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Christina Rosenvinge: Mostrarse al natural

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La sospecha se instala cuando se ve a un artista reinventándose de forma sencilla y directa cada muy poco tiempo. Al rato, en medio de tanto cambio, la pregunta por cuál y dónde reside su identidad queda planteada en la bruma del polvo levantado tras los movimientos en el mismo eje, sólo por un afán estético o por inseguridades. Obvio que varios lo logran, y sale con fluidez, pero otros no. Por ello es aún más valorable lo que hacen unos pocos, que es cambiar pero con una forma de ser invariable, con estructuras tan fuertes que incluso los cambios estéticos no hacen mella de esta, para simplemente destacar aún más a quien tenemos al frente o en nuestros oídos, y eso es lo que pasa con Christina Rosenvinge.

Desde los 90 que venimos escuchando su susurrante y cautivante voz, en medio de canciones pop como las de su banda Christina y los Subterráneos, o en sus múltiples facetas como solista. Y lo cierto es que más de dos décadas después poco cambia, lo esencial se mantiene, y una artista cuya madurez fue alcanzada en su obra hace rato, ahora simplemente se puede preocupar de hacer canciones, diferentes, iguales, como quiera que sean, pero con oficio y experticia las hará únicas y especiales, tal como demostró en el escenario del Teatro Cariola en la templada noche de 28 de agosto.

CHRISTINA ROSENVINGE CHILE 2015 01

La jornada la inició con media hora de retraso respecto a lo anunciado –probablemente porque la gente que repletó el recinto llegó muy tarde- el conjunto Marineros. El dúo chileno compuesto por Soledad Puentes y Constanza Espina mostró su pop sofisticado y lleno de misterio, con programaciones, con la voz de Soledad perdida a veces en la poca claridad de la ecuación, y la guitarra de Constanza sonando muy bien. Se sucedieron las canciones casi sin pausa ni descanso en los 30 minutos que duró su show, fuerte en beats electrónicos y en el minimalismo prístino de la guitarra de Espina, elemento distintivo de lo que hace Marineros en el escenario, donde aparecen singles imbatibles como “Oh Oh Oh”, “Espero” y la tremenda “Cae La Noche”. Quizás las transiciones entre canción y canción descolocó un poco a parte del público, y sus beats sean perfectos para un auditorio de pie y no para uno en sus asientos, pero el futuro del dúo es más que prometedor: está aquí, ahora.

Y si lo de Marineros fue sofisticado, lo de Christina llegó a un estado mayor de consciencia, con su voz de terciopelo murmurando desde el inicio con “Alguien Tendrá La Culpa”, de su “Lo Nuestro” (2015), con una banda sonando muy bien también. Casi como mantra, Rosenvinge repite “alguien tendrá la culpa” mirando al público en busca de ese culpable, mientras sus livianos movimientos son menores que los strokes en su guitarra, su amiga durante buena parte del show.

CHRISTINA ROSENVINGE CHILE 2015 02

No hubo problemas mayores con el sonido de los instrumentos, pero sí con los acoples. Siete acoples en las cinco primeras canciones es demasiado, y es aún más pensando en que el Cariola es hoy uno de los recintos con mejor sonido en Santiago, gracias a los trabajos que se le han hecho en ese sentido. Un acople te saca de la concentración, entonces se puede adivinar lo que pasa con siete en un margen de 25 minutos. Es mucho. Pero eso no distrajo mayormente ni a Christina ni a sus músicos, quienes entregaron rendiciones tremendas de cada canción en el set. “Romeo y Los Demás”, también de su último álbum, sonó más pesada y más urgente que en estudio, lo mismo que aconteció con “Las Horas”, de su excelente “Tu Labio Superior” (2008), disco que es de una capacidad tremenda de crecer sobre el escenario, como ocurre con la lúdica pero cruda “Anoche (El Puñal y La Memoria)”, que se pega de buena manera con el único tema en inglés que sonaría durante la noche, “A Liar To Love”, presentada por Christina, en caso de que alguien no supiera que ella también cantaba en inglés, algo que le sale tan bien como el español, y con una canción donde el misterio está aún más intrincado en la melodía.

CHRISTINA ROSENVINGE CHILE 2015 03

En el show la gente se entrega al canto y a la sonrisa de Rosenvinge, porque ella también se encarga de no caer en la condescendencia de las voces delicadas, que es hacer canciones aún más delicadas. En el espectáculo, Christina muestra su lado más crudo, más salvaje, más ruidoso, más fluido y más respetuoso de las emociones, pero nada te prepara para la experiencia karaoke de “La Distancia Adecuada”, canción que con el correr de los años ha ganado adeptos, transformándola en la única que le hace batalla a las noventeras en cariño y devoción del público. La versión es tremenda, dulce, intensa, es todo lo que debe ser, para luego dar paso a “Eclipse”, “Tik Tok” y, luego, otro momento gigante.

“Mil Pedazos” es parte de las canciones de despecho que marcaron generaciones completas, y probablemente cada persona en la audiencia tiene su historia personal con alguna de las partes de la letra, y eso se respiraba en el aire mientras Christina tocaba una versión más calma, pero no por ello menos devastadora. Un karaoke colectivo lleno de sensaciones, tras lo cual vinieron varias canciones solistas de Christina, quien terminó su main set con “Lo Que Te Falta”, dedicada “a esa gente que te quiere hacer creer que no eres suficiente”; “La Muy Puta”, con Rosenvinge sacándose de encima los instrumentos por primera vez en la noche y transitando al público, bailando y gateando con una sensualidad impactante; y “La Tejedora”, en una ruidosa y genial versión de este track de su último álbum. Ahí hay convicción, ahí hay fe en el material actual, y eso es muestra de seguridad.

CHRISTINA ROSENVINGE CHILE 2015 04

Igual, luego en el bis, hubo puro fanservice, porque Christina primero toca el exitazo “Tú Por Mi” acompañada por Camila Moreno, que resulta un complemento perfecto para la Rosenvinge. El susurro y la catarsis, el misterio y la crudeza, la profundidad y la dulzura. Las voces de ambas logran una complementación tremenda, y ojalá consideren una colaboración en el futuro, dado que la química de sus timbres de voz es innegable. Luego vino el grito de alguien del público, típico, algo desagradable, clásico, de quien quiere una canción, pero como pasa una vez en un millón, Christina sí hizo caso y se puso a tocar en su guitarra “Pálido”, otro éxito de Christina y los Subterráneos. Christina con la mayor gracia del mundo intentaba acordarse de los acordes, de la letra, de todo, y la gente la ayudaba y sonreía con ella, mientras explicaba que “con la banda no hemos ensayado esta canción”, y tras un buen extracto de “Pálido” el público se puso a aplaudirla a rabiar, justo antes de que “Dile A Papá” cerrara una noche de sentimientos en tono de fiesta, tras 100 minutos de espectáculo gigante.

CHRISTINA ROSENVINGE CHILE 2015 05

Christina Rosenvinge no evita su pasado, lo abraza, pero sabe muy bien que su presente es mucho más complejo y mucho más rico en posibilidades sonoras en su puesta en escena, y eso se nota a lo largo del show, sin caretas. Rosenvinge no teme al cambio, y de hecho lo acoge y lo hace algo muy suyo, pero no deja nunca su manera de ser, de hacer las cosas. Y así, al natural, es que la pudimos ver en un Cariola lleno, donde la española se lució y recibió el cariño de un público que la vio sin artificios mostrando todas sus facetas, con su identidad intacta y el agradecimiento de la gente a tope.

Setlist

  1. Alguien Tendrá La Culpa
  2. Romeo y Los Demás
  3. Las Horas
  4. Anoche (El Puñal y La Memoria)
  5. A Liar To Love
  6. Debut
  7. Mi Vida Bajo El Agua
  8. La Distancia Adecuada
  9. Eclipse
  10. Tok Tok
  11. Mil Pedazos (original de Christina y los Subterráneos)
  12. Canción del Eco
  13. Segundo Acto
  14. Lo Que Te Falta
  15. La Muy Puta
  16. La Tejedora
  17. Tú Por Mi (original de Christina y los Subterráneos; con Camila Moreno)
  18. Pálido (original de Christina y los Subterráneos)
  19. Dile a Papá (original de Christina y los Subterráneos)

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Julio Ortúzar

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1 Comentario

1 Comentario

  1. corso

    31-Ago-2015 en 7:09 pm

    qué bueno estuvo salvo por esa idea de colocar sillas que aquieta y baja la intensidad, ella es magnifica y los arreglos sonaron a ratos a sonic youth

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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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