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Dee Snider: La vida real puede ser una fiesta

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Pasarlo bien está penado en un mundo donde el capitalismo transforma cada interacción en una competencia, donde sólo se puede perder o ganar, porque, o se logra aprovechar las condiciones presentadas, o se aprovechan de ti a través de las mismas. El ocio es malo, el negocio es bueno. Por eso siempre faltarán páginas para recoger críticas malas hacia la música y sus posibilidades de liberar mentes. Aunque es ridícula la discusión sobre el estado actual del rock, es este interés el que permite poner más atención sobre aquellos exponentes que muestran lo más ortodoxo de qué es ser rockero o qué es escuchar un show de rock. Dee Snider es de aquellos que incluso inventó ciertas movidas en un escenario, y es esa capacidad de transformar fiesta en innovación y ocio en negocio y brillantez, la que llegó al escenario de Club Blondie en la noche del domingo 24 de marzo.

Las noticias más tempraneras no eran las mejores: alrededor de las 19:00 hrs., un par de horas antes de que se debiera iniciar el show, se indicaba que Snider tuvo un retraso en su vuelo y que todo debía retrasarse por consiguiente. Tampoco eran las 3 o 4 horas de un Axl Rose en su peor momento, pero eran minutos de incertidumbre, con gente preguntando en el interior del recinto si había más novedades de último momento. Aunque sólo un par de centenares de personas se instalaba en la pista del recinto subterráneo, la suerte empezaba a voltearse con la irrupción estridente, a ratos un poco des prolija, pero muy providencial del quinteto chileno Exxocet, una de las pocas bandas en el país que intenta traer de vuelta lo glam al rock, y en el caso de la agrupación, al metal también, en partes iguales.

Exxocet tiene solidez, actitud, cuento, personajes, sonido y canciones, lo que se pudo ver en los casi 50 minutos que pudieron tomar el escenario de la Blondie. Pero la pregunta queda abierta luego de que canciones como “Alive” o “Screams From The South” dejaran en claro que no sólo se trata de pastiche y de copia, sino también de una voluntad de mezclar estilos, convergiendo en una imagen extrañamente dejada de lado. Con esta capacidad, ¿existen espacios reales donde Exxocet pueda mostrarse y generar un séquito? Viendo el panorama musical nacional, entre el indie, el pop y sonidos rock muy conservadores, es difícil, pero al menos las ganas y el talento está, aunque a veces por el entusiasmo la pulcritud se extraviara en ratos muy específicos. Una muy buena presentación que se ganó al público como preámbulo preciso para lo que vendría desde las 22:00 hrs.

Dee Snider venía desde escenarios para 4 o 5 mil personas en Brasil, así que lo ocurrido en Club Blondie sin duda que era un lujo para sus fanáticos, en un espacio más íntimo, aunque desde el comienzo daba la impresión de que el escenario le quedaba chico por los amplios movimientos y energía imparable del intérprete, que a sus 64 años sigue siendo una fuerza de la naturaleza. Ataviado de una polera sin mangas con un estampado de Britney Spears rapándose, Snider se acompañó de una competente banda que ni siquiera fue presentada, pero que cumplía con todos los clichés de una presentación metal en vivo, siendo una comparsa adecuada para un frontman tan histórico como protagónico. Aunque en la primera canción, “Lies Are A Business”, el micrófono parecía sonar muy bajo, ya desde “Tomorrow’s No Concern” la voz de Dee era todo lo que tenía que ser. La batería pecó de ser un poco tosca, pero viendo este momento creativo de Snider, con “For The Love Of Metal” (2018), eso no era algo molesto o poco correspondiente.

Pese a que ese disco era la excusa de esta nueva visita del norteamericano, lo cierto es que el delirio fue monopolizado por cada track de Twisted Sister que aparecía en escena. El primero fue “You Can’t Stop Rock ’n’ Roll”, y desde ahí en adelante que sólo iba a aumentar la participación de la gente. Con “Burn In Hell” se vio el lado más infernal de Dee, luego de su canción solista “American Made”, casi indicando de dónde viene y hacia dónde va, con claridad, prestancia y diversión, la misma que inundó “We’re Not Gonna Take It”, el clásico de clásicos de Twisted Sister que sonó brutal en el escenario de la Blondie, incluyendo las gargantas de las entre 500 y 600 personas que asistieron, todas inmersas en la experiencia, una que se extendió luego de que, al terminar la canción, Snider reconociera que en español también se canta “Huevos con Aceite” y pidiera a la gente corear así un poco, incluso sumándose. Es ese el triunfo de Dee Snider, más que el tipo de rock que haga dentro de su versátil figura o de la calidad de las canciones: la fiesta puede ser real y puede ser valiosa para el alma y las acciones.

Por eso entiende que sólo toque temas del último disco, para no aprovecharse del pánico. “Nunca dejaré de tocar las canciones de Twisted Sister, porque son parte de mi historia”, dijo Dee en algún momento, y eso es muy cierto. El homenaje a múltiples figuras del rock muertas en “The Price” entregó mucha emoción y vítores a nombres como Freddie Mercury o A.J. Pero, el clásico baterista de TS fallecido en 2015. Luego de eso, un poco de fortaleza y de hidalguía en medio de una letra de autoafirmación como es la de “Become The Storm” para luego acelerar en el cierre del show.

Under The Blade” y una versión extendida de “I Wanna Rock” eran perfectas para toda la gente metida a fondo en sus propias historias y sus propias fiestas. Aunque a veces la Blondie tenga decoración un tanto festiva para ciertas bandas de metal, en un show como el de Dee Snider resultaba un espacio adecuado para sentir que se estaba en medio de una fiesta, de esas que duran poco pero que se sienten harto. Para el final, Dee dejó la canción que lo motiva en este momento creativo, y también que explica ciertas decisiones sonoras y la actitud. “For The Love Of Metal” no sólo es una frase, sino que una declaración de principios que, por muy superficial que se pueda ver, tiene ramificaciones para las y los sujetos involucrados.

Para la anécdota quedará que en el setlist estaba anotada “Highway To Hell” de AC/DC y que no fue tocada. Incluso la presentación de los integrantes de la banda no se realizó, quizás porque al final, más allá de qué nombre se le ponía al jolgorio, lo importante eran las canciones, esas que por 70 minutos transformaron la incertidumbre en cimientos concretos para seguir adelante, sin preguntarse tonteras, sino más bien con el afán de disfrutar y respetar el poder de la fiesta y de pasarlo bien, algo cada vez más necesario dado el contexto actual de la música y las artes.

Setlist

  1. Lies Are A Business
  2. Tomorrow’s No Concern
  3. You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll (original de Twisted Sister)
  4. American Made
  5. Burn In Hell (original de Twisted Sister)
  6. I Am The Hurricane (And Roll Over You)
  7. We’re Not Gonna Take It (original de Twisted Sister)
  8. Ready To Fall (original de Widowmaker)
  9. The Price (original de Twisted Sister)
  10. Become The Storm
  11. Under The Blade (original de Twisted Sister)
  12. I Wanna Rock (original de Twisted Sister)
  13. For The Love Of Metal

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Cigarettes After Sex: Fragmentos de la intimidad

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Cigarettes After Sex

Era un 16 de diciembre de 2017 y Santiago recibía por primera vez a Cigarettes After Sex, proyecto de El Paso, Texas, liderado por el músico Greg Gonzalez, que llegaba a consagrar una popularidad que comenzó a gestarse desde 2012 con el aclamado EP “I”, y que fue creciendo año a año hasta presentar un debut homónimo en 2017. Ahora, lejos del contexto festivalero y en pleno 2019, el anuncio del primer concierto en solitario del conjunto desató una calurosa respuesta de su fanaticada, agotando la totalidad del recinto original para luego moverse a uno de mayor capacidad. Cúpula Multiespacio, también agotado, sería el lugar donde artista y público se encontrarían una vez más y, a pesar de no haber tenido mucho material nuevo desde la última ocasión hasta ahora, el fervor era igual de potente, o incluso más que en la primera instancia de encuentro.

Pese a un ligero retraso en el inicio del concierto, principalmente debido a complicaciones por un inadvertido proceso de reubicación que atrasó el ingreso de los asistentes, a eso de las 22:18 horas apareció la banda en escena, siendo el frontman Greg Gonzalez el último en tomar posición ante una ovación general de la fanaticada que repletó Cúpula Multiespacio para la segunda vez en nuestro país del conjunto texano. Y casi en un contraste perfecto, esta nueva visita significó un opuesto absoluto de la anterior, primero por ser un show en solitario y no en el contexto de un festival, y segundo, por capturar la esencia misma de la instancia en un espacio más íntimo, y no bajo el manto de la noche como aquella jornada de diciembre en Planetario Santiago.

Al momento de debatir sobre la propuesta de Cigarettes After Sex, es innegable no reconocer ciertos puntos presentes en su obra, como por el ejemplo la cinematográfica transición que se genera con su música, cuyas armonías van estructurando una secuencia que absorbe elementos en el camino y los vuelve a reutilizar en distintos puntos como parte de un relato cíclico, propio de la poesía.

Desde el mismo comienzo con “Opera House” y “Sesame Syrup”, Gonzalez y los suyos adoptan ese papel de narradores, que los conlleva a comprometerse de una manera más íntima y directa con su audiencia, permitiendo que el trance que viven los integrantes interpretando las canciones sea transmitido hacia un público que echa su imaginación a volar al ritmo de los sonidos, con canciones que los transportan hasta la intimidad de su habitación o hacia el recuerdo de algún atesorado momento con alguien importante para ellos. Para eso y mucho más, Cigarettes After Sex ha servido como la banda sonora de fragmentos propios de la intimidad, facilitando el afloro de sentimientos felices y tristes, de alegría y melancolía, las cosas buenas y no tan buenas de una vida que, de una u otra manera, a todos nos golpea en algún momento.

Es claro que uno de los atributos principales de esta propuesta es el minimalismo, sobre todo cuando se pone en la balanza el exceso de producción que existe en mucha música de hoy en día, donde pareciera que entre más capas posibles de sonidos pueda tener, es mucho mejor para la audiencia. En ese contexto, Gonzalez opta por un minimalismo en todo aspecto de la palabra, desde el mismo arte de los discos, hasta las visuales de un concierto, donde imágenes cinematográficas sirven para situar el escenario en algún punto específico de una historia que es muy subjetiva, pero que a la vez permite generar un consenso que obtiene similitudes entre quienes lo presencian.

Tal como lo hacen canciones como “John Wayne”, “Affection” o el gran cover de REO SpeedwagonKeep On Loving You”, una cálida atmosfera se apoderó del lugar durante la totalidad de la presentación, con la gente escuchando atentamente y en silencio cómo una banda conectada a más no poder ejecutó a la perfección cada movimiento dentro de esta obra, que, si bien se mantuvo calma, igualmente generó las más alocadas reacciones cuando tocaron algunas de sus composiciones más aclamadas, como “K.”, “Nothing’s Gonna Hurt You Baby” o “Apocalypse”, que cerró el set principal ante un clamor general pidiendo más. Se había esperado mucho por esta noche y nadie quería que terminara tan rápido. Como pocas veces en esta gira, un bis llegó de la mano de “Young & Dumb” y, ahora sí, tras poco más de una hora sobre el escenario, Gonzalez y los suyos dijeron adiós.

Así como un concierto puede ser el momento perfecto para entrar en catarsis y liberar energías, también puede convertirse en una instancia absolutamente opuesta, donde la música nos invite a la reflexión y a poner en pausa el caótico ritmo de vida que no deja dormir a la ciudad durante la cotidianeidad. Aunque fuese por un tiempo cercano a los ochenta minutos, Cigarettes After Sex demostró que un pequeño rincón de la capital puede albergar muchas más emociones que una ciudad entera viviendo a paso acelerado allá afuera. No hay nada como una buena obra con tintes cinematográficos, que respete una estructura de desarrollo para llevarnos en un relato con distintos capítulos, escenas y momentos que queden impregnados en la memoria del espectador. Es posible que muchos de los asistentes hayan salido con una idea fija en su cabeza o que este fugaz momento haya marcado un antes y un después en sus vidas, pero lo cierto es que desde ahí proviene el poder de la música; te puede mover, hacer sentir, marcar y definir tu personalidad en base a una obra que, aunque muchas veces de carácter personal, siempre tendrá la esencia de ser algo netamente subjetivo al oyente.

Setlist

  1. Opera House
  2. Sesame Syrup
  3. Crush
  4. John Wayne
  5. Affection
  6. Keep On Loving You (original de REO Speedwagon)
  7. K.
  8. Sweet
  9. Sunsetz
  10. Nothing’s Gonna Hurt You Baby
  11. Each Time You Fall In Love
  12. Apocalypse
  13. Young & Dumb
  14. Dreaming Of You

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