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Cómo Asesinar A Felipes + Amigos: Excelencia en constante expansión

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CAF es una banda mutante, una que no teme a cambiar, ya sea en su formación o en los objetivos que sus canciones trazan. Esto tiene manifestaciones más evidentes en sus shows en vivo, espacio donde también aquellas canciones van cambiando y no hay vez igual una de otra. Es una entidad en medio de cambios constantes, lo que se exacerba en ocasiones como el gran show que Cómo Asesinar A Felipes ofreció con motivo de sus diez años de existencia, donde tuvieron casi una decena de invitados y un marco de público que llenó la cancha del teatro de calle San Diego, en una fresca noche capitalina de julio.

CAF es una banda mutante, y lo es tanto, que este año decidieron editar “Perros Viejos, Nuevos Collares”, una grabación con versiones actuales de sus antiguas composiciones, aprovechando la llegada de Cristián Gallardo a los vientos, en quizás el cambio más grande en la fisonomía de los Felipes, reemplazando en gran medida los sintetizadores que se habían hecho marca registrada, por los orgánicos y terrenales vientos. Saxo y flauta traversa que se sumaban a esta masa indefinida e indefinible de sonidos únicos.

CAF es una banda inclasificable, porque de tanto mutar ni siquiera sus más claras referencias quedan a la vista. Si en un momento el jazz y el hip hop eran los cimientos de la banda, ahora se puede sumar el rock, el r&b, el avantgarde y mucho más. Por ello, el show que partió casi a las 21:00 hrs. fue una forma perfecta de mostrar la paleta de colores cada vez más compleja del quinteto.

CAF tiene un pie en su pasado y otro en su presente para dibujar un futuro claro. La agrupación firmó completamente con Koolarrow Records, el sello de Billy Gould, quien era la gran estrella que tocó con Cómo Asesinar A Felipes, luciéndose en “Opción”, canción donde también se mandó unas excelentes líneas Epicentro, rapero que también acompañó a Foex para abrir la noche. Pero el primero en aparecer fue Jorge Campos (Congreso, Fulano), quien antes de tocar “Intro” y “Ya Llegó” con Koala Contreras y el resto, se despachó el solo de la noche, con su bajo de seis cuerdas y una pedalera de loops; antes de eso un breve e impactante cover de “Luchín” de Víctor Jara, dejando en claro que no era cualquier noche, sino que una donde CAF miraría a todo el espectro posible para seguir expandiendo sus dominios.

CAF probablemente encontró su fórmula ideal en “V”, EP del que tocaron cuatro de sus cinco tracks, siendo en “II” uno de los momentos más intrigantes, cuando Carlos Cabezas –quien toca en Electrodomésticos con el bajista Sebastián Rojas– se subió a cantar un coro adaptado de esta composición, y donde se vio que el inclasificable Cabezas también se sentía a gusto en medio de una banda de puros talentos, tal como en “Caen”, donde el intérprete se tomó el micrófono y exhibió por el proscenio unos movimientos que no acostumbra en los Electro, compitiéndole en soltura al siempre dominante Koala, así como también al sonriente y siempre enérgico Metraca, que ahora tiene más peso en su batería.

CAF, eso sí, necesita tener teclados de cierta forma. Su sonido aún es definido por este elemento, y por eso es excelente que pudieran contar con su último tecladista como apoyo, Gabo Paillao, al igual que el carismático Camilo Salinas (Inti Illimani, Pettinellis), que en su Hammond realmente se lució, con histrionismo y un sentido del espectáculo que lo liga con lo teatral, eso que tan bien puede complementarse con un frontman que está en todas partes a la vez como es Koala. Esta energía también la exhibió un exultante Nano Stern que, lejos del micrófono y la voz, apareció con su violín para lucirse en una muestra de que hasta el instrumento más clásico puede formar vorágines y tormentas en vasos de agua que pueden taparnos sonoramente.

CAF tiene hitos en su discografía, y por ello es que tracks como “Operación CAF”, “Síguela” o “Así Como Que No Quiere La Cosa” se aparecen como si fueran parte de la casa, y pese a todos los cambios, y con la inclusión de Raimundo Santander (La Orquesta del Viento) y su cálida guitarra acústica, igualmente tienen ese filo poderoso y peligroso, el mismo que tuvo la guitarra eléctrica de Pablo Ilabaca (Chancho en Piedra, Jaco Sánchez, 31 Minutos) en “III” y “V”, porque cada invitado podía extender la forma en la que siempre vimos las canciones de Cómo Asesinar A Felipes.

CAF tiene diez años, y que una banda tan vanguardista y de docto sonido pueda llegar a la década en un país y una industria como la chilena, es muy potente. Lo mejor de todo es que la creatividad y la sensación de que aún faltan caras por conocer de la banda no terminan. DJ Spacio lo pone en samplers: este es el sonido de Cómo Asesinar a Felipes, y más para bien que para mal, esta definición seguirá siendo lo más claro para referirse a uno de los mejores proyectos chilenos existentes en la actualidad y en esta celebración con amigos, de forma potente, este sitial continúa seguro y fuerte en una operación que sigue dando réditos.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. I
  2. Operación CAF
  3. La Puerta No Se Abre Sola
  4. Síguela
  5. Intro
  6. Ya Llegó
  7. II
  8. III
  9. Caen
  10. Así Como Que No Quiere La Cosa
  11. Pájaros En Contra
  12. Ya Perdimos La Paciencia
  13. Opción
  14. Alto
  15. V
  16. En Busca De Un Nuevo Sueño
  17. Nada Más, Nada Menos

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Lacuna Coil: Sin miedo a nada

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El acto de sacar la voz se ha convertido en un método de supervivencia para las mentes de chilenas y chilenos después del 18 de octubre. La lucha transcurre en las calles, en las redes sociales, en el espacio público, e incluso en los conciertos. Ya es parte de la “nueva normalidad” que la gente haga hora gritando “el que no salta es paco” y “Piñera culiao”, entonces existe un uso de la voz que no sólo valoriza lo que se dice, sino que el acto mismo de decir y enunciar, que no es más que lanzarse a las profundidades de la incomodidad de dejar de disfrutar el silencio. Eso también es lo que hacen las bandas musicales, lanzarse al sonido, y cuando el tiempo pasa, también es trascendente cómo la voz sigue existiendo, sin doblegarse, tal como ha pasado con Lacuna Coil, agrupación italiana que ya tiene más de dos décadas de historia, en las que obviamente han enfrentado dificultades, y siguen ahí, generando canciones que son puntos de encuentro, pero sin dejar de lado cómo la lucha continúa.

El retorno de los italianos tampoco se hizo esperar tanto, sumando casi tres años de ausencia, pero sí había una deuda que saldar con el público chileno que no vio la gira de celebración de los 20 años de la agrupación, y aquello sería el ingrediente más trascendente de lo que ocurriría más adelante. Antes, la jornada iniciaría con BlackFlow en el escenario de Club Blondie, que mostró por qué fue un nombre destacado en varias publicaciones con su EP “Confusion & Time” de 2018, y más material, aunque el público recién empezaría a repletar el tradicional recinto cuando ya estaba en el escenario la banda que acompañó a Lacuna Coil en su gira sudamericana y también lo hará en la parte asiática de ese periplo, los estadounidenses Uncured.

Es entretenido ver cuando se nota que los músicos en el escenario tienen un carisma contagioso y muestran una verdadera hambre juvenil, algo que es extraño porque en general los grupos de metal llegan a nuestro país lo hacen con mucho recorrido, entonces esas prácticas salen más pauteadas. En cambio, lo de Uncured en su debut en Chile fue explosivo, divertido, potente y con ganas de éxito, y eso incluso se notó en lo rápido que se armó todo para que tocaran: si BlackFlow terminó a las 19:30 hrs., ya a las 19:44 hrs. el cuarteto de New Jersey estaba comenzando con lo suyo, un minuto antes incluso de lo que indicaba el itinerario. Canciones como “Sacrifice”, “Myopic” o “Desecration” mostraban lo frenético del espectáculo, con una ejecución precisa por parte de los líderes del proyecto, los hermanos Zak y Rex Cox, que eran la voz y las guitarras dinámicas de un proyecto que en 45 minutos dejó una gran impresión, incluso estrenando una canción inédita y haciendo un cover de “Roots Bloody Roots” de Sepultura, ganándose a la gente, muchos de los cuales tendrán un nuevo nombre a poner en las playlists.

Pero el evento principal de la noche aún no se asomaba y ya la gente se agolpaba más adelante para ver más de cerca a Cristina Scabbia, Andrea Ferro y el resto de Lacuna Coil, banda que puntual a las 21:00 hrs. inició su show, que tendría casi dos mitades exactas, en la primera con un set basado principalmente en material más nuevo, tanto de “Black Anima”, disco editado en octubre pasado, apenas una semana antes del estallido social en nuestro país, como de “Delirium” (2016).

Reckless”, “Downfall”, “Layers Of Time” o “Save Me” eran tracks elegidos para mostrar la potencia de la propuesta de Lacuna Coil, sin perder urgencia ni voz propia, teniendo su fortaleza en su maquinaria simple pero efectiva. Los timbres de Cristina y Andrea son muy diferentes, pero las canciones les entregan momentos perfectos para lucirse en su extremo a cada uno, sea en canciones más rítmicas como “Blood, Tears, Dust” o en costados más emotivos como la ya mencionada “Save Me”.

Pero la noche no sólo era de canciones y virtuosismo instrumental, sino también de compartir lo que se siente, y por ello es que tras “My Demons” Cristina tomó el micrófono para decir que la banda no es ciega y que han visto las noticias y lo difícil que está todo en el país, así que por ello valoraban aún más la intención de estar ahí, en ese espacio, luchando. La banda sabe qué es luchar y sabe qué es tener que hacer sin mirar atrás, porque en su tiempo, cuando aparecieron en escena, eran algo distinto, no la típica fórmula de una vocalista femenina que flotara sobre la potencia del metal, sino que con diálogo, y potencia por parte de la propia intérprete. “Enjoy The Silence”, el cover de Depeche Mode que pasa ese test de que la versión logre identidad propia, resuena con fuerza y aroma a final del show, con todo el mundo cantando, sacando la voz, unidos ahí.

Pero Lacuna Coil sí salió del escenario, tras la 11ª canción, entonces las caras de sorpresa irrumpían en la Blondie, mientras otras calmaban la cosa diciendo que era la primera mitad del show. Tenían razón en esa aseveración, porque a los cinco minutos el quinteto volvió, con diferente vestuario, y dispuestos a saldar esa deuda con la celebración de las dos décadas de historia con la gente. Canciones antiguas como “A Current Obsession”, “Soul Into Hades” o “Tight Rope” eran coreadas por todo el mundo, y pese a que muchos se nota que vieron el setlist de los shows en Brasil y Buenos Aires, de todas formas había esa sensación de ver algo único, siendo ejecutado con maestría.

Parece ser algo obvio a estas alturas, pero no se debe dejar de mencionar cómo la voz de Cristina Scabbia es implacable, perfecta, lozana y -lo más importante- capaz de arrasar con todo a su paso. Es ese carisma que le han dado los años, además, el que hace que se vea como dominadora de todo lo que pasa, incluso cuando se debe improvisar, como cuando en medio de “1.19” decidió salir del escenario para asistir a una fan que se desmayó en las cercanías de la reja, sin dejar de cantar. Son esos detalles los que muestran parte de la receta para que Lacuna Coil dure tanto tiempo, y es que la fluidez y naturalidad son clave, y por ello cuando Andrea o Cristina dicen que la gente “se mantenga con fuerza” o invitan a corear “We fear nothing” (no le tenemos miedo a nada) sea algo de corazón.

También era divertido cómo la banda no se hizo de rogar para tocar un tema fuera de lo convenido en su setlist a pedido de la gente. El coro popular decía con coordinación impactante “Senzafine”, y quizás la idea le gustó mucho a Lacuna Coil porque la tocaron segundos después, de forma magistral, igual que “Veneficium” y el gran final con “Nothing Stands In Our Way”, donde la banda invitó a la gente a seguir adelante, a que nada se interponga en el camino, y que todos estamos juntos en esto porque lo importante es mejorar lo que se tiene, para todas y todos, y luego de una hora y 52 minutos de alto nivel musical y canciones llenas de emociones, sin duda que son momentos como los entregados por Lacuna Coil los que permiten sacar la voz, incluso lejos de las calles, liberando las vallas papales en las calles de la propia consciencia.

Setlist

  1. Blood, Tears, Dust
  2. Our Truth
  3. Reckless
  4. My Demons
  5. Layers Of Time
  6. Downfall
  7. The House Of Shame
  8. Sword Of Anger
  9. Heaven’s A Lie
  10. Save Me
  11. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  12. A Current Obsession
  13. 1.19
  14. When A Dead Man Walks
  15. Soul Into Hades
  16. Tight Rope
  17. Comalies
  18. Senzafine
  19. Veneficium
  20. Nothing Stands In Our Way

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