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Behemoth: Maldad Express

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La tercera visita a nuestro país de la banda polaca Behemoth, será recordada como una cita breve, pero muy concisa, con un show de poco más de una hora y veinte minutos, que dejó con gusto a poco a gran parte de la fanaticada que llegó al Club Cadillac.

Los exponentes del metal más extremo del norte de Europa, vienen recorriendo Sudamérica con un set de canciones acotado, el mismo que utilizaron para la gira europea y que se podría denominar como un “set express”, el cual podría funcionar perfectamente en el contexto de un festival, pero se hace corto cuando se trata del único gran número de la noche. En fin, Behemoth manteniéndose en un receso discográfico debido a la recuperación de Nergal, luego de que fuera trasplantado de médula mientras padecía leucemia, regresaba a Chile para presentar “Evangelion” (2009), que a pesar de haber sido lanzado hace tres años, sus canciones no habían tenido la oportunidad de ser presentadas en nuestro país, por lo que el cuarteto estaba listo para reencontrarse con la fanaticada chilena, y de paso, recordarnos que siguen con vida.

“Ov Fire And The Void”, tema de su más reciente placa, abría la noche de Behemoth. El local de avenida Blanco Ecalada está lleno y las almas paganas se dejan llevar por la contundente oscuridad de los cuatro demonios posados sobre el escenario. Sin descanso llega “Demigod”, canción del disco del mismo nombre, recibida con el fervor de los clásicos.

Nergal da la bienvenida, y se nota cierta prisa en su discurso, demasiado pauteado y cronometrado para dar la partida a “Moonspell Rites”, el primer repaso al catálogo de antaño, con el corte extraído del EP “And The Forests Dream Eternally” (1993). El sonido no es perfecto, y a ratos se siente como una gran masa de ruido que apenas deja apreciar las secciones melódicas, pero el ambiente está perfecto y hasta un par de improvisadas antorchas reciben a la potente “Conquer All”.

El escenario se va a negro y comienza a sonar una introducción de fondo, Nergal sale al frente y exclama “Christians To The Lions” y el caos se desata comandado por las estruendosas percusiones de Inferno, quien es difícil de apreciar detrás de todos los bombos y platillos, pero es el que más fuerte se escuchó durante el concierto.

“The Seed Ov I” y “Alas, Lord Is Upon Me”, traían de vuelta el material más reciente de la agrupación, siendo mejor recibida la segunda por su calidad de sencillo reconocible para la mayoría del público presente. El concierto se pasaba volando y el primer encore llegó con la interpretación de “Decade Of Therion”, desatando el karaoke gutural en el Club Cadillac.

De fondo la guitarreada intro de “At The Left Hand Ov God”, corte perteneciente al disco “The Apostasy” (2007), ponía alerta a los fanáticos para cuando llegó el momento de continuar la contienda con la interpretación del tema, seguida de otro momento cúlmine con “Slaves Shall Serve”. En un acto de dichosa profanación, el demoníaco guitarrista conocido por el nombre de Seth, salía al escenario levantando una bandera chilena, la cual comenzó a llenar de sangre que expulsaba de su boca, en una forma muy original de llevar a cabo el tradicional gesto protocolar. Pasada la sanguinolenta catarsis, llegaba “Chant For Eschaton2000”.

Nergal tomaba el rol de un hereje mesías coronándose con lo que parecía ser una corona de espinas, para dar el vamos a “23 (The Youth Manifesto)”, que a decir verdad, si no hubiese sido por la performance de Nergal, hubiese pasado colada. El final del corto recital llegó con “Lucifer”, canción de larga duración perteneciente al último disco de Behemoth, donde volvió a destacar Nergal, quien ahora asumía el rol de un demonio antiguo utilizando una terrorífica máscara que cubría todo su rostro. La oscuridad de “Lucifer” engatusa al Club Cadillac, que queda descolocado cuando, en completa discreción, los polacos salen del escenario y las luces se prenden terminando abruptamente con un recital que debía contar, por lo menos, con cinco canciones más.

Quedamos con gusto a poco y con la sensación de que la presentación no alcanzó a llegar a su punto de ebullición. Ojalá que Behemoth vuelva para entregarnos más de su oscuridad demoníaca con un show que haga justicia a su trayectoria. Por ahora, nos quedamos con esta versión compacta de la maldad; una maldad express.

Setlist

  1. Ov Fire and the Void
  2. Demigod
  3. Moonspell Rites
  4. Conquer All
  5. Christians to the Lions
  6. The Seed ov I
  7. Alas, Lord Is Upon Me
  8. Decade of Therion
  9. At the Left Hand ov God
  10. Slaves Shall Serve
  11. Chant for Eschaton 2000
  12. 23 (The Youth Manifesto)
  13. Lucifer

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Julio Ortúzar

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Lollapalooza Chile 2022

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Review Lollapalooza Chile 2022

Casi tres años sin un Lollapalooza Chile era demasiado tiempo. La evolución de las tendencias, la del propio festival, y la de los músicos invitados, convertían todo en intriga. También, inevitablemente este iba a ser un símbolo de las posibilidades que se abren cuando la pandemia parece (aunque no lo esté en la práctica) controlada. En este 2022 muchas cosas se asemejaban en el ambiente al debut en 2011, en especial en el sentido de novedad del espacio porque, tras divergencias entre la producción y la Municipalidad de Santiago, el evento tuvo que cambiar desde el acostumbrado Parque O’Higgins a un territorio por conquistar, como el Parque Bicentenario de Cerrillos. Las críticas al cartel, cuyos nombres aparentemente no pesaban tanto como lo anunciado para 2020, tenían chance de revertirse con buenos shows y con esa conexión que corroe lógicas, como es la existente entre artistas y público, y eso es lo que pudimos ver en la primera de tres jornadas de este Lollapalooza Chile 2022.

The Wombats

Aunque Bocho acortó su show para paliar el retraso de The Alive –cuyos 15 minutos corridos serían la constante de los escenarios principales durante todo el día–, igualmente los fans que esperaban el debut en Chile de The Wombats tuvieron que aguantar un silencio largo, que se quebró a las 15:03 hrs. con “Moving To New York”, instalando una mezcla entre nostalgia prematura y energía cruda.

Esto ocurrió porque la banda tocó en un formato trío, su forma más primitiva, pero también la que inició todo en 2003; casi 20 años de trayectoria que, en vez de mostrar falencias en una configuración así, pudo sacar la potencia que hoy separa a los de Liverpool de sus contemporáneos. Sin temor a mezclar tracks nuevos, como “This Car Drives All By Itself”, con canciones más escondidas del catálogo de la banda como “Techno Fan”, el show avanzó ágil y contagioso, mientras favoritas como “Kill The Director”, “Turn” o el hit “Let’s Dance To Joy Division” se sucedían.

El público coreó de todo, sorprendiendo incluso al vibrante Matthew Murphy, mientras Dan Haggis desde la batería fue quien más se comunicó con la gente, apelando a muchas frases en español, con prestancia y simpatía. El bajista Tord Øverland Knudsen disfrutaba a concho haciendo bailar al público, mientras el espectáculo, tan rápido como se sintió, tan rápido acabó, con el mejor track de su último disco, “If You Ever Leave Me, I’m Coming With You” y la viral “Greek Tragedy” en una hora exacta que, entre sonido directo y simpatía al natural, coronó una gran primera impresión de The Wombats en suelo chileno.

Marky Ramone

El importante retraso propiciado por el show contiguo de los ingleses de The Wombats en el VTR Stage, sirvió para que la antesala de Marky Ramone tuviera un buen marco de ansioso público. Nostálgicos de todas las edades, familias y fans acérrimos, esperaban el retrasado show bajo el calor de la tarde de Cerrillos.

Ya sobre el escenario, alrededor de las 16:00 horas, el ex baterista de los míticos Ramones disparó un compilado de éxitos de los de Queens. Uno tras otro fueron desfilando los hits en la voz de Iñaki Urbizu, quien lo dio todo: “Sheena Is A Punk Rocker”, “Teenage Lobotomy”, “I Believe In Miracles”, “Rock ‘N’ Roll High School” y, por supuesto, “Blitzkrieg Bop” al cierre, fueron algunos de los puntos altos del nutrido set clásico de la banda.

Como buen show de profunda esencia punk, el cuarteto no dio respiro y, casi como reloj, lograron cuadrar el retraso con una serie de canciones en menos de 10 minutos. Sin intermedios, ni siquiera para agradecer o despedirse, y con una agilidad que ya quisieran bandas más jóvenes, marcharon canción tras canción como si de un trámite se tratara. Eso sí, con oficio y gran calidad, porque el objetivo era claro: una avalancha de buenas canciones que no requieren presentación ni más contexto que contar con un ex Ramones sobre el escenario.

IDLES

El sol pegaba fuerte e implacable sobre las cabezas de los asistentes en el Parque Bicentenario de Cerrillos, cuando llegaba el momento que los cientos de entusiastas en el VTR Stage habían esperado por mucho tiempo: IDLES finalmente debutaría en Chile. No hace falta reflexionar de modo introductorio lo que esta banda genera con su música, especialmente en nuestro sitio, donde le hemos dado cabida desde sus primeros álbumes, por lo que el fervor que se sentía cuando la banda subía al escenario era algo palpable y esperable, produciendo una anticipación desde el primer minuto con la devastadora “Colossus”. De ahí en adelante, el conjunto se paseó por todos sus discos, tratando de dar el mayor espacio posible a esas canciones que el público quería oír de una manera tan furiosa como caótica, algo que pocas veces se ha apreciado en el festival.

Desde ese punto de vista, no deja de resultar especial la química que los integrantes generan sobre el escenario, partiendo por la actitud que su frontman, Joe Talbot, impregna en cada una de las canciones adornadas con una precisión quirúrgica por los riffs de Mark Bowen, la inestabilidad de la guitarra de Lee Kiernan o el pulso implacable que llevan Jon Beavis en la batería y Adam Devonshire en el bajo. Todos juntos hacen que el combo de IDLES resuene aún más efectivo en verdaderos estandartes de su discografía, como “Mother”, “Never Fight A Man With A Perm” o “Danny Nedelko”, permitiendo también que otras composiciones como “Mr. Motivator” y “War”, de “Ultra Mono” (2020) ganen mucho más en vivo al compenetrarse con el resto del repertorio, el que también dio cabida a su reciente álbum, “CRAWLER”, con “Car Crash” y “The Beachland Ballroom”, dos de las composiciones más sólidas en su cuarto LP.

Punto destacable del show también fue la flameante bandera de los Mugiwara (Piratas de Sombrero de Paja) del animé “One Piece” que se vio entre el público, calzando perfectamente con el mantra de “Joy As An Act Of Resistance.” (2018), de llevar la alegría y transformarla como una herramienta de lucha contra la opresión de la autoridad, algo que aplica no sólo para los protagonistas de dicha serie animada, sino que también para el segundo larga duración de los de Bristol. Vaya también un reconocimiento al guardia que repartió aguas para las personas que estábamos en las primeras filas e hidrató (literalmente con una botella a la cual le hizo un hoyito para transformarla en regadera) a todos los que pudo en innumerables ocasiones.

En tan solo una hora, IDLES demostró de lo que está hecho, en un set que los vio presentarse extensamente en sociedad frente al público chileno, llevándose seguramente más de un fan entre los curiosos que se acercaron a esas horas de la tarde. Pese a algunos detalles de sonido, el quinteto rugió fuerte durante su breve paso por Chile, donde la catártica “Rottweiler” fue la encargada de poner punto final a este debut de IDLES en nuestro país, el que seguramente derivará en su regreso a estas tierras más temprano que tarde.

Alexisonfire

Siguiendo una jornada llena de momentos para la posteridad, en el Axe Stage se vivió uno de los más emocionantes del día, con el esperado debut de Alexisonfire en nuestro país, el que fue recibido por un público mayoritariamente bajo los 30 años, que cantó a todo pulmón como en sus mejores años de adolescencia. El conjunto canadiense llegaba hasta nuestro país en un punto crucial de su carrera, por lo que este encuentro con su fanaticada local sirvió como el puntapié inicial para esta nueva etapa de sus vidas. Si, evidentemente, el fervor sería desatado de inmediato con el combo de “Accidents”, “Boiled Frogs” y “Old Crows”, las palabras del frontman George Pettit encenderían aún más el fervor de las miles de personas presenciando un momento histórico. “Estuvimos en la prisión del Covid por dos años, este es nuestro primer show desde antes de la pandemia, ¡y qué mejor lugar que en Chile, con todos ustedes!”, diría el vocalista para recibir una ola de aplausos y seguir con una presentación que no daría respiros.

El karaoke masivo fue regla con la interpretación de canciones como “Pulmonary Archery”, “Drunks, Lovers, Sinners And Saints” o el golpe enérgico que fue “Familiar Drugs”, todas coreadas palabra por palabra por la fanaticada del conjunto. Indudablemente, la fórmula de Alexisonfire es precisa para estos contextos, sobre todo por la armonía que generan las voces de Pettit y el guitarrista Dallas Green, donde se turnan los guturales y las secciones más melódicas con una naturalidad impecable. También pasa con el entusiasta bajista Chris Steele, que es un show por sí solo, o el guitarrista Wade MacNeil, que se encarga de darle más forma a los juegos sonoros que desarrolla la banda bajo la atenta mirada del baterista Jordan Hastings y su trabajo como sostenedor de toda la intensidad instrumental de la agrupación. Otro momento memorable fue la interpretación (por primera vez en vivo) de “Sweet Dreams Of Otherness”, el primer single de su próximo LP “Otherness” (2022) y que fue cantada por los asistentes, pese a tener sólo una semana de existencia al momento del show.

Ese fervor por Alexisonfire en Chile viene desde el sentimiento con que interpretan sus canciones, lo que genera una energía que se traspasa a la audiencia, la que gritaría cada coro de algunos puntos cruciales del cancionero de los canadienses, como “This Could Be Anywhere In The World” o el cierre en lo alto con “Young Cardinals”, uno de los pocos momentos de ese sonido más hardcore que la banda ha desarrollado en algunos de sus discos. Bajo la oscura mirada de la noche y un escenario principal que se iluminaba con los beats de Martin Garrix a lo lejos, Alexisonfire concretaba su esperada primera vez en Chile con un show que, con intensas 11 canciones, terminaría por transformarse en uno de esos contados momentos en la historia de Lollapalooza Chile donde las guitarras se tomaron ese oculto escenario alejado de la muchedumbre de las tarimas principales por tan solo unos minutos, en donde músicos y seguidores se transformaron en uno solo.

Camila Moreno

Tras haber estrenado “Rey”, Camila Moreno demostró la intensidad del álbum en vivo sobre el Lotus Stage pasadas las 20:30 hrs. y, a la par con los beats finales y la pirotecnia que se colaban desde el set de Martin Garrix, logró cautivar al público que pacientemente esperó por su aparición.

Todo el concepto en torno al disco y la presentación en vivo de Camila Moreno transita entre un relato de corte post apocalíptico y futurista. A tono con los tiempos, las visuales que acompañaron la intro del show narraban cómo la humanidad corría hacia la extinción. Allí, la figura del personaje de Camila emerge con los primeros acordes de “Rey”, para avanzar de manera sólida entre canciones nuevas y clásicas, como “Tu Mamá Te Mató” (que contó con la participación de Francisco Victoria en la voz), “Sin Mí”, “Incendié” y “Te Quise”, entre otras, todas en clave electro y con detalles y arreglos para este nuevo formato de la artista.

Secundada por bajo, guitarra, además de percusiones y arreglos acústicos, la artista entregó un completo show desde lo musical, visual y también lo lírico. Por su parte, el momento “Quememos El Reino” seguido de “Corderito” y “Comer Llorando” al cierre, logró condensar esa intensidad en clave balada. Camila Moreno demuestra una vez más que su propuesta, en cada mutación, es sólida y muy interesante.

Foo Fighters

Si los 15 minutos que en general corrieron los horarios de los escenarios principales ya dejaron despistados a algunos, los minutos extra que se tomó Martin Garrix fueron una molestia para un fandom rockero, que con impaciencia apuraba cánticos, aplausos y movimientos. Pero nada de eso tendría sentido sino hasta las 21:23 hrs., cuando, tras el fin del show del artista electrónico holandés, Foo Fighters saldría a escena y ahí todo enojo quedaría en el olvido. Es que Dave Grohl tiene una energía contagiosa, que puede cambiar el semblante hacia la felicidad o el optimismo con un inicio como “Times Like These” o puede llevar al desenfreno con el coro de “The Pretender”. Eso sí, como en cada show de los Foo, también las salidas de libreto de Grohl, tan simpáticas como puedan ser, se revelan como cansinas con el correr del concierto, al repetir ciertos recursos que extienden la duración del espectáculo más de lo necesario. Sin embargo, el público no chista frente a ello, incluso cuando la mencionada “The Pretender” se extiende por solos y coros repetidos por más de diez minutos.

Es que la banda hace lo suyo de forma abrumadora y, a la vez, natural, incluso en la escala festivalera o de estadios a la que están acostumbrados. Por ello las explosiones con “Learn To Fly” o “Breakdown” pueden convivir con la destreza y evolución compositiva del conjunto en tracks más nuevos, como “The Sky Is A Neighborhood” o “Shame Shame”, que destacan precisamente por evitar tropos repetitivos, y así lucir elementos novedosos y brillantes, como las coristas Samantha Sidley, Barbara Gruska y Laura Mace.

Con Foo Fighters se sabe a lo que se va y, aun así, es genuino cómo sorprenden, ya sea con la prestancia impactante de la voz de Taylor Hawkins al hacer un cover de “Somebody To Love” de Queen o, cuando al tocar de forma tierna y suave “Wheels”, Dave Grohl descubre que la gente se sabe esa canción y baja las revoluciones para sonreír ante la voz que escucha desde el público.

La mayor sorpresa vino casi al final, cuando Grohl explicó cómo estar en un Lollapalooza es parte de la vida de él como artista, e invitó al padre del festival, Perry Farrell, a tocar con ellos. Jane’s Addiction no pudo estar en Lollapalooza Chile 2022, pero al menos sí sonó “Been Caught Stealing”, clásico de su banda, y con un soporte de lujo. Especialmente la guitarra rítmica de Pat Smear destacaba en esta versión, junto con la voz perenne de Perry. Esto contrastó más el estado de la voz de Dave Grohl, quien no llega a tantos registros y casi en todo el show apela a gritar, pero, para su fortuna, las canciones funcionan con ese timbre y las armonías que puedan faltar de lo vocal, vienen desde las guitarras y el teclado de Rami Jaffee, cuya atmósfera dota al rock & roll de los Foo de un telar ligero, pero preciso para que todos se luzcan, tal como pasa en “Run” o en “Best Of You”.

El show sólo pesa por el reloj inclemente, con los 23 minutos de retraso al inicio, y el cierre del Metro, que dejó a tantos sin transporte después, dado que el show de Foo Fighters, de originales dos horas de duración llegó a las 2 horas y 14 minutos, terminando a las 23:37 hrs., afectando a miles, pero no sin antes haber entregado su mejor concierto en Chile, sin poner peso excesivo en canciones nuevas o en covers, sino que equilibrando lo que ofrecen, consiguiendo ejercer el peso de su trayectoria con la energía del presente. Foo Fighters cerró espléndidamente en lo musical la primera jornada de un festival como Lollapalooza Chile, que, en un nuevo espacio, aún debe asegurar ciertas necesidades de un público numeroso, como más puntos de hidratación, o resguardar los horarios, pero que al menos en el lado de la música continúa entregando instantes dignos de recordar.


Turnstile

Otra de las grandes sorpresas que hizo su arribo hasta Lollapalooza Chile 2022 fue Turnstile, quienes utilizaron exactamente el mismo escenario y horario destinado a IDLES el día anterior para encontrarse con su sorprendentemente amplia fanaticada en el VTR Stage. El quinteto llegaba en un momento crucial, gracias al éxito de “GLOW ON” (2021), el mejor disco de su catálogo y que fue ferozmente defendido en vivo con batacazos como “MYSTERY”, “BLACKOUT” o “DON’T PLAY”, desatando el moshpit y la locura entre los asistentes que, sin importar los constantes empujones y uno que otro encontrón con quienes esperaban desde temprano por el show de Miley Cyrus, disfrutaron cada canción que Brendan Yates y compañía trajeron hasta nuestro país.

Y es que el repertorio escogido por la banda para su presentación les permitió no solamente destacar su reciente placa, sino que también dar un cariño a sus fans más acérrimos con la incorporación de tracks como “Real Thing”, “Big Smile”, “Come Back For More” o “Canned Heat”, extraídos desde su etapa más hardcore, pero siempre combinándolos a la perfección con recientes joyas como “UNDERWATER BOI”, “FLY AGAIN” o “ALIEN LOVE CALL”. Sin duda que el bajista “Freaky” Franz Lyons se llevó las miradas de gran parte de los asistentes, gracias a su polera de Colo-Colo con un “TURNSTILE 91” en la espalda, mientras que el guitarrista Greg Cerwonka (integrante de Take Offense, que estuvo en reemplazo de Brady Ebert) también hizo lo suyo con su incansable paseo por todo el escenario.

Si la energía desatada no bastaba, el cierre con el combo de “HOLIDAY” y “T.L.C. (TURNSTILE LOVE CONNECTION)” generó incansables saltos entre los asistentes, quienes indudablemente quedaron con gusto a poco. Esto, porque la banda acortó en 15 minutos su presentación, una decisión poco entendible pensando en que comenzaron a la hora prevista. Pese a todo lo anterior, el debut de estadounidenses dejó más que feliz a un fiel público, que pudo vivir esa conexión de amor a través de la música.

A Day To Remember

Sin retrasos a la vista, y tras el golpe al mentón de Turnstile en el VTR Stage, era el turno de los californianos de A Day To Remember, quienes descargaron una batería de hits para el buen marco de público que se agolpó en el Banco de Chile Stage. Más allá de su minimalista propuesta sobre el escenario, que consideró solamente batería y una visual estática durante todo el set, la banda liderada por Jeremy McKinnon hizo gala de su prestancia dentro de la escena pop punk y metalcore, donde se han ganado una base importante de fanáticos y elogios.

Sin mediar sobresaltos, azotaron con “The Downfall Of Us”, “Paranoia”, “Have Faith In Me” (dedicada a las chicas del público) e “If It Means A Lot To You”, entre otras, coreadas a todo pulmón por los asistentes junto a los momentos duros y guturales. Igual a lo que sucedió minutos antes en Turnstile, A Day To Remember no dudó en mantener la vibra del público, que pasó de escenario en escenario en búsqueda de moshpit, el cual rápidamente se armó para el goce de quienes deseaban participar, directa o indirectamente.

Y es que, si se trata de este tipo de shows de bruta intensidad, lo importante es entregarse y disfrutar. Tal como anunció su vocalista: “El stage diving es peligroso, pero ustedes pagaron mucho dinero por estar acá, ¡así que diviértanse!”. A Day To Remember descargó más que potencia, también demostraron por qué su fanaticada es tan fiel y transversal, gracias a su carisma y hits que los mantienen vigentes.

MARINA

Es casi inevitable que los topes de horario puedan producirse durante un festival, lo que genera un retraso en las presentaciones y termina por perjudicar a todos los artistas restantes. Por ello, para muchos fue una sorpresa cuando a las 19:30 horas en punto MARINA hizo su arribo al Axe Stage, pese a que Pedropiedra seguía con su presentación en el Lotus Stage a sólo metros de separación. La artista inició elegante e imponente con “Ancient Dreams In A Modern Land”, track que abre su más reciente LP del mismo nombre, y que sería el motivo de su presentación por segunda vez en Lollapalooza Chile, luego de su recordado show en la edición 2016 cuando todavía era conocida como Marina And The Diamonds.

El show siguió realizándose con normalidad, a pesar del tope durante cuatro canciones, ya que fue recién en “Oh No!”, quinto track del setlist, cuando la artista finalmente pudo hacer su show sin la música que venía desde el otro escenario, y que molestó sobre todo a quienes estaban presenciando el espectáculo desde un poco más atrás. De igual manera, a Marina Diamandis pareció no importarle esos contratiempos, ya que se mostró empoderada y dominante de la situación durante todo lo que duró su show, maravillando a las primeras filas con hits de su catálogo, como “Purge The Poison”, “Man’s World” o “How To Be A Heartbreaker”.

Con sólo escuchar cómo el público coreaba cada letra de las canciones se notaba el impecable manejo del pop que la artista ha realizado con sus cinco álbumes, aportándole una consistencia con sus letras a un sonido que, pese a repetir fórmulas ya conocidas, encuentra una originalidad gracias a su voz. Ya con “Bubblegum Bitch” y “Primadonna”, MARINA se despedía en este reencuentro con sus seguidores chilenos y, si bien este debió ocurrir en las mismas circunstancias festivaleras que su debut, dejó demostrado que su amplio arrastre le permitirá dar el salto a un futuro show en solitario.

A$AP Rocky

Lo que ocurre con A$AP Rocky es extraño: pese a ser una figura trascendente en el rap norteamericano y tener a su haber álbumes que han marcado la diferencia, en su espectáculo en vivo usualmente no denota esta individualidad, privilegiando sus colaboraciones. Con un breve retraso, a las 19:55 hrs. el artista salió a escena lleno de energía para su debut en Chile, con un freestyle y con “A$AP Forever”, llenando de fuego el escenario, en las pantallas y también con la pirotecnia a disposición.

Praise The Lord (Da Shine)” y “Fuckin’ Problems” continuaron moviendo a la gente, que con brazos en alto ensalzaba la figura de Rocky, más allá de las canciones, aunque sí se puede decir que este breve show en Chile escapó de reposar demasiado en tracks ajenos, algo que sí ocurrió en Argentina 24 horas antes. En vez de eso, en Cerrillos hizo “Pick It Up” de Famous Dex, “Yamborghini High” y “Telephone Calls” de A$AP Mob, “Work” de su partner A$AP Ferg, y “MAZZA” de Slowthai. Durante “Sundress”, Rocky paró el show para ayudar a que sacaran personas desmayadas y en malas condiciones desde el público, incluso con la petición de que dieran pasos hacia atrás por lo mucho que apretaron a la gente en reja, algo que también ocurrió toda la jornada en el otro escenario principal con quienes esperaban a Miley Cyrus. Rocky no retomó “Sundress”, pero entregó la vitoreada “L$D”.

Más adelante, las llamas volverían con el medley entre “Slob On My Knob”, “Plain Jane” y “No Limit”, en tanto que la aún no lanzada “Doja” generaba alta reacción, sin embargo, la explosión completa quedaría en el cierre con “Lord Pretty Flacko Jodye 2” y “Everyday”, momentos donde realmente se lució, y donde su voz no sonó tan atormentada entre las pistas y el cansancio por saltar y bailar todo el rato. Lo que ocurre con A$AP Rocky sí es extraño, medio escondido, medio piola, medio respetado y conocido, pero nunca por completo, y es esa es la sensación, incluso con lo feliz que dejó al público en breves 48 minutos de espectáculo, siendo una carta de presentación satisfactoria, pero que dejó con ganas de más y, especialmente, más de A$AP Rocky, ese rapero cuyos discos realmente tienen material para lucirse mucho más.

Miley Cyrus

A la hora de pensar en nombres de headliners en un festival como Lollapalooza, el de Miley Cyrus sería uno de los últimos imaginables, debido a su estatus de estrella mundial del pop con una convocatoria que no necesita ser parte de un evento de estas características para tener vitrina. Es por eso que su presencia como el show de cierre de la segunda jornada de Lollapalooza Chile 2022 se vio más como un beneficio al festival que viceversa, donde en una presentación estelar deleitó a las miles de personas en el VTR Stage, con un repertorio que se paseó por todos los puntos clave de su discografía posterior a su interpretación del personaje de Hannah Montana.

Con una impecable banda de apoyo, Cyrus dominó el escenario ataviada en un ceñido traje azul, desplegando no sólo cortes de sus trabajos de estudio, como “Plastic Hearts”, “Dooo It!” o “7 Things”, sino que también guiños a artistas como Pixies con “Where Is My Mind?”, un cover de “Heart Of Glass” de Blondie o la potente “Jolene”, original de la gran Dolly Parton. Y es que, a pesar de que la sola presencia de Miley basta para llenar cada espacio, es su talentosa interpretación la que termina por completar la robustez y atractivo de su show, haciendo que canciones como “Fly On The Wall” o “Nothing Breaks Like A Heart” sorprendan tanto a sus seguidores como a los curiosos que aprovecharon de quedarse hasta el final de la jornada.

Cualquier duda de su calidad como cabecera de un festival internacional, queda derribada gracias a la manera en que la artista se compenetra con su banda para entregar una presentación que, inteligentemente, no descansó sólo en sus principales hits, sino que supo ahondar en los trabajos que definen su presente musical, como las canciones de “Plastic Hearts” (2020) y “Bangerz” (2013), discos en los que se apoyaría la selección de canciones interpretadas por Miley en su nuevo paso por Chile. De igual forma, esos temazos que la gente siempre quiere oír no podían quedar ausentes, por lo que sus dos grandes éxitos fueron escogidos como broche de oro: “Wrecking Ball” y “Party In The U.S.A.”, el cierre perfecto para una visita ilustre dentro de la variada oferta de artistas que ha tenido el festival en sus diez ediciones.


Kramer

Cuando se reveló el line up de Lollapalooza Chile 2022, muchos se preguntaban quién era el Kramer que aparecía ahí. ¿Algún DJ o un artista nuevo? No, era Stefan Kramer, reconocido humorista nacional. Aunque existen festivales como Bonnaroo que adoptaron el humor hace rato, lo disponen en espacios dedicados y no en un escenario principal, como se pudo ver en la jornada de domingo de este Lollapalooza Chile.

El desafío no era menor para el artista, quien además tuvo que iniciar su show mientras aún Mariel Mariel extendía el suyo más allá de la duración estipulada en el otro escenario principal. Quizás por eso, a las 14:53 hrs., Kramer irrumpió más nervioso de lo usual, no cuajando por completo su imitación de Jorge González, tras dedicar “Pa Pa Pa” de Los Prisioneros a quienes reclamaban contra el pase de movilidad. Pero su carisma y la cuenta de ahorro que tiene con el cariño del público, le permitieron tomar buen rumbo tras imitar a futbolistas como Gary Medel, Lionel Messi o Arturo Vidal. El arco de la historia que contó Kramer era cómo él siempre quiso ser cantante, pero nadie le daba bola, y menos aún cuando alcanzó el éxito como imitador, cerrándole puertas en lo musical.

El artista a veces caía en el humor heteronormado y de tintes no muy progresistas, pero su manera de narrar ayudaba a superar esos filtros, junto a imitaciones novedosas, como las de Eddie Vedder, Jon Bon Jovi o la de Steven Tyler. A eso de las 15:30 hrs. se empezó a colar el sonido desde el lejano escenario Axe con Bitman, pero eso no mermó el mejor tramo del show de Kramer. Con un medley que, con agilidad, llegó al clímax del cuento transversal, con Stefan llegando a mostrar su talento musical que (spoiler alert) es precisamente converger muchos estilos, y con un final emulando el video de “Sign Of The Times” de Harry Styles, colgando sobre el escenario con una cuerda sosteniéndolo, Kramer culminó 55 minutos de un espectáculo que no instala por completo al humor en Lollapalooza, pero que sí muestra cómo la unión de humor con música no se ve tan extraña.

LP

La devoción que genera LP no es algo sorpresivo, tras el furor por los tickets para su debut en nuestro país en 2019, pero quedaba ver cómo se podía traducir esta relación en un contexto festivalero. Bajo aquel contexto, el show de LP fue aún mejor de lo que las expectativas dictaban, dada la evolución de la banda que acompaña a la artista, que en los tiempos de pandemia trabajó de manera concienzuda hacia un sonido expansivo. De hecho, hicieron conciertos en un estudio para ser transmitidos por streaming con ese tipo de vibra, que luego sería demostrada en conciertos para gente estacionada en sus autos, en predios enormes, así que el trabajo detrás de la conexión con el público tuvo muchos pasos, y en la segunda visita de LP a Chile, todo eso se nota, fluye y brilla con intención, seguridad y sacándole provecho a cada composición y su voz privilegiada.

Desde el inicio puntual a las 16:45 hrs. con “Goodbye”, cada canción logró permear las emociones de la numerosa audiencia, con arreglos bombásticos y listos para llegar hasta el otro lado del parque si fuera necesario. Aunque el setlist estuvo cargado al último álbum, “Churches”, la familiaridad con la que público cantó todo haría parecer que cada tema era parte de un Grandes Éxitos, como “The One That You Love” que brilla en vivo, con aún más peso en la batería y con LP luciendo su voz y haciendo gimnasia vocal cada vez que puede. Al comienzo, la gran cantidad de viento molestó a la cantante, pero rápidamente pudo acomodarse a la circunstancia y se paseó con prestancia entre momentos inesperados, como el cover de “Dazed And Confused” de Led Zeppelin y una versión aún más furiosa de “No Witness”, o la ya clásica “Strange”. Pero el tramo final tuvo aún más potencia, entre lo mucho que gana en vivo “Conversation”, hasta la participación del público en “One Last Time”, siguiendo al pie de la letra las complejas instrucciones melódicas de LP.

Sin tener problemas de sonido, más allá del desvío producido por el viento para quienes se ubicaron más lejos, el show llegó a su punto final con la canción que lanzó a la fama a LP y que la volvió viral, mainstream y todo a la vez: “Lost On You”. Entre gentiles rasgueos de guitarra al inicio y chiflidos, la canción fue creciendo hasta su coro inequívoco y omnipresente, perforando resistencias y entregando un gran espectáculo, que en una hora exacta demostró que LP y su banda no sólo cuentan con grandes composiciones, sino que con una labor encomiable que ahora tiene en escenarios gigantes su entorno más natural.

Machine Gun Kelly

La figura de Machine Gun Kelly es polémica por sí sola, pero de que su arrastre le permite ser parte de cualquier festival internacional, es un hecho, independiente de que sea mucho más odiado que amado en líneas generales. Bajo esa afirmación, con algo de prejuicio de por medio, fueron muchos los escépticos que dudaban de lo que podía hacer el tejano en su paso por Lollapalooza Chile, y lo cierto es que, por mucho que el entusiasmo de sus fanáticos que colmaron las primeras filas lo transformaría en un show redondo, en estricto rigor dejó mucho que desear musicalmente hablando.

El principal problema del show es que, el otrora rapero estadounidense, busca abarcar distintos espacios a la vez sin concretar ninguno, intentando que su presentación salte del pop punk a un plástico hip hop con resultados un tanto deplorables. Entre los guiños a esa escena a la que Machine Gun Kelly hubiese deseado pertenecer con “title track”, “kiss kiss”, “concert for aliens”, “WWIII” o “drunk face” (todas del álbum “Tickets To My Downfall” de 2020), hasta los momentos de un hip hop carente de calidad musical y lírica con “El Diablo” o “I Think I’m OKAY”, el concierto del escuálido artista fue un sinfín de incomprensibles y monótonos vaivenes entre un estilo y otro.

Todo lo anterior fue rematado no sólo con el uso de “Welcome To The Black Parade” de My Chemical Romance como intro, sino que también con un cover a “Misery Business”, una de las canciones más controversiales de Paramore y de la cual la propia banda ha renegado, la que en este caso el artista trata de hacer suya en una versión tan plana y falsa, como todos sus intentos de emular el efectivo sonido entre emo y pop punk de esta y otras agrupaciones. Los cambios de dirección musicales siempre serán bien recibidos cuando se hacen con honestidad y calidad, pero cuando se quiere profitar de una escena que está teniendo un abultado revival comercial, es mejor echar pie atrás y concentrarse en lo suyo, aunque ni en eso se pueda destacar.

Lucybell

Tras una tarde con probablemente el mayor marco de público de las tres jornadas de Lollapalooza Chile, la expectación por Lucybell era de esperar. Instalados en el Lotus Stage, los fanáticos y curiosos aguardaron por la salida de Valenzuela y compañía, quienes no decepcionaron. Sin mucho preámbulo, la banda aprovechó los escasos 45 minutos que tenían para hacer un intenso repaso por sus canciones más clásicas.

El inicio fue demoledor para fans y nostálgicos, cuando los acordes de “Flotar Es Caer”, seguido de “Caballos De Histeria”, retumbaron en el escenario. Ahí ya parecía que el show simplemente no podía parar de mejorar: ¿un repaso completo a su disco homónimo (el Rojo) o una delicada introducción como guiño a su historia? Para sorpresa de todos, el set continuó con “Luces No Bélicas”, “Fe” y “Mataz”, que terminaron de encantar y gustar al público. El punto final vendría desde la batería de Foncea para dar inicio a “Cuando Respiro En Tu Boca”, finalizando en una especie de encore con “Viajar”.

Lucybell, con su oficio y trayectoria, se vio sólido sobre el escenario, entregados al público y conectados con los himnos que entregaban uno tras otro. Sin embargo, toda aquella prestancia se merece un reconocimiento mayor, y sobre todo mucho más que 45 minutos de show, ojalá en un escenario capaz de albergar a la gran cantidad de público que esta vez convocaron.

The Strokes

Luego de tres días llenos de música, llegó el gran cierre del festival con The Strokes, quienes subieron al VTR Stage 23 minutos más tarde de la hora pactada originalmente. El quinteto llegó hasta nuestro país por tercera vez con un repertorio que, en el papel, debía enfocarse en su excelente último LP, “The New Abnormal” (2020) y, aunque este disco se llevó la mayoría del setlist, eso no fue impedimento para que Julian Casablancas y compañía se pasearan por distintos puntos de su discografía, haciéndole un gesto de cariño a su fanaticada con algunas canciones poco habituales para un show de estas características.

Con su indiferencia y relajo de siempre, la banda arremetió con una breve presentación de 15 tracks, donde “Bad Decisions”, de su reciente álbum, dio la partida a una velada que pasaría por otros estandartes de su historia, como “You Only Live Once”, “Juicebox” o “Reptilia”, además de otras gemas para sus fans como “Under Control”, “Trying Your Luck” o “Razorblade”. La buena onda entre el frontman y el público se sentía, permitiendo que su actitud despreocupada de siempre no fuera algo que opacara a la seriedad en el control que el guitarrista Albert Hammond Jr. aporta desde su rincón. Obviamente, la alineación no puede estar completa sin Nick Valensi, Nikolai Fraiture y Fabrizio Moretti, quienes, preocupados estrictamente de la música, se transforman en el bastión instrumental de la banda.

Cuando la calidad de su reciente disco no está puesta en duda, es increíble ver cuánto ganan en vivo canciones de dicha placa, como “Brooklyn Bridge To Chorus” u “Ode To The Mets”, interpretadas con un sentimiento y vibra muy ad-hoc con la propuesta del conjunto en vivo. Evidentemente, los hits no se hacen esperar, por lo que canciones como “Hard To Explain”, “Heart In A Cage” y “Take It Or Leave It” desataron la euforia de la audiencia en la última porción del show. Lamentablemente, el bis se limitó solamente a la interpretación de “Someday” por la improvisada interpretación musical del clásico “Olé Olé Olé” y los evidentes problemas de tiempo (dejando fuera “Killing Lies” y “New York City Cops” según el setlist impreso de la banda). Independiente del cierre abrupto y que dejó con gusto a poco a los asistentes, The Strokes ratificó con su presentación los argumentos necesarios para demostrar por qué fueron, son y serán una de las bandas más importantes en el rock post 2000.

Un festival postergado por dos años, y que tuvo un accidentado regreso con el cambio de recinto y las modificaciones del cartel hasta su última semana, tenía todo para ser una experiencia muy alejada de lo que el evento ha sido durante sus años en Chile, pero lo cierto es que Lollapalooza 2022 funcionó bien como la primera versión en modalidad de pandemia, sintiéndose como una transición hacia la apertura de la cartelera local a los eventos con controles de pase de movilidad y uso de mascarilla, a pesar de que esto último no fuera cumplido a cabalidad por los asistentes. La clave de su éxito estuvo en la conexión de los artistas con sus fanáticos (con algunos de ellos incluso haciendo su primera presentación desde antes de la pandemia), además del entusiasmo propio de querer volver a presenciar la música en vivo, con un Parque Bicentenario de Cerrillos que pasó la prueba en cuanto a espacios, escenarios y la movilidad para llegar al festival, teniendo solamente que mejorar la planificación del transporte, que nuevamente complicó la salida de los asistentes en la última jornada. Lollapalooza Chile pudo regresar finalmente, aunque sea para decir presente, por lo que ahora queda la tarea pendiente de que el festival recupere su sitial en una eventual edición 2023, donde estará la difícil misión de reencantar a un público que se distanció de esta modesta y apresurada versión.

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