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Clan Of Xymox: La negra luz de la noche

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Pese a todas las dificultades, Clan Of Xymox pudo dar inicio a su gira sudamericana en el escenario de Club Blondie. Esa es la idea general, pero detrás hay un montón de detalles virtuosos y luminosos que convergieron para dar una “fiesta dark” perfecta, tal como se esperaba, luego de una incertidumbre dada por la mala gestión de la producción peruana que dificultó todo para el retorno a nuestro continente de la banda holandesa, ícono del darkwave, esa mezcla entre un alma gótica, rockera, ligada al new wave y la electrónica.

Antes del show principal, a las 21:30 horas, el reverendo Damon Fries se subió al escenario con una malabarista que, con fuego en sus manos, hacía presagiar que esa noche se encendía. Fries es el hombre detrás de la potente y atormentadora propuesta de Jesus Complex, que con canciones como “Welcome To My Nightmare” o “Live A Little, Die A Little” trajo su terrorífica atmósfera al escenario de la Blondie. Como en casa, esas canciones conllevaban potencia industrial, apoyadas por imágenes acorde a lo que iba sonando. Media hora que dejó al público que iba llegando muy listo para lo que venía, con la voz y guitarra de Damon predicando oscuridad, baile y distorsión.

Sólo 15 minutos después de Jesus Complex, todo estaba listo y comenzaba a sonar la intro del show principal, mientras Mario Usai, bajista y a veces guitarrista, Daniel Hoffmann, encargado de las programaciones y Sean Göbel, encargado de teclados y más programaciones, entraban a escena. Pero cuando el público se hizo sentir más, fue cuando el alma, corazón y cabeza de Clan Of Xymox, Ronny Moorings, saludó y comenzó a sonar “Stranger”, parte de esas canciones ya icónicas del cuarteto, que en esta visita a Santiago tendría un repertorio amplio, lleno de mezclas entre lo más reconocido de su historia, y el último lanzamiento a la fecha, “Days Of Black” (2017). De ese álbum, inmediatamente después sonó “Your Kiss”, cuyos sintetizadores pegaban duro contra las paredes de la Blondie. La capacidad rítmica de Xymox es tremenda, y lo bien que sonaba todo contribuía a la fiesta, pero también es cierto que mucho ayuda que Ronny mantenga su registro vocal con elegancia y potencia, a semejanza de grandes referentes de sonidos más oscuros, como Peter Murphy, quien a veces se viene a la cabeza.

Desde ese momento, el show no decayó jamás, incluyendo clásicos como “Jasmine & Rose”, “Louise” o “Loneliness”, todos generando que la gente se moviera, bailara, cantara, lo clásico, pero quizás no tan cálidamente como terminó siendo. A veces el prejuicio de la seriedad y oscuridad de lo “dark” deja escondido lo bien que se pasa con estos sonidos y lo humano que es todo entremedio de tantos sonidos de corte industrial o electrónico. Las letras de Moorings son arrojadas, son desgarradoras, son directas, y la gente las vive y las siente en medio de irresistibles melodías. Entre medio de los temas, Ronny agradecía al público el acto de estar ahí, y contaba de las peripecias que tuvieron que hacer para llegar: vuelo con dos escalas, más de 30 horas de vuelo, e incluso el tráfico hacia la Blondie, afectado por la ocurrencia de la marcha convocada por Fridays For Future que llevó a más de cien mil personas a las calles de Santiago.

Entre lamentos y jet-lag, el líder de la banda decía que sufrieron, pero que sí, que todo el mundo debería andar en bicicleta y que al menos fue por una buena causa. Una simpatía sazonada por un público receptivo y devoto del artista, que siempre aplaudió y le demostró afecto, algo clave en tiempos en los que en algunos shows se da por sentada la presencia de los artistas en el escenario, cuando siempre detrás hay un gran trabajo, y cuando todo converge de forma exitosa, el resultado más bello está en un espacio de comunión como fue este retorno de Clan Of Xymox.

El baile llegaba más cargado de la mano de “Obsession” y luego de la irresistible “Muscoviet Musquito”, y muchas veces, cuando se hacía necesario que el público se sumara con sus palmas, Daniel Hoffmann usaba unas luces en sus manos para instar a la gente a sumarse. Ese tipo de detalles también era importante: cada canción tenía su propio diseño de iluminación, bien detallado en el setlist incluso, una preocupación para que cada son tuviera su espíritu incluso en el aire. Donde el karaoke colectivo se hizo más manifiesto fue en “A Day”, hitazo de la agrupación que, además, ahondaba en la capacidad de Xymox de mostrar todas sus facetas, dejando a la audiencia más que feliz y lista para cerrar el main set con “Going Round”, una faceta más ligera, pero no por ello menos potente del conjunto.

La asistencia obviamente quedó muy arriba con el show, con la energía a tope, y los vítores para que la banda volviera al escenario se multiplicaron, y así ocurrió. Clan Of Xymox regresó para hacer “Cry In The Wind”, “This World” y “Back Door”, esta última absolutamente hecha para derretir la pista de la Blondie, y la gente seguía queriendo más. La banda no se quería ir, pero “tenemos un avión que agarrar” indicaba con un dejo de pena Moorings, haciendo referencia a su próximo viaje para tocar en Brasil, y por ello es que dejaron dos tracks más en el escenario, “In Love We Trust”, a la que en un par de ocasiones le cambió la letra a “in Chile we trust”, y con la aptamente titulada “Farewell” para decir adiós, tras casi una hora y cincuenta minutos de música.

Una jornada llena de momentos luminosos, de esos que sí se encuentran entre las sombras que forman los cuerpos danzantes en la pista de la Blondie. Son encuentros culturales, son ideales motivados por la música y, al final, cuando alguien va a un evento, ese tipo de cosas son las que ayudan a que todo tenga un significado mayor, más allá de ser una noche de fiesta. Y es en esos significados que un concierto puede vivir en la memoria, más allá de su fugaz momento de ocurrencia.

Setlist

  1. Intro
  2. Stranger
  3. Your Kiss
  4. Jasmine & Rose
  5. Louise
  6. Emily
  7. Hail Mary
  8. Leave Me Be
  9. Loneliness
  10. Obsession
  11. Muscoviet Musquito
  12. A Day
  13. Going Round
  14. Cry In The Wind
  15. This World
  16. Back Door
  17. In Love We Trust
  18. Farewell

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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