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At The Gates: Ante las puertas del mismísimo infierno

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Julio ha sido un mes escaso en cuanto a conciertos metaleros se refiere. La cartelera nacional necesitaba una dosis de guitarras y baterías estridentes, para sopesar el frío que entumece a la capital. Los suecos de At The Gates se erigían como el gran número metalero del mes, visitando por primera vez nuestro país, para abrir las mismísimas puertas del infierno y hacer de su debut en el Caupolicán, uno de los más enérgicos de los que ha tenido memoria el recinto de San Diego.

Los padres del death metal sueco, se reunieron por segunda vez el año 2010 para realizar una extensa gira a través del mundo, tocando los temas más emblemáticos de sus cuatro álbumes de estudio. Bajo este contexto, los de Gotemburgo programaron su primera gira por Latinoamérica, siendo Chile una de las paradas del tour. Los fanáticos no se hicieron esperar y agotaron la preventa para el show, que en un principio, estaba programado a realizarse en el Teatro Teletón, pero debido a la restricción municipal que prohíbe al teatro amparar eventos masivos, el concierto tuvo que ser trasladado al Teatro Caupolicán, y no pudo haber sido una decisión más acertada.

Con una planta baja repleta, a las 21 hrs. en punto, salían a escena los nacionales de Nuclear, quienes en un acotado set de no más de 25 minutos, dieron rienda suelta a su thrash de la vieja escuela, con una poderosa puesta en escena. Cerrando su presentación, con el tema que da nombre a su último disco, “Apátrida” (2012), Nuclear abandonaba el escenario, dejando al público totalmente prendido para el plato fuerte de la noche.

Con la planta baja del Caupolicán totalmente repleta, y una cancha que parecía una olla a presión a punto de reventar, At The Gates salía a escena secundado por la introducción que da pie al mosh imparable que provoca “Slaughter Of The Soul”, del clásico álbum homónimo del año 1995, al cual se dedico gran parte del setlist. El público, prendidísimo, lanzó la primera de varias banderas chilenas que cayeron al escenario, y que fue recogida por Tomas Lindberg, mientras comenzaba a sonar “Cold”, otro más del “Slaughter Of The Soul”.

El sonido estaba muy saturado –el pitido en el oído persiste-, y aunque mejoró con el correr de las canciones, daba lo mismo, e incluso parecía justificarse con el nivel de adrenalina que se vivía en el recinto. El blondo vocalista entregó una breves palabras a los fanáticos antes de presentar “Terminal Spirit Disease”, single que pone el nombre a la placa del año 1994. Los gritos del público coreando el nombre de la banda, fueron la antesala para “Raped By The Light Of Christ”, cuya blasfemia subía los ánimos de la gran masa de agresión que se movía en la cancha, imagen que representó asertivamente al mensaje de Lindberg, cuando afirmó que todos estábamos unidos bajo un sol serpenteante. La represalia a sus palabras, fue la brutal interpretación de “Under A Serpent Sun”.

“Windows”, del primer álbum de la banda, “The Red In The Sky Is Ours” (1992), tuvo un comienzo accidentado debido a una interferencia provocada por el cable de la guitarra de Martin Larsson, Más adelante, en la misma canción, el entusiasmo de Lindberg hizo que tropezara con el cable del bajo de Jonas Björler, desconectándolo durante unos segundos, en un incidente que no hacía más que demostrar la energía con la que vivían los suecos, el show sobre el escenario.

El recital era una escalada de emociones y “World Of Lies” cayó como uno de los temas más celebrados de la noche, donde los combos y patadas fueron relevados por el pogo y los coros.

Lindberg hacía saber que era un honor estar tocando en nuestro país, y preguntando si el death metal seguía vivo en nuestras tierras. La respuesta fue, obviamente, afirmativa y sirvió para presentar “The Burning Darkness”, pegada con “The Swarm”, y seguida por otro momento de euforia con “Forever Blind”. Bajo una calma aparente, sonaba la instrumental “Into The Dead Sky”, con un par de problemas en la guitarra de Larsson, que ensuciaron la composición. Estos problemas quedaron en un segundo plano con el poder de “Suicide Nation”, uno de los momentos más climáticos de la velada, que tuvo una certera replica con “Nausea”.

“The Beautiful Wound” fue el último tema extraído del álbum “Terminal Spirit Disease”, para continuar con “Unto Others”, que tuvo como curiosidad la clásica melodía de “South Of Heaven” de Slayer, tocada por Anders Björler (guitarra) antes de comenzar con el tema. Como un track old school, del primer EP del grupo, “Gardens Of Grief” (1991), caía “All Life Ends”, presentada en un claro español por parte del vocalista. Una nueva introducción antecedía la llegada de “Need”, que marcó el primer encore de la noche, que debido a su corta duración, poco se notó cuando la banda estaba de vuelta en el escenario, mientras la mítica introducción que abre el disco “Slaughter Of The Soul”, ponía a delirar a la audiencia, que terminó por reventar con “Blinded By Fear”, el momento cúlmine de la noche. Ante la satisfacción absoluta del público y la banda, quienes aseguraron que nunca olvidarían esa noche, llegaba para cerrar con broche de oro “Kingdom Gone”, y el Caupolicán terminaba por venirse abajo.

Como si hubiésemos estado ante las mismísimas puertas del averno, At The Gates propagó calor infernal a la helada noche santiaguina. Ante una fanaticada que lo dejó todo de principio a fin, y un show impecable, el debut de los suecos en escenarios nacionales sobrepasó las expectativas y nos demostró que el frío más extremo, no puede contra una buena dosis de death metal.

Setlist

  1. Slaughter of the Soul
  2. Cold
  3. Terminal Spirit Disease
  4. Raped by the Light of Christ
  5. Under a Serpent Sun
  6. Windows
  7. World of Lies
  8. The Burning Darkness
  9. The Swarm
  10. Forever Blind
  11. Into the Dead Sky
  12. Suicide Nation
  13. Nausea
  14. The Beautiful Wound
  15. Unto Others
  16. All Life Ends
  17. Need
  18. Blinded by Fear
  19. Kingdom Gone

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Sebastián Rojas

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1 Comentario

1 Comentario

  1. emilio prieto.

    28-Jul-2012 en 12:35 pm

    esta wea la cago ..simplemete un tiro en la cabeza….abran mas foto del mett?

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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