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Dead Can Dance: Acariciando los sentidos

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Que los australianos de Dead Can Dance hayan decidido incluir a Chile en su periplo mundial como parte de la gira de promoción de su octavo álbum de estudio, “Anastasis” (2012), ya era un acontecimiento capaz de emocionar hasta los huesos a los fanáticos más incondicionales de la banda, quienes llevaban más de tres décadas esperando la oportunidad de ver a Lisa Gerrard y Brendan Perry en vivo. Que a esto se haya sumado un segundo show de carácter más íntimo en Monticello Grand Casino, no hacía otra cosa que ratificar una noticia de un inmensurable valor, emotivo y cultural, y fue así como a fines de 2012 los nativos de Melbourne nos remecieron con dos impecables presentaciones, las cuales destacaron por su factura técnica y una particular atmosfera, rebosante de sentimiento y majestuosidad.

Por fortuna para el público chileno, este primer encuentro no pasaría desapercibido para Dead Can Dance, muy por el contrario, la exquisita conexión que se estableció en cada uno de estos shows gatilló la trascendental decisión de cerrar su gira mundial en nuestro país. Un escenario que fácilmente podría tener un carácter de utopía, se transformaba de la noche a la mañana en uno de los eventos más importantes del año. Llegó el momento de pagar la deuda y el recinto escogido para albergar este memorable show fue el Movistar Arena, que desde muy temprano comenzó a recibir a los miles de fanáticos, que desafiando el frio capitalino llegaban dispuestos a obtener una ubicación de privilegio en esta verdadera cita con la historia. A falta de una hora para el inicio del show salía al escenario David Kuckhermann, percusionista de la banda, para calentar el ambiente en una sesión instrumental de treinta minutos de duración, tiempo en el cual interpretó cinco canciones desplegando su talento y habilidad en el manejo del hang y el riq, pequeño pandero de origen árabe, y donde inclusive invitó al escenario al músico Mauricio Garay Cid, quien demostró su destreza en la ejecución del ronroco, instrumento de cuerdas boliviano. La presentación recibió el beneplácito de los fanáticos, quienes despidieron al percusionista en medio de una lluvia de aplausos.

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A las 22:00 hrs. en punto salen a escena Lisa Gerrard y Brendan Perry, acompañados por otros cuatro músicos, y casi en un acto reflejo, una estruendosa ovación se apodera de cada rincón del recinto del Parque O’Higgins. Luces de hermosas tonalidades amarillas y verdes, se proyectan sobre el escenario, dando inicio a la interpretación de “Children Of The Sun”, en donde la poderosa voz del frontman se complementa con la exquisita instrumentación que produce la batería, los teclados y el yangqin de Lisa, recibiendo de inmediato la aprobación de los asistentes, que Perry responde con un sencillo “Muchas gracias. Buenas noches”. La delicada y celestial voz de la cantante da vida a “Agape”, canción que destaca por la nitidez con que suena el bouzouki y la calidad del sonido en general, en donde no se evidencia ningún ripio. En “Rakim” un multifacético Brendan apoya en la percusión, y posteriormente se apropia del pandero, mientras el timbal suena potente y decidido. Durante “Kiko”, la majestuosa voz ocupa hasta el más insignificante recoveco del lugar, llenando la atmosfera de un misticismo que se fusiona con la lluvia de colores que invade a los músicos desde las alturas. Una cerrada ovación y un aluvión de aplausos dan cuenta del cariño y devoción que provoca Dead Can Dance, con una audiencia completamente entregada y conectada.

A la perfecta interpretación de “Amnesia”, con Perry desplegando su inconfundible registro vocal y Gerrard incursionando en el teclado, le sucede uno de los tantos momentos maravillosos de la velada, con la vocalista asumiendo el protagonismo del evento, acompañada solo por dos músicos, dando vida a “Sanvean”, donde la voz suena esplendorosa, capaz de penetrar cada fibra del cuerpo, en una secuencia sombría y desgarradora. Hacer música se trata de lograr que múltiples instrumentos convivan, de tal manera que se potencien mutuamente en pro de un resultado mayor, y es precisamente en este rubro que los australianos aprueban con excelencia, una muestra más que significativa lo constituye “Black Sun”, en donde cada uno de los elementos se complementan en perfecta conjunción. Una avalancha de energía se apodera del recinto de la mano de “Nierika”,  en donde la interpretación a múltiples voces y una depurada melodía, invitan a cerrar los ojos y degustar de forma íntima cada uno de los matices y texturas que propone Dead Can Dance. La perfección de cada elemento sirve como canalizador de vitalidad, fluyendo libremente entre cada uno de los acordes que estructuran “Opium”, y transmitiéndose de manera transparente a una audiencia que se sensibiliza con cada una de las notas.

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La presentación se desarrolla sin pausas, no dando lugar a que el público pierda la estrecha conexión establecida con Brendan Perry y Lisa Gerrard, quienes cantan a dúo “The Host Of Seraphim”, evidenciando un lazo que va más allá de lo musical, traspasando la barrera de lo conocido hacía un plano extra sensorial. El vocalista se disculpa por su defectuoso español, para posteriormente presentar los temas “Ime Prezakias”, original de Roza Eskenazi, y “Fovame Mi Si Haso”, en donde destaca la versatilidad de Lisa que muestra una nueva faceta mediante la ejecución de las castañuelas, mientras que Brendan extrae los más bellos sonidos desde su bouzouki. Los primeros acordes de “Cantara” provocan una ovación generalizada en el Movistar Arena, con siete músicos en escena que se complementan de principio a fin, siendo ellos los principales artífices de una inigualable atmosfera, rebosante de sentimiento y energía. La cantante abandona el escenario, siendo el frontman quien asume el protagonismo, llevando a otro nivel la interpretación de “All In Good Time”, con una relajada y delicada base rítmica, que parece fluir en sintonía con los precisos cambios de luces. Perry termina la pieza con un “muchas gracias”, y un intercambio de aplausos con los fanáticos que no dan crédito a la perfección desplegada durante noventa minutos de música, para posteriormente perderse junto a la banda tras bastidores.

De inmediato el recinto se llena de silbidos y una estruendosa ovación que demanda el retorno de Dead Can Dance al escenario. Durante varios minutos la incertidumbre se apodera de cada uno de los fanáticos, tensión que se acaba rápidamente ante la aparición de Brendan Perry en compañía de la banda, quienes sin esperar dan vida a “The Ubiquitous Mr. Lovegrove”, tema que destaca por su bella percusión. Lisa Gerrard vuelve a escena, recibiendo generalizadas muestras de cariño y gratitud. En “Dreams Made Flesh” se produce un pequeño cambio de roles cuando Perry se hace cargo de la ejecución del yangqin, delegando la responsabilidad del canto en ella, que deslumbra con una interpretación majestuosa, marcada por tintes oscuros y fúnebres, capaces de manipular los sentidos y transportarlos a otra dimensión. Con la delicada melodía de “Song To The Siren”, cover de Tim Buckley, el recinto mantiene su manto de misticismo y divinidad, que es premiado por los aplausos de los miles de asistentes. Lisa vuelve por última vez al escenario, mientras Perry indica que este es el último show de su extensa gira, y que están muy contentos de estar en un lugar tan especial, palabras que son rápidamente recompensados con una furiosa y sentida ovación. El vocalista se encarga de presentar uno a uno a los miembros de la banda, además del staff técnico y a cada una de las personas que hicieron posible esta maravillosa puesta en escena. El orgánico sonido del teclado marca el comienzo de “Return Of The She-King”, en donde la voz de Lisa recibe el apoyo de la tecladista, estructurando una hermosa mixtura de tonalidades, amalgamándose con toda la fuerza y potencia que inyecta la figura de Brendan. Un fanático sube al escenario y se arrodilla a los pies del artista como una muestra extrema de devoción, mientras que un extasiado público ovaciona al unísono a los músicos, quienes reunidos en el centro del escenario se despiden con una reverencia.deadcandancechile_arena03

Cada uno de los asistentes al show de Dead Can Dance en el Movistar Arena debe agradecer que el destino los ubicó en ese momento y en ese lugar, ya que muy pocas veces en la vida se tiene la oportunidad de ser testigo de una presentación que no solo raye en la perfección, sino que sea capaz de llevar al espectador a un nivel superior, en donde la música es capaz de penetrar en lo más profundo de la percepción, acariciando los sentidos y llevándonos a otro plano emocional. Una puesta en escena carente de imperfecciones, cuyo principal atributo radica en la habilidad de establecer una íntima conexión, con todas, y cada una de las 7.500 almas presentes en el recinto, llevándolos inclusive a un estado de trance tan subliminal, que el cuerpo es capaz de bajar sus pulsaciones y aguantar la respiración, para no interrumpir toda la maestría de los músicos presentes en el escenario. Una presentación que sin lugar a dudas será catapultada a un lugar de privilegio en el registro de los mejores conciertos que han pasado por nuestras tierras, en donde la estrecha complicidad de cada uno de los elementos que configuraron el show de los australianos, hicieron de este evento, un marca indeleble.

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Setlist:

  1. Children Of The Sun
  2. Agape
  3. Rakim
  4. Kiko
  5. Amnesia
  6. Sanvean
  7. Black Sun
  8. Nierika
  9. Opium
  10. The Host Of Seraphim
  11. Ime Prezakias (cover de Roza Eskenazi)
  12. Fovame Mi Si Haso
  13. Cantara
  14. All In Good Time
  15. The Ubiquitous Mr. Lovegrove
  16. Dreams Made Flesh (cover de This Mortal Coil)
  17. Song To The Siren (cover de Tim Buckley)
  18. Return Of The She-King

Por Gustavo Inzunza

Fotos por Praxila Larenas

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11 Comentarios

11 Comments

  1. Patricio Gonzalez

    15-Jul-2013 en 1:05 am

    He ido a muchos conciertos y este es uno de los que mas me ha emocionado. Una obra de arte hecha sonido. Gracias DCD por darme alegría al espíritu el sábado.

  2. Miguel Urzúa

    15-Jul-2013 en 9:13 am

    “Cada uno de los asistentes al show de Dead Can Dance en el Movistar Arena debe agradecer que el destino los ubicó en ese momento y en ese lugar……” Me lo dices a mi que estuve en primera fila y tuve el honor de ser el único en entregarle sus merecidas flores a Lisa…. simplemente no lo olvidare jamas ese momento, aun no lo creo!

  3. Clara Soto

    15-Jul-2013 en 10:02 am

    Lo vivido ese sábado creo que será díficil de superar…

  4. Óscar

    15-Jul-2013 en 10:10 am

    El mejor review que leí. Grande HN.

  5. María José

    15-Jul-2013 en 11:14 am

    Una noche para no olvidar!

  6. Rodrigo Mardones

    15-Jul-2013 en 11:59 am

    Gran review!!

  7. Claudia Andreas

    15-Jul-2013 en 12:14 pm

    magico y sublime concierto, excelente critica…

  8. Esteban

    15-Jul-2013 en 1:11 pm

    Exquisita nota del concierto, agradecido de los detalles y la sensibilidad desplegada para realizarlo. Pude disfrutarlo y muchísimos de los comentarios me hacen total sentido para lo vivenciado en la ocasión. Gracias.

  9. KAREN O.

    30-Abr-2014 en 11:31 pm

    Gustavo Inzunza, muchas gracias.
    Ha sido el concierto mas maravilloso que he vivido.
    Tal fue mi emoción que no aguante las lagrimas y llore tres veces! y pensé que era la única loca que cantaba pero no, a mi lado había un joven de mas o menos mi edad (18 u 19) que también lo hacia y en The Ubiquitous Mr. Lovegrove se desgarro haciéndolo… que maravilla!
    Ahora esperando con ansias el regreso de Lisa con Gladiator Live.
    Un saludo!

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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