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Crosses: Una experiencia algo religiosa

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Si nos ponemos a pensar en Chino Moreno, probablemente lo primero que se venga a la cabeza es Deftones, pero ese grupo ya había venido el año pasado. Entonces, ¿qué excusa usaría Moreno para reencontrarse con su fervoroso y fiel público chileno? Fácil, llegar con su nuevo proyecto, mucho más experimental que el conjunto de Sacramento, y probar la eficacia de un catálogo breve, pero con la suficiente coherencia para pararse en un festival como Lollapalooza.

El prejuicio de muchos, recaía en que Crosses (simbolizado como †††) suena más blando que Deftones. Los rockeros se mantienen a distancia de esta propuesta que, con un poco de atención, se notará como una ramificación más del culto de Chino Moreno, y poco más que eso, lo cual no es poco.

La gran bonificación que tiene Crosses en vivo, es que los sonidos a veces robóticos y atmosféricos de sus dos EP (“†”, 2011; y “††”, 2012) se transforman en piezas con un peso y urgencia que son ya la marca registrada de Moreno.

Aunque en esta aventura no está solo. Además de Shaun López y Chuck Doom, Chris Robyn, Dino Campanella y Jono Evans completan la banda, y esto es vital porque la presentación queda marcada por las guitarras de López, las programaciones de Evans y las baterías dobles con Robyn y Campanella. Desde las calmas “†hholyghs†” y “†his Is A †rick” hasta las enérgicas “Prurien†” y “Op†ion”, la banda es fundamental.

También el efecto que se le pone al micrófono de Moreno. En “†elepa†hy” la voz de Moreno suena más limpia que en “†rophys” la entonación y filtros hacen que el susurro sea misterioso y casi fantasmal.

Eso debe ser lo que más marca el sonido de Crosses, más allá de que estilísticamente sea una mezcla entre Deftones y Portishead, o que su en vivo sea más enérgico, el rasgo característico es el aura de las canciones, esa sensación que expelen.

El single del segundo EP de la banda, “Prurient”, “Option” y el final con “The Years” fueron los momentos más potentes y donde mejor se logra el desarrollo del sonido de Crosses en vivo, alejándose claramente de la etiqueta que más los acompaña que es la de “música electrónica”. Queda claro que Crosses es mucho, pero mucho más que eso.

Chino Moreno, el maestro de ceremonias, se mostró humilde, cercano, agradecido pero también ensimismado, abrumado por las letras románticas de sus propias canciones. Se fue con el público y se refugió junto con las máquinas y los bombos. Esa dualidad de Moreno, entre rudeza y sensibilidad, logra que transmita lo genuino de esta propuesta y consolida, si bien no masivamente, una relación con un público que entiende que tiene la posibilidad de ser una legión. O tal vez un culto. O una religión. Porque cuando se trata de Crosses, lo único que queda es ver (y escuchar) para creer. Y es más fácil de lo que parece.

Setlist:

  1. ††holyghs†
  2. †his Is A †rick
  3. Bermuda locke†
  4. Fron†ier
  5. †elepa†hy
  6. Prurien†
  7. 1987
  8. †rophys
  9. Op†ion
  10. The Years

 Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Praxila Larenas y Sebastián Rojas

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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. illmono

    01-Abr-2012 en 11:49 am

    Corrección:
    Jono Evans: Programación y segunda guitarra
    Chuck Doom: Bajo
    Robyn-Campanella: Baterias

    Un poco de esfuerzo para la próxima nota

    • Manuel Toledo-Campos

      01-Abr-2012 en 12:33 pm

      Toda la razón. Mis excusas. Gracias

  2. putalawea07

    07-Abr-2012 en 1:37 am

    cual es la octava cancion ??

  3. Mario cr

    25-Abr-2012 en 11:30 pm

    la octava cancion se llama crosses (si)

  4. Pattonita

    01-May-2012 en 12:48 pm

    k maravilloso momento!

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Rod Stewart: Directo al ángulo

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Rod Stewart

Muchas veces se critica a los artistas que, teniendo una trayectoria grandiosa y extensa, no viven un presente que les permita preservar adecuadamente su legado. Salvo casos paradigmáticos como el de Chuck Berry en sus últimos años, en general esa crítica tiene que ver con una cosa muy chilena: ver en los artistas que alcanzan (o están cerca de) la tercera edad a seres inútiles cuyo tiempo ya pasó. Hay una situación estructural que sustenta la limitada visión de Chile hacia los mayores de 60 años, desde lo organizacional hasta el trato diario, entonces de antemano hay prejuicios ante una persona en cualquier ámbito. Más aún cuando se para en un escenario.

Por eso hace bien ver cuando alguien “viejo” –según el pasaporte– denota más frescura que muchos actos que se ven copiándose mutuamente en festivales y proscenios varios. Rod Stewart no es un niño, pero intenta (y muchas veces logra) moverse como tal. No es un dotado vocalmente, pero cuando necesita dejar en claro que tiene garganta y cuerdas, lo hace. Rod no es un gran creador, pero sí es un tremendo intérprete, y eso queda en claro cuando se revisa cómo estuvo su retorno a Chile, en una fresca noche de 18 de febrero en un Movistar Arena a un 90 por ciento de su capacidad, que pudo ver la puntualidad excesiva de este londinense, quien partió su show poco antes de la hora convenida.

A las 20:56 ingresó la banda, compuesta por una docena de intérpretes, a tocar “Soul Finger”, original de The Bar-Kays, para luego dar paso a Rod, la algarabía de la gente (en especial al frente) y una versión de ajuste vocal para Stewart de “Infatuation”. Luego de sortear ese escollo con éxito, la mesa estaba servida para la fiesta, y así prosiguió con clásicos de su repertorio como “Having a Party” y “Tonight’s The Night”, además de covers a hits como “Have You Ever See The Rain?” de Creedence Clearwater Revival. Las pantallas, los movimientos y cambios entre los músicos y las coristas, los propios movimientos de Stewart, todo era hecho para dar cuenta de un sentido de espectáculo, sin perder una sensación de urgencia juvenil que rara vez se ve en un concierto de temas que, en su gran mayoría, tienen más de un cuarto de siglo de vida. Los cambios de tempo son muy ligeros y los arreglos son prístinos, lo que se escapa del esquema de la nostalgia como mina de oro cuando las canciones se vuelven lentas y cansinas, perdiendo una chispa que Rod sí puede seguir prendiendo a su antojo.

Los movimientos de Rod siguen siendo los del muchacho que tocara con Jeff Beck o que formara Faces, entreteniéndose y, a la vez, generando reacciones de un público que, desde un respeto por el espectáculo, mostró fervor en varios pasajes del show. Stewart entiende que no por haber vendido centenares de millones de discos va a tener la tarea hecha con sólo pararse en el piso pintado como tablero de ajedrez en el proscenio, sino que debe hacer algo relevante para seguir ahí, con la adrenalina y la satisfacción de sentirse vivo en vivo. Por eso maneja a la gente, la hace cantar, aplaudir, sentarse, pararse, y también le entrega un show con momentos diferentes, como cuando tras un doblete lleno de sentimiento con una versión renovada entre el country y el alt rock de “Forever Young” y la belleza del cover de Tom Waits de “Downtown Train”, pidió atención, sentó a casi toda su banda, e incluso a su dinámico e inquieto cuerpo, en taburetes plásticos para una sesión acústica.

Lo futbolero no se le irá jamás a Rod, quien en “You’re In My Heart (The Final Acclaim)” no sólo mostró goles del Celtic a su archirrival Glasgow Rangers, sino que también instó a corear como en el estadio, mientras un sector de fans ataviados de camisetas albiverdes respondían entusiastas al llamado. Tampoco más adelante, cuando en “Hot Legs” patearía más de una decena de pelotas autografiadas al público. Además, incluyó temas tan clásicos como “The First Cut Is The Deepest” de Cat Stevens, o “Have I Told You Later” de Van Morrison, un “bastardo” según Rod, quien sonreía al presentar la canción.

La confianza que Stewart tiene en su banda es tal, que, más allá de trucos que usan algunos para cambiarse de ropa como hacer veinte solos y cuarenta juegos con el público, con toda tranquilidad fue tras bambalinas, sus coristas tomaron la voz e hicieron una vibrante versión de “Proud Mary”, que luego –como todo buen blanco criado con música negra en los 60– tendría un necesario homenaje a Muddy Waters con “Rollin’ And Tumblin’”. Con esta inyección de fuerza llegó la sección final del show, con “Hot Legs”, la omnipresente “Da Ya Think I’m Sexy?” sonando a estos tiempos, y “Baby Jane” cerrando la parte central del show.

Dos minutos después, Stewart volvía a comandar el karaoke masivo con “Sailing”, y con el coro convertido en una especie de mantra se cerró el telón tras 103 minutos de espectáculo pensado, ensayado y ejecutado con respeto al público y los artistas. El mayor gol de un show así es el entendimiento cabal de las limitaciones de Rod Stewart, y de esa forma poder aprovechar sus puntos fuertes, dejando en claro que se puede confiar en su capacidad en el escenario, esa área donde el olfato de un artista no se extingue.

Setlist

  1. Soul Finger (original de The Bar-Kays)
  2. Infatuation
  3. Having A Party (original de Sam Cooke)
  4. Have You Ever See The Rain? (original de Creedence Clearwater Revival)
  5. Rhythm Of My Heart (original de Marc Jordan y John Capek)
  6. Some Guys Have All The Luck (original de Jeff Fortgang)
  7. Tonight’s The Night (It’s Gonna Be Alright)
  8. Forever Young
  9. Downtown Train (original de Tom Waits)
  10. You’re In My Heart (The Final Acclaim)
  11. People Get Ready (original de The Impressions)
  12. The First Cut Is The Deepest (original de Cat Stevens)
  13. I Don’t Wanna Talk About It (original de Crazy Horse)
  14. Have I Told You Later (original de Van Morrison)
  15. Proud Mary (original de Creedence Clearwater Revival)
  16. Rollin’ And Tumblin’ (original de Hambone Willie Newbern)
  17. Hot Legs
  18. Da Ya Think I’m Sexy?
  19. Baby Jane
  20. Sailing (original de Sutherland Brothers)

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