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Dark Funeral: Soundtrack para la destrucción

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En el contexto de una gira por Chile, Dark Funeral llegaba nuevamente a Santiago para presentarse en el Club Rock & Guitarras, mostrando lo mejor de su discografía en un show que, en el papel, debía promocionar su último disco, pero que se presentó como una instancia para recorrer la historia de un grupo que lleva 25 años profesando los sonidos oscuros y agresivos del black metal, alzándose como uno de los pioneros de un estilo que está pasando a dejar su carácter moderno, siendo formador también de otras ramas más recientes dentro del metal extremo.

La banda nacional Futhan fue la encargada de abrir la jornada, con un show que destacó lo mejor de su trabajo. El conjunto oriundo de Temuco entregó muestras de algo que ya se tiene conciencia, y esa es la gran influencia que el metal extremo genera en las bandas locales. Luego de su presentación, todos se prepararon para iniciar el ritual y darle la bienvenida a los invitados principales.

Unchain My Soul” dio inicio al ritual de los suecos, quienes comenzaron de manera “calma” una canción que, a medida que avanza, agarra la intensidad característica que predomina en el black metal, con riffs sencillos pero demoledores, y una batería que pareciera musicalizar el más horrible de los apocalipsis. Podrá sonar como cliché, pero la música de Dark Funeral evoca todos los sentimientos necesarios que profesa el género, manteniendo una densidad en el ambiente que enciende las pasiones de los más fanáticos, quienes no se hicieron de rogar para armar el correspondiente mosh pit en la pista del Club Rock & Guitarras. Como era de esperar, el satanismo primó como la tónica principal del show con canciones como “666 Voices Inside” o “My Dark Desires”, desatando la batalla campal entre los entusiastas asistentes.

Es evidente que “Where Shadows Forever Reigns” (2016) sería el disco que más influenciaría en el setlist, llevándose consigo seis cortes dentro de la lista. El sonido de la banda se mantiene intacto, no perecible al paso de los años, por lo que sería claro que “Nail Them To The Cross”, “As I Ascend” o “Where Shadows Forever Reigns” sonarían igual de crudas y violentas que en los mejores años del conjunto. El tiempo pasa y, a pesar de que las cosas no sigan igual, el espíritu oscuro de Dark Funeral se mantiene vigente, con un sonido que sobrepasa expectativas y demuestra por qué son uno de los precursores más destacados de un estilo que, si bien no tiene mucha ciencia musicalmente hablando, sabe auto beneficiarse de su simpleza para abordar de la mejor manera posible las temáticas que trata.

El encore vino acompañado de un favorito del público, “Open The Gates”, cuya letra invoca a Satanás en sus diferentes encarnaciones, sonando brutal y agresiva mediante sus riffs lúgubres y una batería que a toda marcha revienta con todo a su paso. El mosh pit parecía no cesar y el cierre con la canción que da título a su último trabajo dejó el entusiasmo de los fanáticos por las nubes, coronando una presentación que se mantuvo en ascenso en cada track que se interpretaba. Lo último demostró una cosa: independiente del legado que Dark Funeral posea, no hay necesidad de mirar atrás, por lo que la decisión de privilegiar un lanzamiento reciente por sobre su extenso catálogo no sólo es inteligente, sino también es un signo de que el conjunto desea avanzar y dejar su legado plasmado con mucho más que su historia pasada.

Ya es majadero hablar de la intensa devoción que el metal extremo genera en Chile, pero Dark Funeral es una muestra más de algo que ya se ha estudiado por años. Es evidente que Sudamérica fue uno de los sectores donde más recalaron los sonidos del black metal, generando una conexión especial entre dos puntos del planeta tan alejados entre sí. Lo cierto, es que esa oleada provocó todo un nacimiento para las bandas de metal extremo que surgieron en esta zona, algo que se comprueba al ver a Dark Funeral en el escenario, quienes, mediante un estilo crudo y directo, transportan la música a sus raíces profundas, donde las ideas se manifiestan de manera fluida y sin tanta orquestación. Este estilo –autentico en su esencia– es lo que lleva a la legión de seguidores a ovacionar la oscuridad, abrazándose de los sonidos más tenebrosos y violentos que se puedan imaginar.

Setlist

  1. Unchain My Soul
  2. 666 Voices Inside
  3. Temple Of Ahriman
  4. My Dark Desires
  5. The Arrival Of Satan’s Empire
  6. Ravenna Strigoi Mortii
  7. Atrum Regina
  8. The Secrets Of The Black Arts
  9. Goddess Of Sodomy
  10. Diabolis Interium
  11. My Funeral
  12. Vobiscum Satanas
  13. As I Ascend
  14. Nail Them To The Cross
  15. Open The Gates
  16. Where Shadows Forever Reign

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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