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Bad Religion: Rebeldía que une

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No tuvimos que esperar mucho para obtener la primera joyita de este 2014. Lo de Bad Religion en el Teatro Caupolicán fue sencillamente épico y memorable, como si se tratara de un ansiado debut que se hizo esperar por décadas y finalmente se llevó a cabo en un recinto repleto y totalmente enfervorizado al encontrarse cara a cara con unas verdaderas leyendas vivientes del punk norteamericano. La quinta visita de los californianos a nuestro país se enmarca como uno de esos espectáculos perfectos, un verdadero ritual musical, donde sólo se pueden sacar cuentas alegres.

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Para calentar los motores, la noche nos traía a dos teloneros de lujo que, para ser sinceros, estuvieron a punto de robarse la película, convocando cada uno a un grupo no menor de fanáticos, que hicieron de sus presentaciones, una verdadera demostración de pasión y energía. Los primeros en salir al escenario, fueron los alemanes de Heaven Shall Burn, que en su tercer show en la capital, demostraron que el poder de su metalcore teutónico, sigue siendo caldo de cultivo para sus jóvenes seguidores, en una presentación breve pero muy intensa. Luego tocaba el turno de Parkway Drive, quienes se echaron al público al bolsillo, ya ante un Caupolicán casi repleto, sacándose de la manga un hit tras otro. Cerrando su concierto con “Carrion”, los australianos se despidieron de su gente como si hubiesen sido los protagonistas de la noche, aunque lo que vino después, casi sobrepasó por completo a cualquier espectáculo previo.

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A las diez de la noche, Bad Religion aparecía entre las penumbras, con “Land of Hope and Glory” de E. Elgar, muy parecida al himno de los Estados Unidos, de fondo, ironizando y burlándose de este, tema clásico de graduaciones gringas, para rápidamente tomar sus instrumentos y sacudir el lugar con “Fuck You”, extraída de su más reciente y laureado LP, “True North” (2013). Lo primero que se pudo apreciar, fue el sonido que comenzó pésimo, pero conforme pasaban las breves e intensas composiciones de los norteamericanos, alcanzó un nivel bastante aceptable. Y lo segundo, es el comprobar cómo los años han pasado por Greg Graffin y compañía. Que no se mal entienda, la banda suena como un cañón, pero por lo mismo, ver al longevo quinteto compuesto por el vocalista, Brian Baker y Mike Dimkitch (en reemplazo de Greg Hetson) en guitarras, Jay Bentley en el bajo, y Brooks Wackerman en la batería, parados sobre el escenario moviéndose como quinceañeros a pesar de que todos están bordeando los cincuenta, es simplemente admirable y no hace más que elevar a estos dinosaurios al podio del cómo se debe envejecer en este negocio, haciendo justicia a su legado y despachándose el setlist más largo que han tocado en Chile.

Es así como sin descanso y a gran velocidad, llegaban “Modern Man”, “New America”, “True North”, esta última despertando las mismas pasiones que los himnos de antaño. Las pausas casi no existieron, y cuando ocurrían, solo era para dar un respiro y recibir los agradecimientos por parte del canoso Graffin, quien intentó comunicarse con el respetable en un precario español, con el cual lograba hacerse entender, aunque poco importara luego de que “Wrong Way Kids”, “Raise Your Voice”, y “A Walk”, volvían locos a la planta baja del recinto de San Diego, donde no pararon de desatarse agresivos circle pits.

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Una vez más, el público jugo un rol clave dentro del recital. Este redactor no pudo asistir a las anteriores presentaciones del grupo en Chile, pero a juzgar por la cantidad de fanáticos y la calidad de estos, basada principalmente en la participación y ganas de pasarlo bien, este debe ser una de los shows más emblemáticos que el quinteto haya realizado en estas tierras. Desde las pelotas de playa que atestaron el escenario en las presentaciones de Heaven Shall Burn y Parkway Drive, hasta los constantes crowdsurfing e invasiones al escenario por parte de numerosos osados que sortearon a los guardias de seguridad para abrazar por unos segundos a sus ídolos y luego llevarse una golpiza tras bambalinas. Todo fue intenso, entrañable y conmovedor. Como si la rebeldía puesta en canciones como “21st Century (Digital Boy)”, “You Are (The Government)”, o “American Jesus”, hubiese unido a generaciones completas en un ritual masivo, celebrando a la música con violencia y hermandad.

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Treinta y un canciones revolucionaron la noche de martes en la capital. El primer gran concierto de este 2014 estuvo marcado por la directa intensidad del hardcore inmortal de Bad Religion, banda que se consagra como una institución que no conoce de edades y une a generaciones a punta de desobediencia y rebeldía. Para quitarse el sombrero.

Por Sebastián Zumelzu
Fotos por Julio Ortúzar

Setlist:

  1. Fuck You
  2. Modern Man
  3. New America
  4. True North
  5. Wrong Way Kids
  6. Raise Your Voice
  7. A Walk
  8. Big Bang
  9. Los Angeles Is Burning
  10. I Want to Conquer the World
  11. 21st Century (Digital Boy)
  12. Overture
  13. Sinister Rouge
  14. Come Join Us
  15. Skyscraper
  16. Flat Earth Society
  17. Stranger Than Fiction
  18. Struck a Nerve
  19. You
  20. You Are (The Government)
  21. Suffer
  22. How Much Is Enough?
  23. Do What You Want
  24. No Direction
  25. Generator
  26. Sorrow
  27. Infected
  28. Dept. of False Hope
    ————————————————
  29. Fuck Armageddon… This Is Hell
  30. Punk Rock Song
  31. American Jesus

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11 Comentarios

11 Comments

  1. Rino Fiabane

    12-Feb-2014 en 1:14 pm

    Sencillamente increible los viejotes se la jugaron y que manera de mojarla, aun que falto what can you do, estuvo hermoso, ojo que es la 4ta vez que heaven toca en chile!

  2. jesus

    12-Feb-2014 en 1:37 pm

    fui al anterior y este show lejos ha sido el mejor, lejos

  3. chokru

    12-Feb-2014 en 1:44 pm

    Sebastián, la música con la que parte el concierto no es el himno de EEUU, es un tema llamado Land of Hope and Glory de E. Elgar, el chiste es que es el clásico tema de graduación.

  4. Maca

    12-Feb-2014 en 4:14 pm

    Faltó mencionar la increíble falta de seguridad para los músicos, ya que cualquiera podía subir al escenario. Hubo un momento en que 3 o 4 personas se subieron y estuvo fuera de control, Baker pedía ayuda y nadie fue a asistirlo. Se notó al final su molestia, ya que agarró su toalla y se fue. El resto de la banda terminó la canción y se despidió. Súper mal la producción ahí.

  5. Marco

    12-Feb-2014 en 4:24 pm

    Creo que el setlist fue lo mejor, pero Fuck You partio con la guitarra de Brian en otro tono, lo que la hizo sonar un poco rara, claro que terminando el tema se la cambiaron por otra. Ahora, tambien creo que Mike Dimkitch estaba un poco desenchufado, le falto acople con el resto (tampoco soy un experto, pero es lo que sentí desde arriba). Dejando eso de lado, estos viejos siguen tocando increible, Jay tirando tallas como siempre y al gran Greg hablando en español. Me gustó mucho como sonaron True North, Come join us, raise your voice, suffer y sorrow que no las tocaron la ultima vez. Punto aparte la pesima produccion que puso a unos gorditos (y gorditas), bien chicos en la seguridad (seguramente para ahorrarse unos pesos) que estaban mas preocupados de ver el concierto y tomarles fotos al grupo que de evitar el ejercito de simios que se subieron al escenario, incluyendo una mina que se agarró de la pedalera de Brian mientras la intentaban bajar y que pudo dejar la cagá. La proxima vez ojala no sea BTS la productora.

    • RAMONE81

      13-Feb-2014 en 12:33 pm

      Su buen “copiar-pegar” del comentario que dejaste en Rockaxis 😀
      Igual, concuerdo casi en todo. La seguridad fue malísima. Lo de las gorditas me causó mucha risa porque efectivamente fue así. Y cómo sudaban! jajaja

      • Marco

        13-Feb-2014 en 4:09 pm

        jajaja, asi es, dije “gorditos” porque daban mas risa que nada.
        Me dio paja escribir lo mismo de otra forma pa la rockaxis, ademas que ninguno de los comentaristas hizo referencia al desempeño de Mike ni al pesimo trabajo de la productora … derechos de autor que le llaman…

  6. donjechu

    17-Feb-2014 en 10:04 am

    nadie fue a disfrutar a la banda parece?, ahora todos son críticos
    el recital fue excelente mejor que todos los otros hechos en chile, con infiltrados en el escenario y todo, esto es punk, y el punk es así y a veces hasta peor, si quieren algo más ortodoxo y sin adrenalina, vean a la banda en blue ray o dvd sentados en sus casas…..
    ademas agradesco que la productora los traiga, con gordos y todo…
    Fuck you critics!!!!!

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte de “Abbey Road” que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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