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Damon Albarn en Argentina

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La madurez definitivamente tocó la puerta de Damon Albarn. Luego de, durante años, dar elegantes rodeos a su primer disco solista, enmascarándose en diversos grupos y alias, representando diferentes estéticas sonoras y dando la vuelta al mundo de la música con su siempre irreverente cara de teenager terrible de la periferia urbana británica, el hombre, el ser ya crecido, da la cara y lanza “Everyday Robots” (2014). Ahora su carrera tiene otro sentido. Su personalidad se comienza a percibir de otro tamaño gracias a la responsabilidad que asume en esta etapa: está sólo timoneando el barco. Aquí no tiene un Graham Coxon con quien compartir tareas, ahora no lo ayudan a brillar Dan The Automator, ni Flea, ni Tony Allen, por nombrar algunas de las figuras con las que conformó una serie de súper grupos y colaboraciones que más de uno envidiaría. En ese estado de situación se planta en el escenario respaldado por los Heavy Seas, quienes de movida dan señales positivas: groove, escena y, sobre todo, amplísimos matices con los que versionar todos y cada uno de los temas que sonarán a lo largo de la noche.

DAMON ALBARN ARGENTINA 2014 01

Sentado en su teclado, comandando el escenario con su peculiar mezcla de desparpajo hooligan y talante de hijo de vecino devenido en crooner 100% orgánico, Albarn hace y deshace a su gusto. La primera sorpresa es la misma apertura: “Lonely Press Play” experimenta un gigantismo que la deja irreconocible hasta el momento en que el cantante pronuncia palabra. La base es sólida como un camión de caudales y dócil como una gacela. Luego de este comienzo de medio perfil, que más que a la estridencia apuesta a la emoción y la intimidad –el segundo tema fue el corte “Everyday Robots”, reconvertido en una suerte de power trip hop-, la fiesta sube de tono cuando aterrizan algunos de los hits que Albarn fue regalando antes de ser un solista de ley. “Slow Country” y “Kids With Guns” de Gorillaz lo sacan del teclado y, cubierto de su vestimenta de normcore absoluto, le da otro color a la noche cuando la influencia que The Clash dejó en él se deja ver.

DAMON ALBARN ARGENTINA 2014 02

Con un excelente trabajo del guitarrista Jeff Wootton, quien a esta altura ya había demostrado que su perfil es tan amplio como el de su jefe, llevando su guitarra desde la experimentación noise a los preciosos climas que las nuevas canciones piden, pasando por ese groove “hecho en Manchester”, las revoluciones volverían a bajar con las versiones de “Hostiles” (hermosa aún sin la sesión de cuerdas) y “Photographs (You Are Taking Now)”. Ya se podía ver a un público treintañero conmovido, jugando a ser sentimental y no morir en el intento; viviendo la “emoción Albarn” a tope. Porque ser fan de este hombre es algo sencillo, ya que no deja lugar a sentimientos de culpa por ser su seguidor: Albarn es –entre otras cosas- uno de esos baladistas que no tiene un milímetro de ordinario, parte de una raza milagrosa de la humanidad. No hay manera de sacarle un gesto chabacano en un show donde casi la mitad de las canciones son lentas y sentidas. Algo así como un mérito artístico.

DAMON ALBARN ARGENTINA 2014 03

Todo es elegante sobre las tablas, incluso los momentos de mayor adrenalina, en los que el de Essex salta desacatado y baña de agua a los seguidores de las primeras filas, pero los momentos donde las luces seguidoras se concentran en el líder y él saca lo mejor de su voz –que claramente no es la técnica-, el teatro directamente se derrite a sus pies. Canta con el peso de un bluesman de 80 años del Mississippi. Acompañado por el arreglo clásico de vientos, en este caso encarado sólo con una trompeta, “End Of The Century” suena tan pequeña e íntima al mismo tiempo, que se convierte en una noticia excelente para el seguidor de Blur: ahora se corea este tema con una sensación de euforia interior, profunda, muy distinta al estallido de pasión que puede ocasionar en manos de su banda creadora. Lo mismo ocurre con la emocionante versión de “Out Of Time”, que junto a “All Your Life” completaría el repaso a la discografía de los pilares del pop inglés. Entre tanto, el setlist nos recuerda que en 2005 Albarn formó un súper grupo (junto a Tony Allen, compañero de aventuras de Fela Kuti y Paul Simonon de The Clash) que quedó injustamente relegado en popularidad. “The Good, The Bad And The Queen” se hace presente con unas hipnóticas versiones de alto voltaje de “Kingdom Of Doom” y “Three Changes”.

DAMON ALBARN ARGENTINA 2014 05

La fiesta se desataba con “Clint Eastwood”, el primer súper hit de Gorillaz con el reconocido MC de Ghana, M.anifest, haciendo las partes de Del De Funky Homosapien. Y así, cuando el versátil y talentoso guitarrista/bajista/bailarín Seye se calza el ukelele y  un coro gospel de seis integrantes entran al escenario, todos saben que es hora de “Mr. Tembo”, que en vivo –también, por suerte- toma una dimensión extracurricular. “Heavy Seas Of Love” es la despedida en plan misa de Harlem. Sonidos espirituales jugando al pop y ganando por goleada.

DAMON ALBARN ARGENTINA 2014 04

Una ocasión de lujo terminaba. Damon Albarn finalmente mostraba lo más reservado de su personalidad musical en un evento destacable en cualquier agenda. Si se tiene en cuenta que estamos hablando de, posiblemente, el más importante y fructífero músico de pop inglés de las últimas dos décadas, esto claramente es un antes y un después.

Setlist

  1. Lonely Press Play
  2. Everyday Robots
  3. Tomorrow Comes Today (original de Gorillaz)
  4. Slow Country (original de Gorillaz)
  5. Kids With Guns (original de Gorillaz)
  6. Three Changes (original de The Good, The Bad & The Queen)
  7. Hostiles
  8. Photographs (You Are Taking Now)
  9. Kingdom Of Doom (original de The Good, The Bad & The Queen)
  10. You And Me
  11. Hollow Ponds
  12. El Mañana (original de Gorillaz)
  13. Don’t Get Lost In Heaven (original de Gorillaz)
  14. Out Of Time (original de Blur)
  15. All Your Life (original de Blur)
  16. End Of A Century (original de Blur)
  17. Clint Eastwood (original de Gorillaz)
  18. Mr. Tembo
  19. Heavy Seas Of Love

Por Adrián Mazzeo

Fotos por Tomás Correa Arce

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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