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Best Coast: Cuando menos es más

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No es un fenómeno nuevo. La proliferación de conciertos y la creación de una industria cultural rentable, ha permitido que un montón de bandas lleguen a Chile y se presenten en escenarios adecuados para ello. El problema es que muchas veces llegan artistas y conjuntos que tienen una pequeña, pero energética y fiel fanaticada, mientras que el resto del público va porque le interesa y porque puede ir, pero no vive el show de igual forma.

Esto pasó en el Centro de Eventos Cerro Bellavista (ex Oz) en las postrimerías del 19 de octubre que, lleno en un 90 por ciento, daba pie a la tercera fecha de S.U.E.N.A., ciclo organizado por la gente de Virgin Mobile y Converse, que junta a artistas nacionales con extranjeros “de nicho”, y que tenía como invitados estelares al dúo californiano Best Coast y abriendo el show los sanfelipeños Dënver.

Todo comenzó a las 23:20 horas con el dúo Dënver subiéndose al escenario para tocar un set de ocho canciones, mientras el público iba llenando el recinto. Sin batería, pero con programaciones que acercaban el sonido a las versiones originales, los aconcagüinos tuvieron un sonido pulcro, pese a algunos acoples. Mostraron una canción nueva cuyo título fue inentendible por la falta de claridad en el micrófono de Milton Mahan, y tocaron sus principales éxitos, cerrando con su hit más masivo, “Los Adolescentes”.

Después del set de Dënver hubo una pausa y, muy en sintonía con el sonido e influencias de Best Coast, pusieron mucho surf rock de California de los sesentas e inicios de los setentas. Así, la transición fue fluida, y cuando aparece Bethany Cosentino junto con Bobb Bruno con quince minutos de retraso, el entusiasmo subió de golpe.

Un show con pocas ambiciones, con matices dentro de un esquema muy pragmático y sencillo, pero que justamente por eso es fácil de maniobrar para una frontwoman carismática, pero no muy parafernálica como es Cosentino. En este formato, Bruno se notaba mucho en lo sonoro, y su actitud de estar pasándolo muy bien permeó a la audiencia.

Pero sólo una parte de los asistentes vivió el concierto con todo. La mitad frontal de la explanada de la ex Oz era un concierto punk, a ese nivel de energía. De ahí hacia atrás, descendía drásticamente la cantidad de fuerza o incluso de atención a lo que Cosentino, Bruno y sus dos músicos de soporte (muy eficientes en lo suyo) hacían en el escenario. Muchos hablaban a gritos mientras pasaban hits como “The Only Place” o “I Want To”. Si bien no es fenómeno exclusivo de este evento, se ha hecho mala costumbre de que muchos crean que los conciertos son instancias de vida social. Antes y después, perfecto, pero durante es incluso una falta de respeto con los artistas y el resto de los asistentes.

Volviendo al show, el sonido fue prístino en las guitarras y el bajo, pero fue la batería la que hacía zumbar un poco los parlantes. La voz de Bethany fue correctísima, al nivel del disco y con una gran actitud. Tocaron prácticamente completo su disco debut, el energético y simple “Crazy For You” (2010), partiendo con “When The Sun Don’t Shine”, “Crazy For You” y “Goodbye”. Recién en la cuarta canción encontramos algo del disco que venían a presentar, el romántico “The Only Place” (2012).  “Last Year” hizo esos honores. Luego un poco de la playa llegó al escenario con “Summer Mood”. Todo esto con prestancia, rapidez, pero con breves intermedios donde se notaban las “good vibrations” de Cosentino tirando chistes y comentarios precisos.

Los grandes momentos del concierto fueron con “The Only Place”, “Our Deal” y al final con esos golpes al mentón que son “When I’m With You” y “Boyfriend”.

Que no se entienda como que el show no tuvo errores o falencias. El formato de las canciones es un tanto monótono, las temáticas de las letras son muchas veces muy ingenuas y a veces cuesta notar grandes diferencias entre varios tracks. Pero es esta falta de ambición la que justamente potencia un producto entregado de forma precisa. Ni más, ni menos.

Punto aparte merece el gran trabajo de Bobb Bruno en la guitarra, le da una complejidad y belleza en diferentes arpegios a canciones donde Bethany Cosentino le pone todo el bagaje punk, creando una simbiosis más que interesante y que ha evolucionado como sugiere su último disco.

Un premio a la gente de adelante, a la que la propia banda reconoció en su cuenta de Twitter, fue “Sun Was High (So Was I)” en una versión tierna, un lado B que los más fanáticos se ganaron, esos mismos que hicieron que Bobb Bruno volviera unos minutos después a compartir con ellos.

Pero la dicotomía es grande. Público devoto y público que casi está por compromiso social ahí. Por supuesto, también hay gente que se dedicó a disfrutar la música con tranquilidad. De todo. El gran problema es que shows “redonditos” y bien logrados dentro de sus acotadas expectativas como el de Best Coast, no quedan como conciertos memorables también porque muchos no entienden que no es sólo el artista quien hace su trabajo, sino que hay un público que debe responder a aquello en una sinergia energética, que no es otra cosa que un aplauso y una complicidad que para muchos ya significa poco.

Setlist

  1. When The Sun Don’t Shine
  2. Crazy For You
  3. Goodbye
  4. Last Year
  5. Summer Mood
  6. The Only Place
  7. No One Like You
  8. Do You Still Love Me Like You Used To
  9. Bratty B
  10. Let’s Go Home
  11. Our Deal
  12. Love Like You Used To
  13. Why I Cry
  14. Something In The Way
  15. Up All Night
  16. I Want To
  17. Sun Was High (So Was I)
  18. When I’m With You
  19. Boyfriend

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Sebastián Rojas

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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