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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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Behemoth: La estética de lo profano

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Behemoth

Como suele ocurrir últimamente, se hace difícil asimilar los espectáculos fuera del álgido contexto social que se desarrolla en el país. El cuestionamiento a las figuras de poder es un fenómeno profundo y transversal, así lo demuestran los múltiples ataques a símbolos religiosos como consecuencias de la deslegitimación de la Iglesia Católica. En este punto, Behemoth se relaciona con la contingencia. La iconografía del sacrilegio forma parte elemental de la propuesta de los polacos, quienes provocan continuamente a los elementos de la cultura cristiana en sus composiciones. A cinco años de su último show en Santiago, el conjunto liderado Nergal se reafirma como uno de los proyectos de metal más completos del panorama actual, mediados por una rigurosa estética de lo profano.

Enmarcados en la gira sudamericana que presenta su último álbum, “I Loved You At Your Darkest” (2018), Coliseo Santiago contenía a una multitud de fanáticos que vitoreaban impacientes una nueva visita de la banda. Cubiertos por un telón negro, “Solve” introdujo a los asistentes al imaginario de demonios y herejías dibujado por Behemoth. “Wolves Ov Siberia” puso al descubierto a la banda, mientras el ritmo incesante de Inferno comenzaba a mover a los fanáticos. Los primeros aplausos se apagaron de súbito con “Daimonos”, continuando una carga incesante.

Cabe destacar los detalles de escenografía e iluminación, que, si bien no son demasiado ambiciosos, sí aportan a generar una mayor puesta en escena y crear un ambiente ritualístico propio de bandas afines al black metal. La fuerza de “Ora Pro Nobis Lucifer” contribuyó a este escenario ocultista con una interpretación impecable, mientras que “Bartzabel” presentaba a Nergal portando una mitra en evidente declaración de desacato. Fue en esta ocasión cuando Behemoth mostró con fuerza las razones que los posicionan como una banda de categoría del circuito metalero, denotando preocupación por el aspecto visual y la versatilidad en los pasajes menos intensos, características que no son tan fáciles de encontrar dentro del nicho al cual pertenecen.

El ímpetu de “Ov Fire And The Void” retomó el camino por los territorios más brutales de la banda. Luego de un coro eclesiástico, Nergal se dirigía por primera vez al público, agradeciendo la entrega con un show despampanante e intenso. Luego de unas breves palabras, el conjunto continuó con su repertorio más reciente interpretando “God = Dog” y avivando los ánimos de los fanáticos. A medio tramo de la jornada, “Conquer All” y “Sabath Matter” aportaron en crear una ornamentación oscura, ejecutando un sonido impecable y extremo.

La agrupación polaca aprovechó la energía para continuar con uno de sus temas más reconocidos. “Blow Your Trumpets Gabriel” hizo cantar a los fanáticos que observaban con atención cada pasaje de la canción que vaticina un escenario apocalíptico. Con la energía a tope, “Slave Shall Serve” avivaba el mosh, mientras que “Chant For Eschaton 2000” despedía a la banda del escenario, no sin que antes Nergal disparara una alabanza a satanás.

Como era de esperarse, la última parte del repertorio se cargó a la teatralidad con la oda infernal de “Lucifer”, la caótica “We Are The Next 1000 Years” y el cierre definitivo marcado por “Coagvla”, que fue interpretado por percusiones a banda completa, despidiéndose así de manera definitiva de una fanaticada que aún estaba en condiciones de escuchar más.

Pese a que Behemoth es un proyecto que remite sus bases a elementos del black metal, es valorable el modo en que se las ha ingeniado para crear un sonido más depurado. Sin perder cuotas de agresividad, gana en sofisticación, versatilidad y una propuesta estética que también muestra preocupación por lo visual. Con la ausencia de este elemento iconográfico, es imposible asimilar el concepto del conjunto polaco en su totalidad. El buen estado creativo de Behemoth da buenos auspicios para un metal que no teme en ser pretencioso y mostrarse como una expresión legítima de arte a lo oscuro.

Setlist

  1. Solve
  2. Wolves Ov Siberia
  3. Daimonos
  4. Ora Pro Nobis Lucifer
  5. Bartzabel
  6. Ov Fire And The Void
  7. God=Dog
  8. Conquer All
  9. Sabbath Mater
  10. Decade Ov Therion
  11. Blow Your Trumpets Gabriel
  12. Slaves Shall Serve
  13. Chant For Eschaton 2000
  14. Lucifer
  15. We Are The Next 1000 Years
  16. Coagvla

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