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Congreso: En todos los puntos cardinales

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Aunque la jornada maratónica que celebró los 50 años de Congreso tuvo mucho de historia y de recordar, es imposible decir que este haya sido un show impulsado por las nostalgias de un pasado que no volverá. En vez de eso, la noche del 24 de agosto fue perfecta para notar que Congreso sigue sonando a canción nueva, y que su creatividad les permite enfrentar el futuro con el optimismo de la fogata interminable.

Antes, mucho antes, a las 20:50 horas, las pantallas dispuestas en el escenario presentaron experiencias de fans y músicos ligados a la historia de Congreso. En este espacio se notaba de inmediato una de las características más implacables de la agrupación: jamás dejar alguien atrás. Si hay una banda que se preocupa de las historias y de los personajes borrosos en la foto histórica, esa es Congreso. Quizás por ello, en vez de expresar la relevancia en la historia de la música popular chilena de la banda, era mejor escuchar relatos personales, más cercanos, lo que cualquiera de las personas que repletó el Teatro Caupolicán pudo haber pensado o vivido.

Casi veinte minutos después, el show iniciaba con el septeto en escena despachando un tridente digno de cualquier antología con “Canción Por Encargo”, “A Las Yeguas Del Apocalipsis” y “Cacharpaya”, sin embargo, el primer karaoke colectivo vino con “El Trapecista”. Aunque con la banda hubiese sido suficiente, las pantallas y su disposición, la escenografía dispuesta ilustraba los distintos mundos que Congreso llevaba por delante, melódica y poéticamente desde 1969, desde el Quilpué natal, desde esa formación con todos los hermanos González, siendo trapecistas sin red en tiempos complicados, donde hacer rock era un medio de expresión visto como algo más indirecto que la “nueva canción chilena”, pero que medio siglo después suena más profundo que cualquier cosa que pueda aparecer hoy. El peso de la historia.

Para Los Arqueólogos Del Futuro” venía antes de una sección dedicada a ese disco que Congreso armó con textos y algunas voces de Nicanor Parra, con cinco tracks sonando inmediatamente, desde los “Recuerdos De Infancia” hasta “No Se Diga Que Somos Hispanoamericanos”. Letras profundas, entendiendo el poderío de una antipoesía subversiva que requería de trazos musicales corrosivos con lo usual, tal como acostumbra Congreso.

El concierto duró casi cuatro horas, pero la configuración de ejes temáticos hizo que todo se pasara volando, incluyendo un set dedicado al disco “Los Fuegos Del Hielo”, ese álbum de 1992 hecho para ser presentado por el Ballet De Santiago en la Expo Sevilla. Con la presentación de un bailarín, haciendo eco de la intención original de estas canciones que se inspiran en la extinción de los aonikenk, yámana, selknam y kawésqar en el sur de país, de pronto el teatro se volvió un espacio conceptual, que inmediatamente tendría que pegarse la voltereta. Joe Vasconcellos, Ernesto Holman y Ricardo Vivanco se subieron al escenario para mostrar la etapa ochentera de Congreso, con la ovación de un público entusiasta, que, tras “Hijo Del Diluvio” y “Viaje Por La Cresta Del Mundo”, se unió a Joe en el karaoke con “Hijo Del Sol Luminoso”. Un momento de júbilo, rescate histórico, y también de amistades en el escenario.

Y, claro, historias hubo por doquier, con Francisco Sazo siendo el más galán en “Y Sus Ojos No Me Dejan De Mirar” o con “Pájaros De Arcilla” teniendo un cierre glorioso con la lenta pero impactante presencia de Banda Conmoción entregando un intermedio solemne, a la usanza de las bandas antiguas, esas con miles de instrumentos, voluntades y comunidad. Por eso Congreso se puede permitir reuniones especiales, y muchas. La primera formación de la banda irrumpió en escena con Patricio y Fernando González, y Fernando Hurtado, uniéndose a Hugo Pirovich, Pancho Sazo y Sergio “Tilo” González para hacer canciones de aquellos tiempos, como “Maestranzas De Noche”, “Juego”, “Tus Ojitos” y “El Cielito De Mi Pieza”, para culminar esa sección con “Vuelta y Vuelta”, en una demostración de cómo siempre Congreso estuvo adelantado y siempre suena a vanguardia, incluso en tracks más ligados a sonidos tradicionales.

Es que Congreso sigue siendo referencia y cima, en evolución implacable, como mostró “La Canción Que Te Debía” (2017), el que incluso les dio el Premio Pulsar al álbum del año, y cómo no pasaría eso con canciones como “Premio De Consuelo” o la que le da nombre al disco. En vez de exuberancia, lo que se ve en estos temas es la madurez de entender cómo la canción necesita de ciertos elementos para disponer de aire y respirar. Evitando ahogos es que llegamos a los navíos, para enfrentar el mar humano donde unos barquitos de papel iluminados se elevaron junto a un son en honor a Jaime Vivanco, músico icónico parte de Congreso y Fulano, quien falleciera en 2003.

Más de Nicanor Parra vino después con “El Rey Midas” y “Días Atrás Un Árbol Me Preguntó”, donde la banda se acompañó de Simón González, en una guitarra prístina (quizás acallando a esa persona en el público que gritó imprudente e irrespetuosamente durante todo el show que “dónde está Simón”). Tras ello, se sumó Magdalena Matthey a cantar “Pasillo De Amor” e inmediatamente Isabel Parra para estremecer al público con “Canción De La Verónica”. Pero el tren de colaboradores no terminaba, porque Claudio “Pájaro” Araya se subió a hacer “El Festejo De Tatana” en un duelo de cajón peruano con Raúl Aliaga.

La ovación a Jorge Campos fue aún mayor, en especial por las canciones en las que acompañó a Congreso. El también ex Congreso y Fulano estuvo en “Heroína De Nueva York” y “Viaje Por Una Ilusión”, cuando ya parecía que la energía estaba a tope. Pero con estas canciones fue que la gente quería levantarse de sus asientos a bailar, algo que pasó finalmente “En Todas Las Esquinas”, cuando, junto a un par de percusionistas de música africana, la banda invitó a todo el mundo a ponerse de pie, a bailar, a disfrutar, en un show que apuntó a todos los espacios, a todos los lugares, a todos los sonidos, mirando al norte, mirando mucho al sur, pero también alrededor.

Congreso se nutre de lo que pasa y de lo que no se ve, y quizás por ello es que, luego del papel picado y la explosión con ese clásico de clásicos, luego vendrían dos canciones más cercanas para cerrar definitivamente todo. “Con El Corazón” con Sazo en la voz y “Tilo” en el charango, y “Canción Por La Paz” cerraron casi cuatro horas de un show histórico, que como pocas veces logró mostrar de cuerpo entero a una agrupación, sus historias, su historia, y también lo que podría venir más adelante… en los próximos 50 años de Congreso.

Setlist

  1. Canción Por Encargo
  2. A Las Yeguas Del Apocalipsis
  3. Cacharpaya
  4. El Trapecista
  5. Para Los Arqueólogos Del Futuro
  6. Importante
  7. Recuerdos De Infancia
  8. Ya No Sueño
  9. Cero Problema
  10. No Se Diga Que Somos Hispanoamericanos
  11. Hay Una Mirada
  12. Nocturno
  13. El Silencio Sagrado
  14. Canción Del Último Hombre
  15. A Los Sobrevivientes
  16. Hijo Del Diluvio
  17. Viaje Por La Cresta Del Mundo
  18. Hijo Del Sol Luminoso
  19. Y Sus Ojos No Me Dejan De Mirar
  20. Ángel, ¿Dónde Estás?
  21. Pájaros De Arcilla
  22. Intermedio Banda Conmoción
  23. Maestranzas De Noche
  24. Juego
  25. Tus Ojitos
  26. El Cielito De Mi Pieza
  27. Vuelta y Vuelta
  28. Premio De Consuelo
  29. La Canción Que Te Debía
  30. Intermedio Barquitos de Papel
  31. El Rey Midas
  32. Días Atrás Un Árbol Me Preguntó
  33. Pasillo De Amor
  34. Canción De La Verónica
  35. El Festejo De Tatana
  36. Heroína De Nueva York
  37. Viaje Por Una Ilusión
  38. En Todas Las Esquinas
  39. Con El Corazón
  40. Canción Por La Paz

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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