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Attaque 77: Nostalgias que funcionan

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Muchas veces, cuando se mira al pasado, todo pinta mejor, es más brillante y, como en una película, la edición ha de lucir todo más claro y a la medida. Por eso la nostalgia es riesgosa, porque como negocio puede eliminar la atención por el presente. Attaque 77 es una banda que sabe bien esto, y en algún punto de la jornada del 25 de enero en el Teatro Cariola es Mariano Martínez quien lo dice: “Para que no digan que estamos haciendo sólo nostalgia”. Lo que Mariano quizás no veía era que lo vibrante de sus canciones pasa el test del tiempo, y la gente vive hoy con igual efervescencia las letras y ritmos de hace décadas. Estas son nostalgias al servicio de la música, y no al revés.

Ejemplo de lo fresco del sonido de la jornada, es que los elegidos para abrir todo no era un conjunto punk, y no era ni siquiera una banda nueva. Desde el lado más folklórico de lo progresivo, Kuervos del Sur abrió a las 21:00 hrs. la velada y, pese a que aparentemente no habría tantos puntos en común, esta presunción se confirmaba como falsa con el correr de los minutos. La potencia instrumental y carisma de la banda, así como sus letras, se conectaron con buena parte de las cientos de personas que ya estaban en el Cariola.

El reconocimiento que la banda tuvo con “El Vuelo del Pillán” (2016) es refrendado en vivo, espacio donde la potencia rockera del conjunto se acrecienta en comparación a los delicados arreglos en estudio. “El Árbol del Desierto” o “Cenizas” suenan con un aplomo implacable, en tanto que “Porvenir” o el cover de “Águila Sideral” de Los Jaivas eran piezas que, desde el acto de trenzar compases, convergía en canciones con espíritu propio. Impecable inicio de la noche, con cincuenta minutos que terminaron con una ovación de los fans de Attaque 77. Un testimonio a la calidad del sexteto nacional.

A las 22:36 hrs., poco después de la hora anunciada, llegó el momento de Attaque 77 luego de dos suspensiones de este mismo concierto, primero por la cancelación de RockOut Fest, y luego por temas de salud de uno de sus integrantes. Por ello, como dijo Mariano, los que estaban ahí eran los que tenían fe y los que confiaban a toda costa en la agrupación, y gracias a eso pudieron ver un set lleno de clásicos y sorpresas, que colmaban toda la discografía de la banda, desde “Canción Inútil”, que inició el show en adelante.

El coreo por parte de la gente que llenaba la cancha del Cariola era ensordecedor, comprometido, con alma y de energía constante, entre el marco de alentar al equipo favorito hasta la acción individual de sentir una canción como parte de la vida, y eso se nota en “Western”, y la rabia en la frase “en este filme los buenos mueren” o en “Ángeles Caídos” y su crítica a la corrupción. Las consignas existen en el trabajo de A77aque, pero no inundan de forma panfletera a las canciones, y así pueden servir para cantarlas hoy o en diez años más, como pasa con “San Fermín” o “El Pobre”.

Attaque 77 también es una banda que se distingue por su capacidad interpretativa, que queda en claro con el brillo que le sacan a riffs y melodías sencillas, pero con riesgo a veces de caer en lo monótono, cosa que jamás ocurre con ellos, haciendo de cada tema un acontecimiento en sí mismo, incluso en uno nuevo que no muchos en el público conocían, “Como Salvajes”, que, con Sebastián Etcheverry (quien fuera la voz de Durango 95) lograron generar algo especial incluso en una canción que la asistencia no ha convertido en un himno aún. Esta capacidad también se puede ver en cómo la banda se apropia de canciones ajenas, como “Amigo”, “El Jorobadito” o el cierre con el megaclásico de Gilda, “No Me Arrepiento de Este Amor”, donde el quinteto evita los clichés y hace suyas esas composiciones, dotándolas de una rabia o una energía que les eran inéditas, e incluso incendiándolas, como pasa con “Dame Fuego”, original de Sandro.

Además de todo esto, los hits continentales de Attaque 77 se lucieron, como “Beatle”, “Hacelo Por Mí” o “Arrancacorazones”, esta última una de las más coreadas, pese a que en algún punto de 2003 fuera resistida por llevar a Attaque a oídos de gente que no los había considerado nunca. Con el beneficio de la distancia, esas odiosidades se derritieron y la música queda en pie, sólida y de todos, como el público ha abrazado “Donde Las Águilas Se Atreven” como himno (coreado espontáneamente a lo largo del show entero en los espacios entre canciones). Casi dos horas de un espectáculo que no sólo resiste los embates de la nostalgia, sino que muestra lo vigentes que resultan muchas de las canciones que el conjunto ha hecho en sus 30 años de historia, y que tienen la energía y calidad como para mantenerlas jóvenes y actuales como en noches casi perfectas, como la de este jueves en el Teatro Cariola.

Setlist

  1. Canción Inútil
  2. Western
  3. Ángeles Caídos
  4. Gil
  5. El Cielo Puede Esperar
  6. Todo Está Al Revés
  7. San Fermin
  8. Setentistas
  9. Vuelve A Casa
  10. Chicos y Perros
  11. El Pobre
  12. Amigo (original de Roberto Carlos)
  13. Como Salvajes
  14. El Jorobadito (original de Los Auténticos Decadentes)
  15. No Te Pudiste Aguantar
  16. Beatle
  17. Chance
  18. Hacelo Por Mí
  19. Días de Desempleo
  20. Espadas y Serpientes
  21. Arrancacorazones
  22. Dame Fuego (original de Sandro)
  23. Donde Las Águilas Se Atreven
  24. No Me Arrepiento De Este Amor (original de Gilda)

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Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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