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Chancho en Piedra: En el año del cerdo

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Para quienes se guían por el esoterismo, o aquellos que simplemente disfrutan de lo simbólico, el reciente aniversario de Chancho en Piedra reúne algunos aspectos interesantes. En el mismo año que se cumple el primer cuarto de siglo de la banda, da la casualidad de que también se conmemora el año del Cerdo de Tierra, de acuerdo al horóscopo chino. Un factor cabalístico que la banda supo conjugar a la celebración, ofreciendo una fórmula que incluyó múltiples invitados y un ambicioso trabajo de luces y escenografía, dando como resultado una fiesta a lo grande, donde se repasó gran parte de su extenso repertorio.

Enmarcados en un viaje temporal, la primera porción del show invitó a realizar un recorrido ininterrumpido por la discografía de la banda. Partiendo con la introducción del álbum “Peor Es Mascar Lauchas” (1995), “Chancho” –que además incluyó el estribillo de “Funk Del Balsa”– se remontaba a los comienzos de Chancho en Piedra, mientras se desplegaba una bandera a lo largo de la cancha del Teatro Caupolicán. Para continuar con el recorrido, “Edén” fue el corte elegido para representar a “La Dieta Del Lagarto” (1997), haciendo saltar a las decenas de Juanitos repartidos entre los fanáticos. Para formalizar la celebración, Lalo Ibeas ofreció un brindis imaginario al ritmo de “El Durazno y El Melón”.

Para dar comienzo a los múltiples invitados que hubo a lo largo de la noche, Chancho en Piedra llamó a los hermanos Zicavo de La Moral Distraída para interpretar “Pregonero” en una versión particularmente salsera, ocasión que aprovechó la pareja de hermanos para citar líneas de “Gracias A La Vida”, “Manifiesto” y “Canto Libre”, generando el momento oportuno para interpretar su versión de “Largo Tour“, segmento que da para reflexionar respecto a la preocupación de Chancho en Piedra por mantener lazos firmes con la raíz musical chilena.

Demostrando que no sólo viven de la nostalgia, Lalo presentó la nueva canción “Bola De Fuego” para cerrar la primera sección del show. Acompañados por una cuidada coreografía marcial china, la banda celebraba las coincidencias con el actual año del “chancho”. Luego de un repaso de clásicos como “Hacia El Ovusol”, “Huevos Revueltos” y “Sinfonía De Cuna“, el dúo hip hop Liricistas subió al escenario para canta “El Impostor“.

Desde una óptica más enfocada hacia la actualidad social, Felipe Ilabaca dedicó “La Telaraña” a los pescadores artesanales, mientras que “Hijo Del Diluvio“, original de Congreso, rescató la memoria de Camilo Catrillanca mediante las palabras de Lalo Ibeas y las imágenes en las pantallas. Una de las colaboraciones más curiosas de la noche se dio cuando el reconocido cantante de cumbia, Leo Rey, se sumó a los chanchos para cantar “Multiricachón” y “Un Año Más”.

Como el tiempo apremia, y ninguna canción quería quedar bajo la mesa, “Volantín” dio paso a un repaso fugaz, pero suficiente, de “Ríndanse Terrícolas” (1998), donde interpretaron secciones de “Oshcokota“, “Mandinga“, ”Ratones De Cola Pelá”, “Voy A Resucitar”, “La Granja De Los Súper Bebés”, “No Joda”, “Solo Contra El Mundo” y “Voy Y Vuelvo”, todas junto a un excelente apoyo de bronces y teclados que, a lo largo de todo el show, acompañaron y entregaron fuerza a cada una de las canciones. Junto con agradecer a los que han partido, la virtuosa guitarra de C-Funk introducía “Guachperry” para encaminarse al fin de la jornada.

Despidiéndose con una arenga al trabajo resiliente, “Discojapi” despedía a los músicos del escenario mientras se veía a través de las pantallas diversos relatos de fanáticos y miembros del equipo de Chancho en Piedra, encontrando como un territorio común la estrecha relación de la banda con sus historias personales. Luego de este cierre en falso, la banda volvió para terminar definitivamente con “Hermanos Marranos” junto al vocalista de Tomo Como Rey. Aportando una última gota de mística, la agrupación cerró de la misma manera que cerraban sus shows hace 25 años, invitando a Pato, amigo personal de la banda, a cantar “Socio”, acompañados de dragones, confeti, globos y luces.

Luego de presenciar un show con grandes ambiciones, todas muy bien logradas, queda la sensación de que Chancho en Piedra celebra sus 25 años de manera magistral y meritoria, interpretando un repertorio lleno de matices, que supo adecuarse a la medida de sus invitados, sacándoles el máximo provecho y coherencia. Sin lugar a dudas, se trata de una de las bandas de rock con mayor preocupación por rescatar la iconografía de “lo chileno”, marcados por un recorrido que, desde sus inicios, rescataba dichas características culturales. Hoy en día, esa línea se ha difuminado. No hay un límite claro de cuál es la influencia y cuál es el aporte de Chancho en Piedra, singularidad que habla muy bien de la huella que han dejado los hermanos marranos en estos años de carrera.

Setlist

  1. Chancho / Funk Del Balsa
  2. Edén
  3. Yakuza
  4. El Durazno y El Melón
  5. Animales Disfrazados
  6. Almacén
  7. Cóndor
  8. Pregonero
  9. Largo Tour (original de Sol y Lluvia)
  10. Mi Mejor Momento
  11. Bola De Fuego
  12. Hacia El Ovusol
  13. Huevos Revueltos
  14. Tren A La Luna
  15. Sinfonía De Cuna
  16. El Impostor
  17. La Telaraña
  18. Hijo Del Diluvio (original de Congreso)
  19. Multiricachón / Un Año Más (original de Hernán Gallardo)
  20. Me Vuelvo Mono
  21. Volantín / Oshcokota / Mandinga / Ratones De Cola Pelá / Voy A Resucitar / La Granja De Los Súper Bebés / No Joda / Solo Contra El Mundo / Voy y Vuelvo
  22. Guachperry
  23. Viejo Diablo
  24. Eligiendo Una Reina
  25. Discojapi
  26. Hermanos Marranos
  27. Locura Espacial
  28. Socio

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Festival 10 Años Fauna

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Este es el primer review en vivo de HumoNegro desde que estallara el descontento social en más de tres semanas frenéticas donde la represión está a la orden del día, y los ojos se abren (y casi 200 lamentablemente por acción de Carabineros se han cerrado) cada día más. No es precisamente un entorno normal, y es en medio de esa extraordinaria contingencia que Fauna Producciones celebró sus 10 años con un festival que, en el papel, tenía muchos puntos atractivos, pese a que existiera gente que lo mirara en menos tras la cancelación de la edición 2019 de Fauna Primavera. Dentro de la delimitación del Parque Metropolitano, el Parque Mahuidahue en la comuna de Recoleta era el punto de encuentro, que aparentaba ser una brecha de aire fresco en medio de semanas tensas, fuera de lo común, difíciles. Pero, lamentablemente, el intento de preservar los aires de normalidad fue el pecado fatal que dinamitó todo lo bueno que estaba construyendo esta jornada de música de calidad y mucho calor.

Las puertas abrieron recién a las 13:40 hrs., mientras que el show que supuestamente comenzaba a las 13:30 hrs. recién partiría casi una hora más tarde. Lo aparente es que la prueba de sonido de Little Simz y sus músicos se retrasó, algo que más tarde también golpearía el fluir del encuentro. Mientras, la gente probaba los pocos retazos de sombra que había en el escenario principal del festival, Red Bull, que se instaló en una cancha de pasto sintético, con todo muy ordenado, bien delimitado, sin aparentes contratiempos.

Francisco Victoria

La música recién partió a las 14:28 horas, con el único músico nacional que se subiría al escenario principal, Francisco Victoria, quien no sólo mostró solidez absoluta en su desplante, pese a que también le afectó el calor que ya a esa hora marcaba 33ºC en Santiago, sino también el arrojo para mostrarse por completo en 35 minutos. Todo su disco debut, “Prenda” (2018), pudo sonar, y además el single “Querida Ven”, dedicado al momento político y social del país y que tuvo en Felicia Morales a un reemplazo más que competente para la parte de Juliana Gattas, algo necesario en una canción así de conversacional.

La banda es un gran apoyo para Francisco, quien en contados momentos se colgó un instrumento para poder maniobrar como el frontman que está siendo hoy por hoy, con la propia Felicia, Raúl Abarca y Daniela Riquelme como actores de reparto en este guion que ve en Francisco Victoria a un protagonista claro, que emociona en “Cuídeseme”, inquiere en “Cruza El Puente” o cautiva en “Marinos”. Brillante inicio de jornada, pese al retraso.

Little Simz

Más tarde sería doloroso lo que generarían los retrasos vistos respecto a Little Simz, pero la rapera londinense que despachó uno de los discos del año con “Grey Area” (2019) fue probablemente el mejor show de todo el día, con una energía tan contagiosa como extraña, con esa fuerza que tienen las y los artistas que marcan la diferencia.

A las 16:10 horas partió el espectáculo de Little Simz con su banda, todos de estricto vestuario blanco, al igual que el revestimiento del micrófono de la artista, que entró siendo la jefa (“Boss”) y luego entregó esa peripecia de las rimas que explican cómo el sistema apunta con el dedo para no dar oportunidades (“Therapy”). El tren ágil del inicio del show cerró con el tema que le abrió oportunidades a Little Simz, “God Bless Mary”, mostrando todo lo que tiene para ofrecer, desde una sensibilidad soul hasta una pluma afilada para resaltar las vivencias de las mujeres y todos quienes necesitan chances.

Pressure”, “Backseat” o “Good For What” son muestras de que la rapera entiende cómo no sólo el talento asegura tener una voz digna de escuchar, sino también hay dificultades que sortear, bocas que acallar y sociedades que cambiar. Ella lo dejó claro en su mensaje político: “Mantengan la cabeza en alto. Ustedes son fuertes”. No hay dudas en el ethos de Little Simz, por eso fue tan sencillo que dejara a todo el público encendido, compitiéndole al intenso sol golpeando la ladera del cerro, porque cada acción hecha por la artista quiebra la rutina, es extraordinaria, y eso fue lo que sintió el público. Se trata de una artista en la cúspide creativa y eso se notó. “Venom”, el hit “Selfish”, “101 FM”, “Flowers” y el cierre con “Offense” para apenas 50 minutos, pero que dejaron huella en el debut solista de la londinense en Chile (antes cantó con Gorillaz). Lo problemático fue el retraso que dejó su presentación y preparación: 85 minutos que serían calvario y desolación más tarde.

Khruangbin

Cuando el trío de Houston, Texas, se subió al escenario de 10 Años Fauna, estaba claro que la onda sería muy diferente a la intensidad de Little Simz. En vez de rimas, mensajes e ideas, lo de Khruangbin involucró un viaje por los sentidos que quedaban abiertos, cuando ya el sol había quemado más allá de lo debido la piel y los pies comenzaban a tener esa incomodidad típica de un festival.

Más gente llegó y se sucedieron canciones como “Dern Kala”, “August 10”, “The Infamous Bill” o “Mr. White”, convirtiendo a la cancha en un espacio más etéreo, sin límites, transformando la tarde en lo que siempre quiso ser: un oasis en medio de lo extraordinario. Allí Laura Lee, Mark Speer y Donald Johnson mostraron su calidad como instrumentistas y también como presencias magnéticas en el escenario. Speer y Lee son imposiblemente cool, y cada cosa que hicieron con sus instrumentos o con las acotadas palabras en español esforzado que regalaban al público tenía esa vibra de superestrellas. En tanto, la batería de Johnson era una fuerza que no por poco estridente era menos potente.

El momento visagra del show, eso sí, fue cuando se animaron con un cover de “El Derecho De Vivir En Paz” de Víctor Jara, con las clásicas líneas de guitarra del himno de las movilizaciones sociales de este año. Nuevamente, lo extraordinario se colaba en este intento de poner un poco de normalidad en el Parque Mahuidahue. Luego de 65 minutos, el trío culminó su show debut en nuestro país, el que sin duda ayudó a tener un poco de frescura y de ese rock atemporal que pocas veces suena tan contemporáneo como lo hace en manos del trío texano.

BadBadNotGood

Speaking Gently” era el tema que inició el show de BadBadNotGood en este retorno a nuestro país, esta vez sin novedades discográficas inmediatas, pero en un formato festivalero que trajo las mejores canciones del conjunto, en una especie de show de grandes éxitos con su formato de cuarteto implacable, con un sonido de lujo que mezclaron con temas completamente nuevos que han estado probando en conciertos durante los últimos meses.

Tampoco es que se trate de una reinvención del conjunto, porque eso no es, pero sí en el show se notó cómo es que la dinámica incesante y en constante evolución de BadBadNotGood se privilegia en pos de romper esquemas. En medio, tracks más clásicos como “Weight Off” o “And That, Too” corroían las ganas de reposar por parte de un público muy activo con el grupo canadiense, que aún está buscando las formas más eficientes de usar a Leland Whitty, único miembro no fundador, que con su manejo del clarinete o el saxofón conseguía ahondar y generar cruces efectivos con el teclado de Matt Tavares.

BadBadNotGood lucen como investigadores de las posibilidades del jazz, y es eso lo que demostraron en casi una hora de solidez irresistible. Tal vez el show más ensimismado, pero, a la vez, el de perfección más evidente en el marco del evento del décimo aniversario de Fauna.

The Whitest Boy Alive

Cuando ya la noche había caído y el escenario Boiler Room tenía a mucha gente bailando y disfrutando, en especial tras el brillante set de Pepo Fernández y Nico Castro con trazos de disco, electrónica y pop latino, en una mezcolanza que no dejó indiferente a nadie, venía el que se suponía que era el primer plato fuerte del evento, sin tanta mezcla como lo que se veía en el otro escenario, pero sí marcando un hito con la mera presencia ahí. Erlend Øye volvía a tocar en Chile, y en eso no había novedad, pero sí la había en que era con The Whitest Boy Alive, quizás su proyecto más pop y más “feliz”, dentro de lo que se pueda comentar. Algo raro, pero divertido de advertir, con el cuarteto en pleno para tocar luego de diez años sin editar nuevos discos, aunque con las ganas de disponerse para divertir a la gente.

Y lo hicieron desde casi el comienzo, pasadas las 20:35 hrs., cuando en “Courage” el baterista usó una olla y su baqueta para introducir el sonido del cacerolazo en la canción, y jugar con Erlend. El sonido de TWBA es muy indie, pero también muy pop, y por ello la gente pudo saltar y bailar con prácticamente todo lo que aparecía en los parlantes, ya fuera con “Burning”, “Fireworks” o “Bad Conscience”.

La banda tiene en los teclados de Daniel Nentwig el otro gran pilar de su sonido, entregando trazos que ningún otro proyecto de Øye posee, y eso le entregó una aspiración de diferencia muy grande al show. Y otra cosa: se notó siempre que la banda lo pasó increíble tocando frente a un público otra vez. Siete años es mucho tiempo, sin embargo, la capacidad de demostrar sin artilugios cómo logró fluir cada canción es algo que no lo entrega el ensayo, sino que la química del grupo. El público jugaba también en ciertos momentos a integrar el grito “El que no salta es paco” dentro de las canciones, pero esto tuvo su apogeo en “1517”, la que cerró el show, cuando Erlend la presentó con un pequeño discurso sobre la democracia, citando también la frase del coro que habla de la libertad, antes de ponerse a tocarla. En el final del tema, la gente comenzó a gritar “El pueblo unido jamás será vencido” y, tras ello, TWBA integró “Show Me Love” de Robin S. como un cover, con el cacerolazo sonando de nuevo, y con el retorno del grito del que no salta en su puesto es parte de las fuerzas policiales.

Incluso en el oasis más profundo de la catarsis musical era imposible abstraerse de lo ocurrido en el país. Con 55 minutos, el show de regreso de The Whitest Boy Alive no sólo los mostró sueltos y compenetrados, sino que también parecía el preludio perfecto para lo que sería el gran cierre con Hot Chip.

Pero Hot Chip jamás se subiría al escenario. ¿Qué pasó? ¿Qué hizo que la banda principal en el evento cancelara en el último de los minutos? Parte de la explicación tenía que ver con una pequeña barricada en las afueras del parque. Otra parte, venía de la mano con robos en buena parte de los vehículos estacionados en esos mismos alrededores. Por “razones de seguridad” el show se detuvo y la gente quedó en shock, y más aún al ver a Erlend asomarse y acercarse a la reja con la gente para conversar a viva voz y explicar lo ocurrido, tras el anuncio improvisado hecho por los parlantes. Pese a que pareció un movimiento de la producción, luego se aclaró que fue el propio músico noruego el que se quiso acercar a la gente para retribuir el afecto, pero también, como él dijo, porque sabe de esa sensación de quedar esperando un show que se canceló en las últimas. Erlend explicaba y la gente se indignaba más. ¿Dónde estaba la producción? ¿Dónde está la aceptación de algún error? Eso es lo que deja un sabor muy amargo tras 10 Años Fauna, al ver a una de las productoras de mejor curatoría del negocio de los conciertos en nuestro país sucumbir ante errores que la dejan mal ante quienes compran los tickets. Quizás en el caso particular de este evento el error principal fue pretender normalidad en un contexto extraordinario, y más aún al dejarse llevar por el retraso inicial que terminó sepultando la posibilidad de tener a Hot Chip cerrando con broche de oro la celebración.

Fuera del calor, el lugar estuvo bien ordenado y con un sonido que se perdía mucho menos que en el vasto Espacio Broadway; la gente se portó bien y las bandas entregaron shows de calidad. Incluso, la alianza con Boiler Room impulsó aún más la electrónica en el marco del festival. Entonces, ¿por qué todo queda como algo más sombrío? Tiene que ver con esas cancelaciones de último minuto, con no prever que, en vez de atrasar la jornada, quizás era mejor adelantarla. En el afán de tener un oasis, que logró concretarse en la mayoría de este sábado 9 de noviembre, todo quedó al final como un espejismo de los duros. Gente llorando al no tener ese break final en medio de días de mierda, en medio de semanas de terror y en medio de un país en su revolución más incomprendida, era el cuadro más terrible de un evento que merecía esa chance que al final se esfumó en el afán de una normalidad plástica, afectando las sensaciones frente al arte real de, como siempre, uno de los carteles mejor curados en festivales en nuestro país.

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