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Coal Chamber: A pura garra

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Nueve años tuvieron que pasar para que los norteamericanos se reunieran e hicieran su primer viaje a Latinoamérica. Sin ser de los consagrados de la escena del nu metal, fueron pioneros en su momento, y con tres álbumes bajo el brazo lograron dejar una huella y quedar en la memoria de una fanaticada que se tomó el Club Blondie, para recibir con los brazos abiertos a un reformado Coal Chamber.

La jornada comenzó temprano, pasadas las 19 horas para ser más exactos, con la apertura de las bandas nacionales, que apegadas al estilo que marcó la primera década del nuevo milenio, hicieron acto de presencia llevándose más que aplausos de cortesía. Los primeros en salir fueron los ariqueños de Sinkarma, quienes en un ajustado set lograron prender a los primeros asistentes que comenzaban a llegar al recinto. Lo cierto es que su performance es poderosa, pero todavía esta ese aire amateur que deben superar para poder escalar más alto, por lo menos el potencial lo tienen. Luego llegaron unos que ya tienen carrete en este tipo de eventos y sus canciones han calado hondo en el espíritu combativo de muchos. 2X se despachó un show preciso, que a ratos hacía parecer que ellos eran el plato fuerte de la noche. Por último, el peso de Lupus se dejó sentir en la Blondie, aunque no motivó tanto como la presentación de 2X, aumentando las ansias por ver a los norteamericanos.

A pocos minutos de las 22 horas las luces se apagan, y con una cancha ocupada por un número considerable de fanáticos, hacían su entrada al escenario James ‘Dez’ Fafara (voz), Meegs (guitarra), el desquiciado Mikey ‘Bug’ Cox (batería), y la bella Chela Harper (bajo), tomando el puesto que dejó Nadja Peulen, quien fuera la última bajista de la banda antes de su separación. El hambre del público comienza a ser saciada de inmediato con la mortal interpretación de “Loco”. El sonido no es el óptimo, poco claro y con una guitarra que nunca tuvo el peso necesario, dejó en claro que el concierto más que destacar por su prolijidad, lo haría por la entrega de la banda y la energía desmesurada de un público que no dejó de celebrar con violencia cada uno de los cortes.

Con un Dez completamente anonadado con la respuesta de la audiencia, comenzaba “Big Truck”, marcando el segundo azote de la noche. Mientras los cánticos y los saltos se transforman en la rutina del espectáculo, en la parte alta del escenario destaca la actuación de Mikey “Bug” Cox, quien arma su propio show, haciendo gestos de locura y tocando agresivamente sin medir su fuerza, desarmando a cada momento su batería, la cual debe ser puesta en su lugar por un roadie que se mantiene junto a Bug durante todo el concierto, para abastecerlo de agua y baquetas de repuesto. Lo cierto es que con esa actitud, la duda sobre el no consumo de estupefacientes que se supone se instauró como regla al momento de realizar la reunión, es bastante grande. Como contraste, está Chela Harper, quien en su vestido gótico se dedica a danzar al son de las guitarras, sin censurarse a la hora de cabecear, llevándose el tradicional “mijita rica, mijita rica…”, que al no ser entendido por el frontman de la banda, es interpretado como un canto de aliento que es agradecido por el cantante, que además toma una bandera chilena y la extiende para el delirio colectivo.

La contienda continua con “Fiend” y “Rowboat”, original de FLOOD e interpretada con megáfono, ambas del último larga duración que lanzó la banda, “Dark Days”, allá por el año 2002. La energía no decae con “Something Told Me”, y luego de unas palabras en español por parte de Meegs, seguidas de una extraña improvisación con su guitarra electrónica de pantalla táctil, que no fue muy bien recibida por los fans, principalmente por lo bizarro y gratuito del momento –la guitarra electrónica no volvió a ser usada durante el resto del concierto- llegaba “Clock”, que trajo del vuelta la atmósfera de agresión.

Los matices no son la principal característica de Coal Chamber, compartiendo una monotonía de sonido y estructura en gran parte de sus composiciones, dejando ver el estado primigenio en que se quedaron con tan sólo tres discos, que no fueron suficientes para llevar a la banda al siguiente nivel. Por fortuna el set es acotado y las canciones derrochan tanta energía, que al final da lo mismo si un estribillo es muy parecido al anterior. La potencia de un tema como “Drove” es suficiente demostración que aquí el arma principal es la garra. El coro de “Not Living” es secundado por toda la cancha y las palmas dan la partida a “Dark Days”.

“Esto se trata de pasarlo bien” asevera Dez, quien parece estar disfrutando la reunión a concho, mientras se toma un descanso con DevilDriver. Agradeciendo una vez más a su gente, el vocalista presenta “I”, una de las primeras canciones que escribió para la banda, y responsable de provocar un gran mosh pit. “No Home”, “Watershed” y “Oddity”, son el trío que da paso al bis de la noche.

“Maricon Puto” comienza a sonar de fondo, mientras los músicos vuelven a sus puestos y Dez menciona las primeras palabras de “Sway”, que no alcanza a terminar debido a que fue sobrepasado por las gargantas de la multitud, quienes recibieron el tiro de gracia con la canción más solicitada de los americanos. Meegs y Bug nadaban sobre las manos de los asistentes, mientras Dez volvía a levantar la bandera chilena y Chela Harper regalaba uñetas al respetable, finalizando un debut potente y conciso, con sabor a deuda saldada para los amantes del nu metal, cuyo sonido ya no está en boga, pero que marcó a una generación de jóvenes que a través de la garra y la pasión, mantienen vivo el legado de sus ídolos.

Setlist

  1. Loco
  2. Big Truck
  3. Fiend
  4. Rowboat
  5. Something Told Me (cover de FLOOD)
  6. Clock
  7. Drove
  8. Not Living
  9. Dark Days
  10. I
  11. No Home
  12. Watershed
  13. Oddity
  14. Maricon Puto
  15. Sway

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Rodrigo Chandía

    10-Sep-2012 en 9:03 am

    Sin duda una de las grandes deudas del aggro o nu metal.

    Era raro verse y ver a los demás asistentes.. en su mayoría mayores de 26 – 27 años…. quienes poco y nada tenían de su “estilo” pretérito que estuvo de moda en el 2000. Saltando y gritando a toda voz, a una de las grandes bandas que marcaron nuestra adolescencia. Aunque el dolor de cuello me acompaña en este lunes laboral. Soy feliz por haber estado ahí. Grande Coal Chamber.

  2. cesar bustamante

    10-Sep-2012 en 1:56 pm

    gran show! ….es verdad eso, mas para la nostalgia que por la calidad del show, pero se paso genial, aunque perdi mi cel 🙁 bmx10.neill@gmail.com si es que alguien lo encontro ajajajaj

  3. Lu

    10-Sep-2012 en 11:25 pm

    muy buenas fotos =)

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte del álbum blanco que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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