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Cage The Elephant: La raza Rock Star

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Justo antes del ansiado debut de Arctic Monkeys, se encontraba uno de los shows más sorprendentes de la noche. A pesar de contar con tan sólo dos discos bajo el brazo y casi una década de carrera, los estadounidenses de Cage The Elephant, llegaban a Lollapalooza con grandes elogios por parte de la prensa mundial, una batería de buenas canciones y, por sobre todo, un espíritu rockero old school que se convertiría en la gran baza de su presentación. Ya nos lo había adelantado Brad Shultz (guitarra), en una entrevista con HumoNegro: “Mientras más loco el público, más loco nuestro show”. Para nuestra fortuna, el público respondió a cabalidad y las expectativas fueron cumplidas con creces. Lo que hizo Cage The Elephant fue cuestión de pura actitud.

“In One Ear”, tema que abre el primer disco de la banda, fue el encargado de dar comienzo al espectáculo. Desde ya pudimos vislumbrar la tónica del concierto: Brad Shultz en el fondo del escenario, dirigiendo al resto de la banda compuesta por Lincoln Parish (guitarra principal), Daniel Tichenor (bajo) y Jared Champion (batería). Ellos eran los encargados de mantener la base musical, mientras el verdadero show residía en los hombros de Matthew Shultz, una mezcla entre Kurt Cobain y Mick Jagger híper vitaminado, que mantuvo hipnotizados a todos los presentes, ya sea por lo visceral de su interpretación, o porque se encontraba sobre ellos, realizando un stage diving. “2024”, del exitoso “Thank You, Happy Birthday” (2011), mantuvo los ánimos al tope para luego arremeter con una sucia versión de “Aberdeen”, también de su último disco.

A decir verdad, el sonido nunca fue el más claro, sobre todo con las guitarras, que sonaban sucias y algo toscas. Defecto que jugó a favor de la performance de los de Kentucky, otorgando esa vibra rockanrollera garage, que la banda maneja con soltura y espontaneidad, y dejó patente con una aplastante “Tiny Little Robots” y la frenética “Lotus”.

Un momento vibrante, ocurrió en “Around My Head”, cuando en medio de un break la banda debió guardar silencio, mientras los miles de fanáticos, coreaban al unísono la melodía de guitarra, provocando sonrisas de satisfacción en los rostros de los músicos. “Japanese Buffalo” incitó al pogo generalizado, por su parte, “Back Against The Wall” y “Flow” convirtieron al lugar en un gran karaoke. Justo antes de comenzar con “Indy Kidz” ocurrió un problema con el retorno del bajo de Daniel Tichenor, instantes que Matthew aprovechó para interactuar con la gente y vestir las distintas prendas que caían al escenario. Superado el percance, “Indy Kidz” marcó un momento catártico, con Matthew de rodillas en medio de la pasarela y gritando hasta las entrañas.

Un necesario momento de calma se instaló para escuchar “Rubber Ball” y “Back Stabbin’ Betty”. Precedida por la hiperquinética “Sell Yourself”, cayó el single que los hizo famosos a nivel mundial. “Ain’t No Rest For The Wicked” fue celebrada y cantada a más no poder por el respetable.

El concierto ya había cumplido toda expectativa, pero la banda iba por más. La breve “False Skorpion”, cover de Pavement, volvía a poner la nota alta, para dar pie a “Shake Me Down”, donde una vez más las voces de los presentes casi opacan a la propia banda. Para terminar, y como es costumbre en sus shows, llegó “Sabertooth Tiger”, la última descarga de energía, que culminó con un Matthew Shultz a solas en el escenario, mientras tomaba la guitarra de su hermano y la cargaba en contra de los amplificadores para provocar sendas distorsiones y acoples, ante la ovación del público.

Muchos aseguran que los “Rock Stars” son una raza extinta y que no tienen lugar en nuestra época. Bueno, los que tuvimos la oportunidad de presenciar a Cage The Elephant, podemos estar seguros de que aquellas declaraciones no pueden estar más erradas. Al contrario, la “raza”, esta en plena renovación.

Setlist:

  1. In One Ear
  2. 2024
  3. Aberdeen
  4. Tiny Little Robots
  5. Lotus
  6. Around My Head
  7. Japanese Buffalo
  8. Back Against The Wall
  9. Flow
  10. Indy Kidz
  11. Rubber Ball
  12. Back Stabbin’ Betty
  13. Sell Yourself
  14. Ain’t No Rest For The Wicked
  15. Shake Me Down
  16. Sabertooth Tiger

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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5 Comentarios

5 Comments

  1. Sebastian Olate

    01-Abr-2012 en 1:35 pm

    Uno de los mejores shows !

  2. Melisa

    02-Abr-2012 en 2:11 am

    In one ear. Idolos, los amo.

    • Sebastián Zumelzu

      02-Abr-2012 en 7:30 pm

      Corregido. Gracias.

  3. pichuleire

    03-Abr-2012 en 12:03 am

    Si no fueron los mejores, son d elos mejores, asi de simple.

  4. Daniel Manzor

    03-Abr-2012 en 11:07 am

    Yo encontré que sonaron muy mal, al menos al comienzo… una pena porque tenía muchas ganas de verlos :/

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The Rasmus: La burbuja feliz del Edén

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The Rasmus

Es inevitable que se mezclen las cosas cuando un día es tan intenso. No podemos mencionar algo respecto del muy buen show que dio The Rasmus, en su reencuentro con Chile en la noche del 15 de noviembre en un Club Chocolate repleto, sin que hagamos referencia a cómo afuera se encendían barricadas y las fuerzas policiales operaban impunemente usando sus medios para infundir temor. Es inevitable pensar en eso, porque incluso en las puertas del recinto del barrio Bellavista se sentían los efectos de los gases lacrimógenos lanzados por Carabineros. Es en días así donde se nota más la burbuja feliz en la que muchas veces se desarrolla el arte, en general, y más aún una manifestación cultural masiva como son los conciertos.

Mientras la ciudad ardía, había un trocito de Finlandia en el escenario intentando acallar este contexto lamentable y triste de represión y dolor. De hecho, las sensaciones ante un show como el de The Rasmus ni siquiera caben en la nostalgia, pese a que su mayor éxito haya sido con singles de un disco de 2003 (“Dead Letters”), sino que la más sencilla felicidad, esa de ver a fans contentos, fervientes, apasionados, con lienzos de diferentes fan clubs, como una convención en torno a las canciones. Además, el cuarteto no pareciera ver que el tiempo pase, porque su sonido y la energía parece la misma que hace 15 años.

Una jornada muy pulcra que, aún con sabor a lacrimógena en ciertas partes del Club Chocolate, inició con un par de tracks ganadores de “Dead Letters”, “First Day Of My Life” y “Guilty”, que de inmediato subieron la temperatura y los globos transparentes que llevaba el público, dándole más colores y texturas a un marco lleno de amor. Al igual que con Zoé hace un par de noches, la voz de Lauri Ylönen sonaba tan bien, que podía parecer que estuviera haciendo playback, pero no. Incluso se daba maña de hacer cantar a la gente en canciones tan coreadas como “No Fear” o “Time To Burn”.

No es que sólo Lauri estaba haciendo su labor y generando reacciones en la gente, sino que la banda completa. Por ejemplo, Aki Hakala desde la batería sacaba a cada rato gritos de “¡mijito rico!” y otros cánticos cosificadores, mientras era clínico en su forma de hacer las percusiones, sin excesos ni carencias, lo mismo que el guitarrista Pauli Rantasalmi, en tanto que el bajista Eero Heinonen era el más preocupado de que la gente aplaudiera, vibrara y también se comunicó varias veces para expresar lo similares que eran Finlandia y Chile en sus geografías y la pasión por la música que se ve de la gente. Quizás por eso es que podría criogenizarse este amor por The Rasmus y así viva para siempre, porque son momentos como los vividos en este show los que permiten pensar de que la incondicionalidad del fan es algo real.

Aunque vinieron a promocionar “Dark Matters”, ese disco que lanzaron en 2017, sólo tocaron tres temas de aquel material y el show se basó principalmente en el disco que los lanzó a la fama, del que tocaron 8 de sus 10 canciones. Lo que llama la atención es cómo todo suena casi igual a sus momentos de lanzamiento respectivos y, aun así, todo logra parecer recién salido del horno. Es un testamento a la efervescencia de un público que no hace que la jornada parezca como un recuerdo de canciones de 2003, sino como el apogeo y el mejor momento de una banda que pareciera estar recién al alza. Esto, incluso con canciones nuevas como “Holy Grail”, que al menos un tercio de las personas en el público se sabía, siendo una canción no lanzada oficialmente y habiendo salido hace recién un par de meses. Detalles como éstos son los que hacen a una banda lucir brillante.

El show es bien pensado, desde el diseño de iluminación hasta su estructura, con una parte de canciones pegadas y bien tocadas, moviendo al público y luego darles una mini sesión acústica con “Not Like The Other Girls” y “Still Standing”, para después equilibrar con “Funeral Song”, con Lauri solo con la pista con cuerdas y el bajo de Eero, dejando en claro la potencia de su voz y también la de los pulmones de los fanáticos y fanáticas, enrielando el show hacia su clímax con el mega éxito de los de Helsinki, “In The Shadows”, siendo innegablemente tremendo. Ejecución y energía perfecta, con el lugar preciso para que se luzca, todo para dejar a un público ávido de más y más de The Rasmus, algo que un par de minutos después se arreglaría.

Eero se subió solo al escenario, habló de lo linda que es la cordillera y lo mucho que le recuerda a las montañas de Finlandia y Escandinavia, para luego, con guitarra electroacústica en mano, hacer una versión de “Bésame Mucho”, sin saberse mucho la letra, pero sí la melodía. Aunque esta canción sea original de la artista Consuelito Velázquez y se popularizara en algunas partes por Pedro Infante, lo cierto es que el mundo la asocia mucho más al recientemente fallecido Lucho Gatica, el rey del bolero, y se nota como un detalle muy bello que, en Chile, eligiera una canción tan distinta al cliché para honrar al país y sus artistas.

Tras ello, una potente versión de “Wonderman” y el karaoke colectivo de “Sail Away” cerraban un show al borde de la perfección, que en poco menos de una hora y media sirvió como protección frente al dolor exterior y como burbuja de amor ante tanta injusticia. A veces, la música se necesita para tener felicidad en momentos duros, y este contraste se hizo evidente en un show que superó toda expectativa a punta de profesionalismo y conexión con una audiencia incondicional y bella.

Setlist

  1. First Day Of My Life
  2. Guilty
  3. No Fear
  4. Paradise
  5. Time To Burn
  6. Immortal
  7. Justify
  8. Nothing
  9. Holy Grail
  10. Not Like The Other Girls
  11. Still Standing
  12. Funeral Song
  13. F-F-F-Falling
  14. In My Life
  15. Livin’ In A World Without You
  16. In The Shadows
  17. Bésame Mucho (original de Consuelito Velázquez)
  18. Wonderman
  19. Sail Away

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