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Daniel Cavanagh: La ilusión del tiempo

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Una de las teorías más interesantes surgidas de la física en las últimas décadas es la de la gravedad cuántica de bucles, donde, a través de la repetición cíclica de eventos, se pueden poner en un mismo plano la mecánica cuántica y la relatividad general. Parte de las consecuencias de este nexo sería que el tiempo no es ni relativo ni complejo, sino que una mera ilusión entregada por la percepción de los sucesos, que se enlazan como una red, sin haber pasado, presente o futuro. El tiempo sería la forma de simplificar el entendimiento del universo, y también una manera de moderar el flujo de información y, de esta forma, poder vivir sin la abrumadora sensación de la totalidad.

Cuando Daniel Cavanagh va moldeando con su máquina de loops los sonidos que irrumpen como bucles en su presentación solista en el Teatro Nescafé de las Artes, el tiempo como tal se moldea y contempla su propio existir. Son minutos que en verdad no existen, porque el momento es completo y el todo se alcanza, al menos en apariencia. Aunque él se pone en un sitio humilde a punta de humor, sencillez y humanidad, Cavanagh muchas veces pareció llevar a cabo los salmos para un mundo diferente, sirviéndose de canciones de Anathema, pero también de otros compositores y bandas para –bucles mediante– dar la idea de una banda completa en la cabeza de un creador que mostró parte de sus capacidades en el escenario, en este tour solista que lo trajo la noche del 10 de mayo de vuelta a Chile.

Si algo queda claro es que, con la máquina de bucles, Daniel podía entregar extractos de lo que suena en su cabeza y ponerlos de primera mano a disposición del público, algo notorio en momentos como el inicio con “Springfield”, o en su cover medio improvisado, pero muy genuino a “Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V)” de Pink Floyd. También a veces lo que había era la posibilidad de oír canciones en su esencia fundamental, sin agregar nada que no fuera vital, como en los momentos en que Cavanagh se sentaba en el teclado, como en el cover a “Enjoy The Silence” de Depeche Mode.

No hay grandes complejidades en el show de Cavanagh. Así como el tiempo simplificaría el entendimiento del todo, las canciones se suceden y no hay mucho más que decir. Es tremendo cuando un músico se toma de canciones ajenas con sentimientos visiblemente propios, tal como pasa en “Running Up That Hill” de Kate Bush o la sorprendente “Wasted Years” de Iron Maiden, pero donde había más brillo era en la cercanía expresada por el artista, que incluso echó la talla diciendo “gracias por venir a verme a mí. Sé que estaría lleno el teatro si hubiera venido con Anathema”.

Daniel sabía que el público en el recinto era parte de los más fanáticos de la banda, y también pudo molestar cuando le gritaban peticiones de canciones, incluso diciendo que “‘Flying’ no es tan buena, su primera mitad es promedio y cerca del final recién se pone interesante”. A tal llegó el nivel de diálogo con la gente, que alguien le gritó “¡Jeff Buckley!” y, luego de negarse, Cavanagh empezó a tocar una versión en guitarra de “Hallelujah” en broma, pero se entusiasmó y cantó, claro que cambiando la letra por referencias a que no se sabía las líricas. Sencillez y carisma por doquier.

Aunque tuvo 18 canciones (más algunos fragmentos de otras), y en teoría cada una no duraba tanto, el show se extendió por casi dos horas, y es que cuando existe tal nivel de composiciones, cercanía y buen sonido (el que Daniel chequeaba constantemente para evitar problemas), el tiempo dejaba de existir y se volvía una ilusión que, a punta de bucles, teclas y cuerdas, se manifestaba para generar una comunión con un público que pudo no superar asistencias anteriores de la agrupación completa, pero que tuvo en Daniel a un aliado para trascurrir por el espacio, el tiempo y lo que sea que se teorice, porque al final todos pueden emocionarse con un crescendo musical tan bello como “Untouchable Pt. 1”, y con los instrumentos de ese tema en bucle es que Cavanagh cerró esta visita por Chile, más cercano y universal que nunca.

Setlist

  1. Springfield (original de Anathema)
  2. Untouchable, Part 2 (original de Anathema)
  3. The Exorcist
  4. Are You There? (original de Anathema)
  5. Running Up That Hill (original de Kate Bush)
  6. Another Brick In The Wall (original de Pink Floyd)
  7. Ariel (original de Anathema)
  8. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  9. Soho
  10. Anathema (original de Anathema)
  11. Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V) (original de Pink Floyd)
  12. Fragile Dreams (original de Anathema)
  13. Lost Control (original de Anathema)
  14. One Last Goodbye (original de Anathema)
  15. Deep (original de Anathema)
  16. Wasted Years (original de Iron Maiden)
  17. Temporary Peace (original de Anathema)
  18. Untouchable, Part 1 (original de Anathema)

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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