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Avantasia: Refugio contra la lluvia

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¿Cómo un concierto más largo que “Avengers: Endgame” es capaz de volar y sentirse como algo ligero y brillante? Una respuesta podría apuntar a que el tiempo en verdad es relativo, pero eso ya lo exploramos en el review del concierto de Avantasia en 2016. La otra alternativa es atribuirlo a que el tiempo vuela cuando te diviertes, y eso puede parecer simplón, pero también no deja de ser cierto. La tercera vía para explicarlo quizás es la más adecuada en este caso, y es que la obra esté hecha para disfrutarla de esa forma, construida de forma hábil para pasar por alto los cansancios propios de la atención prolongada y las corporalidades en desgaste paulatino. Tobias Sammet entiende eso, lo hemos dicho, y por ello su Avantasia parece no parar en absoluto, y así lo pudieron ver más de dos mil quinientas personas que llegaron al Teatro Caupolicán en una fría y, a ratos, lluviosa noche de miércoles.

La promesa de un show de tres horas es rara en la industria de los conciertos, donde todo pareciera estar más cercano a los tiempos planteados para festivales o eventos acotados en vez del exceso, y por ello lo de Sammet con este compendio de óperas rock que es Avantasia es una rareza, y una muy bienvenida, que comenzó a sonar luego de “You Shook Me All Night Long” de AC/DC y de la novena sinfonía de Beethoven, y de inmediato da esa sensación de estar ante un circo itinerante, que por diez u once semanas se reúne para entregar todas las facetas del rock en una jornada. Y lo mejor es que con canciones de calidad y con interpretaciones magistrales.

Tobias Sammet sabe que cada noche está con sus ídolos y gente que estima mucho, desde lo personal y lo musical, por eso el frontman y líder del proyecto siempre está llevando la energía a tope, desde el principio con “Ghost In The Moon”, y desde ahí ya comienza el desfile de cantantes, partiendo con el danés Ronnie Atkins (Pretty Maids) en “Starlight” y “Book Of Shallows”, donde se suma la debutante Adrienne Cowen (Seven Spires) como corista y también como lead vocals con la muestra de un gutural envidiable, siendo la única que utilizaría ese recurso durante la jornada. Ella es una presencia que llena de frescura a la banda y que se complementa en un ambiente lleno de pesos pesados, como Jørn Lande (Masterplan), que deleita con la potencia de su voz con aires de vikingo o de Jeff Bridges, dependiendo del ángulo de visión, pero siempre dándole un toque más épico a canciones como “The Raven Child” o “Lucifer”.

Sammet construye la narrativa total de Avantasia como la de un espacio diferente, donde se puede hacer lo que se quiera, porque al final “eso es lo que es el rock & roll”, y tiene mucha razón porque se puede pasar de la extensa y compleja “The Raven Child” a una canción mucho más directa, como “Lucifer”, y desde ahí en un par de pasos a “Invincible” con Geoff Tate (Queensrÿche), donde sólo hay voces y teclados en una clave muy íntima. Es esa capacidad de tener planificado cada detalle de un show que se construye desde la diferencia lo que hace que Avantasia se sienta como un todo, pese a que haya fragmentos de discos y contextos diferentes, incluso cambiando los intérpretes originales. Esto habla volúmenes de la capacidad como compositor de Tobias y Sascha Paeth, guitarrista, productor y parte de los cerebros en esta operación, que también tiene al ingeniero y tecladista Miro y el baterista Felix Bohnke como parte del núcleo de una agrupación que es capaz de superar toda expectativa a punta de crear más y más expectativas.

La gente responde en todo momento, sólo con un par de bajones, pero siempre volviendo a vitorear lo que hace Avantasia, cantando con fuerza el coro en “Reach Out For The Light”, “Dying For An Angel” o “The Story Ain’t Over”, aunque la locura se vivió cuando Eric Martin (Mr. Big) salió por primera vez al escenario para hacer una versión impecable y a toda máquina de “Maniac”, la canción de Michael Sembello que se hizo conocida mundialmente con la película “Flashdance”. Sí, efectivamente Avantasia puede hacer lo que quiera, tener singles de 12 minutos, a 13 músicos en escena, hacer shows de tres horas y, aun así, tener sorpresas como esa, porque todo es posible y porque el sonido y solidez de las y los intérpretes lo permite. Pero también porque la gente es ruidosa y motiva a que todo transcurra con humor (el chiste de que un espectador era el hijo perdido de Eric fue una running gag) y también con sentimiento.

Los únicos momentos sin Tobias Sammet fueron “Promised Land” y “Twisted Mind”, canciones donde Martin fue el maestro de ceremonias para demostrar química con Jørn y Geoff, este último luego quedándose para el karaoke colectivo en “Avantasia”. Más allá de las canciones o de los músicos, lo que va trascendiendo es la capacidad de moverse de un tema a otro manteniendo ese sentido de omnipotencia, como si un espectáculo así fuera más fuerte que todo lo que lo rodea, como un refugio ante tantas carencias en la música rock. En vez de cerrarse en estilos, Sammet entiende que la mezcla hace que todos sean más fuertes. Aunque hay alguien que lidera, también este es un ejemplo de cómo la colaboración es algo que genera nuevos productos y nuevas sensaciones, más poderosas, gracias a las valencias que se configuran. Las uniones son las que hacen todo más potente, como “Let The Storm Descend Upon You” o “Shelter From The Rain”, donde también se pudo lucir Herbie Langhans y el guitarrista Oliver Hartmann.

El final se precipitaba con “Mystery Of A Blood Red Rose” y “Lost In Space”. La primera, una de las canciones más rápidas y rockeras, y la segunda con un componente que muestra lo importante del pop dentro de las estructuras, a veces más progresivas y otras veces más operáticas de Avantasia. Además, “Lost In Space” es presentada por Sammet como la canción que le hizo volver al ruedo con un proyecto que, supuestamente, sólo duraría dos discos, pero que a estas alturas –veinte años después– ya es una vida completa, que se vive con un adiós (“Farewell”) antes de la despedida real con “Sign Of The Cross” y un cierre con el coro de “The Seven Angels”, en un medley que cerró tres horas y veinte minutos de show, casi a la medianoche, pero con la felicidad de la simpleza, de ver buena música, buena química, buenas canciones y un buen espectáculo como un todo. A veces se es feliz con poco, pero lo bueno es que, en este caso, de lo bueno hubo mucho. Y con gotas cayendo afuera, sin duda que este refugio pareció un portal interdimensional que valió la pena cruzar.

Setlist

  1. Ghost In The Moon
  2. Starlight
  3. Book Of Shallows
  4. The Raven Child
  5. Lucifer
  6. Alchemy
  7. Invincible
  8. Reach Out For The Light
  9. Moonglow
  10. Maniac (original de Michael Sembello)
  11. Dying For An Angel
  12. The Story Ain’t Over
  13. The Scarecrow
  14. Promised Land
  15. Twisted Mind
  16. Avantasia
  17. Let The Storm Descend Upon You
  18. Master Of The Pendulum
  19. Shelter From The Rain
  20. Mystery Of A Blood Red Rose
  21. Lost In Space
  22. Farewell
  23. Sign Of The Cross / The Seven Angels

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Cigarettes After Sex: Fragmentos de la intimidad

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Cigarettes After Sex

Era un 16 de diciembre de 2017 y Santiago recibía por primera vez a Cigarettes After Sex, proyecto de El Paso, Texas, liderado por el músico Greg Gonzalez, que llegaba a consagrar una popularidad que comenzó a gestarse desde 2012 con el aclamado EP “I”, y que fue creciendo año a año hasta presentar un debut homónimo en 2017. Ahora, lejos del contexto festivalero y en pleno 2019, el anuncio del primer concierto en solitario del conjunto desató una calurosa respuesta de su fanaticada, agotando la totalidad del recinto original para luego moverse a uno de mayor capacidad. Cúpula Multiespacio, también agotado, sería el lugar donde artista y público se encontrarían una vez más y, a pesar de no haber tenido mucho material nuevo desde la última ocasión hasta ahora, el fervor era igual de potente, o incluso más que en la primera instancia de encuentro.

Pese a un ligero retraso en el inicio del concierto, principalmente debido a complicaciones por un inadvertido proceso de reubicación que atrasó el ingreso de los asistentes, a eso de las 22:18 horas apareció la banda en escena, siendo el frontman Greg Gonzalez el último en tomar posición ante una ovación general de la fanaticada que repletó Cúpula Multiespacio para la segunda vez en nuestro país del conjunto texano. Y casi en un contraste perfecto, esta nueva visita significó un opuesto absoluto de la anterior, primero por ser un show en solitario y no en el contexto de un festival, y segundo, por capturar la esencia misma de la instancia en un espacio más íntimo, y no bajo el manto de la noche como aquella jornada de diciembre en Planetario Santiago.

Al momento de debatir sobre la propuesta de Cigarettes After Sex, es innegable no reconocer ciertos puntos presentes en su obra, como por el ejemplo la cinematográfica transición que se genera con su música, cuyas armonías van estructurando una secuencia que absorbe elementos en el camino y los vuelve a reutilizar en distintos puntos como parte de un relato cíclico, propio de la poesía.

Desde el mismo comienzo con “Opera House” y “Sesame Syrup”, Gonzalez y los suyos adoptan ese papel de narradores, que los conlleva a comprometerse de una manera más íntima y directa con su audiencia, permitiendo que el trance que viven los integrantes interpretando las canciones sea transmitido hacia un público que echa su imaginación a volar al ritmo de los sonidos, con canciones que los transportan hasta la intimidad de su habitación o hacia el recuerdo de algún atesorado momento con alguien importante para ellos. Para eso y mucho más, Cigarettes After Sex ha servido como la banda sonora de fragmentos propios de la intimidad, facilitando el afloro de sentimientos felices y tristes, de alegría y melancolía, las cosas buenas y no tan buenas de una vida que, de una u otra manera, a todos nos golpea en algún momento.

Es claro que uno de los atributos principales de esta propuesta es el minimalismo, sobre todo cuando se pone en la balanza el exceso de producción que existe en mucha música de hoy en día, donde pareciera que entre más capas posibles de sonidos pueda tener, es mucho mejor para la audiencia. En ese contexto, Gonzalez opta por un minimalismo en todo aspecto de la palabra, desde el mismo arte de los discos, hasta las visuales de un concierto, donde imágenes cinematográficas sirven para situar el escenario en algún punto específico de una historia que es muy subjetiva, pero que a la vez permite generar un consenso que obtiene similitudes entre quienes lo presencian.

Tal como lo hacen canciones como “John Wayne”, “Affection” o el gran cover de REO SpeedwagonKeep On Loving You”, una cálida atmosfera se apoderó del lugar durante la totalidad de la presentación, con la gente escuchando atentamente y en silencio cómo una banda conectada a más no poder ejecutó a la perfección cada movimiento dentro de esta obra, que, si bien se mantuvo calma, igualmente generó las más alocadas reacciones cuando tocaron algunas de sus composiciones más aclamadas, como “K.”, “Nothing’s Gonna Hurt You Baby” o “Apocalypse”, que cerró el set principal ante un clamor general pidiendo más. Se había esperado mucho por esta noche y nadie quería que terminara tan rápido. Como pocas veces en esta gira, un bis llegó de la mano de “Young & Dumb” y, ahora sí, tras poco más de una hora sobre el escenario, Gonzalez y los suyos dijeron adiós.

Así como un concierto puede ser el momento perfecto para entrar en catarsis y liberar energías, también puede convertirse en una instancia absolutamente opuesta, donde la música nos invite a la reflexión y a poner en pausa el caótico ritmo de vida que no deja dormir a la ciudad durante la cotidianeidad. Aunque fuese por un tiempo cercano a los ochenta minutos, Cigarettes After Sex demostró que un pequeño rincón de la capital puede albergar muchas más emociones que una ciudad entera viviendo a paso acelerado allá afuera. No hay nada como una buena obra con tintes cinematográficos, que respete una estructura de desarrollo para llevarnos en un relato con distintos capítulos, escenas y momentos que queden impregnados en la memoria del espectador. Es posible que muchos de los asistentes hayan salido con una idea fija en su cabeza o que este fugaz momento haya marcado un antes y un después en sus vidas, pero lo cierto es que desde ahí proviene el poder de la música; te puede mover, hacer sentir, marcar y definir tu personalidad en base a una obra que, aunque muchas veces de carácter personal, siempre tendrá la esencia de ser algo netamente subjetivo al oyente.

Setlist

  1. Opera House
  2. Sesame Syrup
  3. Crush
  4. John Wayne
  5. Affection
  6. Keep On Loving You (original de REO Speedwagon)
  7. K.
  8. Sweet
  9. Sunsetz
  10. Nothing’s Gonna Hurt You Baby
  11. Each Time You Fall In Love
  12. Apocalypse
  13. Young & Dumb
  14. Dreaming Of You

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