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Beach House: Un extraño paraíso

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La fila es larga. Esperas a que llegue el momento en que abran las puertas. La noche se acerca y te dicen que todo se corre una hora. La fila se acrecienta aún más. Los colados de siempre buscan a algún conocido para adelantar el trecho. La sombra se toma el lugar, las inmediaciones del Teatro La Cúpula, mientras más allá hay gente que va a tomar su sitio para ver a los Niños Cantores de Viena. Mientras, a las 20 horas, se abren las puertas; de a poco ingresa la gente y la fila no se aminora. Al interior del teatro, un puñado de gente se asegura la reja, la más barrabrava, esa que llegó con una sonrisa ocho horas antes, por lo menos, para asegurarse ver de cerca a Alex Scally y Victoria Legrand, el par de nativos de Baltimore que iniciaron hace casi una década Beach House, y que la noche del pasado domingo transformaron ese espacio al borde de la rutina y del tedio, en un paraíso onírico, no de esos que salen en recreaciones mal producidas de historias de matinal, sino que uno de verdad, que irrumpe en el mundo “real”.

BEACH HOUSE CHILE 2013 01

Así resultó ser el espectáculo brindado por Beach House en la cuarta fecha del ciclo S.U.E.N.A., pero por muy soñado que haya sido todo, los cien minutos que duró el show fueron más que concretos, con 19 canciones de sus cuatro discos de estudio a la fecha, y con un detalle importante que es necesario destacar: la presencia sonora y física del baterista Daniel Franz. La batería en vivo dota a las canciones de un peso mucho mayor al que exhiben en estudio, en especial a aquellas donde este instrumento sonaba plástico y artificial, como ocurre en los dos primeros álbumes de la banda. Así, “Master Of None”, “Gila”, “Heart Of Chambers” y “Astronaut” sonaron inusitadamente potentes. Mencionar estas cuatro canciones es necesario, no sólo como ejemplos de la relevancia de una batería sonando como cañón, sino porque también representan esas inflexiones en los setlist que la banda ha presentado en su gira, marcada por “Teen Dream” (2010), el disco que los dio a conocer masivamente, y “Bloom” (2012), que los consagró como parte de lo más granado de la escena independiente. “Gila”, de su segundo disco “Devotion” (2008), era la más recurrente, pero el resto fueron sorpresas para todos, en especial “Astronaut”.

BEACH HOUSE CHILE 2013 02

Pero no nos adelantemos. Antes, puntuales a las 20.30 horas, los teloneros Nueva Costa tocaron media hora. Los nacionales estuvieron ante una creciente multitud, más apática que hostil, que sin embargo aplaudía el rock clásico sesentero del que se precia la banda de Angelo Santa Cruz y Daniel Bande. No obstante lo consistente e interesante de su set, basado principalmente en su disco debut “El Gran Espíritu” (2013), quizás su color sonoro hubiera sido más adecuado (y más valorado, por cierto) para anteceder a Tame Impala, por ejemplo. También se hubiera agradecido mayores intentos por generar empatía, mal que mal, no estaban en un bar, sino que un teatro sin mayores distracciones. Pareció como si hubieran ido a hacer su trabajo y poco más, sin aprovechar una vitrina relevante. Tras Nueva Costa llegó el plato fuerte, ese que valió la espera en la interminable fila (fácilmente llegó a medir medio kilómetro), Victoria y Alex, junto a Daniel, en formato power trio, pero sin tener que recurrir a mayores distorsiones para hacerse escuchar. Todo lo contrario: el sonido fue apabullante, de principio a fin, pese a algunos problemas leves como un par de acoples o la inconformidad en algunos pasajes de la banda con los niveles de audio de sus instrumentos. De hecho, era tal la potencia del sonido, que era muy difícil escuchar lo que decía alguien al lado. Así, los potenciales distractores parlanchines que varias veces nos hemos encontrado, era silenciados por la indiferencia y la música. Nada mejor que eso. Es que muchos creen que la potencia radica en hacer headbanging muy rápido, y tener riffs endemoniados, y una batería gigante sonando a todo lo que da, y muchas veces aquello carece de contenido y es mera forma operando desde el efectismo. Beach House, en cambio, logra hacer de sus canciones lo más relevante, y a la forma la convierte en un medio para llegar a su audiencia. Así, desde el inicio con “Wild” todo se transformó en aire que calaba hondo en cada inhalación. Muy hondo.

BEACH HOUSE CHILE 2013 03

Victoria cambiaba los fraseos en varias canciones para darles otros matices; Alex saltaba en su lugar en algunas canciones, abandonando casi permanentemente la silla en la que supuestamente pasaría sentado la mayoría del show. No fue así, y Alex tenía la misma vitalidad que exhiben sus figuras en la guitarra. En otros momentos, pasaban a lo lúdico, con Alex y Victoria pateándose en el escenario (sí, patadas), invitando a todos a pasar una temporada en su natal Baltimore o con Alex agradeciendo una y mil veces al público con una humildad genuina, quizás pensando en aquellos fans que los fueron a ver al hotel o esos que después del show los irían a buscar. A otras bandas, les da lo mismo. Al parecer, a Beach House no.

BEACH HOUSE CHILE 2013 04

Llama la atención que, pese a que la puesta en escena juegue constantemente con las sombras, haciendo que se vean las siluetas de los intérpretes y poco más a través de eficaces juegos de luces, Victoria Legrand siga destacando con su carisma tan sui generis, desde las penumbras interpretando, expresando y dando carne a un montón de sensaciones. Es que, en general, la fuerza de “Normay”, el romanticismo de “Take Care” o las guitarras de “Wishes” configuran algo más que una rendición correcta de los propios éxitos, sino que denota un interés por dar algo más, en acrecentar la experiencia y, finalmente, darle vida a un ideal onírico. Se habla mucho de que Victoria y Alex encarnan el espíritu del llamado dreampop, y en parte eso es cierto, pero también es un poco injusto tildar únicamente así a la banda. Hay mucho más que sueños en escena. También te encuentras de cara con sentimientos, con historias, con una potencia que no te imaginabas, y resulta que, si bien la atmósfera hace lucir todo como si fuera parte de un estado superior, en realidad lo que irrumpe es lo terrenal, en medio de los juegos de Legrand y Scally, de los alaridos de un público que no cree en lo que ve, en medio de los pequeños problemas técnicos, y lo más importante, transformando La Cúpula, por un rato, en un paraíso. El resto es historia. El groove de “Used To Be”, Alex tomando la batuta como un director de orquesta en “Other People” o las segundas voces de Daniel Franz en “Silver Soul”, dotando a la canción de la profundidad necesaria para que la voz de Victoria, espectacular, altisonante y acogedora, brille como debe ser, sin caer en un vacío, sino que resonando como un eco divino en medio de este edén cupular.

BEACH HOUSE CHILE 2013 05

Alex indicó que el público les escribió para pedir algunas canciones, y que ellos metieron las que pudieron en el ajustado y aceitado setlist que tienen a sus shows como parte de lo mejor comentado en el planeta, hoy por hoy. Así, “Master Of None” de su debut homónimo (2006), fue la primera gran sorpresa de la noche, no tanto porque la toquen poco, sino porque fue la canción más “diferente” del setlist y que, pese a que recién han pasado siete años, ya se siente la eternidad entre la salida del primer disco de BH con el presente, pero algo sigue ahí, ese germen que caracteriza a los de Baltimore. Probablemente sea lo que no se escucha, y sean esas sensaciones que evoca la música que se preocupa de todos los detalles y aristas, haciendo que cada uno la disfrute de diferente forma.

BEACH HOUSE CHILE 2013 06

En el encore vino la sorpresa mayúscula de la noche con “Astronaut”, del disco “Devotion”, y que no tocaban desde abril. Introducida por Victoria con la frase “space is the final frontier”, perteneciente al imaginario de Star Trek, repetida varias veces, esta canción se convirtió en el símbolo de la presentación, con una iluminación que remitió más al cielo que a la tierra, las estrellas estaban como fondo y, de pronto, estábamos en un planetario, y la gente se sintió en ese espacio, y en esa frontera final, listos para la explosión del desenlace con “Irene”, el track que cierra el excelente “Bloom”, con la batería sonando más fuerte que nunca en los intermedios y con Victoria repitiendo al final como un mantra “es un extraño paraíso”. Sí, es verdad, en La Cúpula esa fue la sensación general, la de pasar desde los sueños al espacio exterior, siempre frente a un altar en la penumbra. Un extraño paraíso, pero un paraíso que en los recuerdos de quienes asistieron quedará grabado, en el que probablemente sea uno de los grandes shows del año.

Setlist

  1. Wild
  2. Gila
  3. Lazuli
  4. Norway
  5. Used To Be
  6. Other People
  7. Lover Of Mine
  8. New Year
  9. Take Care
  10. Master Of None
  11. Silver Soul
  12. The Hours
  13. Zebra
  14. Wishes
  15. Heart Of Chambers
  16. 10 Mile Stereo
  17. Myth
  18. Astronaut
  19. Irene

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Sebastián Rojas

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Rod Stewart: Directo al ángulo

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Rod Stewart

Muchas veces se critica a los artistas que, teniendo una trayectoria grandiosa y extensa, no viven un presente que les permita preservar adecuadamente su legado. Salvo casos paradigmáticos como el de Chuck Berry en sus últimos años, en general esa crítica tiene que ver con una cosa muy chilena: ver en los artistas que alcanzan (o están cerca de) la tercera edad a seres inútiles cuyo tiempo ya pasó. Hay una situación estructural que sustenta la limitada visión de Chile hacia los mayores de 60 años, desde lo organizacional hasta el trato diario, entonces de antemano hay prejuicios ante una persona en cualquier ámbito. Más aún cuando se para en un escenario.

Por eso hace bien ver cuando alguien “viejo” –según el pasaporte– denota más frescura que muchos actos que se ven copiándose mutuamente en festivales y proscenios varios. Rod Stewart no es un niño, pero intenta (y muchas veces logra) moverse como tal. No es un dotado vocalmente, pero cuando necesita dejar en claro que tiene garganta y cuerdas, lo hace. Rod no es un gran creador, pero sí es un tremendo intérprete, y eso queda en claro cuando se revisa cómo estuvo su retorno a Chile, en una fresca noche de 18 de febrero en un Movistar Arena a un 90 por ciento de su capacidad, que pudo ver la puntualidad excesiva de este londinense, quien partió su show poco antes de la hora convenida.

A las 20:56 ingresó la banda, compuesta por una docena de intérpretes, a tocar “Soul Finger”, original de The Bar-Kays, para luego dar paso a Rod, la algarabía de la gente (en especial al frente) y una versión de ajuste vocal para Stewart de “Infatuation”. Luego de sortear ese escollo con éxito, la mesa estaba servida para la fiesta, y así prosiguió con clásicos de su repertorio como “Having a Party” y “Tonight’s The Night”, además de covers a hits como “Have You Ever See The Rain?” de Creedence Clearwater Revival. Las pantallas, los movimientos y cambios entre los músicos y las coristas, los propios movimientos de Stewart, todo era hecho para dar cuenta de un sentido de espectáculo, sin perder una sensación de urgencia juvenil que rara vez se ve en un concierto de temas que, en su gran mayoría, tienen más de un cuarto de siglo de vida. Los cambios de tempo son muy ligeros y los arreglos son prístinos, lo que se escapa del esquema de la nostalgia como mina de oro cuando las canciones se vuelven lentas y cansinas, perdiendo una chispa que Rod sí puede seguir prendiendo a su antojo.

Los movimientos de Rod siguen siendo los del muchacho que tocara con Jeff Beck o que formara Faces, entreteniéndose y, a la vez, generando reacciones de un público que, desde un respeto por el espectáculo, mostró fervor en varios pasajes del show. Stewart entiende que no por haber vendido centenares de millones de discos va a tener la tarea hecha con sólo pararse en el piso pintado como tablero de ajedrez en el proscenio, sino que debe hacer algo relevante para seguir ahí, con la adrenalina y la satisfacción de sentirse vivo en vivo. Por eso maneja a la gente, la hace cantar, aplaudir, sentarse, pararse, y también le entrega un show con momentos diferentes, como cuando tras un doblete lleno de sentimiento con una versión renovada entre el country y el alt rock de “Forever Young” y la belleza del cover de Tom Waits de “Downtown Train”, pidió atención, sentó a casi toda su banda, e incluso a su dinámico e inquieto cuerpo, en taburetes plásticos para una sesión acústica.

Lo futbolero no se le irá jamás a Rod, quien en “You’re In My Heart (The Final Acclaim)” no sólo mostró goles del Celtic a su archirrival Glasgow Rangers, sino que también instó a corear como en el estadio, mientras un sector de fans ataviados de camisetas albiverdes respondían entusiastas al llamado. Tampoco más adelante, cuando en “Hot Legs” patearía más de una decena de pelotas autografiadas al público. Además, incluyó temas tan clásicos como “The First Cut Is The Deepest” de Cat Stevens, o “Have I Told You Later” de Van Morrison, un “bastardo” según Rod, quien sonreía al presentar la canción.

La confianza que Stewart tiene en su banda es tal, que, más allá de trucos que usan algunos para cambiarse de ropa como hacer veinte solos y cuarenta juegos con el público, con toda tranquilidad fue tras bambalinas, sus coristas tomaron la voz e hicieron una vibrante versión de “Proud Mary”, que luego –como todo buen blanco criado con música negra en los 60– tendría un necesario homenaje a Muddy Waters con “Rollin’ And Tumblin’”. Con esta inyección de fuerza llegó la sección final del show, con “Hot Legs”, la omnipresente “Da Ya Think I’m Sexy?” sonando a estos tiempos, y “Baby Jane” cerrando la parte central del show.

Dos minutos después, Stewart volvía a comandar el karaoke masivo con “Sailing”, y con el coro convertido en una especie de mantra se cerró el telón tras 103 minutos de espectáculo pensado, ensayado y ejecutado con respeto al público y los artistas. El mayor gol de un show así es el entendimiento cabal de las limitaciones de Rod Stewart, y de esa forma poder aprovechar sus puntos fuertes, dejando en claro que se puede confiar en su capacidad en el escenario, esa área donde el olfato de un artista no se extingue.

Setlist

  1. Soul Finger (original de The Bar-Kays)
  2. Infatuation
  3. Having A Party (original de Sam Cooke)
  4. Have You Ever See The Rain? (original de Creedence Clearwater Revival)
  5. Rhythm Of My Heart (original de Marc Jordan y John Capek)
  6. Some Guys Have All The Luck (original de Jeff Fortgang)
  7. Tonight’s The Night (It’s Gonna Be Alright)
  8. Forever Young
  9. Downtown Train (original de Tom Waits)
  10. You’re In My Heart (The Final Acclaim)
  11. People Get Ready (original de The Impressions)
  12. The First Cut Is The Deepest (original de Cat Stevens)
  13. I Don’t Wanna Talk About It (original de Crazy Horse)
  14. Have I Told You Later (original de Van Morrison)
  15. Proud Mary (original de Creedence Clearwater Revival)
  16. Rollin’ And Tumblin’ (original de Hambone Willie Newbern)
  17. Hot Legs
  18. Da Ya Think I’m Sexy?
  19. Baby Jane
  20. Sailing (original de Sutherland Brothers)

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