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Cuarteto De Nos: Libres de celebrar

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Roberto Musso, el perspicaz vocalista y principal compositor de Cuarteto de Nos, siempre aboga por el poder de los procesos y el goce de la experiencia, más allá de los resultados. Aunque el éxito masivo de la banda uruguaya en la última década puede hacer creer que Musso y los suyos podrían exaltar los triunfos hasta el hartazgo, lo cierto es que no ha sido un camino corto. Veinte años para tener un disco que tuviera notoriedad fuera de Uruguay, o más, para recién en 2006, 22 años después del inicio, llegara el reconocimiento con “Raro”. Entonces, Musso, el baterista Álvaro Pintos y el resto de la banda, entienden que nada se da sin lucha, como pasa cuando hay problemas en la previa de un show en vivo.

Tres visitas anteriores entre 2011 y 2016 presagiaban que podría repetirse la fórmula de un público entusiasta junto a una banda que, aunque no goza de virtuosismo para rellenar y engalanar su prestancia, sí tiene las letras y las canciones para generar reacciones intensas. El problema es que nadie se esperaba que la cuarta visita partiera de forma tan dura. Los aviones se retrasan, y es parte del devenir en el tránsito internacional, pero no todos los días le pasa a Cuarteto de Nos, lo que derivó en un contratiempo general que movió los horarios, con la banda haciendo la prueba de sonido cuando se suponía que estarían tocando ante la gente. Aunque hubo cierto desorden en la entrada (algo que se repite mucho en el Club Chocolate), con el correr de los minutos la calma que antecede a la tormenta se pudo generar.

Recién a las 23:35 hrs. se subió al proscenio la banda uruguaya de mayor éxito en Iberoamérica, con máscaras de diferentes animales para interpretar “La Bestia”, uno de los cortes más intensos de “Apocalipsis Zombi” (2017), y de inmediato se notaron dos cosas: primero, la gente respondía de inmediato a las nuevas canciones con un entusiasmo como si ya fueran de antaño; y lo segundo es que la banda sintió el trajín de las dificultades, dado que se notaron a lo largo del show mucho más erráticos en lo técnico que en las anteriores visitas. Quizás al momento de ver la euforia del público pudieron relajarse, pero también es cierto que los diferentes pulsos y melodías que disponen en sus canciones no brillaron tanto como podría haber ocurrido, no por energía, sino que por lo técnico. Compases que se diluían, notas que no se alcanzaban, o Roberto errándole a la letra. Cosas que se repetían, pero que en nulas ocasiones mermaron el carácter del apoyo popular.

Santiago Tavella es otra historia dentro de los shows. Su locuacidad y la bestialidad que le imprime a sus movimientos hacen que las canciones que interpreta luzcan más que en sus versiones de estudio. “Enamorado Tuyo”, “Whisky en Uruguay” (con la línea improvisada “en los atrasos de los vuelos me cago / y me tomo un whisky en Santiago”) y “Pobre Papá” fue la triada de temas de Santi, que realmente es un personaje que la gente sigue. Sin embargo, el humano más observado es Roberto, cuyos pasos se miran y sus líricas se leen y corean. Por lo mismo, no es extraño que en el disco anterior le hayan dedicado un track a un “Roberto” que no deja de escuchar voces.

Es fácil el desagrado a la parte lírica del Cuarteto: usan refranes demasiado a menudo, el rapeo de Roberto es tosco y las historias que cuenta se alejan de lo poético, a veces teniendo pies forzados, pero es en medio de todos esos recursos que la inventiva del conjunto es lo suficientemente única como para evitar lo fácil. Mal que mal, son más de tres décadas de trayectoria, más de la mitad con sinsabores y dificultades. En ese sentido, un día complicado no podía ser tanto, en especial cuando el público podría tener una participación importante y, más aún, confirmar lo bien que aterrizó el nuevo material. “Gaucho Power” le puede competir a “El Hijo de Hernández” en decibeles en las gargantas de la gente, y esa es una consagración de un presente que no es meta, sino que continuidad en la carrera.

Como dice “El Rey y El As”, tema del último disco que culmina el álbum y que cerró el main set del show, “la suerte es desenlace / pero nunca explicación”, por lo que ellos mismos pueden sentir que deben celebrar y establecer que este final parcial podía ser muy bueno. Pero las razones no residen en lo bueno, sino que en lo malo, y es ese abrazo a esas falencias lo que los logra diferenciar de actos que pueden ser más pulcros, sin embargo, no alcanzan a rasguñar la visceralidad y honestidad con la que Roberto cantó al final esa maraña de frases improbablemente conexas que es “Yendo A La Casa de Damián”, cerrando definitivamente el show, y que sigue manteniendo activa la conexión entre Cuarteto de Nos y el público chileno, en una noche que desde los obstáculos definió su meta presente y la visión frente un porvenir de continuidades implacables.

Setlist

  1. La Bestia
  2. Apocalipsis Zombi
  3. El Hijo De Hernández
  4. Ya No Sé Qué Hacer Conmigo
  5. Enamorado Tuyo
  6. Invisible
  7. Lo Malo De Ser Bueno
  8. Mi Lista negra
  9. El Innombrable
  10. No Llora
  11. Whisky en Uruguay
  12. Calma Vladimir
  13. Buen Día Benito
  14. Hola Karma
  15. Roberto
  16. Pobre Papá
  17. Mírenme
  18. Me Amo
  19. Gaucho Power
  20. Invierno del 92
  21. El Rey y El As
  22. Miguel Gritar
  23. Yendo A La Casa de Damián

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Mark Farner’s American Band: Hermano, estoy brillando

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Mark Farner

Es difícil lograr dar con la definición de un “sonido americano” en el sentido de lograr contener todas las manifestaciones en Estados Unidos, un territorio difícil de abarcar en su totalidad. Pero hay gente que lo intenta para no sólo lograr ese “sonido americano”, sino también para acentuar la identidad o impulsarla. Esto es lo que ha hecho en su carrera Mark Farner, quien, con Don Brewer y Mel Schacher, formara Grand Funk Railroad en 1969, una de las referencias obligadas en el rock norteamericano, que también diera forma al sonido de Detroit, algo más directo y listo para el buen rato, con una conciencia social asociada a la paz en contra de la guerra. Pero los problemas legales hicieron que, a comienzos de este año, Farner tuviera que luchar contra los otros miembros por el nombre de su banda, Mark Farner’s American Band, porque según Brewer y Schacher daba lugar a equívocos por el legado de Grand Funk. Una batalla legal que quedó en nada, y que por suerte fue así, ya que quizás no habría mejor nombre para la banda que trajo Mark a tocar a un Teatro Caupolicán con más de dos mil personas, las que jamás se sentaron durante todo el show.

Luego de un clip –sin mucha calidad técnica audiovisual– que destacaba la carrera en números de Mark Farner, en especial con Grand Funk, a las 20:58 horas comenzó la música, como una bofetada para las personas que se atrasaron, porque esto fue un par de minutos antes de la hora en la que supuestamente todo iniciaba. Una lección para esas personas que no respetan los horarios establecidos y un premio para quienes madrugaron para ver desde el inicio las aptitudes y carisma de Farner, figura que a sus 70 años todavía mantiene las energías y la capacidad de llamar a la gente a volverse loca.

En vez de hacer lo mismo que en otras fechas en Sudamérica e iniciar con “Are You Ready?”, de inmediato comenzó todo con “We’re An American Band”. Y es que Mark Farner es reconocido como el “patriota rockero” o el “patriota del rock”, instalando siempre la dinámica de ser hijo de Estados Unidos, tanto por el lado de quienes luchan por lo que es hoy (es hijo de un condecorado militar que batallara en la Segunda Guerra Mundial), como también por lo que es su espíritu primitivo (su madre es de herencia Cherokee). En su música esto se traspasa en letras llenas de ese confort, de ser parte de algo, de llamar a ser parte de un todo y también con la visión de que es necesario ser bueno con todas y todos, “hermanas y hermanos”, como llamaría Mark a la audiencia varias veces en la noche. Mientras, se sucedían clásicos como “Rock & Roll Soul” o “Footstompin’ Music”, donde él se fue a un teclado al centro del escenario a tocar mientras el público cantaba, y se veía gente en otro mundo, en otra esfera. Ojalá todo el público que va a shows musicales viviera el espectáculo como lo hacían personas de 60 o 70 años viendo a Mark Farner, agitándose y cantando todo, con devoción conmovedora.

Fuera de ciertas excepciones, todo lo que tocaron era parte de las canciones que Farner escribió para Grand Funk Railroad, tal como llamara Homero Simpson en la referencia de cultura pop más grande a la agrupación, “las salvajes y descamisadas letras de Mark Farner”, que se condecían con las poleras agitadas al viento en varios tramos de un show con grandes momentos, como “People Let’s Stop The War” o “Shinin’ On”, mientras la banda sonaba precisa, con los vacíos necesarios para sentir que los efectos o las voces completan el todo, sin sobrecargar jamás la vibra del espacio.

Esto permitió que todo el tiempo el sonido estuviera con claridad suficiente para escuchar la voz de quien cantara, fuera Mark o alguno de sus músicos. Un teclado, una guitarra, un bajo y una batería. Nada más ni nada menos era lo que había en el escenario, y con ello bastaba para generar momentos gigantes, como en “Heartbreaker”, donde el sonido era menos festivo, pero sí mucho más emotivo, siendo un punto alto de un show de gran calidad.

Extractos de otras canciones, como “Gotta Get Out Of This Place”, sonaron antes de que Mark volviera al teclado para hacer “Mean Mistreater”, otra gran canción, para luego de “Bad Time” y “Sin’s A Good Man’s Brother” llegaran las únicas dos que no vienen de la pluma de Farner. La fantástica versión de “The Loco-Motion”, originalmente de Carole King, y Some Kind Of Wonderful, popularizada por Soul Brothers Six, fueron momentos de diversión que dejaban en claro cómo es que ese “sonido americano” podía ser dúctil y, a la vez, notarse con mucha claridad.

Y, como era de esperar, el capitán en este navío sonoro, Mark Farner, elige cerrar el show con una vibrante versión de “I’m Your Captain”, con solos, extensión y mucho más, dejando a la gente muy prendida y brillante, como en un estado lisérgico, digno de los 60, digno de tardes en el pasto transportando ganas, amor y angustias acalladas gracias a canciones llenas de buenas vibraciones.

El público, como pocas veces, exigió ensordecedoramente un encore, el que llegó con “Inside Looking Out” en una versión de diez minutos, la que fue coreada de forma aplastante por la gente terminando a las 22:43 horas, luego de una hora 45 minutos de un show perfecto para los fans de Grand Funk y también para quienes gustan de ese sonido americano. Hermanas, hermanos, ese fue el sonido del rock de Detroit, en una noche fría de mayo en Santiago de Chile, y qué bueno que fue.

Setlist

  1. We’re An American Band (original de Grand Funk Railroad)
  2. Rock & Roll Soul (original de Grand Funk Railroad)
  3. Footstompin’ Music (original de Grand Funk Railroad)
  4. Aimless Lady (original de Grand Funk Railroad)
  5. Paranoid (original de Grand Funk Railroad)
  6. People Let’s Stop the War (original de Grand Funk Railroad)
  7. Shinin’ On (original de Grand Funk Railroad)
  8. Heartbreaker (original de Grand Funk Railroad)
  9. Gotta Get Out Of This Place (original de Grand Funk Railroad)
  10. Mean Mistreater (original de Grand Funk Railroad)
  11. Bad Time (original de Grand Funk Railroad)
  12. Sin’s A Good Man’s Brother (original de Grand Funk Railroad)
  13. The Loco-Motion (original de Carole King)
  14. Some Kind Of Wonderful (original de Soul Brothers Six)
  15. I’m Your Captain (original de Grand Funk Railroad)
  16. Inside Looking Out (original de Grand Funk Railroad)

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