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Depeche Mode: Te siento

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La intimidad es complicada en entornos abiertos, públicos, masivos. O sea, es complicada incluso cuando existe el ambiente adecuado. Lo íntimo exige cierto grado de vulnerabilidad, que se observa de forma transparente, y así genera confianza. La intimidad es parte de esas cosas, de que es más importante sentir que saber, y por ello es que es un buen concepto para ponerlo al lado de lo ocurrido en el regreso de Depeche Mode a Chile, porque no sólo se advierte en las relaciones humanas, sino que en la forma de hacer que canciones enormes se proyecten en un grupo de personas y ganen ese pequeño paso a la inmortalidad.

El Estadio Nacional terminó casi repleto, aunque se llenó poco a poco, teniendo una concentración de arribos en el momento del teloneo de Matías Aguayo & Las Desdemonas, acto que demostró que no necesariamente la decisión más obvia es la correcta, entregando un set de media hora llena de matices electrónicos, riesgos y peripecias, que calzaban de forma precisa con parte de los conceptos que rodean la gira “Global Spirit” de Depeche Mode, más cercanos a la revolución y la inclusión, que a algo frívolo u olvidable. Sí, los rostros de parte de la gente esperando a los ingleses dejaba en claro que la apertura fue extraña, pero precisamente es este tipo de ideas las que quedan más tiempo.

Lo mismo sucede con Depeche Mode, que ha pasado varias décadas de trayectoria evitando lo superficial, para lograr un grado de intimidad en sus canciones que transita por diferentes caminos, en especial con ese que va en el sentido de volver a casa, o de estar en el lugar al que se pertenece. No es extraño que la banda se disponga en planos, apartamentos, piezas, e incluso parte de las visuales de Anton Corbijn en el show se plantean así, más como un tratado en espacios planificados que en relación a lo humano. Incluso es llamativo cómo la disposición de la iluminación y la pasarela que acercaría a Dave Gahan varias veces al público estaba de forma asimétrica.

El show parte puntual a las 21:00 hrs., con “Going Backwards” y luego con “It’s No Good”, y queda en claro que habrá una mezcla entre el pasado y el presente. Las canciones de Depeche Mode durante el show se van haciendo cada vez más interiores, más hacia dentro y, pese a algunos momentos de catarsis, lo cierto es que la procesión iba del valle hacia el interior, porque eso es lo que logra DM: que 50 mil personas crean por instantes que están en la intimidad de su rincón secreto, quizás solos o quizás con alguien, buscando que la empatía gane terreno (“World In My Eyes”) o que el peso del mundo no haga que la autoflagelación implique una derrota (“Useless”). Con Depeche Mode existe una conexión basada en las sensaciones. Poco importa que hayan llegado a presentar un disco cuanto mucho decente, como “Spirit” (2017), cuando incluso las canciones que se extraen de este registro sirven para darle coherencia a un mismo discurso, ese donde la verdadera revolución no es esa unión que Gahan pregona en “Where’s The Revolution”, sino que está en la capacidad de sentir algo en un mundo cada vez más indolente.

Cuando Martin Gore canta solo “Insight” con una guitarra y un teclado, no es una canción la que se ondea como la bandera que se dibuja a sus espaldas, sino que es una forma de vivir la interpretación, a voz en garganta, hasta que el vibrato no dé más, hasta que la emoción descolle, y hasta que vuelva el resto de la banda para entregar “Home” porque, a final de cuentas, se está en casa. El setlist del show se mueve entre hits y tracks un poco más escondidos de la discografía, aunque el centro es la inclusión mediante el baile o la admiración a Dave, Martin y Andrew Fletcher, este último viéndose completamente cool en medio de su set de teclados y controladores. Dave se mueve entre remolinos, movimientos de cadera y gestos grandes, extensos, para provocar un efecto en la audiencia que –hay que mencionarlo–, pese a lo numerosa, no se caracterizó por lo ruidosa. Fuera de los entusiastas en el frente de ambas canchas, el resto sólo se notó como parte del show cuando recién Dave Gahan lo indicaba, o en los hits planetarios como “Home” o “Enjoy The Silence”.

Es llamativo ver que el disco más referenciado en el show es “Ultra”, un álbum editado hace más de veinte años, que justamente vino en un momento de crisis para la banda. No es un disco feliz, sino que uno muy oscuro, tal como el ánimo general del show, reafirmado en momentos como “Barrel Of A Gun”.

Era interesante ver los videos de apoyo en canciones como “In Your Room” o “Where’s The Revolution”, pero también esto mermaba la experiencia de la gente con más problemas a la vista (piti, en chileno) o de quienes estaban más atrás. En otros países, cuando esto ocurre, existen pantallas complementarias para los sectores detrás de la mesa de sonido, y quizás para preservar la experiencia de todas y todos, sea bueno considerar este tipo de recursos, importantes para seguir sintiendo el show, que tuvo un momento de éxtasis sonoro con “Never Let Me Down Again”, la canción más tocada por Depeche Mode, lo cual no es extraño pensando en esa recapitulación aparente de la dinámica de la banda. Si un concierto cerrara con este track (algo que ocurría en la gira anterior), no sería extraño, porque incluso la relación de Dave con Martin se expone ahí, en frente de decenas de miles de personas, y se hace una relación donde están todos, con sus dudas y sus certezas, y lo pueden trasuntar a sus experiencias personales. El encore, con “Strangelove” en clave guitarra y teclado de Martin Gore nuevamente, hacía de lo sencillo y lo transparente la clave, para luego llamar al entendimiento con “Walking In My Shoes” (con un potente video con mensajes implícitos a favor de la comunidad LGBT), y en el final “alcanzar y tocar la fe” con “Personal Jesus”, gran cierre para más de dos horas de un espectáculo tremendo.

Decir “te siento” y advertir la existencia de un otro, es algo clave en un mundo de desconexiones individualistas. Quizás, sin pensarlo así, un show oscuro pero impecable como el que entregó Depeche Mode, haya sido efectivamente un espectáculo de la contención, en vez de la explosión que muchas veces es. En vez de fuegos artificiales, hay viajes internos, hay intimidades, hay intimidad en singular; hay una comunidad que cae en estas canciones que, por casi dos horas, generaron una vulnerabilidad bella y necesaria. Partiendo con “Going Backwards” (“yendo hacia atrás”), se daban los pasos necesarios para poco a poco armar una madeja de sensaciones, que al final es lo importante de la música, más allá de un sonido perfecto (como fue el del show de Depeche Mode) o un setlist espléndido. Sentir, y ser sentido, que es la dirección que muchas veces se olvida que tiene la música.

Setlist

  1. Going Backwards
  2. It’s No Good
  3. Barrel Of A Gun
  4. A Pain That I’m Used To
  5. Useless
  6. Precious
  7. World In My Eyes
  8. Cover Me
  9. Insight
  10. Home
  11. In Your Room
  12. Where’s the Revolution
  13. Everything Counts
  14. Stripped
  15. Enjoy The Silence
  16. Never Let Me Down Again
  17. Strangelove
  18. Walking In My Shoes
  19. A Question Of Time
  20. Personal Jesus

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Lacuna Coil: Sin miedo a nada

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El acto de sacar la voz se ha convertido en un método de supervivencia para las mentes de chilenas y chilenos después del 18 de octubre. La lucha transcurre en las calles, en las redes sociales, en el espacio público, e incluso en los conciertos. Ya es parte de la “nueva normalidad” que la gente haga hora gritando “el que no salta es paco” y “Piñera culiao”, entonces existe un uso de la voz que no sólo valoriza lo que se dice, sino que el acto mismo de decir y enunciar, que no es más que lanzarse a las profundidades de la incomodidad de dejar de disfrutar el silencio. Eso también es lo que hacen las bandas musicales, lanzarse al sonido, y cuando el tiempo pasa, también es trascendente cómo la voz sigue existiendo, sin doblegarse, tal como ha pasado con Lacuna Coil, agrupación italiana que ya tiene más de dos décadas de historia, en las que obviamente han enfrentado dificultades, y siguen ahí, generando canciones que son puntos de encuentro, pero sin dejar de lado cómo la lucha continúa.

El retorno de los italianos tampoco se hizo esperar tanto, sumando casi tres años de ausencia, pero sí había una deuda que saldar con el público chileno que no vio la gira de celebración de los 20 años de la agrupación, y aquello sería el ingrediente más trascendente de lo que ocurriría más adelante. Antes, la jornada iniciaría con BlackFlow en el escenario de Club Blondie, que mostró por qué fue un nombre destacado en varias publicaciones con su EP “Confusion & Time” de 2018, y más material, aunque el público recién empezaría a repletar el tradicional recinto cuando ya estaba en el escenario la banda que acompañó a Lacuna Coil en su gira sudamericana y también lo hará en la parte asiática de ese periplo, los estadounidenses Uncured.

Es entretenido ver cuando se nota que los músicos en el escenario tienen un carisma contagioso y muestran una verdadera hambre juvenil, algo que es extraño porque en general los grupos de metal llegan a nuestro país lo hacen con mucho recorrido, entonces esas prácticas salen más pauteadas. En cambio, lo de Uncured en su debut en Chile fue explosivo, divertido, potente y con ganas de éxito, y eso incluso se notó en lo rápido que se armó todo para que tocaran: si BlackFlow terminó a las 19:30 hrs., ya a las 19:44 hrs. el cuarteto de New Jersey estaba comenzando con lo suyo, un minuto antes incluso de lo que indicaba el itinerario. Canciones como “Sacrifice”, “Myopic” o “Desecration” mostraban lo frenético del espectáculo, con una ejecución precisa por parte de los líderes del proyecto, los hermanos Zak y Rex Cox, que eran la voz y las guitarras dinámicas de un proyecto que en 45 minutos dejó una gran impresión, incluso estrenando una canción inédita y haciendo un cover de “Roots Bloody Roots” de Sepultura, ganándose a la gente, muchos de los cuales tendrán un nuevo nombre a poner en las playlists.

Pero el evento principal de la noche aún no se asomaba y ya la gente se agolpaba más adelante para ver más de cerca a Cristina Scabbia, Andrea Ferro y el resto de Lacuna Coil, banda que puntual a las 21:00 hrs. inició su show, que tendría casi dos mitades exactas, en la primera con un set basado principalmente en material más nuevo, tanto de “Black Anima”, disco editado en octubre pasado, apenas una semana antes del estallido social en nuestro país, como de “Delirium” (2016).

Reckless”, “Downfall”, “Layers Of Time” o “Save Me” eran tracks elegidos para mostrar la potencia de la propuesta de Lacuna Coil, sin perder urgencia ni voz propia, teniendo su fortaleza en su maquinaria simple pero efectiva. Los timbres de Cristina y Andrea son muy diferentes, pero las canciones les entregan momentos perfectos para lucirse en su extremo a cada uno, sea en canciones más rítmicas como “Blood, Tears, Dust” o en costados más emotivos como la ya mencionada “Save Me”.

Pero la noche no sólo era de canciones y virtuosismo instrumental, sino también de compartir lo que se siente, y por ello es que tras “My Demons” Cristina tomó el micrófono para decir que la banda no es ciega y que han visto las noticias y lo difícil que está todo en el país, así que por ello valoraban aún más la intención de estar ahí, en ese espacio, luchando. La banda sabe qué es luchar y sabe qué es tener que hacer sin mirar atrás, porque en su tiempo, cuando aparecieron en escena, eran algo distinto, no la típica fórmula de una vocalista femenina que flotara sobre la potencia del metal, sino que con diálogo, y potencia por parte de la propia intérprete. “Enjoy The Silence”, el cover de Depeche Mode que pasa ese test de que la versión logre identidad propia, resuena con fuerza y aroma a final del show, con todo el mundo cantando, sacando la voz, unidos ahí.

Pero Lacuna Coil sí salió del escenario, tras la 11ª canción, entonces las caras de sorpresa irrumpían en la Blondie, mientras otras calmaban la cosa diciendo que era la primera mitad del show. Tenían razón en esa aseveración, porque a los cinco minutos el quinteto volvió, con diferente vestuario, y dispuestos a saldar esa deuda con la celebración de las dos décadas de historia con la gente. Canciones antiguas como “A Current Obsession”, “Soul Into Hades” o “Tight Rope” eran coreadas por todo el mundo, y pese a que muchos se nota que vieron el setlist de los shows en Brasil y Buenos Aires, de todas formas había esa sensación de ver algo único, siendo ejecutado con maestría.

Parece ser algo obvio a estas alturas, pero no se debe dejar de mencionar cómo la voz de Cristina Scabbia es implacable, perfecta, lozana y -lo más importante- capaz de arrasar con todo a su paso. Es ese carisma que le han dado los años, además, el que hace que se vea como dominadora de todo lo que pasa, incluso cuando se debe improvisar, como cuando en medio de “1.19” decidió salir del escenario para asistir a una fan que se desmayó en las cercanías de la reja, sin dejar de cantar. Son esos detalles los que muestran parte de la receta para que Lacuna Coil dure tanto tiempo, y es que la fluidez y naturalidad son clave, y por ello cuando Andrea o Cristina dicen que la gente “se mantenga con fuerza” o invitan a corear “We fear nothing” (no le tenemos miedo a nada) sea algo de corazón.

También era divertido cómo la banda no se hizo de rogar para tocar un tema fuera de lo convenido en su setlist a pedido de la gente. El coro popular decía con coordinación impactante “Senzafine”, y quizás la idea le gustó mucho a Lacuna Coil porque la tocaron segundos después, de forma magistral, igual que “Veneficium” y el gran final con “Nothing Stands In Our Way”, donde la banda invitó a la gente a seguir adelante, a que nada se interponga en el camino, y que todos estamos juntos en esto porque lo importante es mejorar lo que se tiene, para todas y todos, y luego de una hora y 52 minutos de alto nivel musical y canciones llenas de emociones, sin duda que son momentos como los entregados por Lacuna Coil los que permiten sacar la voz, incluso lejos de las calles, liberando las vallas papales en las calles de la propia consciencia.

Setlist

  1. Blood, Tears, Dust
  2. Our Truth
  3. Reckless
  4. My Demons
  5. Layers Of Time
  6. Downfall
  7. The House Of Shame
  8. Sword Of Anger
  9. Heaven’s A Lie
  10. Save Me
  11. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  12. A Current Obsession
  13. 1.19
  14. When A Dead Man Walks
  15. Soul Into Hades
  16. Tight Rope
  17. Comalies
  18. Senzafine
  19. Veneficium
  20. Nothing Stands In Our Way

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