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Brett Anderson al fin cautivó a Chile

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Esta vez vamos a obviar todo lo sucedido. Desde la supuesta venida de Brett el año pasado, de la cancelación de su concierto el viernes 12 de junio y de su detención en lima por asuntos que aún no quedaron del todo claro. Lo cierto es que, a pesar de todos karmas que tenía Brett con el publico chileno, estos se disolvieron por arte de magia la noche del martes cuando por fin Brett Anderson piso el suelo del Caupolicán y fue recibido por 3 mil personas que gritaban y aplaudían emocionados al ver que este gentleman inglés si era real.

21:00 horas y la puntualidad inglesa se puso a prueba. Mientras transcurría el tiempo en que debió comenzar el show, se veía un Caupolican ocupado hasta en la platea más alta. En el aire se sentía el nerviosismo, la ansiedad propia de tanta espera y los comentarios de pasillos evidenciaban a un público heterogéneo, entre personas que bromeaban con el tema de la detención aludiendo que el show sería trasmitido vía satélite desde lima, y otras un tanto incrédulas que temían una nueva programación.

21:20 y los fans no podían más de la angustia y comenzaron con los desesperados silbidos que inmediatamente se transformaron en gritos, en golpes de suelo, en aplausos acalorados y en voces que gritaban Brett Brett Brett!!!.

Luego de un tiempo el Caupolicán se queda en penumbra. Sólo unos focos azules, que apuntaban hacia el telón negro de fondo, creaban el ambiente propicio para que entraran los músicos a escena, quienes se ubicaron tranquilamente detrás de cada instrumento y comienzan con los primeros acordes de “Funeral mantra”. Entonces el gran telón se abre y deja pasar a una figura esbelta, vestida de un terno ajustado y que caminando con la elegancia propia de gentleman inglés, se aproxima al centro del escenario y nos observa fijamente. Y ahí por fin, ante nuestros ojos susceptibles podíamos ver al misterioso Brett Anderson. En ese momento los gritos ensordecedores retumbaron por todo el teatro, mientras que Brett inicia los primeros tonos sugestivos que nos invita cálidamente a su mundo de sonidos puros, seductores y enigmáticos.

Siguiendo por la senda de esta voz cautivadoramente dulce, se escuchan “Wheatfields”, “The Hunted” y una espectacular versión de “Back To You”, de su último disco. Aquí ya estábamos en presencia de un Brett energético, que encendía todo el teatro con sus apasionados saltos, sugerentes movimientos de caderas y una cabellera desordenada que se movía al mismo tiempo que sus gritos seductores. Un show como lo hacía en los mejores tiempos de Suede.

Transcurrieron 20 minutos y cuando el público no podía más entre saltos y gritos, el intenso rojo del escenario dio paso a una sola luz blanca que iluminaba un órgano ubicado a un costado del escenario, donde el señor Brett se sentó plácidamente a tocar “To The Winter”, especialmente una pieza que conmovió a todos. Luego no podría ser mejor la continuación. “Love Is Dead”, canción con la que Brett demuestra su particular visión del romanticismo trágico. Luego, lo que todos esperaban, la sesión Suede que comienza con “By The Sea”, seguida de “Everything will flow “ “The 2 Of Us” y “The Asphalt World”, magistrales y desgarradoras canciones del segundo disco de la extinta banda, que nos remontaron emotivamente a la primera vez que escuchamos a The London Suede, donde un simple acorde de guitarra disonante se mezclaba con una voz dulcemente profunda y lograba estremecer hasta el último milímetro de tu cuerpo.

Podríamos seguir mencionando las emociones vividas tras cada tema que cantaba Brett esa noche, pero seria inagotable. Ya que extrañamente cada canción interpretada por él poseía un atractivo mágico y producía una serie de efectos en el público como llantos, gritos incontrolables, demostraciones de afecto y un sin fin de pasiones que transcurrieron entre “Killing Of a Flashboy”, “She” “Filmstar”, “Can’t Get Enough”, en esta última ni el mismo Brett pudo contener la emoción y sacándose ágilmente su chaqueta la tira por el aire y su elegante presencia de lord inglés se transforma en la esencia de un niño feliz que salta excitado por cada extremo del escenario.

Para terminar este primer bloque dos infaltables hits “Trash” y “Beautiful ones”, esta última conocida hasta por lo niños asiduos a un programa clásico infantil, fue coreada por todos formando ecos estruendosos en el Caupolicán. Mientras el Señor Anderson hacia reverencias a los asistentes, los aplaudía y luego con los brazos abiertos como alimentándose de los energía emanada del público, se va del escenario lanzando besos y despidiéndose por un lapso de tiempo.

Y esperamos pacientemente… mientras se escuchaba a un auditorio extasiado que comentaba el gran show que estaban presenciando y entre silbidos, aplausos y gritos se escuchaban los ¡ uhh! ¡ ah!!! Increíble! Sublime! Prefecto!.

Después de un par de minutos vuelve a escena Brett, esta vez solo con la compañía de una guitarra acústica. Se sienta a un borde de la tarima de percusión y comienza “ will One” pieza interpretada desgarradoramente por un Brett carismático. Luego continúa con “So Young” versión incluida en su último álbum, pero que perteneciera al disco Suede. En ese momento se creo una atmósfera muy íntima entre él y su público, tanto así que para finalizar con “”Saturday night” este príncipe inglés se baja del escenario, se acerca a las rejas divisorias y comienza a caminar lentamente frente a ella estrechando la mano de las personas agolpadas frenéticamente en la reja para intentar tocar a su ídolo que, en ese momento, era sólo un humano que se despedía de sus más recientes amigos. Luego sube nuevamente y mirando desde arriba a cada uno de nosotros se despide alzando las manos y, visiblemente conmovido por las demostraciones de afecto, promete volver a este fin de mundo.

Y así culminó la noche mágica con el señor Brett Anderson que sin duda pago su deuda con creces a este público impaciente pero fiel. Que esa noche se fue del recinto visiblemente extasiado y que pudo ver a un hombre de palabra que, a pesar de todos los inconvenientes, logró llegar a suelo nacional entregándonos un concierto sencillamente cautivador y que nos hizo volver a creer que es posible que los deseos fervientes puedan concretarse.

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11 Comentarios

11 Comments

  1. Zenobia López Pinto

    18-Jun-2009 en 1:04 pm

    Ta pasaste Musik Badseeds¡¡¡, es un reportaje realmente vivo¡¡¡, no estuve allí, pero la intensidad de tu narración me transportó junto a Brett Anderson.

  2. Revo Marcelo

    18-Jun-2009 en 2:21 pm

    Me gusto Musik tu comentario, a cualquier fanático de Suede le va a quedar bien claro que-como-cuando se perdió … pero a pesar de que yo soy igual de fan o porque soy igual de fan es necesario decir que Brett no se arriesgo con las notas altas de algunas canciones (two of us, the wild ones … ojo que es the wild ones), que la versión de Back to you fue la versión original (la que aparece en Wilderness es una segunda versión) y que en el bis no uso una guitarra acústica, sino que la guitarra eléctrica de su guitarrista sólo que no le aplico distorsión, te saltaste que esa breve sección la inició con pantomine horse.

    También, a mi gusto, la versión de asphalt world estuvo algo desordenada, ocasión en que fue un poco molesto que algunos asistentes que sólo conocía los hits radiales de Suede se pusieron a gritar por payasear “we love Brett” y otras cosas …

    Me dejo pagando con el A New Morning … ningun tema de ese disco … pero salvo con Killing of a Flash Boy, grata sorpresa …

    • Musik

      18-Jun-2009 en 7:10 pm

      Tienes razón era una guitarra eléctrica que sono como acústica, por se sintió un poco desafinada al principio :). Gracias por el aporte, a ratos suceden tantas cosas en un conierto que se te escapan detalles.
      Vale!! Saludos!

  3. Pinilipe

    18-Jun-2009 en 6:51 pm

    En 2 palabaras…im presionante

    Muy buena nota

    saludos

  4. Carolina

    18-Jun-2009 en 11:13 pm

    Ohh
    Realmente te pasaste, me llevaste al concierto!
    Brett es the best
    un abrazo 🙂

  5. ingrid rivera

    19-Jun-2009 en 5:04 pm

    Se pasaron muy detallada la nota y por lo menos puede saber más acerca de Brett aqui, ya que no fui al recital….mil gracias!!!!

  6. Teresita Giacaman

    19-Jun-2009 en 6:43 pm

    Muy buen relato Musik, es subjetivo y honesto, para mí, la mejor forma de escribir sobre arte. Felicitaciones!

  7. domy

    23-Jun-2009 en 1:01 am

    estuvo muy weno el shossssss… incluso para mi q soy alguien q alguna vez escuchó a suede y esa noche fui a pagarle una deuda a mi yo adolescente… pensé q con lo nuevo de brett me aburriría pues no conozco nada.. pero no.. las atmosferas creadas me hicieron estar siempre atenta… y metida en el shoss…

    es verdad eso de q no cantó notas altas… pero filo.. para eso estabamos nosotros jhahaah

  8. pao

    23-Jun-2009 en 11:16 pm

    me gusta como describes…estuvo increible, disfrute cada grito, apreton y saltos
    saludos y sigue igual …..

  9. FCB.

    24-Jun-2009 en 5:57 pm

    Genial !! musicos con clase. muy buena la nota.

  10. marja

    05-Jul-2009 en 2:16 pm

    favor ustedes grabaron muy bien el recital , es posible que suban a la red mas de su precentacion en chile y si fuese posible podrias enviarme algo del material, te estaria eternamenete agradecida, gracias

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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