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Chuck Mosley + The Talking Book: Culto y magia

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Una reunión de culto era la que nos esperaba en la helada noche de viernes en el Club Kmasu. Los fanáticos de Faith No More estaban de fiesta, porque Chile se transformaba una vez más en escenario privilegiado al acoger un evento clave para todos los fanáticos de la banda de San Francisco. Chuck Mosley, vocalista de los dos primeros registros de la agrupación, y Billy Gould, bajista y miembro fundador de los autores de “Epic”, compartían cartel con sus respectivas bandas para entregar dos espectáculos diametralmente opuestos, en todos sus aspectos, los cuales dieron vida a una velada irregular que, de no ser por la devoción del respetable, hubiese pasado totalmente desapercibida.

The Talking Book: Magia en el lugar equivocado

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No era el lugar ni el momento indicado. El proyecto experimental compuesto por Billy Gould, Jared Blum y Dominic Cramp, visitaba por segunda vez nuestro país, ahora como primer “plato de fondo” de la jornada. Los ambientes oscuros y ruidosos del trío, fueron recibidos con solemnidad e hipnotismo por parte de aquellos que se congregaron sagradamente frente al escenario a observar a los tres músicos crear espacios sublimes en sus computadores, mientras que otro grupo observaba desde la distancia compartiendo algún trago mientras trataba de entrar en el juego del grupo, extrañados por lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos, o simplemente conversado y haciendo la hora para el arribo de Chuck.

Si buscamos un símil a la experiencia que es The Talking Book en vivo, podemos encontrarla en el documental “Koyaanisqatsi” (1982), obra dirigida por Godfrey Reggio y cuya banda sonora fue compuesta por Philip Glass, en un filme donde las imágenes documentales son musicalizadas, adquiriendo un estatus catártico en la gran pantalla. El trío realiza un ejercicio parecido, y más complejo aún al tratarse de un espectáculo en vivo, donde las imágenes pasan al fondo de un telón y la música se acopla a ellas bajo las perillas de los hombres en escena. Es por este motivo que es necesario un recinto más íntimo y pequeño para poder disfrutar a concho de esta experiencia musical. La poca afluencia de público y las dimensiones del lugar incitaban a la dispersión y a la incomodidad en los instantes donde el mantenerse de pie era una molestia para el resto de los sentidos que trataban de escaparse con la música. Tampoco ayudaba mucho que la batería de la banda de Mosley tapara el ya pequeño telón de fondo por donde circulaban imágenes de diferentes personas alrededor del mundo, que parecían haber sido extraídas de reportajes de los años setenta.

La improvisación es el norte a seguir por el grupo, y mientras eran reconocibles cortes del disco homónimo, como “Maxim” y “Talking Book I”, las miradas entre los músicos delataban la coordinación entre ellos para sumar nuevas capas y, en definitiva, crear música in situ. La transición entre estados sonoros y anímicos nos hacían recorrer atmósferas oscuras, otras de ruido intenso, desembocando en espacios de calma y contemplación, dejando muchas veces en segundo plano a la película de fondo, incluso eclipsando errores bochornosos, como el mensaje de “imposible reproducir DVD”, que se proyectó en el telón durante pleno embate sonoro del grupo.

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Jared Blum era el director de orquesta y quien se mostraba más enérgico. Haciendo uso de sus efectos y aparatos, inclusive usando su voz en un par de ocasiones, dirigía a sus compañeros, quienes esperaban atentos sus indicaciones. Billy Gould, de lentes y muy concentrado en su monitor, también hacía de las suyas con la guitarra eléctrica, aportando algo de visceralidad a la muralla de sonidos computacionales, cuya magia fue capaz de convertir las risas y conversaciones de los que estaban en la barra, en parte de su banda sonora.

Para el final, “Sundown”, y la suma de los tres elementos al extremo, llevando el ruido hasta su punto más álgido y cacofónico de la noche. Fin de la primera parte de este regreso de The Talking Book a Chile, no en el mejor lugar ni condiciones, pero absolutamente sublime y, para quien redacta, lo mejor de la noche.

Chuck Mosley: Anécdota de culto

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¿A quién queremos engañar? Por mucho que los fanatismos ciegos nos lleven a afirmar que nuestros ídolos son tan grandes como queremos verlos, la realidad no siempre es así. Por mucho que se quiera pensar que Chuck Mosley es una leyenda en vida, cuyo legado es una pieza fundamental del rock, lo cierto es que su carrera después de su paso por Faith No More es de lo más discreta, y si no hubiese participado en los dos primeros álbumes de los californianos, lo más probable es que el concierto de anoche no se hubiese realizado. Este no es un ataque personal contra el músico ni nada por el estilo, pero a vista y paciencia de lo que pudimos presenciar durante la noche del viernes, el espectáculo de Chuck Mosley fue bastante prescindible, más para sacarse el empacho que para escuchar un buen recital de rock.

Vistiendo una chaqueta del Servicio de Impuestos Internos, el músico hacía su entrada al escenario acompañado de su banda, con algunos problemas en su guitarra antes de comenzar el show con “The Enabler”, extraído de su disco “Will Rap Over Hard Rock For Food” (2009), registro que saca el lado más rockero del estadounidense, bastante alejado de lo mostrado en su etapa como frontman de Faith No More, y al parecer, también desconocida por un público que observaba a Mosley con admiración y ansias de que dejara la guitarra de lado y lanzara algún tema de Faith No More. Y así lo hizo, cuando invitó al escenario a Billy Gould para que las hiciera de Roddy Bottum con su Mac, y encargarse de los sintetizadores en “As The Worm Turns”. La noche por fin alcanzaba un peak colectivo y hasta Mosley parecía revitalizarse moviéndose de un lado para otro y elevando su registro vocal al máximo. “Why Do You Bother”, otra del fundacional “We Care A Lot” (1985), provocaba mosh pits entre el reducido, pero enérgico público.

A solas con su guitarra eléctrica, Mosley se dio el tiempo para recordar sus tiempos como compañero de Gould y tocar un par de temas. “Nameless” y “Sophie” marcaron el pasaje más discreto de la noche, donde se pudieron observar los defectos del cantante en su faceta de guitarrista, y más preocupante aún, una falta de inspiración que hizo parecer este momento íntimo como un impasse que coartó la euforia desatada durante la interpretación del material de su ex banda.

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El material del norteamericano funciona en estudio, pero un pésimo sonido y el desconocimiento del público de la mayor parte de su trabajo, no dejaron que cortes como “Pile Driver” o “Bob Forest” obtuvieran algo más que un caluroso aplauso de respeto y cortesía, más por la historia que por el efecto de su música. En fin, ahí llegaba el remake de “We Care A Lot” y el mix de “Anne’s Song” con “Death March”, para darle en el gusto al respetable y cerrar casi una hora de espectáculo, que quedará en la retina de los más fanáticos como una noche de culto, aunque para este redactor, la sensación fue la de haber sido participe de una anécdota.

Setlist Chuck Mosley

  1. Enabler
  2. Tractor
  3. Come Around
  4. King Arthur
  5. Punk Rock Movie
  6. As The Worm Turns (cover de Faith No More)
  7. Why Do You Bother (cover de Faith No More)
  8. Nameless
  9. Sophie
  10. Pile Driver
  11. We Care A Lot (cover de Faith No More)
  12. Bob Forest
  13. Anne’s Song/Death March (covers de Faith No More)

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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