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Cut Copy: Luces y música (y mucho más)

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Cuando una banda viene a Chile varias veces en pocos años, está el riesgo de que su espectáculo se vaya haciendo añejo para sus fans y que exista la suspicacia –muchas veces injustificada- de aquellos no tan cercanos. Por ello, cada disco nuevo es una oportunidad para que la gente que cuestiona lo incuestionable se quede en silencio o, por lo menos, con un argumento menos. Y si hace falta, un set sólido en vivo hace este trabajo con aún más eficacia. Aquello es lo que hicieron los, a estas alturas, viejos conocidos Cut Copy en el Teatro La Cúpula, en una nueva cita de Club Fauna. Con un recinto lleno en aproximadamente un 80 por ciento, los australianos dieron en una hora y media un show lleno de energía, y mucho más que las luces y música que se podían apreciar a lo lejos del escenario.

CUT COPY CHILE 2013 01

Todo partió con más de media hora de retraso, lo que poca gente resintió hasta el momento en el que el DJ que calentó el ambiente salió del escenario. En esos instantes de silencio aparecieron chiflidos y aplausos de impaciencia, donde las personas en cancha procuraban tener un poco de espacio para bailar, en medio del tumulto, que no se repetía en las gradas, excepto en aquellos lugares donde se vendían tragos que tenían largas filas, las que se disiparon tras el inicio del show. La intro mostró voces de ultratumba que se cernían sobre una cúpula ardiente, y poco a poco mutó hasta ser la “Intro” de “Free Your Mind”, cuarto disco de la banda que salió hace un par de semanas y que muestra a Cut Copy mucho más cercano a sus pasajes más bailables y accesibles. Por ello, era un poco obvio que la primera canción del set sería “Free Your Mind”, donde Dan Whitford hizo gala de su impecable voz, que se mantuvo inmutable en el vaivén de registros más agudos que graves en todo el show, aunque es cierto que la voz se perdía en los tonos más agudos, haciendo que se escuchara la de Dan por detrás del resto de los instrumentos, cosa mucho más notoria para la gente que estaba en cancha.

CUT COPY CHILE 2013 02

Desde el comienzo el show era baile, luces y música, y poco más. No había proyecciones, pese a que detrás de la banda había una senda pantalla que podría haber sido mucho más utilizada, pero ese no fue impedimento para el disfrute de los asistentes con el desplante y baile incansable de Whitford, el que se calmó en “Where I’m Going”, track de “Zonoscope” (2011), disco del que sólo tocaron tres canciones, demostrando que esa placa tiene su principal brillo fuera de la pista de baile que en ella. Así, el retorno a tradicionales sonidos bailables en el clásico “Feel The Love” deja de inmediato postales para el recuerdo, con un público enfervorizado, donde la banda deja intermedios musicales levemente más amplios por el mero placer de ver a la gente bailando. Luego viene “In Memory Capsule”, llena de guiños a la música disco, con loops perfectos y una interpretación donde las capas funcionan de gran manera, conformando junto a “Feel The Love” un combo potente, que tuvo en “So Haunted” y su sonido más noise un momento de calma antes de la explosión que fue “Hearts On Fire”, que dejó realmente “en llamas” al público, con una performance que tiene en Dan Whitford a un animador constante, con sus bailes, gestos, voz y que lo muestra como un frontman mucho más allá de lo efectivo, aunque los otros miembros de la banda también generan mucha energía y ninguno se queda en el ostracismo de concentrarse sólo en tocar. Todos disfrutan lo que hacen, las canciones y el show, y eso permea en un público que, tras más de media hora de espectáculo, no escatima esfuerzos en seguirle el paso a los oriundos de Melbourne.

CUT COPY CHILE 2013 03

Luego volvieron a sus inicios con “That Was Just A Dream”, canción que aparece en su primer álbum, “Bright Like Neon Love” (2004), la que tiene una vibra muy Daft Punk y que mezcla el funk y un sonido más “espacial” con grandes cuotas de locura en escena, las mismas que hacían imperceptible los trozos de “Zap Zap”, track siguiente en ese disco, que se esparcían en el aire con prestancia y frenesí. Con tal antecedente, “Nobody Lost. Nobody Found” se sintió como una bocanada de aire fresco, la que se vio potenciada con “Strangers In The Wind”, mucho más lenta y paulatina que el urgente ritmo de la mayoría de las canciones en el set de Cut Copy.

CUT COPY CHILE 2013 04

Como dicen, la calma que antecede a la tormenta, porque luego la banda tocó “Take Me Over”, donde el bajo se tomó el sonido, y el baile se tomó todo lo demás, con “Out The On The Ice” a la vorágine máxima, donde Tim Hoey y su bajo hicieron que nadie pudiera permanecer indiferente. De hecho, esa gente que conversaba incansablemente también se detuvo a escuchar a ratos, y los que no se detuvieron, probablemente lo hicieron con las ensordecedoras sirenas de alarma que antecedieron a “Let Me Show You Love”, gran canción de “Free Your Mind”, que fue acompañada por un juego de luces tan epiléptico como su video.

CUT COPY CHILE 2013 05

El final fue una fiesta completa. “We Are Explorers”, probablemente el sencillo más sólido y accesible del último disco de Cut Copy, tuvo una rendición al borde de la perfección, dejando el terreno allanado para el cierre del set con “Need You Now” que, extrañamente, parece ser la única canción que pierde mucho terreno con respecto a su versión de estudio, lo que deriva en que el público no prenda como podría haber sido con una canción de tal estampa. Tampoco la gente pidió tanto el regreso de la banda, y muchos de plano se fueron tras el cierre del set oficial del show, pero Whitford y los suyos volvieron tras algunos minutos. Con una Cúpula en dos tercios de su capacidad, aunque con la cancha repleta, la misma que disfrutó un doblete endemoniado con “Meet Me In The House Of Love” y “Lights And Music”, que cerraron una fiesta a la que le faltaron algunos detalles para conformarse en una cita inolvidable, pero que de todas formas dejó un show de gran nivel basado en lo que pasaba arriba del escenario, y no en la parafernalia extrema en la que otros deben recurrir. Así, hubo luces y música, pero también energía, alma, carne y baile dispuestos para generar varias postales con una banda que, no cabe dudas, volverá con algo nuevo bajo el brazo, sin necesidad de hurgar en la nostalgia para sonar tan frescamente como unos viejos conocidos.

Setlist

  1. Intro
  2. Free Your Mind
  3. Where I’m Going
  4. Feel The Love
  5. In Memory Capsule
  6. So Haunted
  7. Hearts On Fire
  8. That Was Just A Dream (con outro de Zap Zap)
  9. Nobody Lost, Nobody Found
  10. Strangers In The Wind
  11. Take Me Over
  12. Out There On The Ice
  13. Let Me Show You Love
  14. We Are Explorers
  15. Need You Now
  16. Meet Me In The House Of Love
  17. Lights And Music

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Julio Ortúzar

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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