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Circa Survive: Cantos desgarrados

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A tres años de su debut en el país y agotando todos los tickets disponibles, Circa Survive retornó a la capital para presentar su más reciente LP, “The Amulet” (2017), sexto larga duración en la discografía del quinteto liderado por Anthony Green, que en esta oportunidad pudo entregar un concierto mucho más íntimo que el anterior, compartiendo cara a cara con sus efusivos fanáticos que lo dieron todo en la hora y un poco más de show de los norteamericanos. En las profundidades del Club Subterráneo, la banda nacida en Pennsylvania se mandó una intensa velada llena de cantos y emociones desbordadas.

Precedidos por la actuación del conjunto nacional Tenemos Explosivos, quienes gozaron de una muy buena acogida por parte del respetable, confirmando que son un número más que probado en la escena chilena, Circa Survive salió al escenario de la mano de “Rites Of Investiture”, sencillo perteneciente a su último álbum, desatando el desorden en el recinto. Green se subía a la barricada y se colgaba de los fierros de la parrilla de luces, acercando el micrófono a los devotos de las primeras filas, en un inicio que puso de inmediato la atmósfera a tope. Para rematar, “The Difference Between Medicine And Poison Is In The Dose” convocó a la totalidad del público a sumarse a la fiesta que avanzó rápido, pero logró dejar conformes a todos.

Wish Resign” siguió en el set y, dentro de lo más destacable del desempeño de la banda durante el concierto, hay que destacar el trabajo de Green como gran foco de atención sobre el escenario. El frontman no se guarda nada y hace de cada canción una performance visceral, entregando versiones bastante más desgarradoras que las ya de por sí desgarradoras versiones de estudio, haciendo de la experiencia de ver a los estadounidenses en vivo un imperdible para los seguidores del estilo. Musicalmente, sus colegas tampoco se quedan atrás, y es cuando los cinco músicos logran la sincronía perfecta entre las melodías de guitarras, las percusiones y la interpretación de Green –tal como pudimos apreciar en momentazos como “Child Of The Desert”, “At Night It Gets Worse”, o la que cerró el espectáculo, “Descensus”­– que Circa Survive muestra sus mejores virtudes musicales como agrupación.

Entre los cortes más venerados por los fans, pudimos escuchar composiciones como “Get Out”, “Dyed In The Wool” o “I Feelt Free”, clásicos de la banda que fueron cantados al unísono por todos los presentes, dejando en claro que la placa lanzada el año 2010, “Blue Sky Noise”, marcó a toda una generación de jóvenes, quienes anoche se dieron un festín junto a sus ídolos. Luego de un breve encore, donde el vocalista aprovechó de agradecer a Tenemos Explosivos por abrir la función y en especial a su público por el compromiso, recordándoles que el próximo 7 de febrero vuelve a Chile junto a Saosin y su proyecto solista, “Descensus” bajó el telón poniendo fin al regreso de Circa Survive.

Puede haber parecido un recital corto, pero la contundencia de los norteamericanos fue suficiente para hacer justicia al espectáculo y dejar contentos a sus fieles y entregados seguidores. A la espera de lo que será el retorno de Green con sus otros proyectos, nos quedamos con el recuerdo de una noche entrañable, donde los cantos desgarradores y la energía desbordada fueron los protagonistas.

Setlist

  1. Rites Of Investiture
  2. The Difference Between Medicine And Poison Is In The Dose
  3. Wish Resign
  4. Tunnel Vision
  5. Child Of The Desert
  6. Get Out
  7. Stay
  8. The Great Golden Baby
  9. Lustration
  10. At Night It Gets Worse
  11. Living Together
  12. Act Appalled
  13. Dyed In The Wool
  14. I Felt Free
  15. Descensus

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Norah Jones: Como las cosas solían ser

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Norah Jones

Desde el 18 de octubre todos los shows musicales han tenido algún tipo de acercamiento a la movilización, a un quebrantamiento a la abulia social, indicando una buena forma de ver cómo el paisaje va cambiando. Pero también existe ese tipo de shows que podría estar inserto en cualquier momento de la historia y no habría mayor diferencia. Tanto por la atemporalidad de la música presentada, como por la indiferencia de un público, como también las lógicas mismas que pueden aparecer en un espectáculo, el retorno de Norah Jones a Chile ante un Teatro Caupolicán casi repleto tuvo mucho de cápsula de tiempo y poco de conexión con lo que había fuera de las rejas del recinto de calle San Diego. Más adelante, se verá cómo esto también es una posibilidad sana y genuina respecto a la música misma.

Antes, durante la tarde del viernes 6 de diciembre, las plateas y sillas en cancha se fueron llenando muy lentamente hasta pasadas las 20:00 hrs., cuando Felipe Cadenasso se subió al escenario acompañado por Antonio del Favero y Natisú a tocar un set marcado por su trabajo como solista. Las armonías entre las voces de Felipe y Natisú eran perfectas, aterciopeladas, de una gran química marcada por el trabajo de ambos compositores que ven en la voz un instrumento mayor. Esto hacía de Cadenasso una buena elección de show de apertura.

Pero entre medio de canciones calmas, las luces estaban apagadas en las plateas y el ruido de la gente llegando cada vez de forma más numerosa, y las conversaciones multiplicándose como si nadie estuviera en el escenario. Realmente, era una sinfonía del irrespeto que censuraba la música preciosa que estaba siendo mostrada en el escenario y que hizo que casi nadie escuchara el único mensaje político de la jornada, cuando Cadenasso explicaba cómo era importante el hecho de estar más juntos que nunca. Tras 34 minutos de canciones brillantes, pero con mucha interferencia por parte del público, el trío de músicos se retiró con la cabeza en alto, sabiendo que la gente se lo perdió.

Luces volvieron a encenderse y ya el teatro lucía lleno en un 80%, espacio de tiempo que se extendería porque Norah Jones y sus músicos no saldrían a escena a las 21:00 hrs. Y qué bueno que no fue así, dada la cantidad de público que aún faltaba que se instalara en sus asientos. Recién a las 21:18 hrs., con todo en penumbra, ingresó ella junto a Brian Blade en batería y Jesse Murphy en el bajo (y luego en el contrabajo) para cambiar el aire en el ambiente, y entregar “Just A Little Bit” pegada a “It Was You”.

Era claro desde el inicio que la cruzada por el “retorno a lo básico” de Norah Jones que se inició en “Day Breaks” (2016) y se consolidó con “Begin Again” (2019) es parte del momento clave en que se encuentra la artista norteamericana, quien incluso, más allá de sus dotes vocales evidentes, incluso plasma su personalidad y talento en la forma de tocar el piano. Claro, su voz es un paradigma innegable del acercamiento del jazz al pop y a la pasividad que ha conseguido su trabajo, pero viendo lo que entregaba a temas como “Nightingale” o las versiones que haría más adelante de sus canciones más conocidas, los matices también se encuentran en la forma de pulsar las teclas, desde lo más tierno hasta lo más dramático. Norah Jones no se acomoda a lo pálido, dándole colores a todo, tal como las luces tenues que iluminaban a los músicos intentaban pintar en los telones detrás del escenario.

El formato en escena es un clásico trío, sea jazzero con piano, bajo y batería, o en “Don’t Know What It Means”, original del proyecto Puss n Boots, y “Come Away With Me”, colgándose la guitarra, logrando otro tipo de presencia, un poco estática dada la perfección en cada eslabón del sonido logrado, sin falla alguna, pero con el carisma necesario para inundar el espacio. En medio, varias sorpresas como “It’s A Wonderful Time For Love” o “Tragedy” removían un repertorio que encontraba reacciones más ruidosas de la gente –cuyo silencio caracterizó esta fase de la noche–, las que vinieron con “Sunrise” o “After The Fall”. También fue llamativo notar cómo ella le entrega espacio a “Black”, parte del proyecto “Rome” que Danger Mouse y Daniele Luppi lanzaron en 2011, demostrando cómo Jones consigue que canciones con un carácter muy marcado se acoplen a lo que ella expresa y significa en un escenario.

Por eso que arruinaba un tanto la experiencia notar personas yéndose desde la mitad del concierto en adelante. Era muy extraña la sensación de ver perfección andando en un proscenio y con la calidez que tiene la voz de Norah Jones, para luego notar decenas de personas caminando a cuentagotas en dirección a la salida. Algunos, luego de “Come Away With Me”, otros tras “Don’t Know Why”, y otros después de “Flipside”, los movimientos humanos eran el único indicio de no estar ante una grabación en un estudio. Por otra parte, mucho se puede comentar de Jones, pero también la capacidad de estar siempre reaccionando de Brian Blade y la habilidad para marcar un pulso y, a la vez, armonizar con el piano de Jesse Murphy en el bajo, son importantes para apoyar y enaltecer a la artista.

Hablando de “Flipside”, también en esa canción se daba otra muestra más de cómo Norah Jones y su banda tienen una gran formación: cuando logran aguantar el compás, no dejando que pase al siguiente tan fácilmente, cerca del final, rompiendo con el ciclo de un pulso más natural, entregando otras sensaciones. Aguantar el compás, con tal precisión, es impactante, y más golpea en “Don’t Be Denied”, ese tema de Neil Young que ella transforma en una pieza de plegaria por la identidad propia, para que cada cual entienda su valor y también en su fuero más personal, que alguien como ella –que valora lo suyo y lo cuida tanto como puede (no usa redes sociales para asuntos personales, cuida el anonimato de su actual pareja, entre muchas otras cosas)–, es capaz de comprender.

Luego de despedirse de la gente, Jones y sus músicos volvieron para hacer sólo un tema más, entregando un show más breve de lo esperado, con casi una hora y media de espectáculo cerrado con “Cold Cold Heart”, cover de Hank Williams aparecido en “Come Away With Me” (2002), otra de las canciones que demuestran que la cantautora está para volver a comenzar y que ésta vez lo hace con la libertad de la madurez y las decisiones propias para, a final de cuentas, entregar música de la forma en la que muchos suponen que las cosas deben ser. Considerando la calidad –al menos desde ese punto de vista–, esta atemporalidad y capacidad de crear un universo paralelo propio son fuertes argumentos para tomar este camino, disfrutarlo y luego tratar de que ese dulzor dure un poco más, antes de volver al amargor de un contexto donde la lucha aún no termina.

Setlist

  1. Just A Little Bit
  2. It Was You
  3. Nightingale
  4. Begin Again
  5. Those Sweet Words
  6. It’s A Wonderful Time For Love
  7. Sunrise
  8. Don’t Know What It Means (original de Puss N Boots)
  9. Come Away With Me
  10. After The Fall
  11. Black (original de Danger Mouse & Daniele Luppi)
  12. Tragedy
  13. I’ve Got to See You Again (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  14. Don’t Know Why (original de Jesse Harris & The Ferdinandos)
  15. Flipside
  16. Don’t Be Denied (original de Neil Young)
  17. Cold Cold Heart (original de Hank Williams)

Fotos por Jaime Valenzuela para DG Medios

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