en la fanaticada local. Con “Mentira” como la escogida para finalizar el show, Acosta y compañía dijeron adiós para dar paso a quienes todos esperaban.

Descendents salía al escenario, pero no para realizar su show, sino que para probar sus instrumentos, ante las miradas incrédulas de los fanáticos. Y hay que destacar este gesto, porque esa actitud anti rockstar es el norte del acto de los norteamericanos, quienes nos entregaron nada más y nada menos que 36 canciones, en un setlist de ensueño para una fanaticada que pensó que este día nunca llegaría. La leyenda del punk por fin iba a concretar su debut en Chile y, pasadas las casi dos horas de recital, la sensación de satisfacción fue unánime. Descendents la hizo, y en una de las jornadas más entrañables de este 2016.

Con la banda ya instalada sobre el proscenio, Milo Aukerman emitió unas breves palabras anunciando que el primer tema de la noche iba dedicado a Estados Unidos y al mal momento que están pasando como sociedad. Así sin más, la música se dio inició con la rabiosa “Everything Sux”, para seguir sin pausa alguna con “Hope” y “Rotting Out”, con una cancha que se mantuvo caótica durante toda la noche, entre erráticos circle pits y múltiples crowdsurfing, en un ritual salvaje y apasionado donde, si no te sacaron por la barricada entre empujones de los guardias, simplemente no puedes decir que fuiste al concierto. Con la misma rapidez de sus versiones de estudio, pero contando con la energía de la performance en vivo, canciones como “I Wanna Be A Bear”, “Silly Girl” y “My Dad Sucks” sonaron tremendas en las manos de unos músicos que, pese a su edad, son capaces de sostener un concierto sin problemas. Incluso si a Milo se “le iba en colleras” el canto, el tipo entregó todo sin guardarse nada, en una performance digna de admiración, como ocurrió con la coreada “Clean Sheets”.

Suburban House”, una de las favoritas del clásico disco “Milo Goes To College” (1982), volvió a armar el caos al centro del recinto, para pasar al material de su reciente disco, “Hypercaffium Spazzinate”, de la mano del sencillo “Shameless Halo”, dando paso a la triada compuesta por “Coffee Mug”, “Weinerschnitzel”, “No! All!”, que juntas no alcanzan a durar más de un minuto, pero que hicieron las delicias de los devotos de la agrupación, quienes apoyaron con sus voces en cada uno de los cortes. De sus siete discos en estudio, los norteamericanos tienen de lo que le pidan, y ahí llegaron “Get The Time” de “Enjoy!” (1986), “Van” de “All” (1987), “I Like Food” del EP “Fat” (1981), “I Don’t Want to Grow Up”, de álbum homónimo del año 1985, o “Talking” del más reciente “Cool to Be You” (2004). En definitiva, el cuarteto tocó un poco de todo, con el único fin  de dejar contentos a sus seguidores, quienes tuvieron la oportunidad de tomar el micrófono en la notable interpretación de “Thank You“, que antecedió a “Descendents“, previo al primer encore de la noche.

En su regreso a escena destacaron “Catalina” y  el single del último disco, “Smile“, con el que, se supone, se cierra el set de la gira. Pero la gente pedía más, y con cánticos dignos de un estadio de fútbol invocaron a Milo y los suyos a despacharse tres cortes más, poniendo fin a la gloriosa velada con “Kabuki Girl“, mostrando un evidente cansancio de los integrantes producto de una actuación entregada y poderosa.

El sueño se hizo realidad y la audiencia no podía estar más conforme. De lo que llevan tocando por Sudamérica, los norteamericanos realizaron su presentación más contundente en nuestras tierras. Después de décadas de espera, los fans locales de Descendents pueden decir con plena satisfacción que Milo vino a Chile y armó una fiesta que quedó grabada a fuego en la memoria de todos los que dijimos presente.

Por Manuel Cabrales Sebastián Zumelzu

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Everything Sux
  2. Hope
  3. Rotting Out
  4. Pervert
  5. I Wanna Be A Bear
  6. Silly Girl
  7. My Dad Sucks
  8. Victim Of Me
  9. Nothing With You
  10. Clean Sheets
  11. Suburban Home
  12. Shameless Halo
  13. Coffee Mug
  14. Weinerschnitzel
  15. No! All!
  16. Myage
  17. Get The Time
  18. On Paper
  19. Van
  20. Without Love
  21. Talking
  22. I Like Food
  23. I Don’t Want To Grow Up
  24. I’m The One
  25. Bikeage
  26. When I Get Old
  27. Coolidge
  28. Thank You
  29. Descendents
  30. Feel This
  31. Sour Grapes
  32. Catalina
  33. Smile
  34. Testosterone
  35. Spineless And Scarlet Red
  36. Kabuki Girl

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1 Comentario

1 Comentario

  1. RealKur7

    08-Dic-2016 en 5:45 pm

    Estimado,
    Berri Txarrak tocó en el óxido en el 2011, además de tener una fecha en San Antonio esa misma vez. Venian con la gira de Rise Against (que no quisieron pasar por Chile).

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En Vivo

Festival 10 Años Fauna

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Este es el primer review en vivo de HumoNegro desde que estallara el descontento social en más de tres semanas frenéticas donde la represión está a la orden del día, y los ojos se abren (y casi 200 lamentablemente por acción de Carabineros se han cerrado) cada día más. No es precisamente un entorno normal, y es en medio de esa extraordinaria contingencia que Fauna Producciones celebró sus 10 años con un festival que, en el papel, tenía muchos puntos atractivos, pese a que existiera gente que lo mirara en menos tras la cancelación de la edición 2019 de Fauna Primavera. Dentro de la delimitación del Parque Metropolitano, el Parque Mahuidahue en la comuna de Recoleta era el punto de encuentro, que aparentaba ser una brecha de aire fresco en medio de semanas tensas, fuera de lo común, difíciles. Pero, lamentablemente, el intento de preservar los aires de normalidad fue el pecado fatal que dinamitó todo lo bueno que estaba construyendo esta jornada de música de calidad y mucho calor.

Las puertas abrieron recién a las 13:40 hrs., mientras que el show que supuestamente comenzaba a las 13:30 hrs. recién partiría casi una hora más tarde. Lo aparente es que la prueba de sonido de Little Simz y sus músicos se retrasó, algo que más tarde también golpearía el fluir del encuentro. Mientras, la gente probaba los pocos retazos de sombra que había en el escenario principal del festival, Red Bull, que se instaló en una cancha de pasto sintético, con todo muy ordenado, bien delimitado, sin aparentes contratiempos.

Francisco Victoria

La música recién partió a las 14:28 horas, con el único músico nacional que se subiría al escenario principal, Francisco Victoria, quien no sólo mostró solidez absoluta en su desplante, pese a que también le afectó el calor que ya a esa hora marcaba 33ºC en Santiago, sino también el arrojo para mostrarse por completo en 35 minutos. Todo su disco debut, “Prenda” (2018), pudo sonar, y además el single “Querida Ven”, dedicado al momento político y social del país y que tuvo en Felicia Morales a un reemplazo más que competente para la parte de Juliana Gattas, algo necesario en una canción así de conversacional.

La banda es un gran apoyo para Francisco, quien en contados momentos se colgó un instrumento para poder maniobrar como el frontman que está siendo hoy por hoy, con la propia Felicia, Raúl Abarca y Daniela Riquelme como actores de reparto en este guion que ve en Francisco Victoria a un protagonista claro, que emociona en “Cuídeseme”, inquiere en “Cruza El Puente” o cautiva en “Marinos”. Brillante inicio de jornada, pese al retraso.

Little Simz

Más tarde sería doloroso lo que generarían los retrasos vistos respecto a Little Simz, pero la rapera londinense que despachó uno de los discos del año con “Grey Area” (2019) fue probablemente el mejor show de todo el día, con una energía tan contagiosa como extraña, con esa fuerza que tienen las y los artistas que marcan la diferencia.

A las 16:10 horas partió el espectáculo de Little Simz con su banda, todos de estricto vestuario blanco, al igual que el revestimiento del micrófono de la artista, que entró siendo la jefa (“Boss”) y luego entregó esa peripecia de las rimas que explican cómo el sistema apunta con el dedo para no dar oportunidades (“Therapy”). El tren ágil del inicio del show cerró con el tema que le abrió oportunidades a Little Simz, “God Bless Mary”, mostrando todo lo que tiene para ofrecer, desde una sensibilidad soul hasta una pluma afilada para resaltar las vivencias de las mujeres y todos quienes necesitan chances.

Pressure”, “Backseat” o “Good For What” son muestras de que la rapera entiende cómo no sólo el talento asegura tener una voz digna de escuchar, sino también hay dificultades que sortear, bocas que acallar y sociedades que cambiar. Ella lo dejó claro en su mensaje político: “Mantengan la cabeza en alto. Ustedes son fuertes”. No hay dudas en el ethos de Little Simz, por eso fue tan sencillo que dejara a todo el público encendido, compitiéndole al intenso sol golpeando la ladera del cerro, porque cada acción hecha por la artista quiebra la rutina, es extraordinaria, y eso fue lo que sintió el público. Se trata de una artista en la cúspide creativa y eso se notó. “Venom”, el hit “Selfish”, “101 FM”, “Flowers” y el cierre con “Offense” para apenas 50 minutos, pero que dejaron huella en el debut solista de la londinense en Chile (antes cantó con Gorillaz). Lo problemático fue el retraso que dejó su presentación y preparación: 85 minutos que serían calvario y desolación más tarde.

Khruangbin

Cuando el trío de Houston, Texas, se subió al escenario de 10 Años Fauna, estaba claro que la onda sería muy diferente a la intensidad de Little Simz. En vez de rimas, mensajes e ideas, lo de Khruangbin involucró un viaje por los sentidos que quedaban abiertos, cuando ya el sol había quemado más allá de lo debido la piel y los pies comenzaban a tener esa incomodidad típica de un festival.

Más gente llegó y se sucedieron canciones como “Dern Kala”, “August 10”, “The Infamous Bill” o “Mr. White”, convirtiendo a la cancha en un espacio más etéreo, sin límites, transformando la tarde en lo que siempre quiso ser: un oasis en medio de lo extraordinario. Allí Laura Lee, Mark Speer y Donald Johnson mostraron su calidad como instrumentistas y también como presencias magnéticas en el escenario. Speer y Lee son imposiblemente cool, y cada cosa que hicieron con sus instrumentos o con las acotadas palabras en español esforzado que regalaban al público tenía esa vibra de superestrellas. En tanto, la batería de Johnson era una fuerza que no por poco estridente era menos potente.

El momento visagra del show, eso sí, fue cuando se animaron con un cover de “El Derecho De Vivir En Paz” de Víctor Jara, con las clásicas líneas de guitarra del himno de las movilizaciones sociales de este año. Nuevamente, lo extraordinario se colaba en este intento de poner un poco de normalidad en el Parque Mahuidahue. Luego de 65 minutos, el trío culminó su show debut en nuestro país, el que sin duda ayudó a tener un poco de frescura y de ese rock atemporal que pocas veces suena tan contemporáneo como lo hace en manos del trío texano.

BadBadNotGood

Speaking Gently” era el tema que inició el show de BadBadNotGood en este retorno a nuestro país, esta vez sin novedades discográficas inmediatas, pero en un formato festivalero que trajo las mejores canciones del conjunto, en una especie de show de grandes éxitos con su formato de cuarteto implacable, con un sonido de lujo que mezclaron con temas completamente nuevos que han estado probando en conciertos durante los últimos meses.

Tampoco es que se trate de una reinvención del conjunto, porque eso no es, pero sí en el show se notó cómo es que la dinámica incesante y en constante evolución de BadBadNotGood se privilegia en pos de romper esquemas. En medio, tracks más clásicos como “Weight Off” o “And That, Too” corroían las ganas de reposar por parte de un público muy activo con el grupo canadiense, que aún está buscando las formas más eficientes de usar a Leland Whitty, único miembro no fundador, que con su manejo del clarinete o el saxofón conseguía ahondar y generar cruces efectivos con el teclado de Matt Tavares.

BadBadNotGood lucen como investigadores de las posibilidades del jazz, y es eso lo que demostraron en casi una hora de solidez irresistible. Tal vez el show más ensimismado, pero, a la vez, el de perfección más evidente en el marco del evento del décimo aniversario de Fauna.

The Whitest Boy Alive

Cuando ya la noche había caído y el escenario Boiler Room tenía a mucha gente bailando y disfrutando, en especial tras el brillante set de Pepo Fernández y Nico Castro con trazos de disco, electrónica y pop latino, en una mezcolanza que no dejó indiferente a nadie, venía el que se suponía que era el primer plato fuerte del evento, sin tanta mezcla como lo que se veía en el otro escenario, pero sí marcando un hito con la mera presencia ahí. Erlend Øye volvía a tocar en Chile, y en eso no había novedad, pero sí la había en que era con The Whitest Boy Alive, quizás su proyecto más pop y más “feliz”, dentro de lo que se pueda comentar. Algo raro, pero divertido de advertir, con el cuarteto en pleno para tocar luego de diez años sin editar nuevos discos, aunque con las ganas de disponerse para divertir a la gente.

Y lo hicieron desde casi el comienzo, pasadas las 20:35 hrs., cuando en “Courage” el baterista usó una olla y su baqueta para introducir el sonido del cacerolazo en la canción, y jugar con Erlend. El sonido de TWBA es muy indie, pero también muy pop, y por ello la gente pudo saltar y bailar con prácticamente todo lo que aparecía en los parlantes, ya fuera con “Burning”, “Fireworks” o “Bad Conscience”.

La banda tiene en los teclados de Daniel Nentwig el otro gran pilar de su sonido, entregando trazos que ningún otro proyecto de Øye posee, y eso le entregó una aspiración de diferencia muy grande al show. Y otra cosa: se notó siempre que la banda lo pasó increíble tocando frente a un público otra vez. Siete años es mucho tiempo, sin embargo, la capacidad de demostrar sin artilugios cómo logró fluir cada canción es algo que no lo entrega el ensayo, sino que la química del grupo. El público jugaba también en ciertos momentos a integrar el grito “El que no salta es paco” dentro de las canciones, pero esto tuvo su apogeo en “1517”, la que cerró el show, cuando Erlend la presentó con un pequeño discurso sobre la democracia, citando también la frase del coro que habla de la libertad, antes de ponerse a tocarla. En el final del tema, la gente comenzó a gritar “El pueblo unido jamás será vencido” y, tras ello, TWBA integró “Show Me Love” de Robin S. como un cover, con el cacerolazo sonando de nuevo, y con el retorno del grito del que no salta en su puesto es parte de las fuerzas policiales.

Incluso en el oasis más profundo de la catarsis musical era imposible abstraerse de lo ocurrido en el país. Con 55 minutos, el show de regreso de The Whitest Boy Alive no sólo los mostró sueltos y compenetrados, sino que también parecía el preludio perfecto para lo que sería el gran cierre con Hot Chip.

Pero Hot Chip jamás se subiría al escenario. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo que la banda principal en el evento cancelara en el último de los minutos? Parte de la explicación tenía que ver con una pequeña barricada en las afueras del parque. Otra parte, venía de la mano con robos en buena parte de los vehículos estacionados en esos mismos alrededores. Por “razones de seguridad” el show se detuvo y la gente quedó en shock, y más aún al ver a Erlend asomarse y acercarse a la reja con la gente para conversar a viva voz y explicar lo ocurrido, tras el anuncio improvisado hecho por los parlantes. Pese a que pareció un movimiento de la producción, luego se aclaró que fue el propio músico noruego el que se quiso acercar a la gente para retribuir el afecto, pero también, como él dijo, porque sabe de esa sensación de quedar esperando un show que se canceló en las últimas. Erlend explicaba y la gente se indignaba más. ¿Dónde estaba la producción? ¿Dónde está la aceptación de algún error? Eso es lo que deja un sabor muy amargo tras 10 Años Fauna, al ver a una de las productoras de mejor curatoría del negocio de los conciertos en nuestro país sucumbir ante errores que la dejan mal ante quienes compran los tickets. Quizás en el caso particular de este evento el error principal fue pretender normalidad en un contexto extraordinario, y más aún al dejarse llevar por el retraso inicial que terminó sepultando la posibilidad de tener a Hot Chip cerrando con broche de oro la celebración.

Fuera del calor, el lugar estuvo bien ordenado y con un sonido que se perdía mucho menos que en el vasto Espacio Broadway; la gente se portó bien y las bandas entregaron shows de calidad. Incluso, la alianza con Boiler Room impulsó aún más la electrónica en el marco del festival. Entonces, ¿por qué todo queda como algo más sombrío? Tiene que ver con esas cancelaciones de último minuto, con no prever que, en vez de atrasar la jornada, quizás era mejor adelantarla. En el afán de tener un oasis, que logró concretarse en la mayoría de este sábado 9 de noviembre, todo quedó al final como un espejismo de los duros. Gente llorando al no tener ese break final en medio de días de mierda, en medio de semanas de terror y en medio de un país en su revolución más incomprendida, era el cuadro más terrible de un evento que merecía esa chance que al final se esfumó en el afán de una normalidad plástica, afectando las sensaciones frente al arte real de, como siempre, uno de los carteles mejor curados en festivales en nuestro país.

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