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Battles: Breve odisea espacial

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Luego de la cancelación de su show el año 2016, por fin pudimos ser testigos del retorno de Battles a nuestro país, a nada menos que 12 años de su debut en la capital, por lo que las expectativas de los fans no podían ser más altas para lo que ocurrió este viernes en Club Chocolate.

Claro que en esta oportunidad nos encontramos con una banda bastante distinta a la que pudimos conocer hace más de una década en el Teatro Novedades. Tan solo Ian Williams y John Stanier permanecen en la agrupación, pasando de ser originalmente un cuarteto, a un dueto. En mayo de este año, Dave Konopka abandonó la agrupación y, igual a como hicieron con Tyondai Braxton en su momento, en vez de traer a alguien para que tomara su lugar, simplemente siguieron adelante como estaban. Esta decisión podría ser cuestionable, sobre todo cuando los dos elementos faltantes son la voz y el bajo, pero anoche Battles dio una certera clase de math rock, donde la vieja consigna “menos es más” fue la gran constante de la velada.

Unos minutos pasada las nueve de la noche, la dupla apareció desde el telón del local dando un escueto saludo a la audiencia y tomando sus puestos. Mientras Williams loopeaba sonidos con su guitarra, Stainer verificaba sus tarros y pads de efectos, en minutos donde la banda armó su repertorio sonoro ante la mirada ansiosa del respetable que sólo quería que los músicos dieran el inicio oficial al espectáculo. Y así lo hicieron con “Fort Greene Park”, el primero de once cortes presentados en su retorno, que en poco más de una hora nos embarcó en un viaje sonoro único, sorprendente y muy entretenido.

Siguieron en el set “A Loop So Nice…”, “They Played It Twice” y “Titanium 2 Step”, trío de composiciones pertenecientes a “Juice B Crypts”, álbum que saldrá al mercado en unos días, y que se acoplan mucho mejor a la situación actual de los norteamericanos, poniendo énfasis en los sonidos electrónicos sin perder ese dinamismo hipnótico que siempre destaca en el material de Battles.

Es impresionante comprobar que, incluso siendo solo dos personas, Battles es capaz de sonar como cuatro o incluso más. El uso de loops y otros artefactos les permite hacer lo que quieran y seguir sonando potentes, aunque hay que reconocer que gran parte de la potencia del conjunto, siempre ha estado a cargo de Stainer, una verdadera máquina en las percusiones y un espectáculo en sí mismo cuando toca verlo en vivo. Desde su perfecto timing, hasta el simple hecho de verlo golpear el alto platillo de su set, observar al tipo hacer su trabajo con tal pasión, vale cada peso de la entrada.

La mayor parte del repertorio estuvo dedicado a las canciones del próximo disco, pero hubo espacio para escuchar los sencillos que todo el mundo esperó por muchos años. “The Yabba” hizo vibrar a los fanáticos, quienes luego bailaron de la mano de “Ice Cream”, uno de los sencillos más divertidos de los estadounidenses. Definitivamente dos puntos álgidos de la presentación, que fue rematada por “Atlas”, la canción que puso a Battles en el mapa mundial y que anoche pudo ser escuchada en una versión que hizo justicia a la original, siendo danzada por todo el recinto.

Todo el mundo estaba embaladísimo con el concierto, pero el final llegó de manera abrupta con “Last Supper On Shasta” y “Ambulance”, en una suerte de coitus interruptus cuando vimos a los músicos salir del escenario con la misma discreción con la que entraron para no regresar jamás. Muchos se quedaron esperando un bis, pero el viaje ya había terminado y, pese su corta duración, hay que decir que fue muy satisfactorio.

Luego de años de espera, Battles volvió a Chile y nos demostró que siguen conservando la vigorosidad y creatividad que tan famosos los hizo durante la década pasada. Fue una gran odisea, muy breve quizás, pero suficiente para trasladarnos por una hora y un poco más al mismísimo espacio exterior.

Setlist

  1. Fort Greene Park
  2. A Loop So Nice…
  3. They Played It Twice
  4. Titanium 2 Step
  5. The Yabba
  6. Sugar Foot
  7. Ice Cream
  8. IZM
  9. Atlas
  10. Last Supper On Shasta
  11. Ambulance

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Pingback: Galería fotográfica de Battles @ Club Chocolate | HumoNegro.com

  2. Eduardo Lorca

    12-Oct-2019 en 4:11 pm

    lo vacilé mucho, alta calidad, pero con 1 hora de show, un precio no barato, 11 temas de los cuales 8 fueron del disco nuevo que aún no sale, y despedirse así nomás…. la verdad se quedaron muy al debe

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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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