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Black Label Society: Rock de buen gusto

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Quince días antes, Teatro Caupolicán. Greta Van Fleet se presentaba a recinto repleto. El punto de conversación posterior al show, más allá de las expectativas superadas o la pulcritud de los miembros de la banda, fue lo largo de los solos por sobre la integridad de la canción. Al día siguiente, lo mismo pasó con Lenny Kravitz en su accidentada participación en Lollapalooza Chile con versiones de minutaje amplio, que hacen pensar dónde queda la canción, y la pregunta se abre: ¿Cuánto rock cabe en una canción? Cuanta música es capaz de no deformarse por las ganas de hacer de cada tema algo épico en su ejecución.

La respuesta, extrañamente, puede venir de un rey de los solos y la exuberancia con la guitarra como Zakk Wylde, como pudimos ver en una espléndida ocasión en la noche del 12 de abril en un Teatro Caupolicán que, tal vez, no tenía la cantidad de gente que requería un show así para lograr ser épico, pero que al menos pudo vibrar con cada fase de un espectáculo completo, directo al abordaje de canciones, homenajes, colores y momentos.

Antes, cerca de las 8 de la noche, se subió al escenario el conjunto nacional Saken cuando todavía había un manojo de cientos de personas en el teatro. El sonido estridente, más metalero y de bombos rápidos de la banda con un cuarto de siglo de historia a cuestas, quizás no era lo más fácil de digerir para una audiencia marcada por el rock más clásico, pero igualmente su solidez logró ir ganando reacciones. El vocalista, Carlos Quezada, no sólo muestra un amplio rango, sino que un buen manejo del escenario. Él, junto al guitarrista Álvaro Font, son los miembros históricos de la banda, pero la química con los más nuevos, el baterista André Bravo y el bajista Francisco Cruzat, es clave en cómo se logra un mejor sonido, estridente, hiriente, sin concesiones.

Principalmente con temas de su LP “Dense And Thick” de 2015 y del EP “SKN C1 – 90” del año pasado, Saken armó 35 minutos intensos, de los que queda sólo un pequeño amargor: antes de tocar “KO (Hate Song)” Quezada hizo un pequeño discurso donde llamó al público a estar en contra del machismo, de la violencia a la mujer, del piropo acosador, porque eso mata, y la respuesta del público no sólo fue fría, sino que cuatro o cinco tipos pifiaron. Muchas veces se acusa al público rockero de ciertos clichés, pero en episodios así (que se repitió antes del cover a “Corazones Rojos” de Los Prisioneros) queda claro por qué existen.

La espera para ver a Black Label Society vio llegar justo a tiempo a mucha gente, que se emocionaba con la mera visión del lienzo con el logo de la banda desplegado tapando el escenario mientras todo se configuraba para ver, con unos 20 minutos de retraso, el ingreso de BLS al escenario. Desde el inicio queda claro que, cuando se habla del rock, lo que hace Zakk Wylde debiera ser escuela de lo clásico, con esa mezcla de elegancia, pulcritud y actitud. Puede ser que las canciones a veces entren en fórmulas repetidas y hasta en el cliché, pero cuando todo está tan bien ejecutado, es difícil decirle que no a una propuesta así de sólida.

La gente vibra con “Genocide Junkies” para luego aullar con los primeros indicios de “Funeral Bell”, cerrando una triada sin descanso ni respiros con “Suffering Overdue”. Aunque las canciones toman su tiempo y podemos ver la capacidad de Wylde para hacer un solo, esto jamás se vuelve un show de Satriani, donde lo más importante es el virtuosismo. El camino tomado por Zakk probablemente lo ha acercado a la potencia de una canción y también al peso de las letras, esas que canta con un fraseo de evidente admiración a Ozzy Osbourne, de quien tanto ha aprendido. Este tipo de comunicación se advierte en “Bleed For Me” o la vibrante “Suicide Messiah”, donde el público enganchó por completo luego de un poco de quietud.

Ponerle a un disco “Grimmest Hits” (2018) podría confundir a la gente, pero también habla de la solidez de un álbum que se siente como una colección de grandes éxitos inéditos, y esa era la excusa para llegar a Chile de vuelta, con este disco dominando el setlist, incluso poniendo pegadas “Trampled Down Below”, “All That Once Shined” y “Room Of Nightmares”. Tres caras de un trabajo árido y profundo, que posteriormente haría un buen puente con “Bridge To Cross”, donde entra el teclado para darle a los éxitos más cercanos a la powerballad del repertorio de BLS.

Zakk Wylde estaba contento, pero hasta este momento él estaba siendo la estrella indiscutida, con esa barba y pelo largo icónico y una falda estilo escocesa ya clásica. Dario Lorina se sentó en el teclado y “Bridge To Cross” fluyó y fue coreada por la gente, igual que “Spoke In The Wheel” para luego pasar a “In This River”, donde un par de miembros del staff de BLS se cruzaron delante de los lienzos dispuestos a ambos lados del baterista, Jeff Fabb, para poner lienzos con las imágenes de Dimebag Darrell y Vinnie Paul, a quienes claramente iba dedicada esa tonada, con más sentimiento que cualquier otro episodio, con Wylde apuntando al cielo y persignándose al cierre, para luego, en otra transición, pasar nuevamente a las guitarras protagónicas.

The Blessed Hellride” (2003) fue el otro disco reverenciado en la jornada, y el tema homónimo volvió a encender las calderas con efervescencia para luego despachar una versión muy directa de “A Love Unreal”, preámbulo perfecto para lo que ocurriría en “Fire It Up”. Zakk Wylde tiene un talento para la guitarra eléctrica, y no es descubrir pólvora eso en 2019, pero el manejo de la muestra de ese talento en escena es algo encomiable. Recién en la 15ª canción del concierto Wylde le da rienda suelta a este don, para entregar 17 minutos de rock, solos, sea normalmente, en interacción con Dario, caminando de un lado a otro, tocando la guitarra por encima de su espalda o luego con la boca. Sí, es un cliché en cualquier otro show, pero en este se siente como un clímax bien construido en un relato mucho más grande.

Por eso “Concrete Jungle” y “Stillborn”, las últimas canciones, se sintieron como un azote, porque eran la culminación de un show de rock bien armado y bien ejecutado. Como un arquitecto, Zakk Wylde sabe bien cuáles son los pilares y cuáles son las terminaciones, y con ese respeto por la canción y sus posibilidades es que las casi dos horas de show entregado por el norteamericano fueron una clase maestra.

Setlist

  1. Genocide Junkies
  2. Funeral Bell
  3. Suffering Overdue
  4. Bleed For Me
  5. Heart Of Darkness
  6. Suicide Messiah
  7. Trampled Down Below
  8. All That Once Shined
  9. Room Of Nightmares
  10. Bridge To Cross
  11. Spoke In The Wheel
  12. In This River
  13. The Blessed Hellride
  14. A Love Unreal
  15. Fire It Up
  16. Concrete Jungle
  17. Stillborn

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Cómo Asesinar A Felipes: A toda máquina

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Cómo Asesinar A Felipes

Tuvieron que pasar largos meses para recuperar, en parte, la valiosa experiencia de ver música en vivo. Y es que, pese a que la pandemia aún no se acaba ni se controla y los cuidados deben seguir al pie de la letra, las libertades que permiten la realización de eventos –bien organizados– nos ha devuelto la posibilidad de retomar el curso sobre los escenarios. Buena noticia para el público y también para músicos, técnicos y trabajadores de la industria.

Ese es el caso del ciclo Cultura Re-activa, organizado por Santiago Fusión, que en su última fecha se anotó con el lanzamiento de “MMXX” de Cómo Asesinar A Felipes, quienes, puntuales sobre el escenario del Teatro Nescafé de las Artes, se conectaron entre teclas y cables para interpretar de manera íntegra su último trabajo, no sin antes dar paso a Cinema Tornamesa, el proyecto de DJ Spacio (acompañado de Milton Russell en el contrabajo) que mezcla imágenes de cine clásico, soundtracks, beats y samples, y se encargó de abrir el show.

Cómo Asesinar A Felipes ha sabido sintetizar de buena manera una etapa donde los sintes son clave en su propuesta, y así se preparó a la audiencia, con la fina selección de DJ Spacio y los interludios a cargo de Sebastián Vergara quien, a un costado del escenario y tras cada cierre de telón, dio vida a correctas melodías acompañado de un modular. El show precisó de aquellos interludios, ya que el desafío técnico era mayor.

La banda entró en escena con su nueva configuración cien por ciento electrónica y una buena presentación de “MMXX”, sin embargo, aquel formato –al menos en esta pasada– pareciera no apreciarse bien ni conectar con una audiencia más grande. Así, la idea de intimidad del quinteto, a solas con sus máquinas y artilugios, a ratos se perdía en dinamismo y por las dimensiones del teatro (que estaba a toda capacidad), pero sí se valió de un siempre buen juego de luces y gráficas que fortalecieron la presentación de los siete temas de “MMXX”. El oficio de Koala Contreras en la voz, y la habilidad de todos en este desafío, puede llenar cualquier vacío y sorprender de variadas formas en todos los niveles, especialmente en las irrupciones de “Debes Saberlo” o “Persiste/Cuestiona”, dos de los temas más inquietos del set.

Una vez más, y tras un nuevo cierre del telón, Sebastián Vergara tomó el modular para un nuevo interludio. CAF planteó en escena dos shows totalmente diferentes y completísimos, marcando las dos etapas de la banda, jugando con lo nuevo y lo clásico, e interpretando canciones de casi todos sus discos. El desafío técnico significó desmontar la cuadrada configuración electrónica y montar el formato tradicional, y la sorpresa y entusiasmo del público se hizo notar, quienes –más prendidos que en la primera parte– corearon en su totalidad el repertorio clásico.

Ya instalados para mostrar los hits, Koala dio el vamos con “Pájaros En Contra”, y qué bien se sintieron los primeros compases de la batería de Felipe Salas, que una vez más demostró su increíble destreza y calidad en “La Puerta No Se Abre Sola”, “Nunca Será Lo Mismo” y en todos los cambios de ritmo e intensidad de “Disparan” (Chino Moreno incluido en el sample).

Lamentablemente, la banda no contó en escena con su clásico Rhodes ni Marcos Meza, lo que podría haber sido una interesante sorpresa, sin embargo, las teclas sustituidas hace rato inteligentemente por el saxo de Cristian Gallardo dan claridad y dinámica a los arreglos en vivo, que es donde tiene la libertad de jugar e improvisar, demostrando por qué es un nombre fijo para los vientos. Luego de despedirse tras el grueso del repertorio, el público ansioso por una más coreó hasta el rápido regreso de la banda para terminar con el himno “Nada Más, Nada Menos”, coronando el regreso de CAF a un escenario grande junto a su gente.

Las dos versiones de CAF que se pudieron ver este miércoles en el Teatro Nescafé de las Artes, demuestran la interesante e inquieta evolución de una banda que siempre empujará sus límites, y sobre el escenario son un bloque en extremo cohesionado y que contagia a cualquier audiencia. El desplante mostrado –ahora y siempre– deja en claro que Cómo Asesinar A Felipes es probablemente, y hace rato, uno de los mejores shows para ver en vivo, y lo de anoche probablemente dejó a sus secuaces ansiosos por el próximo crimen.

Setlist

  1. MMXX
  2. Hemos Vuelto del Abismo
  3. Ahora es Cuando
  4. Debes Saberlo
  5. No Hay Cómo Frenarlo
  6. Persiste/Cuestiona
  7. Se Repite
  8. Pájaros en Contra
  9. Operación CAF
  10. La Puerta No Se Abre Sola
  11. Caen
  12. Nunca Será Lo Mismo
  13. III
  14. Disparan (Fill the Skies)
  15. Ha Vuelto a Pasar
  16. Nada Más, Nada Menos

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