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Asking Alexandria: Cuando sólo se necesita pasión

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Existen ocasiones en que ni un mal sonido, ni el desgaste de un tour de más de tres años, pueden contra las ganas de pasar un buen rato. A veces sólo se necesita el sentimiento y la pasión para ignorar cualquier contratiempo, y hacer de un show de poco más de una hora una explosiva descarga de energía. Eso fue lo que mostraron anoche los ingleses de Asking Alexandria, férreos exponentes del metalcore, quienes con apenas cinco años de trayectoria y tres discos a su haber, parecen haber alcanzado el peak de su carrera, tanto así que Danny Worsnop, frontman de la agrupación, parece haber recibido de golpe el peso de su meteórica carrera, sufriendo problemas con su voz y mostrando un estado físico que deja patente las horas de carrete –de giras y fiestas-, bastante alejado de la imagen del joven delgado y de pelos alisados que mostraba en 2008. Sin embargo, desde un principio el vocalista declaró que iban a dejar todo en el escenario, y lo hicieron. Pese al cansancio y al paso de los años, Asking Alexandria se despachó un espectáculo intenso, que conquistó a cada uno de los adolescentes presentes en la Blondie.

Los británicos llegaron acompañados de Motionless In White, banda norteamericana que en escena dejó en claro su fanatismo por Misfits, siendo una versión metalcore de la legendaria banda liderada en estos días por Jerry Only. En su debut, los gringos repasaron lo mejor de sus dos placas, entregando un set acotado, que gozó de un sonido estridente pero poco claro, recordándonos que el concierto se desarrollaba en la Blondie, definitivamente un local que debería ser vetado por siempre para realizar cualquier show de rock y metal. Está queja se confirmó –por enésima vez- durante el arribo de Asking Alexandria, quienes en sus primeras cuatro canciones fueron una verdadera masa de ruidos.

Los del Reino Unido hicieron su arribo al escenario a eso de la 21:20, para enfervorizar a la gran manada de jóvenes fanáticos, tan devotos como el metalero más añoso, que se abalanzaron hacia la parte delantera del escenario mientras comenzaba a sonar “Don’t Pray For Me”, o eso parecía ser, porque lo que interpretaba la banda sobre el escenario parecía una prueba para los más fanáticos, los únicos capaces de descifrar alguna nota que pudiera sugerir que se trataba de tal o cual canción. Para hacer la tarea aún más complicada, la voz de Danny Worsnop se mantuvo totalmente silenciada durante los primeros tres temas, que fueron completados por “Run Free”, primer sencillo de “From Death To Destiny” (2013), y “A Lesson Never Learned”.

Las cosas se arreglaron un poco a partir de “Not The American Average”, y el show también se tomaba a la pista central, donde el público rebozaba energía juvenil en formato de combos y patadas, despertando al mosh que desde hace un rato buscaba transformarse en protagonista de la noche. Gran momento fue la “Wall Of Death” que precedió a “To The Stage”. Llena de ira y rebeldía, trajo a colación la idea de que en Chile tenemos a los fanáticos del rock y el metal más salvajes. Lo más curioso, para este redactor por lo menos, fue la cantidad de chicas mostrando sus pechos a los músicos. Jamás, entre todos los conciertos a los que he asistido, me había tocado presenciar algo igual, menos de unas adolescentes que todavía no terminan el colegio. Mejor me ahorro los comentarios.

La improvisada pausa que realizaron los músicos antes de presentar “The Death Of Me”, otra de su último álbum, fue el momento más “mata pasiones” de la noche, mostrando el patente cansancio de su vocalista, quien se dedicó a hacer tiempo lanzando chistes inentendibles para la mayoría del público presente y declarándose muy cansado, excusándose por el deterioro de su voz. No es que el tipo no pueda cansarse, pero es mejor reservarse esos comentarios, ya que pareciera que su motivación para estar ahí era más la de un trámite que la ganas de tocar para sus fans, que se notó durante el show, pero pasaba colado por la energía plasmada en la interpretación. En fin, un comentario personal, pero la sensación no deja de ser agridulce, como cuando un humorista termina su rutina llorando. Eso no se puede hacer sobre un escenario.

Para terminar con la velada “The Final Episode (Let’s Change The Channel)” fue la última descarga de metalcore de la noche, cerrando un show que se sostuvo por la fidelidad de una salvaje fanaticada, que hizo oídos sordos a los problemas de sonido e ignoró el cansancio de sus ídolos, para dejarse llevar por la pasión y el sentimiento. Hay momentos en que sólo eso hace falta para vivir una gran experiencia.

Setlist

  1. Don’t Pray for Me
  2. Run Free
  3. A Lesson Never Learned
  4. Breathless
  5. Not The American Average
  6. A Prophecy
  7. Dedication
  8. Someone, Somewhere
  9. Reckless & Relentless
  10. To The Stage
  11. The Death Of Me
  12. Killing You
  13. Morte Et Dabo
  14. Welcome
  15. Closure
  16. The Final Episode (Let’s Change The Channel)

Por Sebastián Zumelzu

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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