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Belzebong: Invocación por ignición

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Sin duda, lo ocurrido anoche con el estreno de los polacos Belzebong da para ser calificado como todo un trance. En casi dos horas de presentación, el humo denso de sus acordes se apoderó del recinto ubicado en calle San Diego, que albergó una jornada oscura dedicada al stoner rock y al doom de corte más volátil, y que además contó con el soporte de los nacionales Ocultum, quienes aprovecharon cabalmente la oportunidad.

Pasadas las 20:30 horas, y con un contingente que iba aumentando en cantidad y que se mostró comprometido con la causa, los autores de “Ceremonia Oculta Primitiva” sonaron con potencia y precisión. Así, su fusión de doom y stoner cargado al metal logró conectarse con el público que ya ocupaba considerablemente las dependencias del local y se adentraba con pasión en el ritual propuesto por la banda.

Unos veinte minutos antes de las 22:00 horas, los europeos tomaron sus posiciones, mientras el ambiente se ponía cada vez más espeso debido al humo y su fragancia que surgía desde los asistentes, empoderados de la imaginería evocada por la banda. El corte que abre su primer larga duración “Sonic Scapes & Weedy Grooves” (2011) y que componen también el EP lanzado en el año 2009, “Bong Thrower”, dio inicio al show y el nivel de entusiasmo de inmediato fue al máximo por parte de sus ejecutores, mientras que la audiencia hacía lo suyo fluyendo con la parsimonia del estilo. Con todo dispuesto como lo planeó el grupo y al igual que en el disco, “Names Of The Devil” magnifica el efecto y esa especie de sedación que busca Belzebong. Bajo esa idea es posible describir lo que ocurría a esa hora de la noche en el centro de la ciudad; similar a la sesión canábica a la que alude parte del contenido, cada pieza se sentía de esa forma y así quedó en evidencia con el actuar un público dominado por la influencia del conjunto.

Pasó más de media hora y llegó el turno de una dosis de “Greenferno” -lo más reciente a la fecha- encendiendo la misma combinación de la apertura, “Diabolical Dopenosis” junto a “Inhale In Hell”, y la comunión se daba por completo. No se trata de una interacción efusiva, lo que ocurrió en ese momento era más personal o de abstracción tal vez, pero fue generalizado a través del trance que sí pasa en sus conciertos, habiendo espacio siempre para que los más acérrimos se manifiesten con fervor.

De súbito nos encontramos ya en el último tercio del debut de Belzebong en Chile, y para ello volvieron al álbum anterior para interpretar el resto que faltaba. Así, “Witch Rider” y “Acid Funeral” fueron el remate de una ceremonia que cumplió con lo prometido, con una entrega memorable por parte de los músicos quienes no escatimaron en energía ni en generosidad con su cosecha. Los riffs fueron abundantes y los presentes disfrutaron de una cata de buen stoner y doom metal sin contemplaciones, lo que incluye a Ocultum, por supuesto.

Como es costumbre en una reunión de esta naturaleza, siempre queda una última muestra para la degustación y en esta ocasión la elegida fue “Dungeon Vultures”, proveniente de su EP del año 2013, transformándose en el tiro de gracia que clausuró un acierto en cuanto a eventos internacionales de nicho como este, enfocados en sub-géneros menos masivos como el sludge, stoner, doom y otro gran número de tendencias subterráneas que en este lado del planeta tienen asidero y constituyen un fenómeno que, en una cantidad de años no menor, se ha posicionado con importancia en el panorama global. Bajo estas circunstancias, Belzebong fue ovacionado y se retiraron entre el humo que inundó todo su paso, mientras que el resto de a poco reaccionaba y salía del aturdimiento sonoro que produjo su aparición en Santiago.

Por Hans Oyarzún

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Bong Thrower
  2. Names Of The Devil
  3. Diabolical Dopenosis
  4. Inhale In Hell
  5. Witch Rider
  6. Acid Funeral
  7. Dungeon Vultures

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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