Conéctate a nuestras redes
Veloso Veloso

En Vivo

Caetano, Moreno, Zeca y Tom Veloso: La familiaridad en la perspectiva

Publicado

en

Hubo un punto de la noche del 26 de septiembre en el Teatro Coliseo donde los pies de Tom Veloso se mueven veloces mientras Caetano canta “Um, dois, três, quatro, cinco, seis, sete, oito, nove, dez, onze, doze”, descalzos, enfrentando el ritmo al canto, con ese meneo de la despreocupación y la memoria muscular de haber bailado así mil veces, con su padre en la voz, con sus hermanos, una escena familiar, como si fuera parte de un archivo perdido años atrás. Este tipo de imagen se pudo observar en un show que, no más allá de sesenta minutos antes aún presentaba contratiempos para los asistentes que se amontonaban en los ingresos del recinto de calle Nataniel Cox.

Por problemas con la llegada de los equipos de los artistas se retrasaron las pruebas y, por consiguiente, el ingreso de las y los asistentes, haciendo que las puertas se abrieran sólo quince minutos antes de las 21:00 horas, tiempo convenido para el inicio del espectáculo, el cual, luego del rápido ingreso de la gente y sin dejar de tener algunos conatos por asientos cuya numeración “no existía”, partió a las 21:24 hrs. Desde ese momento, el aire que estuvo muy tenso y muy cargado a la recriminación, poco a poco se iba a aligerar gracias a ese cambio de perspectiva que genera la música, en especial cuando tiene ese algo especial e indefinible como el amor o la filiación.

El show no tuvo mayores sorpresas en un setlist dominado a la perfección en su fluidez y su narrativa por el cuarteto comprendido por Caetano Veloso y sus hijos Moreno, Zeca y Tom. Pero, además, tuvimos la buena suerte de ver el show de lejos, porque esa perspectiva que permitía ver el escenario recreando ese imaginario del arte de “Ofertório” (2018) –el disco que los reunió– convertía un mero show de minimalistas arreglos, en una obra de arte en movimiento. La escenografía, el último trabajo de Hélio Eichbauer antes de fallecer el año pasado, ponía un marco en el que los cuatro músicos lucían como parte de una dinámica foto familiar, esa familia a la que este show honró desde los primeros acordes de “Baby”, o con las armonías perfectas de “O Sea Amor”.

De forma majadera, en muchos textos y en muchos espacios los comentarios previos a este espectáculo lo caratulaban como “Caetano y sus hijos”, quitándole peso a las carreras de cada uno de ellos, a sus talentos y sus aportes. Aunque Caetano tiene un carisma especial, una luz que lleva donde sea que se ponga, “Ofertório” fue un show compuesto de distintos recortes de las vidas de cada uno, que, poniendo canciones del pasado y del presente, ordenan un relato de humanidad humilde y de arte tierno, sensible pero no cliché, que opera como un crescendo constante, casi imperceptible, y que va aumentando su intensidad con el correr del amplio setlist.

La agudez de la voz de Zeca en “Todo Homem”, los bailes de Caetano en “Un Passo A Frente”, Tom cantando “Clarão” y “De Tentar Voltar”, los bailes de Tom en “Alexandrino”, todo era un pasadizo de historias, que incluso se repiten entre un show y otro, pero que lo hacen con una familiaridad tal, que nada sale tieso. Revisando reportes en Argentina, país que antecedió a Chile en esta gira, y también los apuntes del show que dieron los Veloso en Lollapalooza Chile 2019 hace unos meses, no hubo grandes divergencias incluso en los chistes que se cuentan. Sin embargo, todo tuvo una cadencia mucho más eclesiástica que de fiesta, pese a la alegría y calidez que desprendían las canciones y sus cultores. Y es que, como explicó Caetano en un punto, él no es religioso, pero sus hijos sí, y es esa energía la que ponía los acentos y las urgencias.

El show se llama “Ofertório” por ser este tipo de canción religiosa la que el propio Caetano escribió para la misa en honor a los 90 años de su madre, con la comprensión de la devoción ajena, encontrando puntos comunes para calzar con el propio arte. En vez de haberse quedado con la religiosidad misma, lo que se vio en el escenario es que Caetano utilizó los códigos de esta para convertir a la familia en su religión, en su espacio de devoción y, por consiguiente, logró también activar ese tipo de cariños para el espíritu en los asistentes al concierto.

En medio de estas emociones es que Zeca o Moreno hicieron gala de su talento instrumental, tomando diferentes roles a lo largo del show, mientras aparecían canciones como “Oração Ao Tempo” o “Alguém Cantando”, aunque claramente el público esperaba de forma más transversal los clásicos. “Reconvexo”, “O Leãozinho” o “Força Estranha” tenían la capacidad de poner al público a cantar, a ser parte de un espectáculo que, en medio de tanta belleza, también tomaba matices de impenetrabilidad. Como el show parecía un cuadro familiar pegado en la pared de los recuerdos vívidos de la existencia, la gente cantaba mucho en momentos precisos, controlados, con energía contenida, pero genuina. Realmente era una fuerza extraña que invita a cantar, pero con control. También en este tipo de canciones se notaba la comunión, con Moreno haciendo “O Leãozinho” por amor a su padre, pese a que nunca se la aprendió antes de este show, o Zeca a regañadientes aceptando tirarse unos pasos de samba, entre enojado y nervioso, muy distinto a la escena protagonizada por Tom en “Alexandrino” o luego en el final del set principal, por Moreno y Caetano que juntos bailaron en “How Beautiful Could A Being Be”, que casi como un mantra iba repitiendo una idea de belleza conjunta, de que el set es más bonito si las personas se reúnen.

Ver el show con la perspectiva completa al escenario, a esa escenografía de Eichbauer, con los cambios en los colores de los elementos dados por la iluminación, hacía que se transformara todo en una película en vivo, en uno de esos shows que se ven por el cine, con un sonido que sólo tuvo un par de acoples cuando parecía que se subía el volumen, pero, fuera de ello, la claridad de los arreglos minimalistas de “Ofertório” era innegable. La gente ovacionó de pie a los músicos hasta que volvieron al escenario para hacer un encore con el medley entre “Canto Do Um Povo De Um Lugar” y “Um Tom”, canciones que se entrelazaron de forma efectiva, muy dada a ese espíritu de eucaristía que había en el espectáculo para luego entregar “Deusa Do Amor”. Es divertido pensar en ese momento en que Caetano cantó esa canción y le preguntó con cara de sorprendido a la gente si se la sabían, y el público no sólo respondió que sí, sino que corearon con más fuerza, potencia que se transformó en admiración con el medley de “Volver A Los 17” de Violeta Parra con “Tonada De Luna Llena”, antes de cerrar con “Tá Escrito” en la voz principal de Zeca.

La gente aplaudió a rabiar y los músicos, en vez de salir para que se exigiera un segundo encore, se quedaron para tocar “A Luz De Tieta”, a voz de pulmón en todo un público que cerró con sus gargantas un espacio de recogimiento y catarsis, con sus propias perspectivas, con las voces sonando desde cada rincón del Teatro Coliseo, con esa familiaridad del coro conocido y con una familia talentosa entregando no sólo canciones, sino que también amor, entre ellos y por la obra que tienen. Pasadas las 23:00 hrs. se cerró la cortina de una verdadera obra de arte hecha concierto, dentro de la perfección más bonita, esa que no se busca porque sí, sino porque el mensaje y la narrativa a entregar es más importante, y así fue como se sintió una mágica noche de septiembre con Caetano, Tom, Zeca y Moreno Veloso.

Setlist

  1. Baby
  2. O Seu Amor (original de Gilberto Gil)
  3. Boas Vindas
  4. Todo Homem
  5. Genipapo Absoluto
  6. Um Passo A Frente (original de Moreno + 2)
  7. Clarão
  8. De Tentar Voltar (original de Moreno + 2)
  9. A Tua Presença Morena
  10. Trem Das Cores
  11. Alexandrino
  12. Oração Ao Tempo
  13. Alguém Cantando
  14. Ofertório
  15. Reconvexo
  16. Um Só Lugar (original de Moreno + 2)
  17. O Leãozinho
  18. Ela E Eu (original de Maria Bethânia)
  19. Não Me Arrependo
  20. Um Canto De Afoxé Para O Bloco Do Ilê
  21. Força Estranha
  22. How Beautiful Could A Being Be
  23. Canto Do Um Povo De Um Lugar / Um Tom
  24. Deusa Do Amor (original de Olodum)
  25. Volver A Los 17 (original de Violeta Parra) / Tonada De Luna Llena
  26. Tá Escrito (original de Revelação)
  27. A Luz De Tieta

IR A GALERÍA FOTOGRÁFICA

Publicidad
Clic para comentar

Responder

En Vivo

Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

Publicado

en

Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

IR A GALERÍA FOTOGRÁFICA

Seguir Leyendo
Publicidad

Facebook

Discos

Free Free
DiscosHace 3 días

Iggy Pop – “Free”

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de...

DiscosHace 4 días

Diego Lorenzini – “De Algo Hay Que Morir”

El ingenio de la cultura chilena es algo que se ha instaurado como característica generalizada, como también la capacidad de...

Close It Quietly Close It Quietly
DiscosHace 5 días

Frankie Cosmos – “Close It Quietly”

Casi como una poeta del “Hágalo Usted Mismo” o filosofía DIY de habitación adolescente estadounidense, emergió el nombre de Frankie...

The Center Won't Hold The Center Won't Hold
DiscosHace 1 semana

Sleater-Kinney – “The Center Won’t Hold”

¿Hasta qué punto se considera un cambio de dirección? Muchas veces se genera un debate cuando una banda decide incursionar...

Lost Girls Lost Girls
DiscosHace 2 semanas

Bat For Lashes – “Lost Girls”

Cuando Natasha Khan lanza un nuevo disco, un mundo lleno de posibilidades y de fantasía se abre. A través de...

Atonement Atonement
DiscosHace 2 semanas

Killswitch Engage – “Atonement”

Hoy en día, en la época del streaming, donde un single es más importante que un álbum, cuesta generar altas...

Schlagenheim Schlagenheim
DiscosHace 2 semanas

Black Midi – “Schlagenheim”

Históricamente, la energía proveniente de la juventud es un factor vital para el panorama del rock; una virtud que ha...

Patio 29 Patio 29
DiscosHace 3 semanas

Slowkiss – “Patio 29”

A veces se puede estar muy cerca del abismo y del fin. Allí, las experiencias y los recuerdos pueden ser...

Norman Fucking Rockwell Norman Fucking Rockwell
DiscosHace 3 semanas

Lana Del Rey – “Norman Fucking Rockwell!”

En 2011, Lizzy Grant lanzó la canción que la convertiría en la estrella con la que siempre soñó ser. Como...

Infest The Rats’ Nest Infest The Rats’ Nest
DiscosHace 3 semanas

King Gizzard & The Lizard Wizard – “Infest The Rats’ Nest”

King Gizzard & The Lizard Wizard vuelven a experimentar en el estudio, dando con su versión más pesada. En “Infest...

Publicidad
Publicidad

Más vistas