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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte de “Abbey Road” que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Juan Chomon

    22-Feb-2019 en 5:55 pm

    Se agradece el esfuerzo de Jeff Gutt por parecerse a Scott, pero no tiene la misma estampa rebelde y arrogante de Weiland, ni mucho menos logra la plasticidad y flexibilidad que tenía Weiland. Gutt se nota mucho más recatado y pudoroso, es un versión casi tierna de Weiland. Lo poco que se alcanzaba a escuchar cumplía y si bien, “según mi señora tenía un aspecto con aires más a Marc Anthony”, hace un esfuerzo notorio por tener un aspecto similar a Weiland. En mi opinión así como proponen el show pueden poner hasta a René de La Vega y STP sigue funcionando…

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Paul McCartney: La leyenda incombustible

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Paul McCartney

En su quinta presentación en la capital, Paul McCartney retornó al Estadio Nacional, el coliseo más grande del país, que este miércoles fue repletado por las decenas de miles de fanáticos que se hicieron parte de una jornada de lujo, protagonizada por una verdadera leyenda de la música contemporánea.

El ex Beatle se robó la película con un espectáculo de más de dos horas y media de duración, donde repasó gran parte de su historia musical, revisitando los éxitos de los “Fab Four”, Wings y su carrera solista, poniendo especial énfasis en su más reciente álbum, “Egypt Station” (2018), del cual incluso tocó algunas canciones por primera vez en vivo.

Un cuarto de hora pasadas las nueve de la noche, el inglés hizo ingreso al escenario para comenzar desde la primera nota en lo más alto. “A Hard Day’s Night”, el emblemático clásico de The Beatles, fue la encargada de abrir la velada, instalando de inmediato la atmósfera de fiesta y baile en el recinto ñuñoíno, uno que estaba ansioso por saber qué se traía McCartney entre manos.

Si bien, el set de canciones del tour ya era conocido de antemano por muchos, la gira por Sudamérica partía en nuestro país y no era descabellado pensar en que el maestro de ceremonias hubiera modificado en algo el repertorio. La verdad es que no hubo grandes sorpresas y, tal como señalamos antes, las mayores novedades las marcaron los cortes de la última placa, pero eso no fue un problema para disfrutar de un show de primera línea.

Los grandes hitos de la noche los marcaron, sin duda alguna, los clásicos de la desaparecida banda de Liverpool, con emocionantes versiones de “Can’t Buy Me Love”, “Love Me Do”, “Blackbird”, y “Ob-La-Di, Ob-La-Da”, cada una disfrutada de manera entrañable por el respetable, donde el cruce de generaciones era notorio, pero cualquier diferencia se suprimía por el poder de la música. Y no podemos dejar de mencionar la pifiadera que se llevó el presidente de la república, Sebastián Piñera, al ser mencionado por McCartney antes de interpretar “Queenie Eye“, en uno de los hitos más sorpresivos y controvertidos de la noche, dejando al músico con un toque de incomodidad (o confusión) durante un par de canciones debido al hecho que ingenuamente había detonado.

Y he aquí quizás la única crítica que se le podría hacer al impecable recital. Al desarrollarse en un escenario tan monumental, cuando los efectos especiales o la parafernalia no estaban funcionando como valor agregado, daba la impresión de que el concierto fue planeado exclusivamente para la parte delantera de la cancha. Teniendo en cuenta el impresionante concierto que Roger Waters ofreció en el mismo recinto el año pasado, donde absolutamente todo estaba pensado para que tanto la persona en primera fila como aquella que se encontraba en el último asiento de la galería se sintiera inmersa en el montaje, anoche fuimos testigos de una presentación que en numerosos pasajes abandonaba a los sectores más alejados del escenario. El sonido tampoco fue el mejor, por lo que, sobre todo en los momentos en que se tocaron composiciones del último álbum, tales como “Who Cares” o “Back In Brazil” –cortes no tan conocidos por la audiencia–, esa energía tan potente que se sentía en los mejores momentos del show se diluía en el espacio.

Lo anterior es sólo una pequeña mancha en un cuadro perfecto, y si queremos hablar de momentos grandilocuentes y épicos, ahí tenemos la sección final con la literalmente explosiva “Live And Let Die”, el coro multitudinario en “Hey Jude”, y el memorable cierre con “The End”, inmensos momentos para atesorar en la memoria y que justifican totalmente el valor de la entrada. Anoche fuimos parte de una fiesta maravillosa, un verdadero lujo que dejó a todo el mundo conforme, demostrando que la leyenda de McCartney es incombustible y tiene cuerda para rato.

Setlist

  1. A Hard Day’s Night (original de The Beatles)
  2. Junior’s Farm (original de Wings)
  3. Can’t Buy Me Love (original de The Beatles)
  4. Letting Go (original de Wings)
  5. Who Cares
  6. Got To Get You Into My Life (original de The Beatles)
  7. Come On To Me
  8. Let Me Roll It (original de Wings)
  9. I’ve Got A Feeling (original de The Beatles)
  10. Let ‘Em In (original de Wings)
  11. Maybe I’m Amazed
  12. My Valentine
  13. Nineteen Hundred And Eighty Five (original de Wings)
  14. I’ve Just Seen A Face (original de The Beatles)
  15. In Spite Of All The Danger (original de The Quarrymen)
  16. From Me To You (original de The Beatles)
  17. Dance Tonight
  18. Love Me Do (original de The Beatles)
  19. Blackbird (original de The Beatles)
  20. Here Today
  21. Queenie Eye
  22. Lady Madonna (original de The Beatles)
  23. Eleanor Rigby (original de The Beatles)
  24. Back In Brazil
  25. Fuh You
  26. Being For The Benefit Of Mr. Kite! (original de The Beatles)
  27. Something (original de The Beatles)
  28. Ob-La-Di, Ob-La-Da (original de The Beatles)
  29. Band On The Run (original de Wings)
  30. Back In The U.S.S.R. (original de The Beatles)
  31. Let It Be (original de The Beatles)
  32. Live And Let Die (original de Wings)
  33. Hey Jude (original de The Beatles)
  34. Birthday (original de The Beatles)
  35. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band  (Reprise) (original de The Beatles)
  36. Helter Skelter (original de The Beatles)
  37. Golden Slumbers (original de The Beatles)
  38. Carry That Weight (original de The Beatles)
  39. The End (original de The Beatles)

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